Edición 125 Febrero - Marzo 2017

A sus 20 años Janis Buitrago todavía no se rinde en la búsqueda de la realización de sus sueños, aunque a veces siente desfallecer. La joven de baja estatura y aspiraciones grandes nos espera en su casa ubicada en el barrio Belén Altavista, en el sector parte baja.

En Medellín, a pesar de las becas y programas de educación, solo el 72% de los jóvenes van a las universidades, y según el informe de indicadores de objetivos de Medellín cómo vamos en educación, publicada por Medellín Cómo Vamos el 8 de julio de 2016, la cobertura en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá para los jóvenes en pregrado es solo del 54,2%. A esta miope oferta de estudio hay que sumarle que en la ciudad se han priorizado algunas carreras como la administración, en todos sus niveles –desde técnica auxiliar hasta el pregrado–, por encima de otras como las artes, que han quedado para un grupo selecto.

Pero Janis, una joven seria desde su mirada, no ha dejado que el entorno social se consuma sus sueños. Pese a su condición económica y a las dificultades familiares, ha mantenido viva la idea de ser directora de orquesta.

—A los cinco años estaba viendo un concierto de una orquesta en la televisión, y ahí descubrí qué quería ser.

Desde esa edad sus padres la apoyaron, destinaron un porcentaje de sus ingresos para pagarle a la señora Ernestina López, para que fuera su tutora, aunque solo pudieron pagar por sus servicios un año, pero ese tiempo fue suficiente para que la chispa y el amor por la música se fortaleciera. Sus padres, que le patrocinaron este deseo, siempre buscaron la manera de continuar la formación musical y por fortuna en sus años de educación primaria recibió clases de flauta dulce y cuando pasó al bachillerato la matricularon en el INEM del Poblado para entrar a un grupo de música.

Ella se define como una persona de pocos amigos. La han tildado de creída y de “rara” y ciertamente Janis tiene un aire muy peculiar. Podría decir a primera vista que es fría y distante, pero con una leve sonrisa que endulza el trato. Cuando camina pareciera que no se sintiera de ese lugar que habita, aunque habla con cariño de su barrio; lugar que también le alimentó su deseo de ser directora de orquesta, porque cerca, en la Biblioteca de Belén Las Playas pudo seguir estudiando música, y allí aprendió a tocar el violonchelo.

Su abuelo materno, un hombre al que admira pese a no haberlo conocido, dejó al morir la propiedad donde vivían sin repartir y sin legalizar. Los problemas de sucesión agrietaron la relación familiar. Los padres de Janis ahorraron por años para hacer las escrituras de la propiedad pero cuando ella tenía 16 años, su padre las abandonó, y con él se llevó los esfuerzos y la posibilidad de solucionar ese viejo problema, por el cual fueron desplazadas de su casa ella y su madre, Cecilia Hernández, quien sin importar nada, asumió la crianza, la formación y la búsqueda de ese sueño que antes había alimentado con su esposo.

Los días de Janis fueron especialmente ocupados por la música y su estudio. Ella la pasaba entre instrumentos musicales y pentagramas, más que entre sus amigos, juegos y calles de su barrio. Con el abandono de su padre, la realidad económica desbordó por primera vez sus aspiraciones de convertirse en directora de orquesta, y consiguió trabajo a los 16 años haciendo decoraciones con icopor, y desde esa fecha y aún sin graduarse siguió trabajando en otros oficios como la estampación.

Janis ahora vive en la casa que les arrendó una amiga de la familia, y allí recuerda que en diciembre de 2016 tuvo su peor experiencia como trabajadora. “Un sábado de diciembre me fui a trabajar vendiendo ropa en el centro de Medellín y desde el momento en que llegué sentí ganas de regresar a mi casa, pero al final aguanté el día”. A la joven no le gustó ese trabajo pero pensó quedarse y seguir hasta el otro sábado, porque necesitaba cubrir algunos gastos, pero ese día coincidió con su ceremonia de grados de una carrera técnica, y después de avisar el motivo de su ausencia, no regresó a ese oficio.

Tuvo que pasar, junto a su madre, numerosas dificultades económicas, sin embargo, ellas no dejaron apagar la llama, ni desistieron en su lucha. Janis se presentó a la licenciatura en música de la Universidad de Antioquia… y no pasó la prueba del instrumento; meses más tarde se postuló a la beca ANDI en la universidad EAFIT, pero para su sorpresa, un punto en una materia en las pruebas del ICFES le negó una vez más la oportunidad de estudiar formalmente la carrera de Música con el énfasis de Dirección.

Parece que el azar se ensañara en hacer imposible la consecución de sus metas a estas dos mujeres previsoras y tenaces, que por su desgracia han quedado lejos de todo beneficio, por un número que las clasifica y las ubica como personas sin necesidades económicas, igual que a 17 millones de colombianos más de la clase media.

Por ahora Janis y su mamá no abandonan los sueños, pese al olvido del Gobierno, de su familia y de su padre. Ellas buscan cualquier resquicio para lograr dignamente sus metas, se aferran a cualquier oportunidad, sin pasar por encima de nadie, y esperan que prosperen sus demandas legales y les devuelvan lo que les han quitado: la batuta de sus sueños.

Desde el 8 de diciembre de 2016 se han registrado varios derrumbes en la ladera periférica del vaso Las Azucenas, que hace parte del basurero en el predio de Villa Karina, ubicado en el municipio de Calarcá, Quindío. Por este motivo se encuentra cerrada la vía que une la variante de Chagualá cerca al municipio de Calarcá, con La Nubia en Salento. Los habitantes se han visto obligados a buscar vías alternas y a cruzar por el municipio de Salento para conseguir llegar al poblado y realizar sus diligencias. Por suerte estos derrumbes en la vía aún no cobran vidas humanas.

Ambientalistas del municipio de Calarcá y campesinos de la zona han presentado fuertes denuncias debido al mal manejo que se le han dado a los lixiviados que de allí brotan y que provocan impactos ambientales serios como la sequía de varios nacimientos de agua que existían antes de la construcción del basurero y de su vertimiento a las quebradas; el riesgo de que la infraestructura colapse y que todos los desechos terminen en la quebrada Agualinda y la Duquesa, afluentes del río Quindío; y el posible represamiento del caudal de la quebrada El Crucero, ocasionado por el movimiento de tierra desde la base del borde norte del vaso Villa Karina. Al respecto, Enrique Díaz, campesino de esta zona, denunció que este riesgo de represamiento del caudal de la quebrada puede arrasar con su vivienda ubicada a unos metros de allí.

Por otro lado, la emisión de fuertes gases a la atmósfera genera molestias respiratorias para los campesinos, quienes desde que inició el proyecto han realizado denuncias sobre el mal manejo de este tema. A todo lo anterior se suma la desvalorización de los predios y la acidificación de los suelos.

