Coronavirus: el virus que tensa las fibras más sensibles del capitalismo

Texto: Icaria

Ilustración: Orión

En tiempos sombríos, ¿se cantará también?

También se cantará sobre los tiempos sombríos

                                                                                                                                                                                            Bertolt Brecht

Han sido muchos los impactos desde la irrupción del covid-19. Lentamente se configura un parteaguas sobre los últimos 50 años. La punta de un iceberg económico promete un agudo panorama entrado en crisis. En lo que va corrido del año, la cadena productiva ha tenido duros embates para sus últimos eslabones. El consumo, recluido a intramuros, propone a WhatsApp, Facebook, Netflix, entre otros, como una rara forma de continuismo de capital. Son otros renglones de la economía quienes brindan un respiro al asfixiado momento productivo, para no hablar de la industria farmacéutica por su puesto.

Al detenerse sobre los indicadores del año anterior, surge un evidente contraste: la ocupación hotelera en Colombia alcanzó un 57,8%, los ingresos nominales de las agencias de viajes aumentaron un 3,7%. Además, los ingresos de los hoteles subieron un 10,6% si se le compara con el 2018. Según el Banco de la República, el PIB de obras civiles aumentó el 13%, la actividad financiera un 8,2%, a la par de la construcción de obras viales que generó un ascenso del 13%.

Estas brillantes cifras correspondientes al periodo anterior, parecen ahumadas en medio de una cuarentena que deja frágil el consumo interno. Todas ellas atañen al desarrollo de un modelo que impulsa y estimula la actividad extractiva, la folclorización cultural en medio del turismo y el equipamiento a gran escala por cuestiones logísticas de la actividad minero-energética. Desde el inicio del confinamiento voluntario la economía colombiana ha mostrado graves signos de laxitud. La postal drástica que golpea el consumo, pilar elemental en la cadena de flujo, se repite en todo el mundo.

Hay quien argumenta la creación del patógeno en algún laboratorio de Estados Unidos. Malaria reforzada, cadenas de VIH, y SARS, parecen un coctel servido por el Pentágono al candor de una China efervescente y adversada en el terreno comercial. La potencia del norte tiene capacidad meritoria que sustenta una idea de este tamaño. Sin embargo, aún no hay evidencia científica que pruebe un mordaz ataque. En contraste, La revista Nature Medicine, publicó un artículo que expone de manera sintética un estudio realizado a la cadena del virus, en él se concluye con fuerte evidencia que no hay derivación alguna de la espina de otro virus conocido, por tanto, no hay manipulación genética.

Resulta innegable la afección económica al compás del neófito Covid-19, no siendo escenario reservado al comercio chino. La economía global hoy está al borde de una crisis, más allá de las conspiraciones químicas, el sistema de acumulación se tensiona en el corazón de sus más sensibles fibras. El pasado 9 de marzo, las bolsas mundiales sufrieron una de las más duras caídas, desde entonces la situación parece empeorar. A pocos días, el 16 de marzo, la bolsa de Nueva York, (con estabilidad distinguida) despertó con una caída de casi el 16%, acercando su panorama al Ibex 35 de España y a la bolsa italiana, países duramente golpeados por el mismo influjo.

La crisis derivada de esta pandemia nos recuerda el 2008, una crisis financiera producto de la burbuja inmobiliaria de EEUU, contagiándose en primer momento la economía norteamericana y luego el resto del mundo, tal como hoy lo hace el covid-19. La crisis del 2018 derivó en una gran crisis alimentaria que evidenció el desplome del edificio bursátil. Este episodio, bautizado como La Gran Recesión, obtuvo un gran héroe: la economía China, quien esquivando este episodio pudo salvar la economía de su lodo crítico. ¿Qué tiene en común este episodio con la pandemia decretada?

Para cuando la OMS adjetivó a tamaño de pandemia el virus, el miedo se apoderó de todas nuestras fibras sociales, de allí brotaron incalculables preposiciones, casi todas sugerentes al colapso dirigido. A partir de la explosión viral, han muerto alrededor de 178.000 personas en el mundo, cifras que a simple vista podría resultar beneficiosas al actual modelo productivo, teniendo en cuenta que en su mayoría los decesos fueron de adultos mayores, personas que ya no están en edad productiva y por el contrario demandan gastos al modelo social. También es innegable que por cuenta del covid-19, el estallido social, que venía recorriendo el mundo, ha sido desplazado por una agenda de cuarentena. No obstante, hay otros hilos por tejer, el coronavirus parece brindar mayor margen de inestabilidad al modelo, que propiamente beneficiarlo.

