Edición 131 Septiembre 2017

Por Sebastían Perdomo

La Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste Antioqueño (ASOVISNA) se pensó a finales de los 90, pero solo hasta el 2003 su creación se concretó tras la necesidad de escuchar a las víctimas del conflicto armado de esta parte de Antioquia. Sin embargo, su lucha se ha diversificado debido a las frecuentes formas de violencia que continúa soportando esta región.

Conflicto y lucha
En el año 1988, en el municipio de Segovia hubo una serie de amenazas mediante grafitis, boletines, cartas, entre otros, donde el gripo ilegal Muerte a Revolucionarios del Nordeste (MRN) prometió acciones violentas contra dirigentes de izquierda. Previamente, entre marzo de 1986 y octubre de 1988, allí y en Remedios, fueron asesinados 16 líderes comunitarios, todos militantes de la Unión Patriótica (UP).

Luego, este grupo ilegal salió a la luz pública y, cuenta el informe del libro Silenciar la democracia: Las masacres de Remedios y Segovia (1982 – 1997) escrito por el Grupo de Memoria Histórica (GMH) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que las amenazas fueron persistentes contra los miembros de la UP, quienes en gran parte salieron victoriosos en las elecciones del 88 en esta región y donde sus militantes fueron el principal objetivo de estas actuaciones. Más tarde, en octubre de ese mismo año y tras enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Policía, tres agentes murieron, por lo que el Ejército tomó represalias contra la población.

Pero el caso más lamentable ocurrió el 11 de noviembre de 1988 durante un ataque del MRN, liderado por Fidel Castaño, dejando un saldo de 43 personas asesinadas y 45 heridas. Fernando Álvarez, Representante Legal de ASOVISNA, relata que para la séptima conmemoración de aquella masacre, se llevó a cabo una movilización nacional denominada “Peregrinación a Segovia”, la cual pretendía promover la no repetición de esos hechos.

En 1995, previo a la peregrinación, Fernando asegura que llamaron al Párroco y al Director del Hospital en Segovia a decirles: “les van a faltar tumbas y camas para las personas muertas y heridas que van a quedar”. Esa fue la amenaza que dictaron los paramilitares si continuaban invitando a la peregrinación de aquel año. A pesar del ambiente de miedo que se palpitaba, la caminata se realizó.

Ante estos ataques contra líderes sociales, en el mismo informe se manifiesta que “el último ciclo de protesta (1994 – 1997) marcó el declive progresivo de las manifestaciones de protesta social en la región”. Además, dice que “para comienzos de 1996, los miembros de las Juntas Cívicas que aún permanecían en la región redujeron su trabajo [de protesta social que fue fuerte luego de la masacre de 1988] a una veeduría ciudadana en medio de una estigmatización y victimización crecientes”.

Creación de ASOVISNA
Fernando Álvarez cuenta que tuvo que salir del municipio en 1996 junto a otros compañeros, pues hacían parte de un listado de inteligencia y les sindicaban como insurgentes; un señalamiento con el que siempre, aún hoy, tienen que sufrir. Otros compañeros se quedaron, pero poco a poco fueron saliendo y continuaban su lucha principalmente desde Medellín. El 22 de abril de 1996 se dio una masacre en dos barrios periféricos del casco urbano de Segovia, distantes entre sí: El Tigrito y La Paz. Como consecuencia de esta incursión de paramilitares, hubo 14 personas muertas. Poco después, las investigaciones dieron como resultado la condena de Rodrigo Antonio Cañas Forero, oficial del Ejército Nacional adscrito al Batallón de Contraguerrilla Nro. 46.

En 1997 entró a operar el GAN (Grupo de Autodefensas del Nordeste), pero se pudo establecer que tanto los que ejecutaron masacres el 22 de abril, como los que estuvieron ahí ocho meses entre el 2 de enero e inicios de septiembre de 1997, no eran una estructura propiamente paramilitar, sino que estaba compuesto por unas Convivir que operaban desde Medellín, y con la anuencia del Ejército Nacional. Muchos de esos que participaron en los asesinatos colectivos y selectivos, fueron asesinados luego en Medellín para borrar posibles testigos.

Así entonces, el informe realizado por el CNMH y todo lo vivido entre 1986 y 1996 por las dos poblaciones más importantes en esta parte de Antioquia, motivó la conformación de una organización que recogiera las historias de las víctimas del Estado, paramilitares y la insurgencia. En el 2003 y con la participación de 50 personas, se conformó ASOVISNA.

A partir de ahí, la asociación se centró en cuatro ejes:
Investigación; acompañamiento y denuncia; trabajo de memoria y verdad; y acompañamiento judicial. Por ahora han desarrollado principalmente memoria y verdad porque desde la asociación se espera que ambas no queden invisibilisadas.


La construcción de memoria se realiza hoy apartir de la publicación de informes. ASOVISNA le apuesta a esos dos conceptos fundamentales por el contexto actual, los cuales deben ser elaborados por las comunidades y no por una memoria oficial, porque la verdad se diluye y queda en el escenario, afirma Fernando.

Oliva de Jesús Castaño, secretaria de ASOVISNA, una mujer de 67 años que se vinculó a la organización en el 2015, concuerda con Álvarez al afirmar que se trabaja más en memoria y verdad porque saben que hay personas necesitadas de ser escuchadas. En este punto se hacen capacitaciones para que sus miembros puedan enfrentar la situación y mirar qué es lo que realmente pasó con ellos. "Todos tenemos derecho a eso, a la verdad", y subraya que "la voz del Estado no es tan verdad".

Oliva llegó a Medellín desplazada por los paramilitares en Segovia, y se vinculó gracias a una invitación de Fernando. Primero fue desplazada de San Roque, Antioquia (1994); luego cuando vivió en el campo, en Segovia (1997). De allí se fue al pueblo (barrio José Antonio Galán), hizo parte de la Junta de Acción Comunal (JAC), y la desplazaron de Segovia a Medellín (1997). En Medellín también fue desplazada de su barrio Esfuerzos de Paz, en el 2012 y, afirma ella, fue el Bloque Metro.

Ahora, en el acompañamiento judicial se labora en relación a demandas, algunas por desplazamiento, otras por ejecuciones extrajudiciales, y algunas por los hechos del 11 de noviembre de 1988. En la investigación, ASOVISNA ha frenado un poco por las condiciones del territorio. “Primero porque hay unos sectores que tienen control social, y también por la falta de recursos”, asegura Fernando.

