Edición 130 Agosto 2017

Porfirio sigue siendo majestuoso e inmediato en la referencia de la condición humana. Cuentan los que han escrito de él que fue un soldado del ejército conservador en la triste guerra de 1886, la de los Mil días. Este hombre de expresión agreste sobrevivió al enfrentamiento fratricida y luego se hizo maestro de escuela; en el oficio de la enseñanza era muy bueno, compartía sus ingresos con la gente más necesitada y también los usaba para refaccionar los daños de la edificación de la escuela.

No es una excepción que un soldado,  un maestro, se sienta opacado en un país tan estrecho y busque una salida. Para Porfirio esta salida era necesaria para continuar escribiendo sus sentires sobre la vida. Entonces comenzó el viaje, decidió bajar hacia el río Cauca, luego al río Magdalena, y siguió hasta Puerto Colombia en Barranquilla. Allí continuó sus quehaceres intelectuales, e intentó comenzar un periódico. Pero pronto miró al Norte y nuevamente emprendió el camino.

Llegó a México, siempre asilo de los incomprendidos en Colombia. En ese momento la tierra de la revolución lo protegió, porque allí a la gente la respetaban por su opinión. Buscó este refugio porque no tenía espacio para desarrollar su obra en Colombia, dada la rigidez impuesta básicamente por el Partido Conservador de la Iglesia católica romanista, eso no necesita explicación.

Era un hombre que estaba asfixiado en un territorio mandado por un pacto con el Vaticano. Ya sabemos el poder político de la Iglesia católica; en esos momentos la escuela colombiana era un instrumento más de la Iglesia católica. Era un hombre que sabiamente entendió que no podía quedarse aquí porque aquí se moría; tenía que irse a un lugar que le diera garantías para hacer su ejercicio de la libertad.

Miguel Ángel Osorio, como aparece en los registros oficiales, es y murió siendo un iconoclasta, un hombre pensante de la justicia. Tuvo una grandiosa amistad con Federico García Lorca, otro monstruo de la poesía. Todo su esplendor periodístico y literario fue en Ciudad de México, en la República Mexicana. Cuentan también que hizo periódicos en Guatemala, en Nicaragua, en El Salvador.  

Podríamos resaltar su grandeza, su majestuosidad, que sigue siendo perenne como la que podemos ver siempre en la Canción de la Vida Profunda. Era un buscador de la libertad y creo que sigue siendo vigente porque él reivindicó las libertades, las libertades democráticas por las que tantos perecieron en este país y por las que aún pueden perecer.

Porfirio tiene su peso, su sitial de honor, dentro de la poesía latinoamericana y mundial. Retrató la vida y al ser esplendoroso que busca el sol, que busca la libertad, que hace el ejercicio de ser inmensamente crítico. En él encontramos la destrucción de la hipocresía, en él encontramos el ser pleno, el ser en su ejercicio maravilloso.

Su obra habla sola, entra en el concepto de lo universal, de lo atemporal, de lo perenne. Lo grandioso de Porfirio Barba Jacob es que fue un hombre de mucha inteligencia, que supo evadir el conflicto que se le cernía en Colombia.

Aunque volvió al país, fue una cosa de entrada por salida, porque fue un hombre de mucho conflicto individual, familiar y personal por su condición personal de ser. Desafortunadamente en esos momentos no se disfrutaba de las libertades democráticas que podemos disfrutar ahora, no queriendo decir que estemos en un paraíso; pero él necesitaba de un lugar esplendoroso donde se valorara su creación y no se le persiguiera.

Su obra se reconoció en vida, pero no con la majestuosidad de ahora, porque de todas maneras en estos momentos hay más valoración y más conocimiento de su obra. Es que estamos hablando de una Colombia de principios de siglo XX y de un México también a principios de 1900, que no tenía las facilidades que hay ahora, estamos hablando de que en esos momentos se hacía prensa con lingotes, igual que los libros. Ahora los medios de comunicación masifican cualquier evento o cualquier elemento; él no disfrutó de estos momentos. Hacer poesía y periodismo en esa época implicaba estar sometido a linotipo, a la tecnología disponible en esa época.

Su poesía es un pregón de la libertad, otros la llaman que es el cinismo poético. La poesía de Barba Jacob es un grito angustiado que busca entender la opresión contra el hombre, contra el ser, es un grito que busca la libertad, que quiere un espacio para el ejercicio vital de existir. A través de toda su obra, podríamos decir que es la autenticidad andando; de los seres más auténticos que haya dado nuestra América es Porfirio Barba Jacob. Allí se refleja el ser buscando las respuestas al dolor, a la opresión, a la mentira. Esa es la grandeza de este señor. Releerlo es redescubrirlo.

Don Omar Elías Quintero tiene 74 años de edad, es un  hombre lúcido,  de frente ancha donde se albergan profundos deseos de transformación social,  con manos firmes por donde aún señala el camino a seguir, y de cuerpo deteriorado por los años y por las consecuencias  de  las persecuciones y las torturas.  Él nunca se ha rendido  a pesar de la fuerte represión ejercida en su contra y la de  su familia. Ahora trabaja en la Junta de Acción Comunal de un humilde barrio  en la ciudad de Pereira, donde está planificando, orientando y aglutinando los adultos mayores para continuar con sus ideas reivindicativas, que como dice él: “solo la muerte me las quitará”. Ahora se trata de alimentación, techo y vida digna para los adultos mayores de la ciudad.
 
Sus luchas no son de ahora, su sensibilidad hacia las problemáticas sociales viene gracias a los valores de trabajo colectivo y solidaridad  inculcados por su padre. Desde sus tempranos 16 años en las veredas de Balboa, Risaralda, donde se crió  con sus hermanos,  empezó a crear conciencia desde el inicio de las Juntas Veredales, para poder hacer así  las vías de acceso al pueblo y sacar  los alimentos producidos en las fincas. A través del contacto con el pueblo y sus necesidades empezó para don Omar una larga lucha por la sobrevivencia contra el abandono del Estado. “Organización y lucha”, ha  sido  la consigna de don Omar desde su adolescencia.

