Las tensiones aumentan con Trump en la Casa Blanca

En los pocos meses de su presidencia en EEUU, Trump ha logrado tensionar las relaciones con líderes y administraciones a nivel mundial, con sus discursos confusos y comentarios impulsivos. Simultáneamente ha desregulado normas y leyes al servicio del pueblo estadounidense a través de órdenes ejecutivas. Para citar solo unos ejemplos de su “diplomacia” internacional: el presidente criticó al alcalde de Londres (Inglaterra) después del ataque en esta ciudad donde murieron ciudadanos del país aliado, en lugar de expresar simpatía, solidaridad o reiterar la alianza entre los dos países; así mismo tomó un tono condescendiente frente a la OTAN y las decisiones de sus otros países integrantes en términos de sus presupuestos para la defensa militar; felicitó regímenes criticados por derechos humanos como el del presidente filipino Rodrigo Duterte, cuya guerra contra las drogas usa asesinatos extrajudiciales, y el del presidente turco Recep Tayyip Ergrodan, después que ganó el referendo para implementar más poderes presidenciales a su favor. A nivel nacional ha anulado regulaciones para el sector privado a costa del pueblo, los derechos humanos y el medio ambiente; económicamente su política de impuestos ha favorecido a los ultra ricos y las mega industrias con resquicios legales. Su plan general militarista, nacionalista y neoliberal sigue sin temblar.

Los Acuerdos de París
La decisión unilateral del presidente de salir de los Acuerdos de París, pese a la oposición de su propio partido, el pueblo estadounidense en su mayoría, y hasta el sector privado con quien trabaja, ha causado aún más confusión al interior de EEUU. Su razonamiento por la decisión está basado en cifras desacreditadas, y aunque los medios de comunicación masivos lo respaldan, esa posibilidad queda más y más estrecha. Después de anunciar la decisión de sacar a los EEUU del Acuerdo, en una mentira flagrante afirmó su decisión de renegociarlo. Los líderes de varios países europeos sacaron una declaración justo después de la decisión, reiterando que no se puede renegociar el Acuerdo unilateralmente, ni por la petición de un país aislado.

Esto es exactamente lo que hace Trump: aislar a su país del mundo. El ex-presidente Obama escribió su propia declaración en la cual trató de animar a los gobiernos locales y empresas privadas a seguir en sus iniciativas para salvar el planeta: “Aunque esta administración se junta con unas pocas naciones a rechazar el futuro, estoy seguro que nuestros estados, ciudades y negocios van a seguir el camino (de los acuerdos)”.

Trump miente sobre los efectos del pacto en la economía estadounidense; dentro del país el Acuerdo no solo tiene el respaldo de activistas y ambientalistas, sino también de los sindicatos obreros quienes están al tanto de que el carbón no es la energía del futuro, y el sector privado en su gran mayoría, que reconoce el potencial económico de invertir en otros métodos de energía con el resto del mundo y no estar dejando atrás esta industria.

El proceso de destitución
Aparentemente Trump está tratando de liderar el país como un gran negocio propio, y como le ha funcionado en su historia laboral, pretende hacerlo con impunidad completa por parte de la justicia. La pregunta que tiene el pueblo estadounidense en este momento confuso de uso abierto del sector gubernamental para el beneficio del sector privado es: ¿Será que lo logra? La amenaza para Trump este año es el proceso de destitución que han empezado gracias al mismo descuido discursivo que le define. Se ha implicado a sí mismo en obstrucción de la justicia por su propia boca descuidada, algo que la mayoría de políticos estadounidenses no hace. El hecho que se condena fue su decisión de despedir a James Comey, el ex-director del FBI, quien estaba investigando otros asuntos ilegales de la administración que potencialmente implicaban al presidente. En su testimonio después de ser destituido, Comey acusa al presidente de pedir lealtad personal por encima de la justicia. Esto ha generado la activación por parte de unos demócratas de iniciar el proceso de destitución. Al Green de Texas y Brad Sherman de California, anunciaron que están escribiendo los artículos para empezar el proceso. Refiriéndose al caso, Green dijo: “La cuestión no es si el presidente obstruyó la justicia, la cuestión es si lo puede hacer con impunidad”.

El proceso de destitución depende mucho del Partido Republicano, que por el momento controla el Congreso tanto como el Senado. Aunque hay protestas en el país y constante organización por parte de activistas en contra de la administración, falta un proceso a favor de destituirlo, y por la personalidad del presidente es muy poco probable que renuncie a su cargo, como lo debió hacer Richard Nixon cuando su destitución parecía inevitable por el escándalo de Watergate en los 70's.

La autora y activista canadiense, Naomi Klein considera a Trump y su presidencia como el “producto de una cultura empresarial que tiene fetiche por los que hacen sus fortunas ignorando flagrantemente las leyes y regulaciones”, y por cómo ha actuado hasta la fecha, ella tiene toda la razón. La pregunta va a ser si el pueblo estadounidense deja que esta fusión de lo público para el interés del privado, que ha llegado a su culminación con Trump, se siga aguantado, o si va a tomar la decisión de luchar masivamente contra ello. La decisión sobre el Acuerdo de París en conjunto con el proceso de destitución tiene a EEUU en una encrucijada, pero este proceso solo toca la punta del iceberg en la política del país norteamericano; no es solo esta administración, y mucho menos este sujeto: la política estadounidense necesita reformas radicales y cambios estructurales para proteger el bien común del territorio, sus ciudadanos y el planeta, y los necesita ya.

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