La legitimidad social es buena, pues ella está articulada al Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), y además hace parte de Plataforma Colombiana de Derechos Humanos. Cuentan con el apoyo de la Coordinación Colombia - Europa y el Proceso Social de Garantías. En esos escenarios se han podido visibilizar y ASOVISNA tiene cierto reconocimiento.

Hoy la lucha es por motivar a la construcción de la verdad, dejar el miedo, pues no es fácil reconocer que los Policías, como le sucedió a Oliva, desplazan comunidades, o son cómplices y victimarios directos en algunas masacres. Asimismo, el nordeste antioqueño hoy actúa contra un escenario de conflicto social paralelo al armado, en el que la solidaridad de todas las organizaciones sociales es fundamental para afrontarlo, y en el cual ASOVISNA está dispuesta a aportar.

Quinta clase: hablar de cine

Estoy aquí para hablar de cine. Crónica ficción ensayo sobre el 20 Encuentro Nacional de Críticos y Periodistas de Cine, Pereira, 2017.

1
Estoy aquí para hablar de cine. Estaba sentado en un avión esperando el despegue, eran las 12 del día, volaría de Bogotá a Pereira. Motivo del viaje: 20 Encuentro Nacional de Críticos de Cine. Estado civil: amanecido. Antecedentes: cinefagia. Todo bien, todo bonito. Heme ahí con mis lentes oscuros puestos, esperando que el animal mecánico despegue y sin prestar atención a las abstraídas explicaciones que daba la azafata acerca de cómo ponerse caretas y salvavidas, porque no me servirían más esas explicaciones de lo que me podría servir un alka-seltzer, además, porque no me gusta salir a pasear con miedo a morir. De repente la voz de un niño irrumpió en el hecho, quitándole solemnidad a esas gallinas uniformadas que eran para mí en ese momento las azafatas.

El niño naturalmente hablaba como si estuviera en su casa, especialmente porque dirigía sus palabras a la mamá y a la abuelita que lo acompañaban. El hogar de un niño afortunado son sus seres queridos. Yo nunca monté en avión de pequeño, mis familiares dicen que sí, pero yo no lo recuerdo. Recuerdo que siempre viajé en buses intermunicipales con la carota pegada a la ventana si era de día, o recostado al regazo de mi madre si era de noche. Me iba quedando dormido mientras las estrellas giraban dentro del marco de la ventana a medida que el bus culebreaba en los caminos que llevan a los pueblos antioqueños. Ese espectáculo que me ofrecía el cielo estrellado girando caprichosamente dentro del marco de la ventanilla de un bus era para mí como ver la mejor película; el esplendor de la naturaleza en bruto como en una película que se llama Baraka (1992, USA), que es un tipo de cine que prescinde del guion en sus formas clásicas y tradicionales para dejar que la imagen hable. Pero que la imagen hable en serio.

En esos viajes en bus, hasta ya estar grandecito, esa era mi película predilecta, la del cielo. Los otros pasajeros se dopaban y se dopan con las películas habituales de un viaje en bus: raperos gringos o estrellitas americanas ridiculizando los roles de la gente común (por ejemplo SoulPlane. 2004, USA); idiota americano tomando malas decisiones durante una hora y media de película para que triunfe una cierta inocencia capitalista (por ejemplo las películas de Adam Sandler); pareja de modelitos a prueba de todo siempre bellos y armados (por ejemplo Sr. y Sra. Smith. 2006, USA); mercenarios psicópatas que se reintegran a una sociedad psicópata (por ejemplo El Transportador. 2002, Francia), o una más de las interminables secuelas y sagas de efectos especiales y paroxismo en el montaje (por ejemplo Rápidos y furiosos 7. 2015, USA o ResidentEvil: Capítulo final. 2017, Canadá). En fin, cine comercial, cine de centro comercial, cine a dos mil pesos en el centro. En todo eso me hizo pensar la voz del niño que irrumpió en mi hecho, no tuve ni siquiera curiosidad por mirarlo, bastaba con escucharlo, era el sonido más fuerte en el avión, ni los motores estaban tan confiados como ese pequeño.

-Adiós Santi, me voy de Bogotá, me voy para Pereira! Adiós tío Pacho, me voy de Bogotá, me voy para Pereira! Adiós Manuelita… Mami ¿por qué no vino Manuelita?-, dijo el niño, o más bien lo gritó.
-Tenía varicela mi amor, por eso tampoco fue a cine con nosotros ayer-, dijo la madre, o más bien lo susurró.

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Estoy aquí para hablar de cine. Pensé. Mirando la ciudad desde un taxi, adivinando la ciudad ajena y rápidamente me percaté de que el taxi tenía cuatro velocidades y el taxista sólo dos temas de conversación: la política o las mujeres. Naturalmente le hablé de mujeres, “permítame contarle mi poética vida con las mujeres señor taxista”, pensé, pero el señor taxista se me adelantó, comenzó una larga y vulgar perorata descriptiva de cómo le gustaban las mujeres, sus palabras eran un espectáculo incómodo para mí. Hablaba de las mujeres como un arqueólogo habla de una lista de inventario: como hablando de cosas muertas y enterradas.

Yo perdí rápidamente la atención, pero dejé que el taxista siguiera hablando; me abandoné a mirar la ciudad de Pereira mientras pensaba que Medellín es la mujer predilecta, la mujer con que uno vive, la compañera, y a Medellín le somos infieles con otras ciudades. Nació en mí la pregunta:
-¿Qué clase de mujer es Pereira?
Estoy aquí para hablar de cine. No es Medellín, es el Valle de Aburrá, pensé. Pereira debe ser más territorios, concluí.
-¿Y cómo va la ciudad, compañero?-, pregunté al taxista. Y al taxista se le borró la sonrisita que traía pintada mientras recordaba sus empolvadas historias con mujeres y poniendo cara de serio pero conservando la malicia simplemente me dijo:
-Mijo, pues ya llegamos-.
Le pagué y me dijo: -En este momento estamos en fiestas-, y fue a mí al que se le dibujó una sonrisita en la cara. Ya llegamos, pensé.

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Estoy en el hotel en un cuarto que tiene cinco camas. Las probé todas y todas las almohadas. Hay ciertas cosas que yo hago cuando estoy solo en los hoteles, primero me desnudé y leí un poco de un libro que traía de Bogotá, me lo regaló una amiga que parece sacada de Todo comenzó por el fin (2016, Colombia). De repente se hizo tan notoria la ausencia de aquel frío capitalino. Entonces me bañé, cantando canciones de salsa, naturalmente. En el baño de un hotel siempre me hace falta la compañía de Latina Stereo (emisora de solo salsa en Medellín), por eso canto dos y tres y cuatro con el mismo sabor. Ya con la salsa en la cabeza puedo salir a caminar, pensé. Y efectivamente salí a caminar pero ya no pude pensar más, me dediqué fue a sentir.