Entre convites y movilizaciones de campesinos, organización de trabajadores, estudiantes y docentes,  transcurrió su vida, hasta encontrar una solución de consecuencia a todos sus anhelos sociales en la Asociación Nacional  de Usuarios Campesinos (ANUC), de la cual fue fiscal a nivel departamental.  En ese entonces se desarrolló en San Jacinto, Atlántico,  un congreso de la ANUC, en el cual confluyeron diversas organizaciones obreras, campesinas, estudiantes, artistas e intelectuales, entre ellos Orlando Fals Borda, quien tuvo contacto con don Omar. Este le habló de los procesos regionales en el Eje cafetero. Fals Borda, desde su visión académica, pero también práctica, alentó  las luchas desarrolladas  allí.

En la región se siguieron llevando luchas frente a la recuperación  de tierras y de vivienda, donde participaban campesinos, estudiantes y trabajadores de todos los sectores. Recuerdos especiales tiene con respecto a la recuperación de una finca en Quinchía, propiedad del terrateniente Alejandro Toro, bajo la consigna: “La tierra pal que la  trabaja”.  En su voz pausada, grave y reflexiva, rememora don Omar que: “Esa era la consigna y el Incora se vio obligado a dar los títulos a los campesinos. No importaba que los grandes terratenientes realizaran congresos paralelos a los de las asociaciones del pueblo. Era el tiempo heredado   de la dictadura del Frente Nacional, y se empezó a perseguir, desaparecer, encarcelar y a torturar muchos compañeros… nos mataron a muchos”.

En esos tiempos candentes, por allá en 1974, un año después del Congreso, alguien tocó en horas de la noche su puerta, al abrir se encontró que era el académico con quien compartió en el Congreso. Él era Orlando Fals Borda,  quien había quedado con la dirección de su casa.  Bajo los lentes de don Omar se ven sus ojos negros, grandes y llenos de vida cuando recuerda Fals Borda como un “hombre humilde e inteligente que me orientó, alentó y felicitó por tan ardua y significativa lucha”. Quien desarrollaría la metodología de la Investigación y Acción Participativa   estuvo solo una noche en su casa,  pero bastó para  alimentar más en don Omar ese deseo de transformación social necesaria para Colombia.

Se apoya fuerte con su mano sobre la mesa para pararse lentamente  e ir por un vaso de agua,  como para destapar el nudo que se hace en su garganta. Así empieza a narrar lo  transcurrido en los años  80s, cuando empieza la terrible, negra y larga  noche para la ANUC, sus bases y sus dirigentes. Recuerda a Sinforoso Navarro y Rubén Darío Grajales,  dirigentes en Risaralda quienes serían los primeros en caer producto de la violencia paramilitar que despuntaba en esa década.  Con el dedo índice sobre sus labios, como reclamando silencio, recuerda que “se empezó a asediar por fuerzas oscuras el trabajo de las pre cooperativas de producción en el campo, en lo maderero y de mercadeo. Desde ahí se desarrollaban las reivindicaciones de la ANUC en la Virginia, Risaralda”.

Con la mano derecha empuñada y su mirada perdida en esos tiempos, cuando empezaron  a ver caer sus compañeros, me dice don Omar: “ese trabajo no era ningún delito,  se hacía en vista de la falta de derechos y el olvido del Estado y nos  empezaron declarar como elementos fuera de la ley”.

Con el foco en sus objetivos, este hombre siguió orientando el trabajo y aglutinando la gente, siempre buscando el bienestar para todos porque, como dice, “el trabajador del campo ha sido muy olvidado y  nunca ha tenido ni prestaciones ni ningún otro tipo de garantía”. Las consecuencias llegaron y estuvo detenido, afortunadamente  solo fueron 15 días,  gracias al apoyo de la comunidad y a un grupo de abogados. Baja un poco su voz  y mira por encima de sus lentes, mientras comenta que “se me acusó de ser miembro del EPL,  fui torturado e interrogado, querían que cantara lo que no sabía”. Desde ese entonces este luchador social quedó  afectado de su columna y sus brazos, producto de las torturas… por eso su caminar lento pero firme.  Las denuncias puestas en la Procuraduría fueron en vano porque le exigieron reconocer a los captores, pero él tenía vendados los ojos y las voces de sus torturadores eran oscuras, atronadoras  e irreconocibles, lo único que sabe es que eran agentes del Estado.

A pesar de los hostigamientos, detenciones masivas, asesinatos y desapariciones, la lucha siguió, ahora en Quinchía, Risaralda,   a donde se  trasladó con la familia a iniciar una nueva vida siempre ligada a los procesos reivindicativos. Allí nuevamente fue amenazado, recuerda que “fue por medio de un panfleto, donde me daban dos horas para salir del pueblo, además recibí varias llamadas donde me daban esas dos horas y  sino pagaría también toda mi familia”. No tuvo más remedio que abandonar en horas de la madrugada su nueva vivienda.

Aun tratando de huir del terror, pero no de  la lucha, este llegó hasta su familia. Fue un 22 de junio de 1988 cuando  su hermano Herman Quintero fue detenido 20 días  por la Octava Brigada del Ejército en un barrio de la ciudad de Pereira. El  18 de agosto de 1988  fue desaparecido. Él, igual que don Omar, fue acusado de ser dirigente del EPL. Con voz pausada y melancólica  recuerda: “mi hermano era únicamente dirigente de la ANUC”.  Posterior a  su  desaparición las demandas puestas por la familia Quintero ante este hecho han sido nulas.

Aun sabiendo que sus antiguos captores siguen sus pasos,  don Omar  continúa  con su voluntad de lucha intacta, siempre pensando en mejorar la calidad de vida de las personas.  Espera que con la asociación del adulto mayor, constituida con personería jurídica, pueda ver materializada algunas de sus luchas.  