María Rubenia Londoño López, presidente de una de las Juntas de Acción Comunal, se ha encargado de enviar reiterados derechos de petición al director de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ). En el último, enviado el pasado 8 de junio de 2016, manifestó: “Solicito dar respuesta definitiva a la Resolución No. 130 de febrero de 2003 otorgada a la entidad Multiproposito. (…) Desde el momento y de acuerdo a sendos derechos de petición que las veredas afectadas han remitido a su despacho, así como en reuniones, (…) en el consejo municipal de Calarcá, usted, manifestó, que debía tomar una decisión”. El tiempo se cumplió y no hubo solución.

El director de la CRQ dijo al respecto: “La respuesta definitiva a la Resolución No. 130 de febrero de 2003 que otorga a la empresa Multiproposito S.A., para la construcción del parque Ambiental Villa Karina, nos permitimos consignar los siguientes comentarios: el proceso en mención viene siendo tramitado bajo las indicaciones señaladas en la Ley 1333 de 2009 la que contempla que se debe de pasar por una serie de etapas como la indagación preliminar, iniciación del procedimiento sanitario, notificaciones(…), el artículo 24 de la Ley 1333 de 2009 señala: La autoridad ambiental competente, procederá a formular cargos contra el supuesto infractor de la normatividad ambiental de hallarlo culpable”.

Luego de conocer esta respuesta, el ambientalista Néstor Ocampo, director de la Fundación Ecológica Cosmos de Calarcá, manifestó de forma pública que “tanto la empresa Multiproposito S.A. y la Corporación Autónoma Regional Quindío (CRQ), insisten en afirmar que los deslizamientos no tienen nada qué ver con el basurero Villa Karina, siendo entonces un claro intento por ocultar la gravedad de lo que está ocurriendo”.
En este momento la CRQ continúa revisando cada una de estas etapas, que en total son quince. Y hasta que sea terminada esta revisión, no se podrá proceder a cerrar definitivamente el relleno sanitario, y a sancionar a la empresa Multipropósito y su principal accionista Jorge Arturo Sanabria.

El ingeniero Edison Vélez Higuita, gerente de la empresa Multipropósito dio una declaración al periódico local La Crónica en la que señaló: “El derrumbe hace parte de un movimiento de tierra que se había presentado hace algunos días, pero eso de que se tapó un nacimiento de agua no es cierto. Los nacimientos no se tapan. El nacimiento que está en ese punto no se había tocado nunca. Incluso hace algunos años atrás se había construido un muro de contención para mitigar un posible deslizamiento en la zona”. Además explicó: “Lo que pasó fue que por las lluvias fuertes de los últimos días el terreno se saturó y propició el movimiento de tierra, el cual atendimos en un trabajo conjunto con la secretaría de Infraestructura de Calarcá, quien puso a disposición la maquinaria necesaria para dar paso en la vía”. Sin embargo, los deslizamientos continúan y la vía se encuentra cerrada.

Así nace el basurero en Villa Karina
Para el año 2001, el departamento sufría una crisis sanitaria, y no contaba con un lugar óptimo para verter los desechos generados por los habitantes. El primer territorio que se pensó como viable, estaba ubicado cerca al Mariposario en el municipio de Calarcá. Pero por problemas jurídicos en la compra de los predios, no se concedió el permiso ambiental para la construcción del relleno sanitario a cargo de la empresa Multipropósito, denominada en ocasiones por los habitantes afectados, producto del malestar e inconformidad, como “Mugreproposito”. Para el siguiente año, la empresa compró la finca Villa Karina, y allí inició la construcción de lo que sería el primer vaso del relleno sanitario exclusivo para el municipio de Calarcá, bajo la Resolución 130 del 2003, por medio de la cual se le otorga la licencia ambiental para la construcción y operación del sistema de manejo y tratamiento del municipio; pero años más tarde se convirtió en el vertedero de todo el departamento y departamentos vecinos.

Cuando se inició la obra, la empresa le prometió a la comunidad la construcción de un Parque Ambiental, una Planta de Compostaje y algunos cultivos de heliconias, en compensación a las molestias que causaría durante los siguientes 12.4 años. Pero desde entonces, la empresa ha realizado diferentes jugadas cuando caducan los permisos y la contratación, para la obtención de las licencias ambientales y el diseño de las medidas preventivas conforme a la ley y lo que estipula la Resolución 518 de marzo de 2014. Los habitantes temen verse obligados a dejar sus tierras, porque según estudios de una ingeniera especialista en sismología, el terreno se encuentra ubicado en una zona que presenta fallas geológicas, lo que aumenta la vulnerabilidad y el riesgo.

La CRQ, que fue quien le otorgó la licencia a la empresa Multipropósitos, igualmente ha sido quien la ha sancionado actuando como juez y parte. La falta de una posición clara frente a tan alarmante caso es lo que más afecta a la comunidad, pues dentro del proceso no ha sido posible conocer los estudios presentados por la empresa Multipropósitos S.A sobre vulnerabilidad por contaminación de lixiviados al acuífero, argumentando problemas por derechos de autor. La CRQ tampoco ha adelantado junto con las entidades gubernamentales las adecuaciones a los Planes de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PGIRS) y desconoce la problemática que se vive en el departamento, porque además, el relleno Andalucía, ubicado entre el corregimiento de Pueblo Tapado y la Tebaida, y que se está utilizando en este momento, presenta también fallas graves y su vida útil ya se cumplió, por lo que la comunidad está frente a una grave y posible emergencia sanitaria y un eminente desastre ambiental.

Dentro del análisis y acompañamiento jurídico realizado por la abogada ambiental, Johana Suarez, a las comunidades vecinas del relleno sanitario Villa Karina, en las veredas el Crucero, Buenos Aires, Chagualá y Palo Grande, se ha encontrado que en ninguna de las resoluciones que modificaron la Resolución 130 del 28 de febrero de 2003, se cambió la vida útil del proyecto, concluyendo que ésta ya se cumplió, y ni la empresa ni las autoridades gubernamentales han tomado las medidas necesarias para el manejo de los residuos en el departamento del Quindío. ¿Cuál sería entonces la solución, además de cerrar el relleno sanitario y sancionar a la empresa Multipropósitos S.A? ¿Quién es entonces el culpable, la empresa o la entidad ambiental que le otorgó en años anteriores la licencia para proceder?
En el año 2001 existía un serio problema con el manejo de los residuos sólidos, que hoy, 2017, todavía persiste, pero además, existen dos basureros en el departamento del Quindío, un crecimiento urbanístico desmedido y pocas soluciones para este problema ambiental, social y político.