China sostiene en sus manos algo más que un tamaño comercial, recordemos que durante la recesión del 2008 fue refulgente su papel. El gigante asiático tuvo que realizar una hazaña, a través del endeudamiento pudo sortear una serie de paquetes y estímulos que le permitieran salir relativamente indemne del fiasco. No solamente sorteó el crítico panorama, sino que le dio un vuelco a la polaridad mundial y al orden económico, convirtiéndose en esencial arteria para el ordenamiento planetario. La mecánica del capital conecta, entonces, una crisis asiática con el resto del mundo.

Este contexto pareció ignorado por la Casa Blanca. Al inicio del brote, tuvo hilarante recibimiento la entonces epidemia. Entre mofas, Trump celebró el castigo divino a la economía China. Pasó por alto la conectividad globalizada, pero poco a poco un miedo ortopédico fue corrigiendo su sonrisa. No habría sido necesario un juicioso estudio para entender que la aparición del virus, en el contexto de consumo masivo, ciudades superpobladas bajo el fundamento de segregación espacial, una economía globalizada y precarias condiciones sanitarias, harían del virus ahora sí, un mortal ataque al funcionamiento del sistema global.

El objetivo de la inversión capitalista no es propiamente incrementar la productividad, es obtener una mayor tasa de beneficio. Sin embargo, para cumplir esta meta, el capital sí necesita incrementar la productividad, y para ello nuevos medios de producción que ahorren trabajo.

Para el caso chino esta tasa ha sido gravemente desacelerada, con un porcentaje importante de su fuerza de trabajo confinada durante los pasados meses, los índices de beneficio se han desplomado. En la recién apertura, la fabricas operan a tan sólo un 60% de su capacidad, la producción industrial, midiendo actividad manufacturera, minera y de servicios públicos, cayó un 13,5% en lo que va corrido del año. Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de China (ONE), el índice de gestores de compras, indicador de referencia del sector, cayó 14,3 puntos hasta los 35,7, después de haber alcanzado los 50 en enero de este año.

En tanto, esta restricción productiva ya afecta a compañías multinacionales como Apple, Diageo, Jaguar, Land Rover y Volkswagen, quienes no sólo están conectados al mercado asiático, sino que sostienen una clara relación de dependencia. David Harvey afirma que las crisis del capital son imposibles de solucionarse, la propiedad privada como modelo productivo es en sí misma una crisis. Por ello debe recurrir entonces al traslado geográfico de sus contradicciones, bien sea por la vía de la descentralización voluntaria o por el camino de la guerra económica y militar, de lo contrario habría rupturas irreparables.

Siendo este el paisaje, ¿cómo el capital solucionaría esta crisis prevista?, teniendo en cuenta que China probablemente no pueda repetir su redentor papel de 2008, la Unión Europea arroja intermitentes señales de recuperación, Italia se ahoga en un pantano hervido con endeudamientos públicos, el Reunido Unido da exiguos signos heroicos ante esta situación, y España tiembla ante el fantasma de una nueva crisis del sector inmobiliario. Además, para la reposición de esta catástrofe, será necesario algo más que el tonto concepto de resiliencia.

Ante este nerviosismo, la respuesta desde las élites ha sido digna de una tragicomedia. La imagen graciosa y lejana del "virus chino" se tornó terrorífica, cuando rebasó las fronteras del país asiático, únicamente fue necesario el brote italiano, para que se generara una cadena de pánico. A mediados del mes de marzo ya se contaba una caída superior al 30% en las bolsas de valores de todo el mundo.

Estados Unidos propuso reducir las tasas de interés en las reservas federales, resucitando el viejo fantasma que le acosa desde el 2008. Trump no oculta su deseo fetichizado en el petróleo venezolano, teniendo en cuenta que el pasado 23 de marzo el precio del crudo Brent se desplomó casi 30% durante la apertura de los mercados en Asia. El mandatario, de repente ofrece dinero por la cabeza de Nicolás Maduro. En Colombia, ante el incendio económico, el "presidente bombero" Iván Duque de inmediato ofreció transferencia de fondos para aliviar el sector financiero. El sistema de acumulación imperante un día se despertó con el brusco confinamiento de sus consumidores, el eslabón más importante del modelo productivo de la noche a la mañana demostró su flacidez.

