Los artesanos de San Antonio: desalojos y resistencia

En Medellín hay muchos artesanos, pero pocos organizados para participar del desarrollo de su gremio y escasos son los conscientes de su papel en la sociedad que a veces los ve como personas de “segunda clase” y sin aspiraciones.

SIMEARTE es el Sindicato Metropolitano de Artesanos que agremia a cerca de 35 artesanos, quienes en su mayoría están ubicados en el Boulevard del Artesano en el parque de San Antonio, en el centro de Medellín. Según Aníbal Tres Palacios Villa, un artesano autodidacta en cuero, “el auge de los hippies en los años 70 sirvió para que salieran muchos artesanos de la miseria de los talleres domiciliarios y del anonimato”. Los hippies empezaron a vender sus productos y los artesanos se les unieron creando un mercado informal y vespertino en la calle Junín entre Maracaibo y la Playa, en el centro de Medellín.

En esa década empezó a crecer el mercado artesanal y crearon una dinámica social de intercambio de estilos, técnicas e ideas al aire libre. Al mismo tiempo crecía la represión del Gobierno y la élite local. Las autoridades, el Club Unión y los comerciantes del sector arremetían contra los artesanos, para hacerlos salir de donde estuvieron por años. Por ejemplo, la Escuela Popular de Arte se acabó cuando los desalojaron para construir los Casinos Royal y Caribe con la ayuda de Luis Alfredo Ramos, el entonces alcalde en 1992.

De allí los pasaron a unos locales incomodos y mal diseñados en el segundo y tercer piso del Centro Comercial del Libro en el pasaje La Bastilla. Muchos de los artesanos quebraron, perdieron sus capitales y hasta a sus hijos que fueron reclutados por el narcotráfico y la delincuencia común que les daba más dinero y comodidades. En 1998 al borde de la quiebra unos artesanos sacaron sus trabajos al pasaje La Bastilla; hecho que aprovecho el ex alcalde de Medellín Juan Gómez Martínez para desalojarlos definitivamente del pasaje y reubicarlos en el Parque de San Antonio.

Elkin Usquiano, un hombre enérgico y locuaz pero con una que otra tartamudez, es el presidente del Sindicato SIMEARTE, en medio de su local lleno de ropa colgada y tinturada con la técnica tie-dye o nudos de la India, cuenta que recién llegaron al parque San Antonio les iba bien pero que los anteriores alcaldes han dejado deteriorar el sector para luego comprar sacar fácilmente a los artesanos y a los comerciantes vecinos pagando a precios muy bajos los locales.

La lucha de los artesanos ha sido con los comerciantes formales, los gobernantes, los grupos delincuenciales, y también con la intolerancia de algunos afrodescendientes que frecuentan el parque, porque como lo manifiestan algunos “no consienten ni un reclamo”. En muchas ocasiones han tenido problemas porque se les pide espacio para que la gente pueda pasar y ver las artesanías, o porque se orinan en el parque y botan la basura al suelo, y son los artesanos los que tienen que organizar la zona norte del parque.

La inseguridad ha terminado por alejar a los turistas y a los transeúntes que en muchos casos prefieren buscar otros caminos o pasar lo más rápido posible, sin detenerse a “loliar” o a “vitriniar” para antojarse de algo. Por ese motivo es que muchos de los artesanos están atrasados en pagos de arrendamiento del local y quebrados.

Un desalojo más
Doña Luz Marina Trujillo es una artesana y suele acostarse a las diez de la noche, pero el 26 de octubre a las dos de la madrugada aún daba vueltas en la cama. El estrés y la preocupación le habían quitado el sueño y el hambre.

En su habitación, Luz no paraba de pensar en el desalojo del que se había librado ese día, pero que ya le había sentenciado una jueza por incumplimiento del pago del arrendamiento del local 40.
A las seis de la mañana, una hora antes de lo usual, la artesana ya se había levantado y se preparaba para una cita que no deseaba cumplir.
—Siéntese y no se vaya a poner a llorar. Le dijo su amigo que le ayuda ocasionalmente en el puesto y le entregó la notificación del desalojo.

La tristeza y los nervios inundaron a Luz, quien de inmediato se fue para donde Elkin, y este puso en conocimiento de los sindicalizados el caso para ver una posible solución.

El día del desalojo en el Boulevard tres policías que hablaban de vez en cuando por el radio rondaban el local que estaba cerrado. La hija de Luz les preguntó que a quién buscaban. Ellos contestaron que a la dueña del local 40, y la joven llamó a su madre quien acudió rápidamente y les mostró los documentos que probaban los abonos hechos a la deuda.

—No sé por qué me va a sacar las cosas porque yo estoy abonando. Yo no estoy negando la deuda. Dijo Luz mientras sus ojos se encharcaban.

El policía después de mirar los documentos y corroborar lo dicho por la mujer le dijo que estaban para acompañar y velar por la seguridad en el proceso. Uno de los policías se fue y más tarde llegaron unos funcionarios de espacio público, entre ellos un hombre que vestía una gorra gris crema, camisa blanca, jean azul, botas negras y chaleco gris donde decía: “Medellín cuenta con vos”. El hombre esbozaba una sonrisa cínica mientras empuñaba una barra de hierro en sus manos, con la que había intimidado a los artesanos.

— ¡A ver! ¿Qué es lo que hay que abrir­? Dijo el hombre, mientras golpeó el suelo con la barra.

Ante el hecho uno de los policías intervino, según los testigos. Tres funcionarios se dispusieron a ejecutar el desalojo, mientras otros cuatro esperaban pasmados a un costado. Luz Marina resignada a entregar su local estaba abriendo el puesto. En ese momento llegaron cerca de siete artesanos y lo impidieron. La impotencia se apoderó de ellos y Elkin Usquiano con papeles en mano exigía claridad en el proceso, mientras que sus compañeros reclamaban sus derechos a la misma vez.

El funcionario llevándose la mano al pecho pedía calma. Y uno de los artesanos le contesto:

— ¿Cómo se va a calmar si ella vive de esto?

Luz Marina por su lado lloraba en el hombro de su hija quien también dejaba ver en sus ojos la angustia y el desconsuelo. De un momento a otro una mujer mayor de 50 años pasó al lado de Luz y le dio un abrazo de valentía y esperanza porque la artesana inmediatamente puso de nuevo el candado.

— ¡Hoy no era el día del proceso! ¡Se confundieron de fecha! Era el miércoles 26 de octubre y hoy es jueves 27. Se impuso la voz de Elkin visiblemente molesto. En la puerta del local ya se habían plantado cuatro mujeres y se pasaron una cadena mediana mientras que las palabras de Luz se ahogaban en el llanto.

Impotente ante el hecho el funcionario cruzó los brazos y su compañera visiblemente irritada por la acción sugirió el aplazamiento de la diligencia. Los artesanos seguían hablando todos a la vez.

Al final de mucho discutir y por la presencia de la cámara y la grabadora de la prensa, los funcionarios dieron la orden de retirarse. Luz se quedó entre sollozos y abrazos de sus compañeros, y después se fue a terminar de organizar su caso y a seguir trabajando en lo que le apasiona: el mundo de las artesanías.

A la fecha, Luz Marina trabaja “tranquila” bajo la amenaza de los ladrones y el desalojo masivo, y con mucho esfuerzo para tratar de pagar las deudas atrasadas. Si no hubiera sido por el apoyo de sus compañeros que se han organizado en SIMEARTE no estaría trabajando.

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Saúl Franco

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