Son las cuatro de la mañana de un viernes fresco y tranquilo. El croar de las ranas retumba en los caños, y el paso de las bestias cargadas de caña anuncia que este no es un viernes cualquiera. Es día de molienda en la vereda Buenos Aires de San Luis, y por eso Alba, Gonzalo, Tulio, Eliecer, Alfredo y otros cuantos campesinos más se disponen al trabajo en el entable, no sin antes equiparse bien con sus frascos de aguapanela, claro o jugo, que serán el sustento para parte de su jornada. Las cargas de caña ya están medidas y separadas. Son ocho en total, correspondientes a cada uno de los asociados de este entable comunitario llamado Grupo Asopanela. Uno de ellos arrastra el bagazo seco de la caña hasta la parte inferior del entable y empieza a llenar el horno, un subterráneo de unos 10 metros de profundidad sobre el que está el área de cocción. En minutos el bagazo empieza a arder, y así será durante toda la jornada, gracias al trabajo de este atizador que tiene como responsabilidad mantener el fuego constante para que puedan hervir los jugos hasta convertirse en panela.

Alba, en su labor de minguera, empieza a arrastrar las cargas de caña hasta el sitio dispuesto para que Alfredo, el metecaña, pueda levantar los manojos con más facilidad y enseguida convertirlos en guarapo al atravesarlos con fuerza por el motor, que no dejará de rugir sino hasta entrada la noche. A través de un conducto los jugos llegan hasta la primera paila, y mientras empiezan a hervir, Tulio, quien a la vez cumple el papel de presidente de la asociación, retira con precisión las impurezas que flotan sobre el líquido. Así, el guarapo se va convirtiendo en miel rápidamente, y en ese proceso es transportado de una a otra paila. La primera tanda ya parece estar lista para ser libreada, por eso Rafael, para cerciorarse, echa en un balde con agua un poco de la miel espesa, que se endurece de inmediato al contacto con el agua. Este pedazo de dulce que llaman conejo es apetecido por uno que otro niño que se pasea alrededor del trapiche. Como el conejo ya anunció que la miel está lista, Rafael la traslada hacia la batea donde otros la revuelven durante un par de minutos para que seque y poderla vertir en los moldes. En cuestión de minutos salen hacia la bodega las primeras libras de panela y con eso se completa un ciclo de producción que los paneleros tendrán que repetir decenas de veces durante el día.

Poco conversan entre ellos. Sus esfuerzos están concentrados en la producción, aunque no falta, de vez en cuando, uno que otro chiste o recocha, al estilo de sus mejores épocas en la vereda, porque el regocijo y la tranquilidad no siempre los han acompañado. Este mismo lugar, donde hoy los paneleros encuentran su sustento, fue hace unos años parte del escenario de un conflicto que azotó a la vereda y obligó a muchos campesinos a salir, sin más en sus manos que una bolsa de panela y un puñado de miedos y esperanzas.

En el Oriente antioqueño se habían asentado grupos guerrilleros desde los años 70, pero solo a partir de los años 90 tomaron fuerza en muchos de los municipios de esta subregión, y para finales de la década, la escalada bélica y la mayor parte de los eventos armados se concentraron en el oriente lejano, en donde, según explica Clara Inés García en su libro Geografías de la guerra, el poder y la resistencia, San Luis fue el municipio más afectado por mayor número de eventos armados y por la disminución del ingreso económico. En este contexto, Buenos Aires resultó ser un territorio estratégico sobre el que pusieron su interés los diferentes actores armados, por su ubicación limítrofe entre San Luis, Granada y San Carlos.

Sobre esto, e intentando que su voz no sea enmudecida por el fuerte sonido del motor, Alfredo cuenta que “estaba uno por ahí trabajando cuando vio que entraron personas como distintas y forasteras a la vereda, y les ve uno como armas, y de ahí para allá fue que empezamos a ver gente armada en la vereda, iban entrando, y al principio no se vio como tan alta la violencia, ya a lo último sí fue como más tremenda la guerra. Aquí primero fue el ELN, después llegaron las FARC. Ya cuando fue más problemático, fue cuando entró la fuerza pública, el Ejército, y dicen que habían entrado también de pronto las Autodefensas. Ese fue como el tiempo más difícil, cuando se juntaron todos y la guerra brava en el 2000”.

La llegada de los actores armados a Buenos Aires significó para la comunidad perder su tranquilidad, y renunciar a muchas de sus prácticas cotidianas, bien por el miedo o bien por las amenazas y prohibiciones directas que recibían. “Antes de la guerra era bueno, porque prácticamente uno podía andar a la hora que quisiera, podía hacer uno lo que quisiera con tranquilidad. En cambio ya cuando comenzó la guerra ahí sí es verdad que a las cinco de la tarde ya tenía uno que estar encerrado”, dice Tulio mientras agacha tímidamente la mirada y descansa su cuerpo en un tronco de madera ubicado al lado de las pailas hirviendo.

El día avanza en el entable y la mezcla del vapor caliente, el olor dulce y el sonido del motor se va haciendo más compacta cada vez. Se pierde entre las montañas y se convierte también en paisaje. Las acciones se repiten, y eso, tal vez, es lo que quisieron por años estos campesinos: que nada hubiera interrumpido su paso, su ritmo, su risa.

Eliecer es el ripiador y está pasando el bagazo fresco de un lado a otro, y mientras lo arruma sobre un costal de fibra, recuerda cómo los actores armados llegaban, casa por casa, pidiendo a los jóvenes ser colaboradores de cada una de sus causas. “Por eso, uno como campesino, con familia, con harto miedo, no le quedaba otra que irse. Vea, cuando eso salían esos buses de aquí llenos, eso era con gente empacada, parados, y uno aquí le daba verdad como nervios y como mucha tristeza. Yo bajaba y le decía a la señora, vea, ahí se fue fulano de tal, perano, ahí iban en el bus, y eso daba tristeza, eso ya de día en día esto bien solo. La gente se iba y dejaba esas casas así abiertas, no le importaba dejar televisores, camas, neveras, licuadoras y fogones hasta prendidos, y se iban a cualquier hora del día, iban saliendo… cuando anochecía o amanecía. Y era gente buena, no era sino por el temor que si no colaboraban los mataban, o los llevaban obligados, entonces por ese motivo es que la gente se perdió toda”, termina diciendo Eliecer, a la vez que toma impulso para arrastrar la carga de bagazo.

El sol del mediodía empieza a arder en Buenos Aires. También, las mujeres van llegando hasta el entable con una ollita de comida y la recarga de bebida para sus esposos e hijos que llevan horas sin parar sus trabajos. Por eso, mientras comen, ya son ellas las responsables de ripiar, meter la caña, limpiar el guarapo, etc. El espacio, entonces, se torna más familiar y lleno de entusiasmo. Las familias allí se conocen, se ayudan y tejen lazos fuertes entre ellas, porque saben que además de protegerse, deben conseguir su sustento todas por igual, y que del trabajo de cada una depende la economía de todos.