En los borradores de El Capital o Grundrisse, Marx sostuvo que la caída en la tasa de ganancia es una patología de las crisis, reduciendo la intención inversora de los capitalistas. Este no es un movimiento mecánico; al decaer dicha tasa, la más próxima tendencia en la economía mundial es fomentar la especulación, camino inevitable a una recesión mundial. La sobreproducción es un exceso de oferta, siendo la depresión la continuidad de una crisis sistémica. El nuevo Covid-19 instaló inoperables condiciones para la cadena de consumo, llevando el escenario a una sobreoferta de algunos bienes y servicios, con el agravante de que los ricos no se resignan a recibir la reducida tasa de ganancia. El estrés en la actividad especulativa y la reducida rentabilidad nos abren la puerta a una crisis económica, causada por la naturaleza misma del modelo, basado en el acaparamiento y el despojo.

No se equivocaba Marx. La mercancía no es un objeto, es una relación social. Ahora que las relaciones sociales de producción han sido modificadas no sólo advierten crisis, se desnuda una realidad. Largos periodos de neoliberalismo jamás han asumido una gestión adecuada del riesgo, por lo menos en cuanto nuestro país respecta nunca se le ha tomado como una categoría social. Las deficiencias en equipamientos hospitalarios resaltan con aguda pronunciación, la sombra de la ley 100 castiga con látigo la espina dorsal de un precario sistema de salud, son estas las condiciones que nos dejan frágiles, como plumas al viento, frente a un comportamiento viral.

En este punto, es irrelevante el origen del virus. Es clara la reducida humanidad en las carnes del sistema operante. En un complejo económico bajo la centralidad urbana, la propagación del virus es fuego en un pajar. No es posible invisibilizar las condiciones de la ciudad de hoy: centros de producción y circulación de mercancías donde la vida no es más que fuerza productiva, sobre estos espacios irrumpe el virus. Cuando surge la pregunta sobre el origen geográfico del Covid-19, no es válida sorpresa alguna, teniendo en cuenta la densidad poblacional y las condiciones materiales de los ciudadanos de Wuhan.

En el mundo, y particularmente en Colombia, es la clase desposeída la mayor afectada. Las calles aún sobrescriben la historia de hombres y mujeres que no ingresan al confinamiento voluntario, porque su sistema de supervivencia está en las calles, o porque simplemente no tienen casa. Un nuevo privilegio apareció en esta coyuntura: el disfrute del encierro. Dejando ver que habrá quien pueda encerrarse con sus horas pagas mientras ve Netflix o escribe artículos como este, y quien lo haga en el seno del miedo y se aísle cobijado por el hambre.

El tiempo que dure la cuarentena será un gas acumulado en los compartimientos de la economía, la devaluación incluirá a la mano de obra. Para mantenerse competitivos, los promotores de la acumulación deben abaratar los costos de producción, incrementar la productividad, es decir la cantidad de productos por unidad laboral. Una salida es tecnificar el proceso productivo, otra abaratar el valor, es decir la mano de obra, llevar al descenso la tasa de inflación y brindar ajustes en las medidas de consumo, siendo los trabajadores quienes regalen su tiempo para equilibrar la balanza.

En contraste con Adam Smith, Marx argumentó que las crisis en modo permanente no existen, las tensiones tienen un tratamiento espacio-temporal, pagando el precio más alto la clase trabajadora. Así lo demuestra la crisis financiera de 1998, una debacle en el sector bancario, que fue sanada gracias a los impuestos de todos los colombianos. El contexto de producción parece una sucesión desafortunada, para los más pobres el costo es más profundo, el panorama es gravísimo: se dibuja un edificio desplomándose sobre el lienzo del consumo, subrayando este escenario como el corazón de una economía depredadora. La infección finalmente ha demostrado que la expansión y comportamiento viral tiene íntima comunión con el modelo productivo, reservando el cuidado como un privilegio de clase.

Las infecciones virales son un proceso natural. Las condiciones para el desarrollo de los virus son objeto de categorías socio-políticas. Los efectos apenas anunciados nos recordarán el comportamiento de la peor pandemia hasta ahora conocida: el capitalismo.

Habrá que esperar el término de la cuarentena, cuando llegue el anhelado momento de volver a las calles. Lo que al parecer ignoramos es que nos encontraremos diferentes con la responsabilidad de rescatar un sistema económico ajeno, perverso. Sólo esto bastará para querer regresar al confinamiento y ahora sí nunca salir. Justo allí, en ese momento habrá que decidir, entre morir ahogado en un caldo de gas lacrimógeno o de hambre.

Share this article

Acerca del Autor

Periferia

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.