“¿Qué hay de malo en ser un luchador social?”, se pregunta don Omar.  Espera un cambio digno para las nuevas generaciones, que se haga memoria de los caídos y desaparecidos, producto de la violencia paramilitar que se inició en la década de los ochentas y no termina todavía. Sus demandas de casi una década han sido invisibilizadas,  pero sabe que no serán en vano. Ahora rescatar  la memoria de su hermano desparecido y de sus asesinados excompañeros,  es una lucha más en su agitada vida.

Decía Vittorio De Sica: “el mejor cine nace de continuar el camino que le es impuesto por la realidad humana y social contemporánea. Y esta realidad es la que le da la razón de ser, su carácter nacional y su valor universal”. Significaba esto que el buen cine (para De Sica) era aquel que narraba las historias y las realidades circundantes, aquellas realidades que a su vez impulsaban la inspiración y la obra de un autor, hablando de Roma, ciudad abierta (Roma, citta aperta, 1945- Roberto Rosellini) marca el camino del Neorrealismo Italiano: “la descripción descarnada de una sociedad colapsada por la guerra, empobrecida y pesimista; el uso de escenarios naturales, la presencia de actores no profesionales, rodajes con mínimos elementos técnicos”,  según el artículo “La Itália de De Sica” de Juan Carlos González.

Vittorio (y varios otros realizadores y teóricos) vieron nacer (parieron) uno de los géneros o corrientes más distintivos del cine: el neorrealismo italiano, una corriente que, como se señaló anteriormente, hizo cine con su gente y con sus uñas, narrando historias de la cotidianidad de la posguerra en un país pobre y en ruinas, asumiendo una realidad, su ética y su estética.

Un género es un conjunto de características que se repiten (más o menos) en varias obras, por lo general enmarcadas en un territorio y en un tiempo determinado (más o menos), que, sin pretenderlo dan cuenta de un momento tecnológico, estético y ético. El western (películas del Oeste), el musical, la ciencia ficción, el terror, e incluso las películas de superhéroes modernas están siendo (o fueron) testigos de momentos históricos: los musicales fueron el género por excelencia durante las guerras mundiales y servía para ser feliz y libre de preocupaciones por dos horas; el expresionismo alemán (corriente que estableció las bases del cine de terror) nació antes del auge de Hitler durante la primera posguerra mundial y la Nueva ola francesa (Nouvelle vague) fue impulsora de los años 60s, cuando los valores y las formas de mirar al mundo fueron repensadas y revolcadas.

Las categorías sirven para unificar criterios y diferenciar conjuntos de cosas. En el cine, las categorías, los géneros, las corrientes han sido además las encargadas de traducir o personalizar el devenir de la historia y la cultura; algunos musicales, aunque tengan un halo de festividad y alegría pueden estar narrando el dolor vivido durante las guerras mundiales, o las películas de vaqueros, un género que dominó por mucho tiempo el gusto del público, puede parecer a simple vista el género de acción de moda para entretener a las personas, aunque si se mira con mayor detalle se encuentra que simbolizaban también las transformaciones de la sociedad, el establecimiento de la industrialización (representado en el tren) y de unas costumbres colonizantes (la dominación del hombre industrializado sobre el indígena nativo).

Los géneros de cine se han transformado; los vaqueros por ejemplo, tienen la dicha de gozar con sub-géneros como el acid western (donde adquiere tintes psicodélicos y metafísicos, encontrando su mejor exponente en Dead man (1995) del director Jim Jarmusch) o el spaghetti western (género de vaqueros realizados por italianos). Estas reinvenciones por lo general surgen de la necesidad de narrar de manera tradicional (y con métodos típicos de algunos géneros) los nuevos aconteceres de la sociedad.

Las salas de cine en Colombia suelen considerar al cine colombiano como un género en sí, como si cada película del país no tuviera más característica que el hecho de haber sido hecha por colombianos. Lo cierto es que han existido exploraciones de género en la cinematografía colombiana y latinoamericana; corrientes como el cinema novo brasileño (el cual aspiraba a hacer un cine pobre, con los pocos medios habidos pero con la fuerza narrativa de la realidad) o el gótico tropical, género que pretendió narrar con una estética caribeña los monstruos y fantasmas de estas tierras, cambiando las sombras de los castillos, por las lúgubres casas coloniales y el sonido de las palmeras en la noche.

Los géneros le han puesto color al cine, han facilitado las narraciones y en ocasiones han servido para encubrir mensajes que por la censura no se hubieran podido difundir (como con el surrealismo que para decir lo que tenía que decir tuvo que deformar su discurso para sonar durante el franquismo), marcaron los desarrollos tecnológicos, como la llegada del sonido (que dio paso al musical) o la ciencia ficción, que siempre ha llevado la batuta (curiosamente junto a las películas de época) de los avances en el medio.

Vale la pena buscar la ideología en cada género, descubrir sus narrativas, sus discursos y sus formas, aprender a leer lo que está escrito en la imagen; descifrar en sus técnicas los mensajes que hoy difunde la televisión y los medios audiovisuales en general. Aprender a ver, es aprender a leer la imagen en movimiento.

En los postulados de la teología de la liberación, los empobrecidos siempre han estado presentes en la iglesia de América Latina. Siguiendo esta opción, y entendiendo los difíciles contextos por los que ha atravesado la sociedad latinoamericana, muchos, a partir de ciertas motivaciones religiosas, posibilitaron la construcción de un movimiento que propendiera por una forma nueva de vivir la iglesia con relaciones más fraternales y solidarias, y de paso aportar a la construcción de un continente y una sociedad más justa y solidaria.

La avanzada teológica del Concilio Vaticano II (realizado entre 1962 y 1965), la muerte de Camilo Torres Restrepo en febrero de 1966, Golconda y la conferencia de Medellín (CELAM) en 1968, fueron algunos acontecimientos que sin duda posibilitaron la consolidación, en palabras de Pablo Richard, de uno de los fenómenos más importantes de la iglesia latinoamericana: las llamadas Comunidades Eclesiales de Base  (CEBs).

