Sin hambre

Una mezcla de sentimientos se dejaba entre ver en las caras curtidas de los campesinos, algunos con ruana y sombrero, y otros con poncho y cotiza. Eran las caras de los campesinos que se reunieron en Curití, Santander el 7 y 8 abril del presente año. Provenían de Casanare, Meta, Vichada, Arauca, Santander, Boyacá, Norte de Santander, Cundinamarca, Guainía y Guaviare. Una diversidad de saberes, de experiencias, de alegrías y tristezas.

Muchos desprevenidos no entendían qué hacían tantos campesinos juntos, ¿qué podría juntar al llanero y al paramero? No era otra cosa que el problema agrario del campo colombiano. Don Juan y don José Domingo, un par de campesinos boyacenses, compartían su preocupación por el abandono del campo por parte del Estado, la concentración y acaparamiento de la tierra, la importación de alimentos, los conflictos por el uso del suelo y el apoderamiento de los grandes capitales del sector agropecuario (insumos, tecnología y distribución de alimentos).

A las preocupaciones de estos dos campesinos, se unían las discusiones que se avivaban en el auditorio: “En Colombia un pequeño grupo de terratenientes y los grupos capitalistas son los verdaderos dueños del territorio nacional”. “Los campesinos cada vez somos menos, tenemos fincas más pequeñas y menos medios de trabajo, lo que nos empobrece aún más”. “Estas condiciones de vida en el campo empujan a que los campesinos nos volvamos obreros, a lo que se suma la presión de la violencia”. “Los campesinos nos vamos para la ciudad, aumentando la cantidad de desempleados”.

En medio de un café, cultivado en sus propias tierras, los campesinos se preguntaban qué hacer frente a ese panorama. Por eso, don Hermes, un campesino araucano, con su voz gruesa y su risa burlona sentenció: “nosotros los campesinos tenemos que tener nuestra propia propuesta, esa que hemos venido construyendo al calor de las movilizaciones, donde nos hemos juntado como clase campesina. Recuerden el paro del 2013, 2014 y la Minga Campesina Étnica y Popular del 2016, nos hicimos escuchar por el Gobierno y seguimos caminando hacia otra gran movilización”.

Así, su conclusión fue construir una propuesta agraria, con un nombre llamativo y significativo, naciente de las entrañas del campesinado: SINHAMBRE o Sistema Integral Nacional Agroalimentario y de Materias Primas.

¿En qué consiste esta propuesta?
Es un sistema nacional de producción y comercialización de la producción agrícola, pecuaria y de materias primas, en el que participan el Estado y organizaciones de los asalariados agrícolas y campesinos, orientados por los principios de la gestión popular, que garantice la soberanía alimentaria de la Nación. Como parte del SINHAMBRE, se propone crear una cadena nacional de distribución de productos e insumos agropecuarios, así como una cadena nacional de restaurantes en las escuelas, colegios, zonas industriales y barrios populares.

Don José Domingo, echándose la ruana negra al hombro, se cuestiona: ¿y la tierra para cultivar? Don Juan se acomoda el sombrero y afirma: pues el SINHAMBRE propone que se destine y reserve por lo menos el 50% de la tierra con vocación productiva agrícola (10 millones de hectáreas) para garantizar la alimentación de los colombianos y colombianas.

Don Hermes les recuerda el alcance de la propuesta campesina: “no olviden que debemos pensarnos en lo grande para aumentar la productividad, y para esto debemos crear empresa”. “¿Empresa?”, preguntaba José Domingo. “Sí, una Empresa Nacional Estatal de Gestión Agraria, que coordine los distintos procesos que componen el SINHAMBRE. Además, desarrollará un sistema de crédito condonable para el fortalecimiento de los proyectos productivos desarrollados en los territorios. Desarrollará y promoverá redes de consumo municipal y urbano con el fin de facilitar la logística y evolución de los productos de consumo”, responde don Hermes.

Estas iniciativas populares se juzgan ambiciosas, pero los campesinos se organizan y recrean la política para hacerlas realizables. “¿Cómo vamos a lograr concretar esta propuesta?, que por supuesto permitirá afrontar el problema agrario que vivimos los campesinos”, pregunta don Juan. “Avanzando en la organización de campesinos, indígenas, comunidades negras, obreros del campo y la ciudad, toda la clase popular”, concluye don Hermes.

“Nos toca irnos para los territorios a trabajar fuerte, continuar con la lucha por la tierrita y la comida, promover un reordenamiento del territorio rural que permita la defensa de la clase campesina, pero que a la vez la encamine hacia formas de producción social superiores, mediante la expansión de las fuerzas productivas y en el marco de una economía popular. Mucho trabajo sobre los hombros de nosotros los campesinos, pero ese es nuestro reto para lograr una vida digna”, concluye José Domingo, en medio del apretón de manos y las sonrisas que reflejan la alegría y el entusiasmo de avanzar en una propuesta campesina, para afrontar el problema agrario de Colombia.

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