La crítica cinematográfica consiste, para mí, en explicar por qué una película nos hace sentir lo que nos hace sentir. Después de saber que la película es un artificio pensado, resulta necesario para alguien con afán expresivo determinar cómo es posible que una obra de arte nos haga sentir un instante sublime. Si bien el tema del encuentro en esta ocasión era “El cine y la literatura”, lo realmente importante de este suceso es el encuentro de unos pocos buenos amigos. Si bien yo no puedo hablar de Pereira con dominio, si bien no quiero desglosar los temas, las exposiciones ni las controversias que se desataron del 18 al 21 de agosto del 2017 en Pereira, lo que sí pretendo es explicarles esencialmente lo que es este encuentro: una reunión de gente convocada por German Alberto Ossa Echeverri, director y fundador de los encuentros nacionales de críticos y periodistas de cine en Colombia; esa gente son mis colegas, o sea, sujetos que tenían clara solo una cosa cada uno: ESTOY AQUÍ PARA HABLAR DE CINE.

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Voy en un bus para Medellín, miro por la ventana el cielo estrellado, esta vez yo no reposo en el regazo, ahora una mujer reposa en el regazo mío. En ese bus seguí siendo niño pero susurraba como las madres, pensando en mis amigos.

Me iba quedando dormido mientras las estrellas giraban dentro del marco de la ventana a medida que el bus culebreaba  en los caminos que llevan a la capital antioqueña. Los amigos, en el recuerdo, eran los arrieros que me iba encontrando. Y es así como hablar de cine es hablar de la vida, esa que es más real que imaginada, que está tan presente y de la cual sentimos, palpamos y nos despedimos de los amigos.

 

El 20 de julio, día de la independencia de Colombia, como cruel paradoja de fondo, el director de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), el ultraderechista Mike Pompero, reveló, durante un foro sobre seguridad realizado en el Instituto Aspen de Colorado, Estados Unidos, que había realizado viajes a Bogotá y Ciudad de México a comienzos del mes de julio en donde habló con el alto Gobierno de estos dos países sobre Venezuela.

En concreto, afirmó que ''cada vez que tienes un país tan grande, y con la capacidad económica de un país como Venezuela, Estados Unidos tiene profundo interés en garantizar que el país esté tan estable y democrático como sea posible”. Una confesión  que indica que el interés de los Estados Unidos en Venezuela, encubierto con una retórica falsamente democrática, es el petróleo de ese país, y para apropiarse plenamente de esa riqueza van a intervenir cuando les venga en gana, como en efecto lo están haciendo en forma descarada.

Agregó el terrorista en jefe de la CIA que “estamos trabajando muy duro para hacer eso” (es decir, desestabilizar al Gobierno legítimo y constitucional de Venezuela). Argumentó además que  “yo siempre tengo cuidado cuando hablamos de Sur y Centroamérica y la CIA. Hay muchas historias. Así que quiero tener cuidado con lo que digo (cuidado para anunciar que está en marcha un golpe de Estado contra Venezuela,


debe entenderse), pero basta señalar que estamos
muy optimistas de que puede haber una transición en Venezuela, y nosotros –vale decir la CIA– está haciendo lo mejor de sí para entender la dinámica allá, para que podamos comunicársela a nuestro Departamento de Estado y otros, los colombianos. Acabo de estar en Ciudad de México (el viaje de la primera semana de julio, junto con el general Kelly), en Bogotá, la semana antepasada, hablando sobre este tema precisamente, intentando ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para lograr un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo''.

El jefe de la principal agencia terrorista de los Estados Unidos está diciendo, sin tapujos, que les ha ordenado a los gobiernos vasallos de México y Colombia que incrementen su participación en el proceso terrorista en marcha en Venezuela, cuyo fin estriba en derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro. Cuando el dueño del circo habla, en este caso el Director de la CIA, hay que creerle, máxime cuando esas palabras se ven rubricadas por los hechos: el Gobierno de Donald Trump, cual amo imperial de otros tiempos, impuso sanciones a miembros del Gobierno venezolano, entre ellas a funcionarios que se encuentran al frente del proceso constituyente, y dio la orden de retirar a su personal diplomático de Caracas; al mismo tiempo, arreció por medio de su “Ministerio de Colonias”, la Organización de Estados Americanos (OEA), su intento de legitimar una intervención en la República Bolivariana de Venezuela, aunque nuevamente esta maniobra le falló.

De inmediato, los payasos del circo, representados por el Secretario de Relaciones Exteriores de México y la Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, salieron a decir que el Gobierno de Venezuela estaba malinterpretando las palabras del amo imperial, que no querían decir lo que dijo, cuando estuvo en estos países dando órdenes.  

Según las declaraciones vergonzosas de los payasos de México y Colombia deberíamos creer que el jefe de la CIA visita nuestros países para hablar de temas tan “transcendentales” como el divorcio del futbolista James Rodríguez o la eliminación del Tricolor (la selección mexicana de Futbol) de la Copa de Oro y las preocupaciones que le genera que su director técnico, el colombiano Juan Carlos Osorio, haya sido abucheado al llegar al aeropuerto de Ciudad de México y le hayan gritando “vete a tu país”… A hablar de asuntos de “tanta monta” vendría el Director de la CIA a su patio trasero y no habría que malinterpretarlo con suposiciones sobre golpes de Estado y acciones terroristas oficiales de Colombia y México.

Los hechos muestran la manera rastrera como los actuales gobiernos de México y Colombia son cachorros de Estados Unidos en el continente latinoamericano, continuando con una tradición, rubricada en las últimas décadas en el caso del país azteca, y una actitud postrera por parte del Estado colombiano desde  comienzos del siglo XX.

Siguiendo el guión diseñado en los Estados Unidos, que se quitó la careta humanitaria y ha señalado la hora cero para derrocar el Gobierno de Nicolás Maduro, los regímenes de Colombia y México actúan en consonancia con ese guión, que significa el apoyo incondicional a los terroristas de Venezuela, formados y preparados por paramilitares colombianos, alcanzando unos niveles escandalosos de injerencia en los asuntos internos del hermano país. Acá en Colombia, por ejemplo,  se les dan clases de “democracia” a los venezolanos, se aplaude a través  de los medios de desinformación terrorista (Semana, El Espectador, El Tiempo, Caracol, RCN…) las acciones criminales de los mal llamados opositores, se insta a que se sabotee el proceso constituyente en marcha, se pinta como héroes a los criminales y asesinos (como Leopoldo López), se recibe oficialmente a gobernadores opositores (como a Henrique Capriles, del Estado de Miranda), se avala un fraudulento plebiscito y se aceptan como válidos los supuestos siete millones y medio de votos (en el que hasta los muertos votaron y se quemaron las urnas).

