¿Recuperar el centro de Bogotá para quién?

El centro de Bogotá sigue en la mira de importantes sectores económicos y compañías inmobiliarias. Los recientes hechos de desalojo en la calle del Bronx y la ampliación de la represión policial en este sector ponen en evidencia el nuevo objetivo estratégico de los  grupos de poder que gobiernan la ciudad.

Durante la primera alcaldía de Enrique Peñalosa (1998-2001), en forma violenta y sin ningún tipo de plan de protección integral para los habitantes de calle, fue desalojado en forma violenta el sector conocido como El Cartucho. En principio, desde la administración  se esgrimió que ello obedecía a un plan de reurbanización del centro de Bogotá, pero lo que nunca se dijo a los bogotanos es que tras los 9500 metros cuadrados de terreno que comprenden desde la carrera 10 hasta la carrera 9, entre calles 15ª y 15 bis, se movían grandes fuerzas económicas que esperaban paciente y estratégicamente a que el precio bajara, para hacerse a estos al mejor estilo del ladrón de esquina.  

Más recientemente, en el marco de la segunda administración de Enrique Peñalosa (2016-2019) el fenómeno se repitió. En esta oportunidad, el sector conocido como la calle del Bronx fue brutalmente desalojado por la Policía Metropolitana en compañía de fuerzas especiales del Ejército. En ese sentido, la opinión pública de la ciudad se repartió en dos bandos; muchos ciudadanos aseguraban que era una buena medida, ya que los centros de consumo afectaban a la población en general, y otro sector importante de la ciudadanía, en forma preocupada, manifestaba temer por la diáspora de habitantes de calles y  el posible aumento de la inseguridad en las calles del centro  de la ciudad.

Pues bien, los peores temores de los habitantes de la ciudad se hicieron realidad. No solamente se dispersaron los centros de consumo por toda la ciudad, sino que la inseguridad se aumentó en niveles considerables por toda Bogotá: incrementó el robo de celulares, de bicicletas y de autopartes de vehículos, además, el comercio del sector se vio seriamente afectado, en tanto las ventas disminuyeron cerca del 80%. Edward, un comerciante de telas del sector afirma que “antes podíamos vender cinco millones de pesos al mes, ahora ni siquiera para pagar el arriendo alcanza”.

Sin embargo, los  efectos inmediatos de los abruptos desalojos en el centro la ciudad no son lo peor, pues el fondo del asunto se encuentra  ligado a la “recuperación” de este sector para las familias adineradas de la ciudad. Enrique Peñalosa ha encabezado esta cruzada contra residentes pobres del sector, vendedores ambulantes y habitantes de calle, esto bajo el eufemístico presupuesto de renovación urbana y cultural de la zona.

Así las cosas, el proceso de gentrificación realizado durante más de 30 años, sumado a la precaria o inexistente intervención institucional en el centro de Bogotá, logró devaluar los terrenos en más de un 500%, pues locales comerciales en los que el metro cuadrado costaba hace 30 años  60 millones de pesos, hoy son ofertados a grandes corporaciones inmobiliarias por 650.000 pesos. Daniel, un habitante de calle que frecuenta el centro afirma  que “nos sacaron de acá para vendérselo a gente rica que quiere construir centros comerciales”.

La empírica afirmación de Daniel no está lejos de la realidad, pues el proyecto de reestructuración del centro de Bogotá no pretende esos fines altruistas y culturales que desde la administración Peñalosa se plantean, sino que, en el marco del Plan Centro para Bogotá, propone a este sector como un gran eje comercial, educativo y de vivienda  para los estratos altos. En otras palabras, los ricos de la ciudad quieren evitar la fatiga de desplazarse, pretendiendo volver al lugar del que huyeron hace más de setenta años tras el Bogotazo.

¿Qué implica renovar el centro?
Peñalosa se ha referido a su propósito de hacer uso del espacio en cuestión bajo la idea de que “aprovechando la desvalorización para los propietarios de los predios del 'Bronx', podemos hacer una revitalización urbana”. Lo claro es que no existe una intención para mejorar las condiciones de vida de los casi 10.000 habitantes de calle que se encuentran distribuidos por toda la ciudad, y de los cuales aproximadamente 2.000 se encontraban en el sector del Bronx.
Por eso, dos elementos deben tenerse en cuenta en relación a  las implicaciones que tiene el desarrollo del plan que pretende trasformar el centro de Bogotá. En principio, es necesario preguntarse sobre la participación de las comunidades que allí habitan en la elaboración e implementación de estas políticas, pues como anota Daniel “al Señor alcalde no le importa lo que pasa con la gente, él solo quiere echarle cemento a todo el mundo por encima”. Dicho esto, es posible pensar que las pretensiones de la política de renovación del centro responden más a intereses económicos de grandes grupos inmobiliarios, que a las necesidades concretas de los pobladores que allí habitan.

El segundo elemento que debe ser reflexionado y comprendido por el grueso de la ciudadanía está relacionado con las preguntas ¿para quiénes es el nuevo centro de Bogotá?  ¿Cómo podremos los ciudadanos disfrutar integralmente de ese espacio? Pues bien, de acuerdo a declaraciones dadas a la oficina de prensa de la Alcaldía por Mónica Ramírez, gerente directora de la fundación Gilberto Avendaño, quien es la mano derecha de Peñalosa en todos los temas que tienen que ver con el centro de la ciudad, este espacio constituye un importante botín para la consolidación de un modelo de ciudad elitista y aburguesada. Afirma Ramírez que “aquí hay comercio, universidades, oficinas de gobierno, una actividad  turística y económica importante”.

Este fenómeno se ha presentado en otros sectores de Bogotá. Por ejemplo, los habitantes de los barrios La Macarena y La Perseverancia han sido desplazadas y obligados a habitar en los márgenes de la ciudad, debido a la construcción de  grandes centros comerciales, universidades privadas y cadenas de restaurantes extranjeras. Por eso, las propuestas de la ciudadanía deben estar encaminadas no a abogar por la conservación de las condiciones de vida actuales de los habitantes de calle, o de permitir que el centro de Bogotá se mantenga controlado por grupos organizados de delincuentes, sino a que el grueso de los habitantes sea tenido en cuenta en las dinámicas económicas y políticas que se desarrollan en la ciudad, para que la población pueda disfrutar de los espacios urbanos, sumando cada vez más hacia la construcción de vida digna integral para los pobladores urbanos de Bogotá.

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