Las trágicas vidas en la minería del carbón

Vivir y trabajar con el carbón es un desafío al peligro, a la enfermedad, al accidente, hasta a la muerte. Extraer ese mineral para el funcionamiento de muchas industrias, que van desde las energéticas hasta las manufactureras, implica pasar aproximadamente de 10 a 14 horas en oscuros socavones, expuestos a temperaturas de 40 grados, agachados/as todo el tiempo y comerse hasta la comida vinagre por culpa del calor. No mejor situación tiene quien trabaja en las minas a cielo abierto: también trabaja hasta 12 horas diarias y respira en todo momento una gran variedad de sustancias químicas perjudiciales para la salud. Por eso varios sindicatos del sector siguen denunciando las desfavorables condiciones para ejercer este oficio, junto a la falta de voluntad de las empresas y de los gobiernos para asumir y enfrentar sus responsabilidades.

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Este 16 de junio se cumplen dos años de la tragedia del municipio de Amagá, Antioquia, en la que perdieron sus vidas 73 mineros. La mina, operada por la empresa Carbones San Fernando, había sido catalogada por parte de la Secretaría Departamental de Minas, antes de la tragedia, como la más tecnificada y una de las más dotadas de sistemas de seguridad industrial de la cuenca del Sinifaná. Pero la situación mostró otra cosa: no bastó ni el reconocimiento ni la “legalidad” en la operación de la mina para evitar esta tragedia.

El informe presentado por la Comisión Técnica Investigadora, conformada luego de la tragedia, concluyó que “no hubo un estricto cumplimiento de todas las regulaciones y prácticas que la materia de seguridad exige. La concentración de gas metano (5-14%) y el polvo de carbón no fueron medidos continuamente y su sistema de ventilación fue inadecuado e insuficiente, además del uso de explosivos con mecha no seguros y los motores de algunos equipos que no son a prueba de explosiones”. Es decir, la alta concentración de gas metano y alguna chispa, como pudo haber sido el de la dinamita, generó la explosión dentro de la mina.

En las minas informales (aquellas que no tienen títulos de explotación minera) también se presentan accidentes. Pero el problema radica, según la Asociación de Pequeños Mineros de la Cuenca del Sinifaná –Asomicsi-, del suroeste de Antioquia, en la baja rentabilidad que no alcanza para garantizar las diferentes prestaciones sociales y el acondicionamiento de las minas según las normas de seguridad industrial y de prevención. Es por ello que la pequeña minería lucha por la legalización, además de quitarse de encima la persecución del Estado. Con este asunto resuelto, la pequeña minería podría comercializar su carbón directamente con las industrias y dejar a un lado a las intermediarias, que son las que en últimas les imponen el precio, muy por debajo del valor que comercializan entre las grandes carboníferas y la industria.

Esas son las intenciones y proyecciones de algunas asociaciones –como Asomicsi- para contrarrestar los riesgos y peligros de esta actividad. Pero del lado de las grandes empresas multinacionales, que obviamente no tienen el problema de la rentabilidad como para no invertir en la prevención y el mejoramiento de los ambientes de trabajo, la situación de las/os trabajadores/as es bastante preocupante y pareciera no importarle a las empresas, según lo denuncian constantemente los mismos sindicatos.

Es el caso ejemplo de la compañía Cerrejón. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria del Carbón –Sintracarbón-, que agrupa a cerca de 3000 afiliados de un total de 12000 trabajadores/as aproximadamente, sostiene que en la compañía existe alrededor de 700 trabajadores enfermos, pero que sólo son reconocidos el 20%, es decir, aquellos que están incapacitados. “Para nosotros, los enfermos son quienes poseen una patología producto del trabajo, todos. Sin embargo, la empresa Cerrejón dice que son producidas por otras circunstancias ajenas al trabajo en la mina”.

Sintracarbón ha denunciado que se han presentado casos de trabajadores con enfermedades como silicosis y silicoantracosis, luego de llevar 25 años trabajando en las minas y de estar en contacto permanente con sustancias como sílice y el mismo carbón. Igor Díaz, presidente del sindicato, denunciaba enérgicamente hace un año en el congreso de la República que “lo más aberrante de ésta situación es que la sílice, además de producir silicosis, también produce cáncer, y ya van más de diez muertos por esto. 15 trabajadores tienen silicosis, probada con biopsia abierta, es decir, le quitaron un pedazo de tejido del pulmón. Cerrejón dice que en la Guajira, como no hay calles pavimentadas en la mayoría de los municipios, la tierra que se mueve por la brisa es lo que produce sílices. Cuando nosotros tenemos la certeza que por cada tonelada de carbón que se obtiene de la mina, hay que mover 7 toneladas de tierra. Pero el Cerrejón, la ARP, los médicos y las juntas de calificación dicen que no”.

Igor Díaz complementó en aquella intervención el papel del Ministerio de la Protección Social: “el Ministerio hizo un estudio epidemiológico y de seguridad en el Cerrejón, determinando que el programa de salud ocupacional no estaba acorde a la realidad de los trabajadores. Y eso no trascendió ¿Hasta donde tiene poder Cerrejón? Ese estudio, además, determinó que hay 1800 sustancias manipuladas por los trabajadores. Hay casos que señalan que (algunos) trabajadores tienen plomo en la sangre, pero la compañía le achacó eso al contacto de los trabajadores con la gasolina venezolana. Creemos que la normatividad es permisiva con estas prácticas. El Ministerio protege a los empresarios”.

José Brito, secretario de salud del sindicato y quien participó en un seminario sobre accidentalidad y muerte en el trabajo del sector minero el pasado 30 de abril, en la ciudad de Medellín, mantuvo el panorama expuesto por su compañero hace un año y agregó que hay dos trabajadores muertos por silicoantracosis. Él explica en un ensayo académico (ver en http://www.ila.org.pe/notiblog/?p=479) cómo actúan estas enfermedades, que además no tienen cura: “la neumoconiosis –enfermedades pulmonares- es considerada también como una fibrosis pulmonar que toma el nombre de acuerdo con el polvo o humo inhalado. Si es sílice se llama silicosis, si es carbón antracosis, si es sílice y carbón silicoantracosis, si es asbesto asbestosis, si es talco talcosis, etc. La fibrosis pulmonar no es más que la cicatrización o engrosamiento de las paredes de los pulmones, producida por presencia del polvo que al juntarse con los líquidos pulmonares hace una reacción igual a la ocurrida entre el cemento y el agua. Se endurece, y lo mismo ocurre en el pulmón produciendo dificultades respiratorias”.

Si bien la minería de carbón por socavón sigue siendo la actividad más peligrosa del mundo, como lo registra la Federación de Aseguradores Colombianos –Fasecolda- (actividad con más mortalidades (13,4% de 500 muertes en 2010), la pequeña minería sigue luchando por la titulación y así apostarle al mejoramiento de las condiciones de trabajo, aunque en estos momentos estén frenadas las concesiones. Pero la gran minería de carbón a cielo abierto, en cambio, sigue aumentando las deudas sociales con las/os trabajadores/as y las comunidades, y todo para aumentar sus ganancias.

Modificado por última vez el 19/06/2012

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Andrés "El Germen"  Markez

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