Para completar la vergüenza, que en este caso produce el hecho de ser colombiano, el régimen santista junto con Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Costa Rica, EE.UU., Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú presentaron una fallida declaración intervencionista que “exigía” suspender las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente. Esta declaración alcanzaba tal grado de injerencia que hasta el Gobierno de Uruguay se negó a apoyarle y le quitó el respaldo al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, otro cachorro del imperio, de nacionalidad uruguaya.

Esta decisión demuestra que no todos son peones del imperialismo ni tienen el grado de abyección y entreguismo que caracteriza a las clases dominantes de Colombia, de las cuales Juan Manuel Santos es uno de sus más conspicuos ejemplares: anti latinoamericanos por excelencia, enemigos de los pueblos del sur del Río Bravo, eslabones de la dominación imperialista, en fin, títeres amaestrados en inglés.  

El cronista de la revolución

La escuchas y la vuelves a escuchar,una y otra vez. Es esa canción que ha sonado desde los años 60, y que ha sido traducida en distintos idiomas. No sabes si ponerte de pie y buscar una pareja para bailar, o simplemente encontrar tu propia sombra y bailar con ella,o quedarte sentado para dejarte encantar por esa cancióny evocar el sentimiento que una guitarra, con sus seis cuerdas, sobre el pecho y muy cerca del latido del corazón, le hacía vibrar a su intérprete. A un lado de él, Santiago Martínez, Rafael Lorenzo y Pedro Sosa, uno de ellos con otra guitarra marcando el ritmo, unas maracas moviéndose al vaivén de las olas del mar cubanas,y el percusionista con una lata de betún golpeando el piso, como un cencerro recordando el paso libertario de aquellos hombres y mujeres que un día bajaron de la Sierra Maestra al ritmo de la revolución.

Ese son musical develó el sentimiento más profundo de amor hacia el pueblo, de aprendizajes del Caribe que le transmitió a otros pueblos para entonar la libertad como esperanza y verdad; un amor profundo de los bardudos a las personas sencillas, a los campesinos a todo el pueblo cubano, en esa voz ronca y gruesa de Carlos Puebla y su conjunto Los Tradicionales que fundó en 1953.



…Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso cerco a la muerte…


Esas crónicas convertidas en ritmos tradicionales del Caribe le dijeron al pueblo cubano y atodo el mundo, especialmente a su vecino del norte, que nadie ni nada podría detener la gran marcha hacia un mundo mejor, iniciada un primero de enero de 1959. Carlos como muchos cubanos vivió el cambio de sistema político al ver llegar una nueva estrella a su país.

Nació en Manzanillo, una ciudad ubicada en el oriente de Cuba en la provincia de Granma un 11 de septiembre de 1917, día que coincide, curiosamente, con el golpe de Estado al presidente socialista Salvador Allende en Chile en 1973, a quién unas coplas también le escribió (Elegía a Salvador Allende), y con el atentado a las Torres Gemelas en los EEUU en 2001.

Carlos: cómo no aprender tanto de él en sus canciones, cuando cantaba con la cadencia del ritmo cubano, sintiendo el calor del otro en las manos,moviéndose a este ritmo en el baile. Ya sabía muy bien cómo expresarlo antes de la revolución, cuando desde sus inicios como músico popular y tradicional del folklore cubanosus canciones eran especialmente boleros, canciones de amor. Luego del triunfo, Carlos siguió cantándole al amor, a un amor revolucionario; fue insistente en hacer música los hechos triunfantes en la voz y el sentir del pueblo.En esas canciones narraba la nueva vida para el pueblo cubano, y las letras descubrían la importancia de las reformas educativas, agrarias, culturales, etc. Esas canciones aún siguen mostrando el porvenir y la esperanza.

Una vez leí que desde muy niño se dedicóde forma autodidacta a aprender música, primero con la armónica y luego con la guitarra;además que tuvo que trabajar en esa época en distintos oficios: carpintero, zapatero, azucarero, entre otros más, y por ello sabía muy bien cuál era el camino para hacer la revolución con su voz y guitarra.Eso hasta que pudo dedicarse a la música por completo en 1953, en La Habana. Enla Bodeguita del Medio entonaba las canciones que tanto recorrieron el mundo por las radios y los LP, como una especie de afrodisiaco musical.


Sin duda, las letras de todas las canciones siempre estaban cargadas de poesía y como decía Gabriel Celaya “la poesía es un arma cargada de futuro”, era y es música para hacer el amor en su marcado compás caribeño: en las reuniones de amigos, en las tertulias, en la intimidad y soledad de la casa, en el recorrido hacia el lugar de estudio, en los café-bar de salsa y boleros, en todas partes canciones como: Hasta siempre Comandante Che Guevara, Canto a mi Pueblo, Cuba que linda es Cuba,Duro con él, La Bola, Soy del pueblo, Queremos vivir en paz, Que pare un momento el Son, Soy del pueblo, Todo por la reforma agraria, YankeeGo Home,  Mira yanqui como nos reímos, Y en eso llego Fidel, esta última una de las más sonadas.


Aquí pensaban seguir
ganando el ciento por ciento
con casas de apartamentos
y echar al pueblo a sufrir

Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar (Bis)



En eso llegó Fidel, describe claramente cómo era cuba antes de la revolución,la “diversión” simboliza el casino, la lotería, el juego, lo que se había convertido la isla, como el patio trasero de diversión para los gringos, con el amparo de los gobiernos cubanos.

Pasamos la vida escuchando canciones, y esta se va transformando en la medida que estas ondas sonoras se integran al latido del corazón, ese que está al lado izquierdo y tiene la sangre roja. Carlos Puebla como muchos de la generación de músicos de los años 60, que comprendían movimientos como la Nueva Trova Cubana, la Nueva Canción, la Nueva Canción Chilena, Canción Social, tenían tres cualidades particulares, independiente del país: un gran amor por las personas más humildes y sencillas del país, porque muchas veces no tienen cómo expresar sus necesidades, querer mejorar las condiciones sociales, especialmente de las zonas más vulnerables para que no haya desigualdad, y un respeto profundo por la cultura, sus tradiciones, su lenguaje sencillo, sus instrumentos y la forma de relacionarse. Como se repetía luego de las elecciones en Chile un 4 de septiembre de 1970, luego del triunfo de la Unidad Popular liderado por Salvador Allende: "No puede haber una revolución sin canciones".