Bajo este panorama, Medellín se convirtió en un escenario por excelencia en la configuración de un movimiento autónomo, liberador, que incentivado por la desigualdad social emprendió caminos de construcción de procesos organizativos alrededor de la Teología de la Liberación. Las denominadas CEBs aparecieron en el vasto territorio del Valle de Aburrá con la firme intención de luchar junto al empobrecido, humillado y excluido por las dinámicas comerciales y delincuenciales presentes en las décadas de los 80 y 90 de la “tacita de plata”. En su composición, las CEBs eran más que una corriente de pensamiento y se configuraban como una forma de la iglesia en el movimiento popular que buscaba no solo reivindicar el papel del empobrecido dentro de la iglesia, sino también su papel protagónico en la construcción de barrio, comuna, país y sociedad.

La experiencia de las CEBs en Medellín tiene su historia, en ocasiones revitalizadora, en otras martirizada, pero que puede ser observada en aras a manifestar su influencia en la vida y  construcción de los diferentes barrios y procesos sociales que hoy componen la ciudad. Su papel protagónico desde las apuestas educativas populares, la defensa de la vida, la comunicación popular, la economía popular, la construcción de comunidad, entre otras, hizo de las CEBs una opción de vida y de búsqueda de solución de los problemas concretos de las comunidades en los barrios de la metrópoli.

Su concepción de lo popular trasegaba por la búsqueda de una vida digna para todos los empobrecidos,  tanto así que fueron organizaciones pioneras en la conformación de los movimientos sociales y populares que hoy existen en Medellín y en todo el territorio nacional. Su abanderada de siempre, la vida misma, hizo que emprendieran múltiples luchas por lo que ellas mismas denominan la salvación y la liberación, condiciones humanas necesarias para vivir en la tierra y destruir un capitalismo salvaje que imparte muerte a diestra y siniestra.

La apuesta de las CEBs por construir desde el amor eficaz -inspirados en Camilo y su sueño de justicia-,  buscó hacer visible la situación de injusticia causada por una violencia institucionalizada por la que atraviesan los empobrecidos. Esa situación de injusticia expresa una situación de pecado, que no puede dejar de ver el que ha de llamarse “cristiano/a”, ya que es allí mismo donde se encuentran esas injustas desigualdades sociales, políticas, económicas y culturales, donde hay un rechazo del don de la paz de Dios.

Esta forma de ver la realidad, ligada a eso de lo popular, permitió a las CEBs erigir una tripleta por defensa/promoción/valorización de la vida y la preservación de los valores, proponiendo un método que incluía el ver, juzgar y actuar; ver por sí mismos elementos para juzgar, y exigencias para actuar, eligiendo la cultura popular como herramienta para la liberación de los pobres.

Así, la búsqueda infalible de las CEBs es buscar que lo popular engendre sinceros cristianos dispuestos a suprimir la explotación del hombre por el hombre y a luchar por la distribución justa de la riqueza social, la igualdad, la fraternidad y la dignidad de todos los seres humanos, es decir, ser portadores de la conciencia política, económica y social más avanzada, construyendo así  el reino de Dios en la tierra.

Los pilares sobre los que se levantan las CEBs en nuestros territorios siguen siendo los sin voz, los oprimidos, los trabajadores y las trabajadoras, los habitantes de las periferias urbanas, las comunidades indígenas y campesinas expropiadas de sus tierras, las mujeres, los estudiantes, y en sí misma la clase empobrecida.

Se ha dicho mucho sobre la “extinción” de las CEBs, pero allí mismo, donde la injusticia arrecia en Medellín y toda Colombia, las CEBs siguen su camino,  desenmascarando todos los efectos de la globalización, el neoliberalismo, el patriarcado, la pobreza, la exclusión y el pensamiento único, que han oprimido y explotado históricamente a la clase empobrecida de toda Nuestra América.

Existe un país que exhibe los peores indicadores de terrorismo de Estado y de violación de los derechos humanos en Sudamérica. En ese país se han asesinado a 3000 dirigentes sindicales en los últimos 30 años (un promedio de cien por año), y hace pocos días fue asesinado Mauricio Fernando Vélez, vicepresidente del sindicato de trabajadores de la Universidad del Valle. En ese país han sido asesinados unos doscientos dirigentes sociales y populares en los últimos dos años, como es el caso del líder de la población afrodescendiente Bernardo Cuero, asesinado el 7 de junio.

En ese país está en marcha un feminicidio abierto contra las mujeres pobres y trabajadoras, 400 de las cuales han sido asesinadas en el primer semestre del 2017, como expresión del machismo clerical que aquí impera. Uno de esos casos se presentó en diciembre de 2016, cuando un individuo perteneciente a las clases dominantes, de nombre Rafael Uribe Noguera, un “hombre de bien”, como dicen los medios de desinformación, con sevicia secuestró, violó, torturó y asesinó a la niña Yuliana Samboní, hija de una familia de desplazados de una comunidad indígena del Cauca.

En ese país, según denunciaba Amnistía Internacional a finales de abril de 2017, se presenta una “ola de asesinatos de indígenas”. El 19 de abril fue asesinado Gerson Acosta, gobernador del Resguardo Kite Kiwe, en el municipio de Timbío, Cauca, a pesar de contar con medidas de protección del Estado.

En ese país fueron asesinados más de 500 defensores de Derechos Humanos en los últimos 10 años, 80 de ellos en el 2016. En promedio cada cuatro días es asesinado un defensor de derechos humanos. En ese país fueron asesinados 107 ambientalistas en el 2016, algo que no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que este mismo país es uno de los más biodiversos del planeta, y sus variadas riquezas naturales están en la mira de grandes empresas transnacionales, que suelen financiar a sicarios y asesinos paramilitares.

En ese país se presenta la mayor cantidad de desplazados  internos de todo el mundo, puesto que según informaciones del Consejo Mundial para Refugiados, hasta diciembre de 2016 se habían expulsado a 7,2 millones de personas de sus tierras y lugares de residencia, superando a países como Irak, Siria, Sudan o Libia.

