Crisis civilizatoria: energías limpias y gestión local Destacado

Asistimos al despliegue de una crisis civilizatoria, es decir orgánica, del sistema mundo vigente desde los años setenta; eso implica un cambio radical en la gestión de nuestro modo de vida. Su deconstrucción requiere de años y centurias como lo ilustra la historia, pues no se trata de una crisis funcional al mantenimiento del sistema sino a la emergencia de uno nuevo.

Dos son las variables que fundamentan el carácter de este tipo de crisis: un nuevo patrón o paradigma energético y un nuevo giro comunicacional. El primero relacionado con el tipo primordial de energía utilizada para el sostenimiento de todo el sistema por parte de las respectivas formaciones sociales, y el segundo con la forma de comunicarse entre sí.

En la historia de la humanidad se han dado dos de esas crisis, y actualmente nos encontramos en la transición hacia una tercera, debido a la emergencia de un nuevo patrón energético, sustentado en las energías renovables –que son las más abundantes en el planeta y el universo–, y de la comunicación en red-internet que fundamenta la naciente sociedad informacional.

La primera fase premoderna se erigió por sobre las comunidades primitivas a partir de la aparición de las ciudades-estados –hace unos diez mil años–, acompañada de la invención de la escritura y el uso de la leña, que superaba su tradición oral. Su gestión estaría a cargo de los sistemas políticos despóticos y patrimonialistas concentrados en un soberano: Faraón, César, Mandarín, Gran Inca o Rey, quienes disponían de forma personal de la organización de esas sociedades conocidas como hidráulicas.

La segunda fase emerge a partir del siglo XV con base en el uso de las energías fósiles como el carbón, y en el siglo XIX el petróleo, junto a la escritura de Gutenberg, que dio al traste con la premodernidad y erigió la sociedad moderna. Por sus características de ser una energía almacenada y de riqueza única, su gestión requiere de monopolios centralizados –de gran capital de inversión– como las empresas transnacionales, y políticos –de gran poder–, como los estados nacionales con sus agentes, los partidos políticos; todos estos asistidos por el despliegue científico y tecnológico “duro” y macro, la administración empresarial taylorista-fordista, y la democracia representativa liberal, entre otros. Su impacto ambiental y la reducción de las reservas del petróleo gatillan la aparición de una nueva fuente.

La crisis petrolera de los años setenta y su réplica a partir de entonces hace de las energías limpias el nuevo paradigma energético, a su vez acompañado de la comunicación en red, ambos en correspondencia con el nuevo espíritu de la época: lo diverso. Diversidad en las fuentes energéticas y en los discursos de la riqueza étnica y cultural. Fuentes energéticas que al no estar almacenadas sino disipadas en diversas fuentes: solar, eólica, hidráulica, térmica, biomasa, biogás, mareomotriz, olamotriz, hidrógeno, etc., revaloran el lugar como un punto vital y ponen en el centro la participación de sus lugareños en su producción y gestión. Como explica Gunter Pauli (2011) en su texto La economía azul, “se trata de un nuevo enfoque de la gestión de la demanda: la intervención en el lado del suministro…”

Esa nueva gestión cuestiona la administración corporativa vertical y monopólica de las grandes empresas, fundadas en la administración de la energía fósil almacenada. Así, da cabida al ejercicio de la participación directa de los productores y distribuidores individuales y colectivos, organizados en pequeñas y medianas empresas comunitarias autosuficientes, autogestoras y cogestoras, en red con otras comunidades e individuos, para el uso de sus propias energías, que como diría Gandhi, “no se basa en la fuerza, sino en la gente en su propio hogar, no una producción para las masas, sino de producción de las masas”. Sistema de producción de la mano de las tecnologías “blandas”, “pequeñas y hermosas”, de punta como la producción en 3D, que sigue la filosofía de acceso de código abierto, donde el software con las instrucciones para imprimir objetos no es propiedad de nadie, en el que se usan materiales de origen local que la hace una tecnología de aplicación universal.

Y como el asunto energético se concentra en la obtención de electricidad a partir del calor, la fricción, la presión, el magnetismo y la bioquímica, se abre entonces todo un arcoíris de posibilidades energéticas que incluye la producida por los mismos cuerpos biológicos a través de la química del potasio, el sodio y el calcio, que no necesita de pilas ni de cables, ni metales, requiriendo menos energía externa y la disminución en la dependencia de la minería, como explica Pauli.

Quedan de lado esas imágenes de grandes depósitos y chimeneas de las que salen diversas fuentes contaminadas y contaminantes –administradas por monopolios–, para imaginar tiempos en que se intercomunican los más diversos y constantes flujos limpios de energía, que mantienen en funcionamiento permanente la red, sin stock críticos por efecto de la acumulación, sino obrando armoniosamente a través de la complejidad distribuidora-productora.

Estas redes intercomplejas van construyendo espacios como Internets de energía local, cuyo ejemplo se ilustra en la India, “en dónde debutó a lo grande en julio de 2012, cuando el país sufrió el peor apagón, entrando en pánico gran parte de su territorio, mientras en una pequeña aldea de una zona rural de Rajastán siguió como si nada gracias a su micro red de electricidad verde”, según relata Jeremy Rifkin (2014) en su texto La sociedad de coste marginal cero.

De esa manera se va predisponiendo una civilización del Procomún Colaborativo, como la denomina Rifkin, que se traduce en una nueva “manera de organizar la vida económica, y ofrecer la posibilidad de reducir las diferencias en ingresos, democratizar la economía mundial y de crear una sociedad más sostenible desde el punto de vista ecológico (…) procomún colaborativo que está en alza y es probable que hacia 2050 se establezca como el árbitro principal de la vida económica en la mayor parte del mundo”. Año a partir del cual el petróleo entre en picada productiva ante el agotamiento de sus últimas reservas en la actualidad, objeto del fracking.

*Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Miembro del Grupo de Seguridad y Defensa, y del Centro de Pensamiento y seguimiento al diálogo de Paz de la Universidad Nacional.

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Luis Humberto Hernández

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