Y nada más sencillo que Carlos Puebla, como lo escribió el mismo para su epitafio:
Yo soy esto que soy
un simple trovador que canta.

Por Estefanía Ocampo

En el año 2015 se iniciaron los proyectos hidroeléctricos en el municipio de Sonsón, Antioquia. Las empresas dueñas de estos proyectos afirmaron que no serían perjudiciales para el medio ambiente ni para las comunidades, sin embargo a medida que avanzan las construcciones, las afectaciones también lo han hecho.

 

En un principio los empresarios llegaron con las manos llenas de ilusiones, augurando desarrollo y valorización del territorio; prometieron construir carreteras que, al parecer, fomentarían la conexión entre las comunidades y el área urbana, y generar empleo, para evitar que habitantes del sector se desplazaran a otras localidades. Actualmente se adelantan procesos en dos de las ocho microcentrales eléctricas que se planean construir en el municipio, Aures Bajo S.A.S E.S.P e Hidro Arma E.S.A E.S.P, ambas ubicadas en el corregimiento de Alto de Sabanas; las otras seis aún se encuentran en estudios ambientales.

Las comunidades que habitan las áreas de impacto de estos proyectos han reportado enfermedades respiratorias, daños en los cultivos y contaminación del agua, a causa de la polvareda que se extiende a través de las carreteras que comunican la vía principal con las microcentrales. Dada la topografía escarpada y pendiente del lugar, se han reportado deslizamientos sobre y en los predios de los habitantes del sector, dañando sus cultivos y viviendas. En la parte baja, a orillas del río, los deslizamientos de tierra se han llevado a su paso el bosque nativo. Además se encontró que gran parte de la tierra removida en las construcciones ha sido lanzada al río para evitar el trabajo de trasportarla a otros sectores, y aunque se sabe que el código de recursos naturales prohíbe estas prácticas, las empresas han hecho caso omiso de ello, incluso Cornare conoce el proceso, pero no ha hecho nada para evitar que se continúen vulnerando los derechos de los ríos Aures y Arma.

Carmenza Carmona, directora de la Veeduría Ciudadana Ambiental del municipio, afirma que el caso de Sonsón no ha sido aislado al de varios municipios del Oriente antioqueño ricos en fuentes hídricas y minerales, como Guatapé, San Carlos, El Retiro y San Rafael, en los que también se han construido microcentrales eléctricas. Añade que estos proyectos debilitan el tejido rural, puesto que los campesinos al cambiar su labor de campesino a obrero, abandonan el oficio que han ejercido durante generaciones. Generalmente dichos proyectos atraen gente de diferentes lugares que alteran las costumbres y economía de la región. En cuanto al medio ambiente comenta que las repercusiones serán vistas en el cambio de los ecosistemas, la disminución y contaminación del caudal del río, la deforestación y explotación minera.

Cabe traer a colación que Sonsón tiene 94 títulos mineros. Como es bien sabido, la explotación minera necesita grandes cantidades de energía como las que se pretende generar con dichas hidroeléctricas, ubicadas estratégicamente en lugares ricos en bienes naturales.

La comunidad ha acudido en repetidas ocasiones a las autoridades locales como: Cornare, la Inspección de Policía y la Personería municipal para denunciar lo que está sucediendo, sin embargo, según relatan, todos se pasan la pelota unos a otros, excusándose en que no son la autoridad pertinente para solucionar dichas problemáticas y que solo pueden recibir las quejas y enviarlas a otra oficina. Generalmente las quejas recibidas son enviadas a la sede principal de Cornare, ubicada en el municipio del Santuario, donde se han demorado tanto tiempo para responder, que la comunidad en compañía de la Veeduría Ciudadana Ambiental y el MOVETE (Movimiento social por la defensa del agua, la vida y el territorio del Oriente antioqueño), ha tenido que adelantar acciones legales como derechos de petición, comunicados y denuncias ciudadanas para que se agilicen los procesos.

Aures bajo: será que por fin le responderán a los campesinos
Como se mencionó anteriormente, la construcción de la hidroeléctrica Aures Bajo S.A.S E.S.P ha provocado varias afectaciones en el territorio. Gran parte de ellas giran en torno a las carreteras de las veredas Naranjal y La Loma que conectan la vía principal con la sede de la empresa, pues aparte de la contaminación ambiental y los daños en los cultivos y viviendas de los campesinos, se descubrió que la carretera de la loma fue construida sin ser autorizada la licencia ambiental ni comprados los predios por donde fue trazada.

En contraposición a lo anterior, la comunidad se ha manifestado durante lo que ha corrido del presente año con actos no violentos como el cierre de la carretera, denuncias en los medios de comunicación regionales y derechos de petición expedidos a Cornare.

En respuesta, el 4 y 7 de julio del presente año se reunieron los campesinos afectados, los representantes legales de la empresa, el Alcalde municipal Obed Zuluaga, Cornare, MOVETE y la Veeduría Ciudadana Ambiental para hablar de la problemática, enfatizando en cómo la empresa no había respondido por los daños y perjuicios que se han venido presentando a raíz de la construcción de la carretera. Después de entrevistar a algunos de los líderes, nos enteramos que la empresa se está reuniendo con los campesinos de manera individual para llegar a un acuerdo legal. Y en cuanto a la carretera que fue trazada ilegalmente, ya fue expedida la licencia ambiental por parte de Cornare, a pesar de las fallas estructurales y geológicas que posee.

Por Lina Álvarez - El Cuarto Mosquetero

Hace más de 60 años sus familias habitan allí, en esas fincas llenas de diversos cultivos que se distribuyen por todo el Meta; son campesinos, orgullosos de su descendencia, de los caños que surcan sus territorios y la variedad de fauna y flora. Por esto llevaban más de un año intentando interlocutar de manera pacífica con Ecopetrol, empresa que pretende desarrollar el proyecto Trogón I. Sin embargo, se vieron obligados desde hace seis meses a crear un campamento permanente para no permitir la entrada de los funcionarios. Aun así, estos desconocieron el rechazo a la extracción petrolera por parte de los habitantes Pio XII en Guamal y con apoyo de las fuerzas represivas del Estado, lograron irrumpir en sus predios.