Y esto es y fue así incluso en los momentos más difíciles, porque como cuenta Tulio, a quien el sombrero y su cabeza gacha le tapan la mirada, “cuando la guerra, uno sabía que debía estar ahí buscando el sustento para la familia. Que si de pronto uno caía le dañaba el proceso a los demás para trabajar. Si alguno de la vereda se perdía, nosotros íbamos y hablábamos con ellos donde estuvieran, que nos los devolvieran. ¡Claro! Vea por ejemplo, este muchacho ahí se le llevaron un cuñado y ahí arriba fuimos y hablamos por ellos, ¿qué tuvieron que hacer? Largarlo, porque ya se veían que estaban cogidos, porque como fuerza pública no podían hacer eso; claro que muchos lo hicieron, pero ya fue porque así les aumentaban el sueldo o les daban más vacaciones”.

Mientras en el entable la producción del día continúa en marcha, Ernestico, uno de los habitantes más antiguos de esta vereda, está sentado en el corredor de su finca mirando al frente, hacia las montañas. Aunque poco recuerda los sucesos recientes, habla con detalle y propiedad de los hechos que marcaron su vida y la historia de la vereda: “Yo estaba moliendo allí un viernes, cuando por ahí como a las cuatro de la tarde sentimos un candeleo en el Chocó y nosotros: “se metió la guerrilla”. Preciso, al otro día me voy yo por allí a vender el dulce, cuando la razón que sí, que sí, que habían matado un poco de gente, como por desconfianza. Eso iban unos gentíos con unos caballitos que no se veía sino carga, eran tapaos de carga de panela. Subimos a una casa y había como otro carrao, toda esa gente de por allá desocupó, porque esa noche eso estuvo muy fuerte allá, eran velando la gente pues que hasta en la ramadas, ¡ah, jueputa! Y se fueron, desocuparon todo eso. Dejaron por ahí gallinas, marranos, hasta ganado dejaron”.

Con un suspiro, Ernestico interrumpe el relato, como tratando de recordar para no dejar ningún detalle por fuera, y continúa: “Al otro día, al domingo, de San Luis mandaron cuatro carros pa' llevarse la gente de por aquí. Entonces ya era allí subiéndose la gente. Ese día se llenaron esos carros y salieron, pero de por allá arriba los hicieron volver. Ahí estaba la guerrilla, ahí abajito de ese motor estaba la guerrilla, y que no dejaban pasar sino los que fueran como a mercar y a volver con el mercado, que los demás pa' las casas. Y así fue. Ya no dejaron sino ir un carrito. Y las volquetas, una la quemaron ahí en el Chaquiro, y otra como estaba nueva les dio pesar quemarla, esa sí la dejaron seguir pa' San Luis”.

Y como relata Eliecer al referirse al mismo suceso, “esa fue la manera de quedarse esto solo”, porque la gente, como pudo, se fue toda hasta los cascos urbanos de San Luis, Granada y San Carlos, o hasta Medellín. “Ellos no querían que nadie saliera, porque era un escudo pa' la guerra. Pero la gente por miedo se fue, porque uno ver tantos aparatos dando candela por encima de uno... eso da miedo”, complementa Alfredo, con la vista concentrada en meter la caña al motor, como perdido en sus recuerdos. Y es que Alfredo, como muchos en esta vereda, a pesar del temor a perder todo, se fue para San Luis. Sacó su neverita y se fue, aunque sabía que si se iba a ir no podía llevarse nada, “uno tenía que irse, desplazarse como calladito más bien, sin mucho equipaje, porque si se daban cuenta lo atajaban”.

Así fue que el rugir de los entables paneleros perdió su fuerza; el dulce olor que se sentía en las montañas empezó a evaporarse en medio de la guerra y los caballos subían cargados, pero no precisamente de caña. No era fácil para nadie desprenderse del único lugar donde obtenían su sustento, donde se sentían parte de algo y como paneleros dignificaban día a día su labor. Este periodo de desplazamientos masivos significó el abandono casi total de toda práctica, y además de la producción de panela, se detuvieron otras actividades como la siembra de café, maíz y plátano.


Eliecer nunca se fue de la vereda, por eso, con más razón, repite mientras sigue arrastrando el bagazo, que la guerra es una cosa muy verraca. “Yo salía pal pueblo con la panelita y a mercar, porque aquí no dejaban traer mercado, y ese gentío por ahí en las aceras, gente conocida que uno sabía que vivían era por aquí, y por la noche se iban para esos albergues a dormir amontonados, entonces uno la pensaba, uno decía no, qué desconsuelo. Pero así era la vida, uno aquí venía y decía que qué desconsuelo uno por allá, y uno se iba para el pueblo y le daba miedo venirse para acá, de saber que uno llegaba aquí y ahí mismo cogían a investigarlo a uno, usted a qué fue al pueblo, qué estuvo haciendo, a quién vio por allá… eso era muy maluco”.

De hecho, no solo Buenos Aires sino todo San Luis registró un nivel de desplazamiento tres veces mayor al del Oriente antioqueño. Del total de la población de esta subregión (529.977, según cifras del Dane en el 2005), se desplazaron 107.317 personas, equivalentes a un 20.2%, lo que para San Luis sería aproximadamente un 60% de población desplazada. Según lo manifiesta Julián Duque Aristizabal, personero municipal de San Luis, “Buenos Aires era primero un corregimiento, y pasó de ser corregimiento a vereda ya que la guerra hizo desplazar a sus habitantes hacia otras partes del territorio nacional”.

La luz del día empieza a agotarse, igual que la energía de estos campesinos que llevan ya 14 horas convirtiendo en panela la caña que por meses cultivaron. A las seis de la tarde Alfredo pasa el último manojo de caña por el motor y de inmediato lo apaga. Camina hasta la bodega para ver el arrume de panela correspondiente a su carga, pero las noticias no son muy gratas. Es poca panela para tanto trabajo. Sin embargo, renueva sus ánimos y empieza a empacar las bolsas, cada una con 24 pares, y por la cual le pagarán aproximadamente $35.000. Aunque parezca poco, se trata de un ingreso estable, mucho más si se compara con aquella época de violencia, entre 1997 y 2004, cuando incluso el ingreso económico municipal estuvo diez veces por debajo del de otros municipios de la subregión.

Eliecer se limpia el sudor de la frente, y mientras empaca sus bolsas de panela igual que Alfredo, cuenta que “muchos regresaron, otros vendieron por allá mismo las propiedades, y ya vino también fue gente de Medellín a trabajar y así...”. En esa época, la difícil situación económica por la que atravesaban los campesinos hizo resurgir el valor del trapiche, puesto que muchas personas después de desplazarse para otros cascos urbanos, volvieron a la vereda porque no encontraron qué hacer. Además su vida había girado en torno a la caña, y así supieran o encontraran la forma de hacer algo, sus habilidades y motivaciones estaban arraigadas a lo que les posibilitaba el trapiche no solo como actividad económica, sino como forma de tejer lazos sociales.

Así, desde su acción cotidiana emprendieron una resistencia a la imposición de la guerra. Los constantes llamados de la población civil apaciguaron los combates, y las mismas confrontaciones atenuaron la presencia de los actores armados en el territorio. Entonces, tras años de ser un fortín de la guerra, las acciones militares disminuyeron en Buenos Aires y una tensa calma empezó a reinar.

