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Salud y sexualidad humana Mente sana: en cuerpo sano y en mundo sano

La naturaleza y la vida nos han dado este complejo y maravilloso cuerpo para la reproducción, pero con la gran inteligencia y capacidad de pensar, nosotros lo aprovechamos y lo disfrutamos con toda la pasión, con todo el deseo y con toda la alegría que brota de una sexualidad desbordada y placentera hasta el éxtasis y el orgasmo, para hacer mil veces más agradable la vida y la existencia.

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Actualmente tenemos múltiples formas de diversión y placer. Teóricamente no debería haber lugar para el aburrimiento y el suicidio, pero la realidad es muy distinta. Entonces ¿qué es lo que pasa? Imaginémonos a los pobres Adán y Eva en el solo y silencioso paraíso, sin ninguna diversión ni fuente de placer diferente a su cuerpo, entregados a comer y a dormir. ¡Qué pereza! Pero, gracias a ellos y no a Dios, descubrieron y experimentaron el placer de la sexualidad y del sexo; a partir de ese momento el mundo cambió y la vida ya no pudo ser la misma. Pecar es el objetivo, es la meta, y esta sólo a un centímetro de piel tanta dicha.

Se equivocan los que han pretendido negar, ocultar, eliminar y reprimir la sexualidad humana (y el sexo por supuesto). Es una realidad cotidiana, son unas ganas diarias. No se puede rechazar lo que es una necesidad biológica y un placer mental y corporal, eso sería ir en contra de natura; los que se apoyan en falsas creencias y preceptos religiosos quieren anular el cuerpo y sus goces. ¿Han pensado en todas las consecuencias desastrosas y desagradables que trae una posición de negación y represión sexual en un ser humano?

Biológica y evolutivamente nuestros cuerpos han desarrollado una inmensa capacidad de dar y de recibir caricias por montón. Negar y reprimir esos deseos y caricias sólo puede crear monstruos sin control y sin corazón. Tener un buen conocimiento, una correcta relación con nuestro cuerpo, tener una mente sana como producto de un mundo sano, nos permite tener una adecuada actitud de respeto hacia nuestro cuerpo y hacia el de los demás.

Pensar, practicar, compartir y disfrutar una sexualidad con libertad y responsabilidad en una sociedad colectiva, construye seres humanos con cuerpo y mente sanos; lo contrario, considerar la sexualidad y el sexo como prohibido, sucio y pecaminoso, quitándole su capacidad integradora, socializadora y de sano disfrute, nos lleva a una encrucijada, a un camino sin salida, que muchas veces es caldo de cultivo para crear violadores y sicópatas asesinos.

Si la sexualidad es una maravilla que llena varias necesidades del cuerpo y el espíritu, que nos llena de un goce indescriptible y nos lleva a las estrellas más lejanas, ¿por qué tenemos que tratarla como una cosa de poca monta?, ¿por qué no le damos la importancia que se merece?, ¿por qué sólo reaccionamos cuando vemos o vivimos en carne propia lo que puede hacer un enfermo mental con su cuerpo y el cuerpo del otro, y tratamos de entender qué es lo que está pasando?, ¿cuáles son las causas de esos comportamientos tan “antisociales”?

¿Cuál debe ser el trato y la solución al problema de los violadores y/o asesinos? Una gran mayoría de la población grita, azuzada por los tales padres de la patria y por la desesperación e impotencia, y sin hacer un análisis científico y sesudo de la situación, ¡pena de muerte o cadena perpetua! ¿Será qué esa sí es la solución? o sólo es una más de las mediocres y superficiales propuestas que comúnmente le damos a los inmensos problemas colectivos que nos aquejan. Lo que tenemos que pensar es cómo está construida y dirigida la sociedad capitalista y cuáles serían las cosas que hay que cambiar de raíz para dar una real y duradera solución a tan aberrante problemática.

El problema no se debe enfocar solamente en el castigo al violador, eso es lo de menos; con él se puede tomar cualquier decisión, lo importante es su neutralización e impedir que nunca más lo vuelva hacer. Pero el problema más grave y grande es de las víctimas. Ellas tienen que vivir con ese trauma y ese dolor de por vida. Por eso hay que buscar las causas profundas del problema para poder encontrar soluciones que permitan en un futuro, ojalá cercano, que no hayan más violaciones en el mundo, o que se cuenten en los dedos de las manos. Resolver el problema de raíz es muy difícil, pero es lo que se debería buscar. No nos preocupemos tanto por el violador, enfoquémonos en que no se creen más violadores y que no hayan más violados y/o asesinados.

Las medidas solo policivas no detendrán a los sicópatas violadores, ellos en su estado de degradación y/o enfermedad mental no le temen a las cadenas perpetuas ni a la muerte.

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Acerca del Autor

Luis Alfonso Vásquez