En ese país han sido asesinados ya cuatro miembros de una insurgencia desmovilizada, apenas habían salido de la cárcel (recordemos que el actual presidente de ese país continuamente anunciaba el dilema de “la cárcel o la muerte”, pero ahora parce haberse actualizado el eslogan con el dicho de “primero la cárcel y luego la muerte”), además han sido asesinados ocho familiares de ex guerrilleros, como parte de una campaña de exterminio en marcha.  El primer insurgente asesinado fue Luis Alberto Ortiz Cabezas, en Tumaco; el día donde fue vilmente ultimado en abril de 2017, fue solo quince días después de haber salido de la cárcel.

En ese país, el 10% de la población más rica gana cuatro veces más que el 40% más pobre. En ese país, según el Índice de Theil (que mide la distribución de la renta, o la desigual distribución de la riqueza), pasó de 0,807 en 2000, a 0,831, en 2013.  Tan desigual es este país que el afamado economista Thomas Piketti dejando de lado la diplomacia que caracteriza a cierto tipo de académicos cuando hablan del lugar al que son invitados, sostuvo a comienzos de 2016 que “este país es uno de los más desiguales del mundo”.

En ese país, según  una Comisión de Expertos en tributación nombrada por el propio Gobierno, sus verdaderos dueños, los grandes supermillonarios, evaden anualmente unos 30 billones de pesos, mediante exenciones o deducciones. En ese país, la corrupción del sector público y privado alcanza tal magnitud que en un solo negociado, el de la Refinería de Cartagena, los sobrecostos de su modernización alcanzaron la cifra de 4 mil millones de dólares, una cifra que corresponde a algo así como 1,5 veces el costo de ampliar el canal de Panamá, una de las obras de infraestructura más costosas de América Latina.

En ese país, donde se presume mucho de practicar la libertad de prensa, cinco grandes grupos económicos son propietarios de los principales medios de comunicación (radio, televisión y prensa escrita). En ese país se difunde cada cierto tiempo la noticia -que parece entresacada de los cuentos de hadas-, de que es lugar más feliz del mundo.

El país del que les hablo es Colombia, cuyo presidente ha sido galardonado el año anterior con el Nobel de la Paz, lo cual en verdad debería leerse como el Nobel de la Muerte, lo cual no es raro que ocurra por los nefastos antecedentes de ciertos personajes que han recibido tal premio (Barack Obama, Henry Kissinger, Simon Perez, entre otros notables criminales de guerra).

Pero nada de lo anteriormente mencionado es noticia para los grandes conglomerados mediáticos, ni tampoco parece preocupar a cierta intelectualidad biempensante que ha retomado, para referirse al caso venezolano, la teoría de los dos demonios a la hora de intentar explicar la violencia que allí se ha desatado en las últimas semanas.

Es bueno preguntarse por qué razones ese país, Colombia, no aparece nunca mencionado como el paraíso de la desigualdad, la antidemocracia y la injusticia en el continente y por qué razones no existe una solidaridad con el sufrido pueblo colombiano por parte de intelectuales y vedettes académicos (como Boaventura de Sousa Santos) –algunos de los cuales desde Europa y otros lares nos suelen visitar con relativa frecuencia–. Lo llamativo es que muchos de esos mismos intelectuales –y usamos un término completamente desprestigiado, porque como decía Eduardo Galeano esa noción  separa el corazón de la razón, o el pensamiento del sentir– se pronuncien con tanta beligerancia contra el Gobierno venezolano, pero nunca nombren al régimen criminal y al terrorismo de Estado imperante en Colombia.

Y existe un hecho adicional que hace más preocupante el silencio sobre lo que sucede en Colombia –en donde el terrorismo de Estado no ha dejado de operar, a pesar del discurso sobre la paz–, y es que precisamente este es uno de los países que se han convertido en punta de lanza de esa doble tenaza que amenaza a la revolución bolivariana: la intervención imperialista de los Estados Unidos y la subversión interna de los golpistas abiertos y disfrazados.

En Bogotá, como  en la mayor parte de las ciudades de Colombia, se ha presentado una explosión demográfica desde la segunda mitad del siglo XX, que ha  obligado a las instituciones del Gobierno a proyectar planes de ordenamiento territorial y soluciones de vivienda para la gran cantidad de personas que se desplazan a los centros urbanos.  En el caso de la capital, los habitantes empobrecidos se han ubicado en la periferia de la ciudad (principalmente el sur), debido a que en su momento fueron lugares deshabitados o que carecían de propietarios.

Ante este fenómeno, durante la primera alcaldía de Peñalosa (1997-2000) se propuso la Vivienda de Interés Social (V.I.S) como un mecanismo para solucionar la demanda de vivienda en  Bogotá, y que perseguía el supuesto objetivo de organizar en forma planificada y eficiente el espacio urbano. Luego de casi dos décadas es posible observar las implicaciones reales de este experimento para las personas que habitan el sur de la capital.

La entidad encargada de planear, desarrollar y ejecutar las soluciones de vivienda propuestas por el entonces alcalde, fue Metrovivienda. Los proyectos consistieron básicamente en construir grandes ciudadelas en los márgenes de la ciudad; el costo de la vivienda era financiado a 10 o 15 años por entidades bancarias, y solo podrían acceder a él las personas que tuviesen trabajos formales o que se encontraran bancarizadas de alguna forma.

En esa medida,  el “gran gerente”  no solo vendió en la opinión pública la idea que había resuelto el problema de la vivienda  en la ciudad, sino que concretó un negocio fabuloso para los bancos, pues según registró el diario El tiempo en junio del 2000, les otorgó la no despreciable cifra de 30.000 deudores para un tiempo de quince años o más, para lo que correspondió a la primera fase de ejecución del proyecto de vivienda, tiempo en que quienes lograron acceder a este “beneficio” terminarían pagando una cantidad considerable en solo  intereses a dichas entidades bancarias.