Inició el conflicto
Todo empezó hace cuatro años, cuando Ecopetrol llegó a la vereda Pio XII intentando comprar predios. Todos son pequeños propietarios, viven de los procesos agropecuarios, quieren su territorio y por ende, rechazaron las ofertas; pero no se imaginaron que una habitante que al parecer se dedicaba a las urbanizaciones piratas y a quien se le presentaban problemas a la hora lotear el terreno (en el que en algún momento se pretendió desarrollar un proyecto de interés social), vio como salvadora a la empresa y se lo vendió. Así, esta comunidad enfrentó su primera derrota, y aunque no podría decirse que era la comunidad más organizada, desde ese momento se lo propusieron. Muchos de ellos incluso estaban impidiendo que continuara la plataforma Lorito 1 en su municipio, y tenían muy claro por qué no querían extracción de petróleo allí, por más que les dijeran que Guamal tendría más “oportunidades” laborales.

En Trogón I se buscará confirmar el potencial del bloque CPO-9 que cuenta con su respectiva licencia, sin importar que allí existe uno de los acuíferos subterráneos más grandes de la región, del cual se surten acueductos comunitarios o municipios como Castilla La Nueva y la vereda Humadea. Pero ni la riqueza hídrica que debería ser protegida como lo establece la sentencia T-652/13 respecto al derecho fundamental del agua potable, logró ser argumento suficiente para que no continuaran con el proceso de “socialización”.

En repetidas ocasiones intentaron mostrar el respaldo de la comunidad al proyecto, convocando al parecer a habitantes de los alrededores de Guamal (más no de Pio XII) para que lo aprobaran. Aunque la comunidad denunció las irregularidades, como no ser convocados, que el espacio fuera insuficiente para que todos pudieran participar, o que se respaldaran en las oportunidades laborales pero no hablaran del verdadero impacto que finalizaría con su vocación agrícola, Ecopetrol siguió avanzando, sin tener en cuenta su inconformismo.

La comunidad empezó a manifestarse
Cuando el Concejo Municipal emitió una resolución en la que cambiaba la naturaleza del uso del suelo de la vereda Pio XII que históricamente había sido de tradición agropecuaria a zona de ampliación urbana, facilitando lo planeado por Ecopetrol, la comunidad sintió desfallecer. Sin embargo, con la ventaja legal de llegar a sus predios, los habitantes de esta zona decidieron realizar un plantón permanente y pacífico para impedir el ingreso a los funcionarios. Durante más de seis meses hicieron turnos, ollas comunitarias, durmieron en hamacas bajo un improvisado techo de plástico. Su defensa parecía segura, pero la fuerza pública empezó a hacer presencia en múltiples ocasiones, ultrajándolos, amenazándolos, hasta que una madrugada llegaron con el Esmad y no pudieron enfrentarlos más.

“Llegó el Esmad, recogió todas las sillas que teníamos en la propiedad, se acomodó con los escudos y comenzó a empujar la gente”, comenta un habitante de la tercera edad quien se encontraba en el campamento, quien además denuncia que no es la primera vez que los golpean. Justamente a él, un supuesto contratista de Ecopetrol le dio un planazo en la espalda hace algunas semanas, y las denuncias fueron en vano.

Ellos no esperaban la pronta llegada Esmad, como le señaló una de las lideresas del sector a los funcionarios: “Nosotros nos comunicamos con el ingeniero Juan Naranjo y acordamos respeto (…) Nosotros somos de aquí, llevamos más de 60 años, yo creo que lo primordial es que se comuniquen con nosotros, y venir aquí a decirnos tenemos licencia pero sin dejarnos leer no es válido (…) Nosotros nos hemos leído las 300 hojas de esa licencia y sabemos que ustedes no pueden estar aquí en este momento”, ya que además esperaban que llegarían a los predios después del pronunciamiento del Tribunal frente a la acción popular que presentaron. Exponen además que ni siquiera hubo presencia de la Defensoría Pública o personal de derechos humanos.

Interpusieron la acción popular porque aparte de los múltiples derechos que les han vulnerado durante el proceso, consideran que la exploración de Trogón I es inviable: “Entendiendo que esta vereda es una zona de alto riesgo, estamos ubicados a una altura de 570 metros sobre el nivel del mar; la Licencia 466 de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales- ANLA señala en sus páginas 16 a 21 que 23 de los 29 municipios del departamento presentan riesgo a los 575 metros de altura por estar ubicados en la falla geológica de Villavicencio”, manifiesta Diego Enrique Salcedo Ladino, miembro de la comunidad. En esta falla también están los municipios de Acacías, Guamal y Cubarral que además presentan especial riesgo aún por debajo de los 575 metros, “es por esa razón que las comunidades atendiendo la precaución nos manifestamos en contra de ese proyecto”.

Por ahora siguen organizándose, cuentan con el apoyo del movimiento ambiental y se apoyan entre ellos para no caer en la desesperanza; Ecopetrol con el apoyo del Esmad continúa entrando maquinaria y los elementos necesarios para llevar a cabo el proyecto. Ya perdieron la ilusión de recibir ayuda del Alcalde, pues en múltiples ocasiones intentaron hablar con él, pero este no se ha interesado en apoyarlos. La solución pacífica al problema que les está representando el proyecto Trogón I, les ha traído represión por parte del Esmad, militarización de la zona, incluso consideran una falta de respeto que los soldados estén acampando en las inmediaciones del colegio.

Todavía realizan turnos las 24 horas, diferentes actividades para fortalecer el tejido social, como jornadas lúdicas, cine plantón, compartires, y en general procesos para culturalizar y entender la problemática que están viviendo y la importancia de resistir: “Nosotros estamos hasta el final, porque estamos luchando por una causa justa; por el agua, por la vida y por el medio ambiente, entonces seguiremos aquí, a pesar del abuso de las autoridades municipales y departamentales seguiremos ahí, en la lucha, hasta que mi diosito nos dé fuerzas”, comentan los habitantes de esta vereda.

Una visita al abuelo Macuna

Desde los cielos del Amazonas, la selva extensa y densa llamaba nuestra expectativa a un nuevo territorio colombiano por conocer.

El tiempo esperado se acercaba y luego de estar durante días en el municipio de Leticia, el calor producía el intenso sudor de siempre, las aves nos despertaban dulcemente de la misma forma que siete días atrás. Era martes 11 de julio de 2017. A las 10:00 a.m. tomamos un Tuk Tuk (moto-carro) hacia el kilómetro 11, y media hora después iniciamos el recorrido entre la selva amazónica, caminando por un sedero entre árboles nativos; algunos mochileros, loros y oropéndolas nos escoltaban hacia el lugar. Allí estaba, después de atravesar el último puente, una gran Maloca.