Aunque ya no hay fuego en el horno, ni miel en las pailas, el calor emanado durante todo el día sigue acompañando a estos campesinos en las últimas acciones de molienda. Terminan de empacar las cargas y algunos las llevan hasta la casa de Enrique, un antiguo asociado que vive a bordo de carretera, desde donde despachan hacia el pueblo su producción. Son las nueve de la noche. Todos se despiden, recogen sus cosas, y cierran con candado la puerta del entable. Caminan hasta sus casas, donde pasarán tranquilos una noche más en la vereda. Esta vez, ningún actor armado va a interrumpir sus sueños.

Colombia está llena de precandidatos presidenciales. Fijos se cuentan casi veinte, aunque varios analistas –Daniel Coronel es el principal– hablan de alrededor de treinta. Unos han sido más claros y visibles en sus aspiraciones, otros quizás no desean llegar hasta la presidencia, pero sí medir sus fuerzas y hacer sonar sus nombres en la contienda, y algunos, más pragmáticos, prefieren hablar de convergencias y alianzas. El punto es que desde ya se reflejan los primeros movimientos de campaña, agregando a eso que los medios empiezan a escribir sus noticias con el enfoque de las elecciones del próximo año.

Varias situaciones son características del ambiente: la aparición constante de precandidatos, una izquierda atomizada, un remezón en el Gobierno, la próxima salida del vicepresidente (que ya tiene reemplazo), y las primeras opciones de alianzas que se empiezan a dibujar.

Se agita el Gabinete
Varios son los ministros y funcionarios del Gobierno que tienen intenciones de reemplazar a su jefe. El primero es el Ministro de Interior, Juan Fernando Cristo, que no se ha ido por ser el encargado de defender las principales reformas del Proceso de Paz en el Congreso, pero que quiere pelearse el cupo entre los liberales. El segundo es Aurelio Iragorri, Ministro de Agricultura, que quiere representar al Partido de la U en las elecciones. El tercero es Mauricio Cárdenas, Ministro de Hacienda; el mismo de la reforma tributaria, los desfalcos en Ecopetrol, y la venta de Isagen. Además, está Clara López, jefa de la cartera de trabajo, quien ya inicia sus primeros movimientos para salir del gabinete y entrar en forma en la batalla electoral.

A ellos se les suma un diplomático y un director administrativo. Juan Carlos Pinzón, antes Ministro de Defensa y hoy embajador en EEUU, y Simón Gaviria, Director Nacional de Planeación (conocido por haber firmado, cuando era congresista, nada más que una Reforma a la Justicia sin haberla leído).

Vale mencionar que todos ellos, como funcionarios del Gobierno de Santos, fueron los artífices de muchas de sus reformas, políticas y proyectos en contra de las gentes más desfavorecidas. Es difícil esperar que tengan posturas o propuestas distintas a las que impulsan desde sus puestos de trabajo, enfocadas en favorecer a los grandes sectores económicos y a las transnacionales.

¿Cuál será el candidato del Presidente?
Con tantos candidatos entre sus ministros, en su partido, y en la Unidad Nacional, la pregunta que aparece es quién será el “bendecido” por el presidente y recibirá su apoyo. Humberto de la Calle fue el que primero se mencionó como el preferido de Santos. Su paciencia, su experiencia y su liderazgo en el Proceso de Paz, hizo que sin él pronunciarse directamente –o refiriéndose al tema con su ya frase comodín “cada día trae su afán”–, sectores políticos y medios de comunicación empezaran a nombrarlo precandidato. A De la Calle lo apoyan sectores académicos, organizaciones y una facción del Partido Liberal.

Otro de los mencionados como posible ungido del Presidente es Juan Carlos Pinzón. Iniciando febrero, por medio de la Silla Vacía, se supo que en una reunión privada que tuvo el Presidente con varios de los más importantes congresistas del Partido de la U, éste hizo saber que le agradaba la idea de que el embajador participara en la consulta interna. Pinzón, uno de los funcionarios más cercanos al Presidente, se caracterizó por su férreo talante como Ministro de Defensa, aunque más en contra de la protesta social, e incluso del Proceso de Paz, que de las organizaciones delincuenciales.

Los verdes y su alianza anticorrupción
Una constante, desde ya, son las llamadas alianzas. Varios precandidatos empiezan a moverse y a juntarse con otros. Esto se da por dos cosas. Primero para competir contra los más fuertes; muchos hablan de la gran probabilidad de que o Germán Vargas Lleras o el candidato que represente al uribismo pase a la segunda vuelta. Y segundo, por haber hallado propuestas o enfoques en común. Una alianza que se menciona desde ya es la conformada por los precandidatos del Partido Verde (Claudia López, Sergio Fajardo, y Antonio Navarro), con Jorge Robledo y su movimiento. Esta alianza puede sonar dispar, empezando por discursos propios de los candidatos; un ejemplo es que Claudia López y Sergio Fajardo hablan constantemente de “defender el mercado”, refiriéndose a la necesidad de expandir el modelo económico y de llevarlo a las regiones (idea en la que insistió mucho la congresista en las discusiones del plebiscito), mientras que Jorge Robledo, por el contrario, es defensor de un cambio estructural en la economía del país.

Esta alianza, a la que también se invitó a Clara López, tiene como enfoque el tema de la corrupción que se ha convertido en lugar común por estos días, y mucho más a raíz de los escándalos por los sobornos de Odebrecht (empresa de Brasil que admitió en ese país y en Estados Unidos que había sobornado burócratas en todo el continente para conseguir contratos), y que ya salpica la campaña presidencial del hoy presidente y de Oscar Iván Zuluaga.

Germán Vargas, con ventaja entre los candidatos
Si de alguien se ha dicho que tiene intenciones de ocupar el primer cargo del país, es del vicepresidente. Tempranamente se le empezó a mencionar como un candidato claro de la contienda.

Si alguien tiene ventajas en tiempos de campaña es quien ostenta un cargo con visibilidad pública, como la vicepresidencia; a modo de ejemplo, en este último mes que trabajará como vicepresidente, Vargas Lleras recorrerá nada más que 100 municipios inaugurando obras de infraestructura. Por ello se le ha criticado, por aprovecharse de la labor que le encomendó el Presidente de encargarse de la gestión de los proyectos de vivienda, infraestructura y acueductos, para hacer campaña política. También se le ha criticado por hacer parte del Gobierno y a la vez mostrarse como alguien en desacuerdo con sus políticas (es clara la estrategia de mostrarse alejado de las medidas más impopulares de éste); pasó con el punto sobre justicia del Proceso de Paz, pasó con la Reforma Tributaria, y pasa ahora que intenta desmarcarse, a través de comunicados, de los escándalos por corrupción que afronta su jefe.

Vargas Lleras es un claro representante de la clase política colombiana, no solo porque su familia tuvo dirigentes en los más altos cargos del Estado, sino por lo camaleónico de su comportamiento político.

