La reserva Thomas Van Der Hammen: la punta del iceberg en las luchas de ciudad

El gobierno de Enrique Peñalosa en Bogotá,  en apenas 7 meses de gobierno, ha despertado distintas polémicas y conflictos en la ciudad y el país. Cambió el diseño del metro y la propuesta de transporte masivo que estaba aprobada, haciendo perder miles de millones de pesos en estudios previos; anunció y aprobó la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB); aumentó el presupuesto del Plan Distrital de Desarrollo en más de 10 billones de pesos; llegó a la alcaldía falsificando sus títulos y hoja de vida, entre otras nefastas polémicas y situaciones para la ciudad.

Pero sin duda una de las mayores polémicas en la ciudad, está relacionada con la reserva ambiental Thomas Van Der Hammen, y los anuncios de construir allí una gran ciudadela con miles de unidades de vivienda, “corredores verdes” y tres autopistas. No obstante, antes que concentrarnos en esta polémica particular, es importante identificar las tensiones de fondo que allí se evidencian.

Porque sin duda, aunque la defensa de la Reserva Van Der Hammen es una tarea crucial de la ciudadanía bogotana, lo que está en riesgo es mucho mayor. El modelo de ciudad y el modelo económico, no sólo afectan a las comunidades campesinas, afros e indígenas, sino que además vienen amenazando las comunidades urbanas y suburbanas, deteriorando su territorio, y deteriorando sus condiciones y sus posibilidades de vida digna.

En este marco más amplio de discusión, la Reserva Van Der Hammen es sólo un caso paradigmático por su gravedad y dimensión, pero no es el único, ni el peor. Miremos algunos de estos casos:

Ibagué está en medio de un proceso de consulta previa, en la perspectiva de impedir que se construya la mina “La Colosa”. Esta mina que se proyecta como una de las más grandes explotaciones de oro a cielo abierto, y amenaza con contaminar la cuenca del río Coello, que surte de agua varios municipios, entre ellos Ibagué. La comunidad, de la mano del alcalde y de algunos concejales de la ciudad, impulsa esta importante iniciativa para detener la minería y sus impactos negativos.

En Bucaramanga en el año 2013 se realizó la movilización de las 100 mil voces por el agua. Una gran jornada de protesta y rechazo a la realización de minería en el páramo de Santurbán. Tal como se expresó en un artículo dado a conocer por el Centro  de Memoria, “exigirán ‘la suspensión inmediata de todas las actividades de las multinacionales mineras’ en los complejos biogeográficos de los páramos de Santurbán y Almorzadero, así como en los ecosistemas productores de agua para el consumo humano”.

La ciudad de Cartagena, principal destino turístico del país, ha venido posicionándose también como un destino comercial e industrial. Esto contrasta con las altas tasas de desigualdad, inequidad, pobreza y necesidades básicas insatisfechas. La ciudad que mayor proyección de crecimiento económico tiene, avergüenza por su profunda injusticia, y la indignidad con que trata a su población pobre, negra la mayoría. “La ciudad está en un momento transcendental para posicionarse en el mundo, por lo que deben emprenderse estas acciones, ponderando sus beneficios y minimizando sus efectos colaterales, para actuar en el marco de un urbanismo sustentable”, tal como dice una columna de opinión de Sergio Padilla publicada en El Universal.

Finalmente el caso de Bogotá es paradigmático por varias situaciones. La explotación minera en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar, afecta y desplaza a las comunidades; genera problemas respiratorios, además de ir abriendo un socavón de dimensiones gigantescas en las montañas de la ciudad. Finalmente, la intención de urbanizar la reserva Thomas Van Der Hammen, con perspectivas de extensión de la ciudad, amenaza más de 1300 hectáreas de bosque, lo que se considerada el segundo pulmón de Bogotá. Pero parece que la ambición y la voracidad puede más que la necesidad de conservar el aire, el agua, y en últimas la vida.

En síntesis, y como acabamos de ver, la discusión del modelo de ciudad es uno de los puntos más álgidos de cara a construir condiciones y garantías de vida digna, pues choca con los modelos y planes previstos para nuestros territorios. Las nuevas inversiones y perspectivas económicas del “modelo de desarrollo”, desconocen a las comunidades, su tradición, su historia, su arraigo territorial; igualmente desprecian las estructuras ecosistémicas, los cuerpos hídricos, y demás bienes naturales, necesarios para conservar la vida y garantizarla.

Las comunidades urbanas, siguiendo ejemplo de campesinos, indígenas y afros (que dignamente nos enseñan a defender nuestros derechos y nuestro territorio), hemos resistido con tesón esta arremetida, y lo seguiremos haciendo, a pesar de los gobernantes locales y departamentales, que la mayoría de las veces parecen más gestores de negocios y productividad, que administradores y servidores públicos.

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Sebastián Quiroga

Vocero Nacional del Congreso de los Pueblos - Politólogo

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