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Santo Domingo: el sonido de un río que no quiere ser acallado

La comunidad de San Francisco, municipio del Oriente antioqueño, goza diariamente del sobrecogedor y apacible susurro del río Santo Domingo. Un susurro que aumenta mientras bajas en espiral por la montaña contemplando las imponentes cordilleras y divisando ocasionalmente algunas quebradas que resaltan entre la vegetación. Adivinas la cercanía por el sonido cada vez más potente. Hasta que vislumbras, finalmente, el imponente río con sus aguas cristalinas y su silueta verde. El Santo Domingo forja el alma de este territorio. Le permite a la comunidad pescar, nadar, y aprovechar su potencial turístico. A cambio, ella lo cuida y lo protege.

Dicha relación y todo el ecosistema que alberga el río corren peligro por la posible construcción de la Pequeña Central Hidroeléctrica (PCH) Santo Domingo. La idea se remonta al año 1978, pero ese primer intento fue frustrado por la presencia en el territorio del frente Carlos Alirio Buitrago del ELN. Actualmente el proyecto se encuentra en estudios definitivos luego de que CORNARE, la corporación ambiental encargada de aprobar las licencias, se la concediera a EPM.

La PCH es una de las tantas que Luis Pérez quiso poner en marcha desde que tomó posesión como Gobernador del departamento. Estas, sumadas a las grandes Centrales Hidroeléctricas, pretenden convertir a Antioquia en la generadora del 70% de la energía eléctrica del país. Ahora, la población mediante movilizaciones e incidencia en el Concejo Municipal es la que se opone con fuerza al proyecto.

“Cuando llegan los megaproyectos cambian totalmente la dinámica del campesino (...) cambia su vocación: deja de cultivar y se vuelve trabajador de las empresas por tres años. Luego vuelve a su finca y la encuentra abandonada. Ya no vuelve a ser un campesino”, explica Ancízar Morales, concejal de San Francisco. Las dinámicas comerciales que traen las empresas fisuran el tejido rural, fragmentan el trabajo comunitario, y atraen maquinaria pesada que afecta el medio ambiente.

Por ello, desde el 2007, articulada con el Equipo Departamental de Servicios Públicos y Pobreza, y con el Movimiento Social por la Vida y la Defensa del Territorio (Movete), la comunidad de San Francisco ha manifestado que la PCH Santo Domingo no es sinónimo de desarrollo. La experiencia de otros municipios del Oriente fue fundamental. Los habitantes de San Carlos y Sonsón compartieron con los sanfranciscanos las afectaciones que las centrales hidroeléctricas trajeron a sus territorios: falsas promesas de inversión, contaminación de los ríos con residuos de la construcción y desplazamientos de tierra. Cada testimonio reforzó la convicción por defender la vida digna y la convivencia armónica con el río.

Las PCH's no solo traen afectaciones sociales, también ambientales. Aunque la energía hidráulica –producida por el aprovechamiento del desnivel que impulsa el agua a través de unas turbinas– no genera emisiones contaminantes, su operación es más económica que las termoeléctricas, su construcción es menos costosa que la de plantas nucleares, y pueden proveer energía a gran escala, está demostrado que las hidroeléctricas alteran los cuerpos hídricos por la excesiva acumulación de nutrientes, provocando cambios en la flora, fauna y en la composición química del agua. Así mismo, producen cambios en los relieves que causan deslizamientos de tierra; alteran las dinámicas de erosión y sedimentación; perturban la circulación de los caudales de los ríos; y ponen en amenaza especies endémicas e incluso pueden contribuir a la deforestación.

“El bocachico no salta muros”, reza un cartel en la plaza de San Francisco, haciendo referencia al muro de concreto de 11,5 metros de altura y 30 metros de longitud que generará el desnivel necesario para producir energía y represará cuatro kilómetros del río Santo Domingo, entre el centro poblado de la vereda Pailania y la confluencia del río Melcocho, donde estará ubicada la casa de máquinas. Este muro acabaría con el turismo, dejaría huérfana a la comunidad, y transformaría todo un ecosistema vivo en una triste piscina artificial con una vegetación amarilla. Ya no existiría el apacible susurro, sino un silencio estremecedor.

Antioquia cuenta actualmente con 49 pequeñas, medianas y grandes centrales hidroeléctricas. Según el último informe de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) el sector hidráulico genera el 70% de la energía eléctrica del país. Antioquia produce el 30%, siendo la que más aporta a nivel nacional. El proyecto del Gobernador deja dudas de si realmente busca suplir la demanda a nivel departamental y nacional o pretende represar ríos para exportar energía. La pregunta es si esto justifica el costo social y ambiental.

Mientras tanto la comunidad de San Francisco seguirá resistiendo. Se movilizarán y lucharán por la defensa de su territorio, por su convivencia con el río Santo Domingo, para poder mantener su relación, para seguir disfrutando de aquel gozoso susurro, porque solo si los ríos siguen libres, las comunidades continúan vivas.

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