Iniciando febrero se supo que ha ofrecido el puesto de vicepresidente para su campaña a tres políticos de tres partidos distintos; a Simón Gaviria del Partido Liberal, a David Barguil del Partido Conservador, e incluso, a quien es uno de los más representativos senadores del Centro Democrático, el también precandidato, Iván Duque.

Los movimientos del uribismo
Así como en los otros partidos y sectores políticos hay movimientos con miras a las presidenciales, en el uribismo ya se empiezan a conocer tanto los nombres de los posibles candidatos, como las intenciones que tienen (ya se le oyó a José Obdulio Gaviria hablar de, en caso de que su partido llegue al poder ejecutivo, poner al Acuerdo de Paz y sus reformas “en discusión nuevamente”).

A Oscar Iván Zuluaga ya se le descarta de la puja dentro del Centro Democrático por estar involucrado en el escándalo de Odebrecht, entidad que presuntamente le pagó a un asesor para que trabajara en su campaña. Mientras que Iván Duque ya está armando el que sería su equipo de trabajo, con quien peleará contra Carlos Holmes Trujillo y los otros aspirantes de su partido.

Por su parte, el sector conservador más cercano al uribismo también inicia su ritmo de trabajo electoral. El exprocurador Alejandro Ordoñez, que por sus críticas al Proceso de Paz –y quizás también por estrategia política– se juntó con el Centro Democrático en la campaña del “no”, ya habla y se abandera de la lucha anticorrupción (como si no lo hubieran sacado precisamente por un hecho de corrupción: por haber ofrecido puestos para llegar a la procuraduría) y ya se le ve compartiendo con uno de los sectores en los que más se hizo popular, tras las discriminatorias marchas por las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación: los cristianos. Por su parte, Marta Lucía Ramírez, quien quedó más empoderada luego de su apoyo a los sectores del “no” en el plebiscito y que también es cercana al uribismo, volvió a tomar la palabra en los encuentros del Partido Conservador, y ya se dice que está en plan de disputarse el aval de su partido con David Barguil y Mauricio Cárdenas, que son líderes conservadores mucho más cercanos a Santos.

Los caminos de la izquierda
Si bien se ha dicho que los pasos que está dando el país para separar la política de las armas pueden ayudar a fortalecer a la izquierda, y que por ende ésta se debe organizar, unir, y se debe volver competitiva, el escenario no se ve de tal forma. Por el contrario son varios los candidatos de izquierda que hablan de cambio y de una gran convergencia, y que aun así se muestran sectarios y se cierran a los demás.

Entre los candidatos de izquierda están: Gustavo Petro, que a pesar de los procesos legales que tiene en su contra no ha dejado de mostrarse como candidato; Piedad Córdoba, que a inicios del presente año, y tras una visita a Cuba por la muerte de Fidel Castro, dejó saber su intención de ingresar a la contienda; Clara López, que aspira liderar una gran convergencia por la paz; y Jorge Enrique Robledo, que con ayuda de los líderes de su partido ya es candidato oficial.

Por su parte, las FARC insiste en la necesidad de un “Gobierno de transición”, cuya propuesta fue expresada por su jefe máximo, Rodrigo Londoño Echeverry: “Destacamos la importancia que tendría para el país la conformación de un gobierno de transición cuyo propósito fundamental sea el cumplimiento cabal de los acuerdos de La Habana, el cual debería estar integrado por todas las fuerzas y sectores que han trabajado sin tregua por ello”, expresó Timochenko.

Lo cierto es que frente al camino que debe tomar la izquierda, son más las divisiones que los encuentros. Tal es el caso del principal partido de esta tendencia que tiene el país: el Polo Democrático.

¿Qué pasa en el Polo?
En el partido de izquierda formado hace poco más de diez años con la intención de unificar las fuerzas políticas de este sector, no han faltado, paradójicamente, las divisiones. En el año 2016 fueron varios los hechos y situaciones que las hicieron incrementar: la imposibilidad de escoger a los directivos, las disputas para conseguir su presidencia, y la designación en abril de la expresidenta de la colectividad, Clara López, como Ministra de Trabajo. Al final, llegaría el que sería el mayor asunto de disputa interna en el partido, esto es, la posición a tomar con relación a la etapa electoral que se avecina.

Los rostros de la contienda
Dos son los rostros que sobresalen en la división actual del partido, dos los caminos que se quieren recorrer. Jorge Enrique Robledo por un lado y Clara López por el otro. Y con ellos dos fuertes facciones del partido entran en división: el Moir y el Polo Social. Los primeros, el grupo al que pertenece Robledo, apoyan la idea de una candidatura que busque, ante todo, un gobierno realmente diferente, que cambie el modelo neoliberal. Y los segundos, el grupo de López, tienen como principal prioridad la implementación de los acuerdos de paz y sus respectivas reformas.

Cabe mencionar que ambos líderes ya empiezan a moverse dentro de las dinámicas electorales. En octubre de 2016, 20 meses antes de las elecciones presidenciales, Robledo anunció a través de una carta su intención de ser candidato. Que haya anunciado dicha intención desde tan rápido no es algo novedoso; muchos otros están moviendo sus fichas y trabajando con miras a la presidencia desde antes. Lo nuevo es que haya sido el primero en hacerlo público.
Pero Clara no se queda atrás. La facción política del Polo de la que hace parte, ya la nombra como “la próxima presidenta”, y desde ya se anuncia su próxima salida de la cartera de trabajo.

¿El Comité Ejecutivo Nacional está con Robledo y las bases del partido con Clara?
El pasado 16 de enero el Comité Ejecutivo Nacional, con una votación de 18 contra 12 –incluyendo votos que no se esperaban como el del presidente del partido Álvaro Argote, el excongresista Jaime Dussán, y el exsenador Antonio Peñalosa–, expidió una resolución que para muchos inclinó la balanza de parte de Robledo.

Entre otras disposiciones, resolvió que los aspirantes a representar al partido como candidatos a la presidencia tenían hasta el 31 de enero para inscribirse en la Secretaría General. Robledo lo hizo, Clara no. Ahora él se perfila como el único aspirante del partido, y de ella se dice que de no poder ser candidata de éste, participará a través del mecanismo de recolección de firmas. Por su parte, Iván Cepeda, Senén Niño y Alirio Uribe exigen en el partido la realización de un nuevo congreso nacional, que sea quien elija la candidatura, lo que le daría a López una nueva oportunidad para ser candidata, e incluso, se dice, que la realización de dicho evento le daría ventajas y mayorías en el partido.