Un hombre de piel oscura y gruesa nos sonreía, nos invitaba a pasar y a tomar un descanso antes de iniciar. Él regresaba de su trabajo en la chagra (el lugar del cultivo); sudando se quitó la camisa para arreglarse. Nosotros lo saludamos y le pasamos un paquete con algunas cosas que le ofrecimos por su recibimiento: fariña (harina gruesa a base de yuca), café colombiano y azúcar.

Sin saber nada aún sobre lo que iba a pasar, sentía que al lugar le faltaba algo. Mientras Gustavo se refrescaba y se ponía con delicadeza uno a uno sus collares con piedras, semillas y colmillos, yo me preguntaba internamente, ¿dónde está su esposa?, ¿dónde están su hijos?, ¿no hay otro Macuna más? Sólo lo acompañaba un señor que lo ayudaba en sus labores y que mientras nosotros esperábamos el encuentro más cercano con Gustavo, llegaba con leña y la comenzaba a ubicar en lo que parecía ser la cocina del lugar. Esta estaba ubicada dentro de la Maloca hacia una esquina; en la otra esquina había una especie de altillo que parecía ser el lugar donde alguien dormía. Por dentro la Maloca era muy amplia, un comedor largo de madera dividía el lugar, allí nos sentamos; a un lado colgaban varias hamacas en la que por algo de dinero podíamos pasar la noche. El lugar estaba impregnado de tranquilidad y buena energía, y nosotros de ansiedad por descubrir lo que se escondía tras este hombre; habíamos llegado allí por la necesidad de conocer mundos ocultos y olvidados de la periferia de nuestro territorio colombiano, y aquí estábamos, pacientemente esperando.

Gustavo Salgado se sentó más allá del comedor de madera y mientras acomodaba a su lado una máscara, unos recipientes y otros elementos de su cultura, nos invitó a sentarnos frente a él en unos troncos de madera firme; nos recibió en su casa que no llama Maloca sino casa del abuelo “Ukuabiri” en lengua Macuna, que significa: la casa que construyen los abuelos con mucha sapiencia y espiritualidad para organizar a su comunidad; eso nos dice después de ponernos a deletrear la palabra “Ukuabiri” lentamente frente a la grabación de la cámara de nuestros celulares. Cuenta que a partir de sus siete años de edad se empoderó de sus ideas, que hacen parte de una cultura ancestral guiada por su madre, padre y abuelo a quienes menciona constantemente con respeto y admiración; ideas que hoy nos cuenta para mantener viva su cultura que poco a poco se ha ido extinguiendo.

Tal vez Gustavo sea el último abuelo de este lugar, sus hijos y sus nietos no quieren continuar sus tradiciones; la contaminación del hombre blanco ha hecho desviar sus caminos hacia un mundo civilizado “entre trago, mujeres y tecnología”, nos dice. En este momento se respondieron mis preguntas sobre la ausencia de las otras personas; él ya no hace parte de un resguardo indígena, y cuenta que aquí sólo vive junto con cinco personas más. Insiste que el mundo de hoy está perdido: “no sabemos a quién creerle, no sabemos para dónde vamos, quién nos está engañando a nosotros”, repite, por eso Gustavo viene “a compartir con el mundo entero”.

Hoy a sus 66 años de edad transmite con cariño, sabiduría y espiritualidad solo unos puntos de esta muy grande y dinámica historia. Su cultura viene de la orilla del río Amazonas y otros lugares que atraviesan los ríos Comeña, Pirá, Apaporis, Mirití-Paraná, Caquetá, Putumayo, San Rafael y La Chorrera. Él explica que el ser humano de donde quiera que venga debe tener claro cuatro ideas o principios para la existencia de la vida:

Herencia
La herencia es la sangre de nosotros, es totalmente intangible y se teje entre el trabajo de toda una comunidad; una herencia que se multiplica y se forma. “Multiplicar y formar”, repetía con constancia. Según Gustavo, la sangre nos mantiene vivos y sanos. Y si la herencia es la sangre, la existencia de las comunidades indígenas depende de la conservación de esa herencia.

Trabajo
Gustavo dice: “El mundo entero no está hablando de trabajo, habla mucho chéchere y le hace falta trabajo”.
Un trabajo sin ganancia económica que no necesitaba ninguna forma de comercio. Un trabajo vinculado al campo, a la construcción y el fortalecimiento de una comunidad. Gustavo nos contó que antes no tenían las herramientas que tenemos ahora, no había machetes, ni palas, pero sí mucha fuerza física, el trabajo era de la casa a la chagra y de la chagra a la casa. El trabajo es hacer la casa, sembrar y organizar la comida, sin distracciones, ni pagos que hacer, ni ocupaciones banales que alejan al ser humano de la naturaleza. Enfoca su principio en no manejar ideas ajenas, y lo repetía con voz de consejo durante su charla.

Comunicación
“Hay que mejorar la oración y mejorar el habla”, recalca Gustavo. Con sus palabras Gustavo nos enseña que la comunicación es respeto, es mantener una conexión transparente con la persona que miras, sonríes, compartes y vives. Él nos cuenta que existían las bancas de oración para la comunicación de sus abuelos y padre con la espiritualidad. Dice que el habla es poderosa y por eso hay que hablar bonito, no pronunciar palabras que traigan una espiritualidad negativa.

Sudor de los amigos
Es trabajo en equipo pensando en todos. Gustavo nos cuenta que durante la construcción de su “Ukuabiri” fue importante hacer las bases fuertes para evitar accidentes que pudieran afectar al otro. El sudor de los amigos es tener claro que no trabajamos solos y que construimos con todos un mundo para todos. “Blanco al indígena y el indígena al blanco, cuando el blanco no puede, el indígena puede y cuando el indígena no puede el blanco puede. Todos somos hermanos”, decía manifestando un mensaje de paz.

Gustavo hoy transmite su cultura para que sea sentida en unas pocas horas. Pero es imposible apropiarse de ella en tan poco tiempo, por lo que hay mucho que heredar aún. De Gustavo heredemos el amor al trabajo, la buena comunicación con nuestro entorno, la capacidad de valorar el sudor de los amigos trabajando en equipo, sonriendo siempre como sonríe él.

Durante 12 años el mayor Julio Cesar Torrijos obstruyó la investigación por el caso del asesinato del niño Nicolás Neira a manos del Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad, luego de una brutal acción policial ocurrida el Primero de mayo de 2005. El oficial, que hoy se encuentra privado de la liberad por delitos de narcotráfico, encubrió a los responsables materiales e intelectuales del crimen, y este cuatro de agosto lo manifestó en audiencia de imputación y reconocimiento de cargos en las salas del juzgado 57 penal. Por el crimen y gracias a la confesión del mayor Torrijos, la Fiscalía llamó a otros uniformados.