Los terrenos destinados para la construcción de los proyectos de V.I.S en Bogotá, se ubicaron en los extremos finales de la ciudad: en la localidad de Bosa en límites con el municipio de Mosquera, y en Usme casi que en su parte rural. En ese sentido, la solución de vivienda propuesta por la institucionalidad obligó a los habitantes desposeídos a  marginalizarse geográficamente. Vale la pena señalar que no solamente la planificación del terreno es errónea  por las distancias geográficas, sino que la vocación del suelo es otra. En el caso de Usme, esta es una zona eminentemente agrícola, y Bosa es, nada más y nada menos que la zona inundable del río Bogotá.

Con la intención de esconder y disfrazar la inequidad en la ciudad, la administración Peñalosa en su primera versión también desconoció todos los principios ambientales de los terrenos donde se erigirían los proyectos de vivienda. El caso de la ciudadela El Recreo en Bosa es de resaltar, por la negligencia con la que se actuó, pues sin escuchar a la comunidad de la localidad y a las entidades de orden ambiental, se construyeron parques, colegios y 90.000 viviendas a escasos 100 metros del río Bogotá. Esto supuso que en el 2011, con razón a los desbordamientos periódicos (y naturales) del río, la ciudadela se anegara por completo, causando una importante crisis económica, ambiental y sanitaria para la capital.

Pero además de ubicarse sobre terrenos no aptos para la vivienda, estos proyectos lesionan la intimidad y la dignidad de los seres que allí habitan. El frente de las casas es de 2.50 metros, con 18 metros de largo, espacio insuficiente para familias que en promedio tienen cinco integrantes. Es decir que en un espacio de 500 metros cuadrados conviven cerca de 1150 personas. A esto debe sumarse que las casas comparten todas las estructuras físicas y de servicios, es decir, paredes y redes de servicios públicos, por ende, cuando hay alguna afectación en un domicilio, suelen verse afectados muchos más. Al respecto señala un habitante de una de estas viviendas, que “a pesar de estar separadas, prácticamente se convive con los vecinos en un mismo espacio, ya que uno logra escuchar incluso cuando alguien enciende una luz”.  

Así mismo, en diálogo con Camilo Gaitán, habitante del sector de El Recreo, encontramos que los desplazamientos al trabajo o a los centros de educación y de regreso a casa, tardan en promedio 2:50 horas al día. Con un cálculo básico, se podría decir que un  habitante de Bosa emplea casi 300 horas al año en desplazamientos, eso quiere decir que quince días de su vida por año las pasa al interior de un bus o un servicio de transporte público. Según Gaitán, “es irónico que poder salir de la localidad sea lo más tortuoso, El Recreo da la imagen de ser un embudo, ya que hay muchas casas construidas pero las vías de acceso son mínimas y esto convierte en un problema el hecho de pensar salir de aquí”. Esta situación afecta las posibilidades de explotar en forma efectiva el potencial artístico, social, académico  y afectivo de los seres humanos que allí habitan.

Evidentemente, la oferta institucional dista mucho de poder considerarse como una opción válida para la vivienda de los y las explotadas en Bogotá, razón por la cual en el ejercicio de construcción de ciudades para la vida diga, es necesario que la vivienda sea pensada desde las necesidades reales y la perspectiva de la dignidad de las comunidades, y no desde la lógica excluyente y económica del mercado, lo cual debe dar paso a otras soluciones a estas problemáticas, y por qué no, empezar a volcar la mirada hacia propuestas alternativas a la expansión urbana.

El pasado 29 de junio terminó el segundo ciclo de negociación entre Gobierno y ELN. Desde entonces las partes han dado a conocer sus propuestas para un posible cese bilateral; el camino hacia este propósito humanitario apenas comienza.

 

A casi seis meses de la instalación de la fase pública de diálogos de paz entre el Gobierno y el ELN,  se han desarrollado dos ciclos donde  ambas partes han  discutido  en  submesas de trabajo y   alrededor del primer punto, “Participación de la sociedad civil”, y el subpunto 5f,  “Dinámicas y acciones humanitarias”, de la agenda pactada en marzo de 2016.

La evaluación de estos ciclos iniciales deja como resultado una serie de preacuerdos que buscan dinamizar el trabajo de la mesa, en este sentido se ha conseguido  conformar el Grupo de Países de Apoyo Acompañamiento y Cooperación -GPAAC-   al proceso de paz,  integrado inicialmente por Alemania, Holanda,  Italia, Suecia y Suiza. De igual manera se ha acordado construir un equipo conjunto de pedagogía y comunicación para la paz, con el objetivo de promover confianza y credibilidad en los acuerdos a los que se lleguen. También se avanzó en establecer un fondo para la financiación  de la mesa.

Respecto al punto de la participación, las partes acordaron la realización de unas “Audiencias Preparatorias” que le darán forma al diseño de este primer punto. Estas audiencias podrían comenzar durante el tercer ciclo de esta negociación, que inició el 24 de julio de 2017.

Todo apunta a que la mesa está pasando por una nueva etapa; por lo menos  parecen superadas las desconfianzas a raíz de los diferentes inconvenientes que demoraron el  inicio de los  diálogos en su fase pública. Este nuevo ambiente en la mesa se evidencia en que ambas partes comenzaron a hablar de la necesidad de abordar un tema que hasta hace poco parecía lejano: el cese bilateral. Durante las próximas semanas, esto se discutirá en la submesa encargada de los temas humanitarios que actualmente trabaja temas álgidos como las retenciones, el asesinato a líderes sociales, el sabotaje a infraestructura, entre otros.