Por parte del Polo Social la respuesta ante esta resolución no se hizo esperar, y varias situaciones indican que la aspiración de Clara aún está viva. El mismo 31 de enero, en el Salón de la Constitución del Senado, varios miembros del Polo Social, encabezados por Senén Niño, Celio Nieves y el esposo de Clara, Carlos Romero, rindieron un homenaje a la Ministra por su labor en el ministerio y en pro de la paz. Llevaron carteles con su rostro, leyeron su hoja de vida, le dieron las gracias por su labor en la cartera de trabajo, gritaron consignas, y le pidieron, públicamente, que fuera candidata presidencial. Lo cierto es que ella ya empieza a sonar y a hacer públicas sus intenciones de ser precandidata, y de –como lo expresó en entrevista para Yamid Amat– liderar una gran convergencia con “la Izquierda y fuerzas alternativas en defensa de la paz”.

Los diálogos de La Habana entre el Gobierno y las FARC, dejaron enormes retos para el pueblo colombiano en su conjunto, producto de la necesidad de buscar caminos que consoliden lo acordado y lograr la paz estable y duradera tan anunciada, criticada y sobredimensionada en el espectro político nacional.

Sin lugar a dudas en medio de este fundamental reto uno de los puntos sustanciales que quedó por fuera –por lo menos de manera implícita– dentro de los acuerdos, fue el tema ambiental. Mencionado como palabra un par de veces en el documento final y olvidado como concepto, este punto resulta vital dadas las condiciones de desarrollo que se imponen en el país. Por ejemplo, en el punto de Política de desarrollo agrario se anuncia un necesario fondo de tierras de cerca de cuatro millones de hectáreas para ser repartidas entre campesinos; así mismo se anuncia que serán desafectadas tierras que fueron apropiadas en zonas de reserva forestal (y que dejarían de serlo) y la consolidación de zonas de reserva campesina (en las que no habría autonomía administrativa). Todos estos puntos son de vital importancia para el sector agropecuario en Colombia, tan afectado por una guerra de más de cincuenta años y por el despojo que ha dejado marcadas cicatrices en el mundo rural de nuestro país.

El problema en estos puntos radica en que no se logra dar una definición política concreta a las acciones a desarrollar en estas tierras y las zonas que quedan excluidas de su definición; por tal motivo y ante la ausencia de una necesaria aclaración, esas cuatro millones de hectáreas se pueden convertir en grandes monocultivos asociados a plataformas agroindustriales, que condicionarían la producción del campesinado, tal como ocurre en el Valle del Cauca y en el Norte del Cauca con la caña de azúcar. Así mismo el otorgamiento de esas tierras podría llegar a darse – pues no lo deja claro– en zonas ambientalmente estratégicas como fronteras en zonas de reserva forestal, por ejemplo, o en zonas de amortiguación ambiental.

Esta situación es agravada por las miles de hectáreas que fueron despojadas a familias campesinas por el paramilitarismo y el Estado en Colombia. Esas tierras vitales en procesos de reparación a víctimas y reforma agraria, quedan por fuera de escenarios de restitución, en gran medida producto de la presión que ejercen las grandes plataformas económicas, socios del paramilitarismo y dueños hoy de esas tierras despojadas. Por otro lado, también existe la duda sobre las zonas que no quedan definidas dentro del acuerdo, dado que estas pueden –contrario a las zonas de reserva campesina– convertirse en puntos de concentración de emprendimientos extractivistas.

Es claro que los acuerdos de paz entre el Gobierno y la subversión no pueden resolver los grandes conflictos que se ciñen en este país. Es un tema agudo que ciertamente requiere del debate y la participación de la sociedad en su conjunto para que se logre su real implementación, pero no deja de ser una preocupación en los procesos sociales puesto que configuran nuevos conflictos para quienes consideran que la paz ronda por un diálogo fundamental entre el hombre y la naturaleza.

Los procesos sociales, actores en conflicto para los que no hay paz
El Tolima se ha convertido en el epicentro colombiano de las luchas sociales por la defensa ambiental. La multiplicidad de movilizaciones, escenarios de formación y resistencia, han sido un motor importante para la defensa territorial y la resistencia a la entrada de hidroeléctricas, petroleras y emprendimientos de megaminería. Sin temores, organizaciones sociales como el Comité Ambiental en Defensa de la Vida, han resistido tratando de mostrar que en Colombia se está construyendo paz desde los territorios, con propuestas que parten del reconocimiento de la naturaleza como un sujeto de derechos.

Sobre estas organizaciones sociales, que históricamente han sido constructoras de procesos que tienen su germen en la búsqueda de la paz, no se puede dar hoy un parte de que se esté avanzando en caminos satisfactorios hacia la paz, ni que se avecinen tiempos mejores. Los proyectos hidroeléctricos en el norte del Tolima tienen acechados a los campesinos que luchan sin descanso para no permitir que privaticen el agua y ser despojados de sus tierras. Hacia el sur, indígenas y campesinos viven una enorme preocupación por la forma como han entrado múltiples empresas mineras e hidroeléctricas a apoderarse del Cañón de las Hermosas, custodiado históricamente por el Frente 21 de las FARC. Así mismo poblaciones como Cajamarca, Anzoátegui, Líbano y Santa Isabel, vienen luchando contra la adjudicación de su territorio para megaproyectos que van en contravía de las necesidades reales de sus comunidades, que son fundamentalmente rurales.

Varias organizaciones sociales articuladas en la Red Departamental de Comités Ambientales han manifestado que la preocupación por la salida del territorio de estos grupos subversivos, se ve reflejada por la acelerada agenda que adelantan gremios económicos, empresas y hasta el Gobierno Nacional; de hecho, el presidente Juan Manuel Santos, adelantó una visita en la zona el 10 de febrero del presenta año. Estos hechos, entonces, han acelerado la conflictividad entre comunidades, empresas, y el modelo de desarrollo del estado que va en contra de la riqueza ecosistémica de los tolimenses (que claman por consultas populares para resolver estos conflictos) y el país en general.

Las negociaciones con el ELN, el protagonismo para los procesos sociales
En una entrevista a Radio Nacional Patria Libre, Nicolás Rodríguez Bautista, alias "Gabino", expresó de manera enfática lo siguiente: "Decimos que la sociedad debe ser protagonista en los acuerdos, se requiere la participación de la gente, sino, no sirve; no hay proceso sin la sociedad, si las víctimas no son tenidas en cuenta", e hizo un llamado a los procesos sociales colombianos para que participen de este proceso de paz.

Este último aspecto es central dentro de la mesa de negociación que se instaló en Quito, Ecuador el 7 de febrero del presente año. De los seis puntos de negociación (Participación de la Sociedad en la Construcción de Paz, Democracia para la paz, Transformaciones para la paz, Víctimas, El fin del conflicto armado, Implementación), llama la atención el punto de participación de la sociedad, donde la mesa ha pretendido que sean los sectores sociales en conflicto quienes logren dar las pautas de cómo serían para ellos la paz en Colombia.

Los procesos sociales del país han hecho la tarea de sentarse a dialogar y buscar metodologías para recoger los propósitos de aquellas organizaciones que se encuentran en conflicto, y que son las convocadas a asumir la batuta de este proceso de negociación. A nivel nacional se adelantó un ejercicio participativo denominado 100 encuentros por la paz, y que organizó la Mesa Social para la Paz, en el cual, las comunidades, organizaciones y sindicatos se sentaron a manifestar los puntos que consideran sustanciales dentro de la búsqueda de un camino de paz para las y los colombianos.