Mataron a Nicolás y destruyeron su hogar
Nicolás era una promesa. Con tan solo 15 años era un joven sensible, comprometido, buen lector, solidario, y defensor de la vida de los animales, y por supuesto de los derechos humanos. “Nicolás era todo para Margarita su madre, quien solo vivía para él… después de darle su desayuno y despacharlo para el colegio de La Salle en Bogotá, lo único que esperaba era salir de su trabajo en la tarde para ir a verlo nuevamente; Nicolás era quien leía a sus padres antes de dormir, literalmente se quitaba el abrigo para entregárselo a quien lo necesitara”, por eso su muerte fue demoledora para su hogar, complementa el abogado del caso, Pedro Mahecha.

Con el asesinato de Nicolás no solo se perdió una vida, sino que se destruyó el cálido hogar que durante años le sirvió de abrigo; también acabaron con la felicidad de su abuela. La relación de los esposos se deterioró hasta romperse, los bienes del hogar se gastaron en esta lucha por la verdad y la justicia; Yuri, su padre, debió salir del país por las constantes amenazas y atentados contra su vida, sin embargo desde el exilio continuó lo que hasta ahora ha sido la única razón de su vida: alcanzar la justicia frente al asesinato de su hijo.

Una lucha por la reparación integral
Se perdieron muchas cosas en la familia de Nicolás, pero la sociedad ganó un incansable luchador por los derechos humanos. Yuri Neira se dedicó de cuerpo y alma a buscar a los responsables y a luchar por la abolición de la brutalidad policial encarnada en el Esmad. En abril de 2011, el juzgado 37 administrativo de Bogotá ordenó una indemnización por 160 millones de pesos para la familia de Nicolás Neira, pero para ellos y para Mahecha, esa indemnización aparte de ser ridícula no satisfacía para nada los elementos integrales de la reparación que incluyen verdad, justicia y no repetición; así afirmo el jurista quien además considera que en esa condena “no hubo una expresión seria por parte del Estado para evitar que hechos tan lamentables como los sucedidos ese Primero de mayo de 2005 se repitan en el futuro… peor aún es que el Estado acaba de anunciar la creación de un Esmad rural, seguramente, para reprimir, las justas protestas de los campesinos”.

Además, esta condena del juzgado 37 administrativo no conminó, como era de esperarse, a la justicia penal, y tampoco lo hizo en el ámbito disciplinario compulsando las copias respectivas a las autoridades correspondientes, es decir, mantuvo la cadena de impunidad del aparato de justicia, ya que la viceprocuradora de ese entonces había proferido fallo condenatorio destituyendo a dos oficiales por el caso de Nicolás Neira, pero el ex procurador Ordoñez tumbó esta decisión de su subalterna. De esta situación conoció el juzgado y el tribunal y no hicieron nada al respecto, detalla el abogado Pedro Mahecha.

Por eso, es a la familia de Nicolás a quien le ha correspondido, en conjunto con su abogado, mover cielo y tierra para que este aparato pesado de la justicia camine. Ellos han instaurado todas las quejas, demandas, peticiones y denuncias respectivas no solo ante las instancias de justicia nacionales sino ante la Comisión interamericana de justicia, y es por eso que el caso se movió y logró la confesión del mayor Torrijos.

Lo que sigue
La investigación debe ir más arriba, plantea Mahecha. En ese año (2005) hay pruebas de que las acciones del Esmad fueron especialmente violentas debido a una directriz de los mandos superiores de la policía y por parte del Gobierno que en ese entonces dirigía Álvaro Uribe Vélez, y hasta ellos deben llegar las decisiones de la justicia. Hasta hace poco la Fiscalía más que buscar a los responsables tenía una especie de estrategia dirigida a escudriñar en el pensamiento libertario de Nicolás, tal vez con el objetivo de legitimar la brutalidad ejercida contra un rebelde. Y es por esa razón que Yuri Neira, el padre de Nicolás, decide empeñarse en llegar hasta el mismo despacho del nuevo Fiscal General y como se dice popularmente, empapelarlo de toda clase de solicitudes que volvieran la investigación al curso debido. Tal tenacidad encontró resultados, ya que el propio Fiscal Néstor Humberto en uno de sus viajes a Europa lo contactó personalmente, según relata el jurista Pedro Mahecha.

La audiencia de imputación de cargos del cuatro de agosto deja claro que si el mayor Julio Cesar Torrijos reconoció haber encubierto a los responsables materiales e intelectuales del homicidio del menor, y haber obedecido a sus superiores para mantener la imagen del Esmad y de la Policía Nacional, entonces no se ha dicho toda la verdad ni están todos los responsables tras las rejas. De parte de la familia se tiene claro quiénes son los responsables, además hay muchos testigos que vieron que al niño no solo lo impactaron con una cápsula disparada por un trufly, sino que le dieron fuertes golpes de bolillo en su cabeza y cuerpo. La necropsia dictaminó que al niño Nicolás le abrieron su cráneo prácticamente en dos, de sien a sien, con una herida de 26 centímetros, que según los médicos era irreparable. Por eso, según manifiesta Mahecha, después de obstruir el aparato de justicia 12 años, de destruir una familia moral, económica y socialmente, de causarle grandes gastos a la justicia, este crimen no puede terminar con una sentencia que evite hurgar en las profundidades de un aparato militar y policial, de un Estado violador de los DDHH.

Ante la petición de esta familia, la Comisión Interamericana de Justicia le comunicó el 31 de julio al Estado colombiano y le corrió traslado de los expedientes, para que en tres meses, es decir el 31 de octubre se pronuncie frente al caso de Nicolás Neira. Por otro lado, el pasado 18 de agosto fueron citados a una nueva audiencia de imputación de cargos otros uniformados, pues se debe investigar la línea de responsabilidades hacia abajo, es decir el patrullero que disparó la cápsula, y los que golpearon a Nicolás hasta causarle la muerte; pero también hacia arriba, porque Torrijos reconoció que obedeció a un superior.

Sin embargo, siendo las 10:40 de la mañana, el Juez 71 penal municipal de Bogotá, con funciones de garantía, decidió enviar el caso al Consejo Superior de la Judicatura para que resuelva si la Jurisdicción Penal Militar es la competente para investigar el asesinato a manos del Esmad del niño Nicolás David Neira Álvarez. “Sin palabras distintas de que el festín de la impunidad en este caso continúa su curso perverso. Seguiremos reclamando verdad y justicia”, puntualizó Mahecha.

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