Demos el primer paso: Iglesia
En una carta dirigida al presidente Juan Manuel Santos y a las delegaciones del proceso de paz, la Conferencia Episcopal colombiana hizo un llamado en el cual instaron a las partes a “concertar y convenir un acuerdo bilateral de cese al fuego y hostilidades, como expresión de su voluntad, común con la del Pueblo colombiano, de acoger al santo Padre y darle la bienvenida a su persona y a su mensaje", haciendo referencia a la próxima visita del Papa Francisco.
La misiva firmada por el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Augusto Castro, el cardenal Rubén Salazar, el arzobispo de Villavicencio Óscar Urbina y el arzobispo de Cali Darío de Jesús Monsalve, puso a las delegaciones a retomar el tema en los medios, y a comprometerse a trabajar en este durante el tercer ciclo.

Reiteramos voluntad: ELN
Nicolás Rodríguez, comandante de esta guerrilla, respondió a la carta recordando que “Desde que se iniciaron los diálogos con el actual gobierno, el ELN ha reiterado la urgencia de pactar un Cese Bilateral del Fuego, contrariando al presidente Santos y su gobierno, quienes argumentaron que los diálogos deben adelantarse en medio de la guerra”.

De igual manera la delegación de paz del ELN manifestó  a través de un comunicado que “espera del gobierno un compromiso serio a la hora de pactar una suspensión de las afecciones a la población”. También recordaron que para que este cese ocurra debe haber compromiso de las dos partes, y seguidamente expusieron cinco puntos que para su organización deben parar antes de que se pueda dar este hecho: el primer elemento es la “agresión contra el movimiento popular” y  la desestructuración del paramilitarismo; el segundo es el incumplimiento de acuerdos de garantías en Derechos Humanos con el movimiento social; el tercero es el control sobre alimentos, medicamentos y bienes necesarios para las comunidades; el cuarto es la judicialización de la protesta social y el quinto el hacinamiento en las cárceles.

El tema central del ciclo que inicia será el cese: Gobierno
En una entrevista para el programa Pregunta Yamid, el jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, reconoció que su delegación junto con la de la insurgencia comenzará a abordar este tema en el ciclo iniciado el lunes 24 de julio en Quito, Ecuador. Además fue enfático en reconocer que si bien la iniciativa parte de la propuesta que ha venido haciendo el grupo guerrillero desde el inicio de las conversaciones, este cese bilateral debe ser “cualificado”, es decir, para el Gobierno también debe ser un cese de hostilidades de su contraparte. “Si el ELN se aviene a aceptar un cese de hostilidades, el Gobierno simultáneamente estará dispuesto a avanzar en un cese al fuego”, expresó Restrepo.

En su cuenta de Twitter, el mismo negociador amplió la posición del Gobierno sobre este tema, especificando que “ejemplos de hostilidades: secuestro en todas sus expresiones, enrolamiento de menores, minas antipersonales, atentados contra oleoducto”. A la vez, confirmó que el tercer ciclo de negociaciones con el ELN se extenderá hasta la víspera de la llegada del Papa a Colombia, es decir, hasta comienzos del mes de septiembre, por lo cual este ciclo tendrá a los negociadores reunidos durante seis semanas, mientras existen altas expectativas en el país por la presión que podría generar la visita del Sumo Pontífice en la partes para el tema del cese bilateral.

Así las cosas, a pesar de que la visita del Papa le da a la mesa un nuevo impulso para hablar sobre el cese bilateral, el camino para llegar a este no será sencillo, teniendo en cuenta las condiciones que proponen ambas partes. También porque existen inamovibles para el ELN como la necesaria participación de la sociedad en la construcción del acuerdo de paz, y para el Gobierno este punto se reduce a consultas. Se requiere de las dos delegaciones, y de sus máximos líderes (Coce - Gobierno) toda la voluntad política. Sin embargo, el hecho de que en tan poco tiempo se comience a discutir este tema demuestra que este proceso será diferente al llevado a cabo en La Habana con las FARC, esto debido a las partes, a la metodología en la mesa, pero también al mismo contexto político del país.

Carta de un integrante de las FARC privado de la libertad

 

La huelga que iniciamos el pasado 26 de junio acá en la cárcel de Chiquinquirá, Boyacá, es el primer paso, con el que pretendemos visibilizar nuestra condición como prisioneros políticos, y los tratos degradantes a los que somos sometidos diariamente, además de mostrar cómo el Gobierno nacional no solo incumple lo acordado en La Habana en lo relacionado con la Ley de Amnistía e indulto, sino cómo también rompe el punto que se refiere al cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, pues las condiciones a las que nos someten son directamente hostiles.

Además de la huelga, nos encontramos en jornada permanente de desobediencia pacífica (alrededor de 1760 hombres y mujeres). Esta desobediencia se realiza día a día. En la madrugada se inicia con el primer acto de desobediencia; no se permite la primera contada, la cual en condiciones normales la haría el Inpec a las 6:00 a.m, luego todos a las duchas, y este procedimiento va hasta las 7:00 a.m. aproximadamente. De ahí llega el desayuno para algunos compañeros, que por su estado de salud no participan en la huelga (pero sí en la desobediencia); hacia las 8:00 a.m. permitimos la contada, luego continúa la desobediencia, negándonos a salir a las actividades como estudio (CLEI), a talleres, a deporte, al aseo de zonas comunes, entre otras. En este espacio nos reunimos y  hacemos un balance de lo acontecido el día anterior, se proyectan y planean las actividades para el día.

A las 10 am aproximadamente traen el almuerzo de los enfermos, salen al médico los que estén en peor condición de deshidratación, entre ellos los que se han suturado sus labios. Intercambiamos experiencias con otros pabellones y se trata de hacer el menor gasto energético posible y así vamos hasta las 3:00 p.m. cuando llegan los alimentos para los enfermos. A las 4:00 p.m. tampoco se permite la contada, ni permitimos que nos encierren en las celdas como sería lo rutinario, más bien aprovechamos ese espacio para hacer otro balance y conversar y subir el ánimo para continuar.

