¿Está comiendo veneno y no lo sabe?

Durante la charla, la nutricionista compartió consejos sobre qué hábitos eran saludables y qué alimentos debían consumirse para prevenir problemas de salud. Entre los consejos que arrojó, mencionó que el sobrepeso provoca enfermedades cardiovasculares en hombres y mujeres. La gente barrigona es más propensa a sufrir del corazón, el colesterol, la sangre, el hígado, entre otros órganos del cuerpo. Casualmente la mayoría de asistentes eran barrigones. 

El alimento es uno de los sectores que más ha sufrido los efectos de la guerra económica contra la República Bolivariana de Venezuela. Alguna gente de mi país se jacta de vivir en un paraíso por el simple hecho de tener supermercados repletos de todo tipo de productos, aunque esa gente no gane un sueldo digno que le permita comprar la mayoría de esos productos. La comida es un factor de orgullo cuando se compara con la “miseria” de los ‘chamos y chamas’. Encontramos verduras, frutas, granos, pollo, pescado, carne de vaca en plazas de mercado, en supermercados y en los semáforos. Me atrevo a decir que no faltará el paisano o la paisana que con la barriga al aire la exponga como un factor de riqueza y abundancia.

Pero desde la charla de la nutricionista, sumado al compartir con el campesinado colombiano, me surgió la duda de si nos alimentamos bien, teniendo en cuenta que los gorditos y gorditas abundan en pueblos y ciudades, sobre todo después de obtener un trabajo de oficina. Consultando encontré algunos alimentos que potencialmente producen cáncer, por lo que al final de leer este artículo te aconsejo que revises tu nevera y replantees el lugar dónde compras la comida por si encuentras alguna que enferme.

Los más conocidos son los transgénicos. Organismos genéticamente modificados que son cultivados con productos químicos nocivos para la salud humana y la naturaleza. Entre ellos se destacan la soja y el maíz. Los embutidos, salchichas, y mortadelas poseen conservantes que las hacen ver deliciosas y en buen estado. Estas carnes procesadas son ricas en nitrito y nitrato de sodio, causantes del cáncer de colon. Aunque son inofensivas, las palomitas compradas para cocinarse en microondas son un coctel de células cancerígenas e infertilidad; si las buscas con sabor a mantequilla son peores porque el sabor lo produce el diacetilo, causante de graves enfermedades pulmonares.

Las gaseosas, sodas, refrescos y bebidas de dieta, contienen altas cantidades de azúcar, colorantes, químicos, aditivos que acidifican el cuerpo y alimentan las células cancerígenas. No hay como el jugo natural, la fruta o el agua para refrescarse. La harina y azúcar refinados es otra opción para una muerte silenciosa y lenta. Ponle atención a las frutas y vegetales que compras en el supermercado porque estas en su mayoría son bañadas con pesticidas que terminan en tu cuerpo al comerlas. Después de este dato, deje de comer y regalar fresas. 

Ningún comercial de comidas y bebidas previene de estos efectos, las multinacionales de insumos agrícolas no impulsan campañas de prevención del cáncer ni de otras enfermedades causadas por sus productos. La importación de alimentos en Colombia y en el resto de países latinoamericanos no cesa, al contrario, aumenta, asfixiando la economía campesina local y envenenando nuestras comunidades. 

A pesar de esto, la agroecología, practica promotora de alternativas de economía digna que produzcan verduras, frutas y animales libres de agrotóxicos, toma un nuevo aire entre el campesinado. Aunque esto no se promociona en supermercados de cadena, este tipo de alimentos existen y pueden ser aprovechados si se averiguan los puntos de venta. El camino es largo y culebrero si queremos que la economía campesina se sustente con la agroecología. Un campesino de Nariño, departamento que limita con Ecuador, me dijo que la mayoría de alimento de las familias campesinas es comprado en el pueblo y no cultivado en sus propias fincas. La situación de Nariño no es ajena a la del resto del país.

Hoy en día el hábito de alimentarse adecuadamente es un acto de total rechazo al estilo de vida impuesta por las multinacionales de la comida. Así que si sigue pensando que tener la barriga grande es un símbolo de poder, vive engañado y, peor aún, está poniendo en riesgo su salud. No volví a ver a los barrigones de la charla aquella, ojalá algún día la ropa les quede grande.

El autor es miembro del Coordinador Nacional Agrario - Colombia

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