Hugo Chávez y un pueblo visible Destacado

Hablar de Hugo Chávez es hablar de polémica, de discurso encendido, de antiimperialismo y de excelente capacidad oratoria. Desde aquel cuatro de febrero de 1992, cuando siendo un desconocido pronuncia el “por ahora”, hasta su siembra el cinco de marzo de 2013, captó la atención de buena parte del mundo, incluyendo a quienes abiertamente le odiaban. Es ampliamente difundida en Venezuela la experiencia de enconados opositores, antichavistas “hasta la médula”, que no dejaban de sintonizar todos los domingos Aló Presidente, programa de radio y televisión en el que el Jefe de Estado abordaba diversos temas hasta por ocho horas continuas.

¿Qué hizo que casi la totalidad de un país se volcara bien sea a apoyar o a rechazar a Chávez? ¿Qué hizo que poderosos medios de comunicación, corporaciones y líderes mundiales pusieran los ojos en Venezuela? ¿Por qué durante 14 procesos electorales tan sólo perdió uno? La retórica simplista nos dice que era un líder populista, que manipulaba a su pueblo a través de dádivas y que tenía en su mente un proyecto autócrata, otros más imaginativos lo acusaban de loco y hasta miembro de una especie de culto casi satánico.

Sin embargo, la realidad es otra. Si bien Chávez no fue un dios, aun cuando lo han querido endiosar, sí es importante destacar que significó para la revolución bolivariana e incluso para el movimiento popular latinoamericano y mundial, el catalizador que contuvo, por lo menos por dos décadas, los procesos entreguistas y neoliberales que amenazaban al continente.

Es importante mencionar que Hugo Chávez llega al poder no por méritos de la izquierda, la cual estaba en franco retroceso tanto político como ideológico, sino por la precaria situación que vivía la población venezolana, pudiéndose resumir en una sola palabra: exclusión. Esto resulta clave para entender por qué un militar de rango medio, con tinte nacionalista, sin estar apoyado por los partidos tradicionales y que no pertenecía a la élite, logra quedarse con el poder.

Es la exclusión el detonante que derrumba la denominada cuarta república y el esplendor que vivía una pequeña pero opulenta clase social que disfrutaba de las mieles del petroestado. Para 1993, FUNDACREDESA, una institución gubernamental, estimaba, entre otras cosas que “El 1,07% de la población vive en la opulencia (cuatro mil familias). El 7,09% vive en relativo confort (15 mil familias). La clase media se ha reducido al 13,6%. El 37,6% conforma la clase obrera del país, unos 7 millones y el 40,34% son marginales, desclasados (cerca de 8 millones)”.

Una vez Chávez asume la presidencia, comienza a realizar una serie de transformaciones que cobraron su mayor éxito luego del fallido golpe de Estado proyanqui de 2002. Dicho éxito se debió a que, para superar las trabas y la burocracia típica del Estado burgués, creó una especie de instituciones paraestatales a las que llamó misiones sociales, que ofrecieron soluciones inmediatas a la población en temas sensibles como alimentación, salud, educación e identidad.

De esta forma se daba inicio a una etapa en la cual los índices de pobreza comienzan a retroceder por primera vez en años, con resultados excepcionales, lo que prendió las alarmas de poderosos intereses políticos transnacionales que temían la propagación por la región de la experiencia venezolana, más cuando la dialéctica de la propia revolución había transformado al Chávez, soldado nacionalista, en un comandante cada vez más radical y socialista.

En el plano meramente económico es importante destacar algunos datos y cifras de organismos multilaterales, que ofrecen luces y desmontan mitos. Antes que nada es perentorio acotar que si bien Chávez fue un militante del socialismo, la economía venezolana nunca trascendió el capitalismo, la vieja estructura del Estado burgués permaneció casi intacta. Ello no le quita méritos al enorme trabajo realizado por su gobierno, no olvidemos el estado y las condiciones en que se encontraba la República antes de 1998.


Indicadores como el PIB crecieron a un ritmo acelerado, el coeficiente de Gini que mide la desigualdad se redujo 20% en tan solo una década, siendo el más bajo de toda América Latina. Además no en vano, de acuerdo a la CEPAL, la pobreza pasó de 75,5% en 1997 a 25% en 2012. Por medio de las misiones sociales la patria se volvió una escuela, más de tres millones de mujeres, obreros y personas de la tercera edad volvieron al aula, lo que generó procesos no sólo de educación sino de empoderamiento. La matrícula universitaria creció como nunca, lo que antes era un privilegio pasó a ser parte de la cotidianidad. A través de convenios con Cuba se logró brindar atención gratuita y de calidad a sectores populares y zonas apartadas en las que nunca había llegado un médico. En fin, fue una época dorada, en la que negar el enorme crecimiento cuantitativo que tuvo el pueblo venezolano no es más que un signo de profundo sesgo e ignorancia.

Aunque parezca paradójico, el mayor logro de Chávez no se puede medir ni en dólares, ni en cifras o porcentajes, pues trasciende lo economicista. Haber revivido el sentido de patria; haber sacado a Bolívar de las academias; empoderar al pueblo no sólo a través de las leyes sino del despertar de una masa que se encontraba acéfala e inerte; sembrar en la mente de millones de venezolanos la semilla de la independencia, el antiimperialismo y la lucha por el socialismo; contagiar a jóvenes y niños por la defensa de lo nuestro y visibilizar a los históricamente excluidos, a los nadies, a los explotados, a los que sólo aparecían en las páginas de sucesos, a las amas de casa que no contaban para las estadísticas oficiales, a los abuelos que permanecían casi inmóviles por ya no ser útiles al sistema, a los millones de jóvenes que por no tener recursos económicos estábamos destinados al hampa o en el mejor de los casos a servir de fuente de enriquecimiento de unos pocos. Ese fue su más grande éxito.

Aun cuando las condiciones materiales en Venezuela no son las mejores, aun cuando EEUU arrecia las sanciones para ahorcar la economía y aun cuando se han perdido muchos de los logros alcanzados, la figura, el liderazgo y la tenacidad del comandante Chávez siguen presentes. En cualquier barrio o aldea se percibe el inmenso sustrato bolivariano que brota por las venas de millones de venezolanos y que no se borrará pese a las adversidades. ¿Lo habrá tomado en cuenta el imperialismo?

Contó Galeano que le preguntó a un humilde venezolano durante un proceso electoral “¿Y usted por qué vota a Chávez?” y este le respondió: “Porque no quiero volverme invisible nunca más”.

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Oscar Javier Forero

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