Es triste que los medios masivos sigan ocultando lo que nos ocurre. No dicen ni lo más mínimo; por ejemplo no hablan de 250 adultos mayores en huelga, ni de compañeros lisiados de guerra como es el caso (por mencionar sólo uno) de Oscar Tordecilla Madera, quien al momento de ser detenido aún podía ver, y por negligencia e indolencia del Gobierno y del Inpec fue perdiendo progresivamente la visión hasta quedar totalmente ciego; esto sin contar que él sufrió amputación de la mano derecha. Estos medios de comunicación tampoco informan sobre las represalias que toma el Inpec, como la suspensión de las visitas, o las amenazas frecuentes de ingresar a la fuerza y golpear a los prisioneros, según ellos para  restablecer el orden. Nosotros hemos denunciado todos estos atropellos a través de nuestros propios medios y el Gobierno se hace el de la vista corta.

En esta huelga y desobediencia pacífica nuestra familia y amigos juegan un papel fundamental, y son un puntal de apoyo para nuestra lucha, con la ayuda en las denuncias, en la gestión de documentos y sobre todo con la participación de ellos en plantones y movilizaciones en favor de nuestra justa lucha por la libertad, y en general por la implementación integral de los acuerdos.

El Gobierno nacional el día 10 de julio emitió decreto para dar amnistía supuestamente a 3252 guerrilleros, pero solo cobija delitos políticos y es básicamente para quienes tienen requerimientos y no pudieron ser detenidos, es decir para miembros de las FARC que están en las zonas y que hicieron dejación de las armas. Por estos motivos se ha retrasado la liberación de los prisioneros políticos de las FARC.

Desde hace más de seis meses se firmó la Ley 1820 de 2016. Con relación a la amnistía, indulto y tratamientos penales especiales, desde el inicio los jueces de ejecución de penas y medidas de seguridad, se han mostrado en desacuerdo. Decían para ese entonces que requerían tiempo prudencial para estudiar, entender y aplicar la ley, tiempo que usaron para dilatar su aplicación, así mismo, para poner trabas, por lo que fue necesario que se hiciera un decreto reglamentario, el 277 de febrero de 2017, pero aun así no aplican la ley.

De lo anterior se puede deducir que es falta de voluntad política, la cual cubrieron con el argumento de la falta de personal en los juzgados y la congestión de los mismos, así que se declararon en huelga. Luego de que les fue asignado presupuesto y levantaron el paro, y al no haber más excusas para no aplicar la ley, entonces apareció la causa real, una causa fuera de toda lógica, pues ahora los jueces dan carácter político e incluso se sienten investigadores (es claro que un juez debe aplicar la ley sin que en la aplicación influya su ideología política o su creencia religiosa).

Cuando un prisionero político de las FARC cumple con los requisitos (tener el certificado de pertenencia a la organización expedido por el Alto Comisionado para la Paz, haber firmado el acta de compromiso ante el secretario de la JEP, y llevar mínimo cinco años privado de la libertad) los jueces deben dejarlo en libertad condicionada.  Aun cumpliendo estos requisitos, el juez pregunta: ¿cómo compruebo que una persona pertenece a la organización FARC? Se han visto innumerables casos de presos políticos que están en prisión desde el año 2000 y el juez aduce que no tiene cómo verificar los cinco años privados de la libertad.

También los jueces le solicitan a un interno que le haga llegar el certificado del Alto Comisionado, cuando este documento reposa precisamente en la oficina de él. Así, un sin número de actuaciones demuestran claramente la falta de voluntad, la mala fe y la postura política de muchos jueces. Pero lo anterior no es nada al lado de lo que opina el juez primero de Tunja, Camilo Ernesto Becerra Espitia, juez de ejecución de penas y medidas de seguridad: “por mi cuenta no va a salir ningún guerrillero de la cárcel". A este señor se le interpuso una demanda por negligencia, violación al debido proceso y retención ilegal e indebida de prisioneros, por entorpecer la justicia, entre otras.  Así es que los jueces politizan la aplicación de la ley.

  

Contexto 

Esta carta de Clemente, preso político de las FARC en el municipio de Chiquinquirá, Boyacá, fue enviada a la redacción del periódico Periferia. La huelga de hambre de los presos políticos de las FARC fue acompañada desde el primer momento por el líder guerrillero y miembro del secretariado Jesús Santrich, quien aseguró que ya son 3400 los reclusos reconocidos por las FARC, 900 de los cuales aún no han sido acreditados por el Gobierno.

El 15 de julio esta huelga cumplió 19 días y afectó no solo la salud de cientos de presos políticos, sino la de Santrich, a pesar de encontrarse en libertad, tanto que fue necesario internarlo de urgencia en la clínica Shaio de la ciudad de Bogotá el día 14 de julio, en donde estuvo en delicado estado de salud y en la unidad de cuidados intensivos.

Los presos políticos a los que se les incumple el acuerdo de La Habana y se les niega ilegalmente su libertad, a la fecha de publicación de esta edición, se mantienen en desobediencia en 19 cárceles del país. Son aproximadamente 1110, que según la Coalición de Derechos Humanos Larga Vida a las Mariposas se encuentran adelantando la protesta que no cesará, manifiestan los presos, hasta que alcancen su libertad. “De 3400 personas reconocidas por las Farc faltan 2.577 por ser liberadas, lo que evidencia el incumplimiento por parte del Estado colombiano, mientras que el grupo finalizó la dejación de armas en cumplimiento a lo pactado”, explicaron voceros de esa organización de derechos humanos.

El Gobierno y el sistema de justicia colombianos se encuentran frente a una situación delicada en materia política y legal, respectivamente, ya que la propia Misión de las Naciones Unidas en Colombia hizo un enérgico llamado al Estado para que dé aplicación a la Resolución 2366 de 2017, aprobada por el Consejo de Seguridad el pasado 10 de julio, para que se solucione la situación de los integrantes de la guerrilla que se encuentran privados de la libertad.

En un comunicado el Consejo de Seguridad de la ONU se pronunció en los siguientes términos: “La detención de los miembros de las Farc en las cárceles por más de seis meses después de la aprobación por el Congreso de la Ley de Amnistía y dos semanas después de la finalización de la dejación de armas individuales, socava el proceso de reincorporación y la consolidación de la paz”.

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