Este aspecto resulta sustancial teniendo en cuenta los elementos que mencionábamos anteriormente, donde la población se encuentra alarmada por el incremento de megaproyectos que atentan contra la posibilidad de un ambiente sano para las presentes y futuras generaciones. Y se abre entonces una oportunidad para construir un proceso de paz desde los sectores sociales, que logre dar peso y protagonismo a las reivindicaciones ambientales que hoy resultan tan amenazadas en Colombia.

Los múltiples asesinatos a líderes de organizaciones sociales, la sobretitulación del subsuelo y de las fuentes de agua en los territorios y el abandono de comunidades campesinas por parte del Estado, son algunos de los varios elementos que deben llamar a rodear, fortalecer y propiciar caminos que conduzcan a que el pueblo colombiano alcance un país en paz, que defiende su riqueza ambiental y que logra construir en medio de las diferencias, sin matarse los unos a los otros.

Siria es un país que queda lejos de Colombia, pero no por eso tan diferente. Así a Sudamérica y al Medio Oriente los separe el Atlántico, África y Europa, los sirios también fueron colonizados por europeos, divididos y obligados a vivir construyendo una nación, que solo tuvo sentido con el paso de los años. Ellos han visto el rostro de la guerra a los ojos, así como nosotros lo hemos hecho durante décadas.

Aunque en los medios se diga que dondequiera que haya musulmanes, si nace un conflicto será por religión, esto no es cierto y Siria lo prueba. Sin ignorar que un día los franceses crearon una Siria con diferentes identidades (kurdos, suníes y chiíes) que se identificaban como tal antes de identificarse con el hecho de ser nacionales sirios, el problema nunca fue la diversidad. El problema realmente fue político y económico.

En 1971 llegó al poder Hafez Al-Asad mediante un golpe. Con el fin de cohesionar la población siria a punta de laicismo y panarabismo (movimiento político que busca la unión de todos los países de lengua árabe), montó un modelo de Estado autoritario de partido único; con Estado de excepción y ley de emergencia; y con persecución a kurdos y sirios con proyectos políticos islámicos.

Después de su muerte en el 2000, el poder se transfirió a su hijo Bashar, un oftalmólogo que vivía en Londres, puesto que el heredero, su hermano, murió en un accidente de tránsito. Por ser joven y criado fuera del país, los sirios tuvieron la esperanza de que grandes reformas fueran a suceder, pero Bashar decepcionó a su pueblo.

De 2001 a 2010, Estados de excepción, persecución a la oposición y políticas económicas neoliberales se encargaron de aumentar el nivel de frustración. La pobreza aumentó del 22% al 34%, creció la inflación, la desigualdad y el desempleo (20%). Además, la corrupción y el clientelismo de los Al-Asad llevó a que la familia ocupase los puestos más importantes del país.

En 2011, en el contexto de las Revueltas Árabes, en Dara, al sur, hubo manifestaciones pacíficas en muestra de solidaridad hacia sus hermanos árabes. Allí, unos niños de 15 años pintaron grafitis en una pared del pueblo pidiendo cambios; la respuesta de la Policía fue capturarlos y torturarlos. Sus padres fueron a la estación a pedir su liberación, pero los policías reaccionaron a las patadas y dispararon contra aquéllos que asistieron en solidaridad con las familias.

Las protestas por todo el país se activaron como un efecto dominó. El régimen ordenó a los militares que respondieran brutalmente en todo el país. A los soldados nacidos en Dara, se les responsabilizó de cubrir las marchas en Dara y así sucesivamente. Haga de cuenta que usted es soldado y nació en Bucaramanga. Hay revueltas allí, no importa el motivo, el Gobierno lo obliga a abrir fuego en contra de sus familiares, de sus amigos, y de sus vecinos con los que creció. ¿Usted lo haría? Hubo muchos militares que no lo soportaron, desertaron y crearon un grupo rebelde: El Ejército Libre Sirio. La guerra comenzó.

Poco a poco, para el mundo, la agenda local de los sirios fue injustamente reemplazada por la geopolítica; desde afuera se apoyaron a unos o a otros. Rusia, Irán y milicias chiíes entraron a la guerra para defender al régimen; miles de sirios siguieron el ejemplo del Ejército Libre Sirio y crearon sus grupos rebeldes, apoyados por Turquía y países del Golfo Pérsico como Arabia Saudita; y por supuesto, Occidente decidió bombardear el país. Nadie veló por los verdaderos intereses del pueblo sirio.

Al mismo tiempo, grupos radicales musulmanes migraron desde Irak para aprovechar el vacío de poder. De todo el mundo llegaron personas para luchar con el Estado Islámico, desplazando forzadamente, secuestrando inocentes y asesinando a quienes se opusieran. Además, los kurdos se armaron para defender el norte del país. El caos reinó –y reina– en Siria, convirtiendo al intercambio de balas en el pan de cada día.

Ahora bien, imagine que usted es sirio y quiere huir de la situación en la que se encuentra. Por un segundo, cambie el escenario sirio por las carreteras de Colombia. Piense que si se va hacia la Costa Atlántica, en el camino se va a encontrar con el Estado Islámico y si usted no está de acuerdo con ellos, lo matarán. Piense que si se va hacia los Llanos, el régimen lo verá como una amenaza y lo desaparecerán. Piense que si se va hacia el Amazonas, una bala perdida podría matarlo a usted o a su familia.

Siga pensando, por lo menos mientras lee estas letras, que es sirio. En Líbano, país vecino, ya no caben más de ustedes; en Irak la realidad es prácticamente igual; en Israel no lo querrán por musulmán; y en Jordania ya tienen suficiente con los refugiados palestinos. ¿Adónde se va usted? Para salvar su vida y la de su familia embarca un viaje por el Mar Mediterráneo para llegar a cualquier lugar de Europa. Sí, en Europa donde usted ve en las noticias que apalean negros en Francia por ser negros, que en Alemania neo-nazis persiguen a turcos para que se vayan, o que en España quieren echar a los latinos.

Esta guerra ha dejado alrededor de 6.5 millones de desplazados, 4.8 millones de refugiados y 450.000 muertos en solo seis años. Más del 50% de su población ha tenido que dejar su hogar y pareciera que Siria ya no existe. Piense en que usted nació en un país que casi ya no existe. ¿Usted qué haría? ¿Cuántas lágrimas de frustración derramaría al sentir que la vida no lo quisiera más? Aunque Siria prácticamente ya no exista, ¡los sirios sí! Siguen siendo de carne, hueso y corazón como usted o como yo.

Un día después del plebiscito las expectativas del mundo estaban puestas sobre las FARC. En un comunicado de prensa el comandante en jefe de esa guerrilla, Timoleón Jiménez, afirmó “La paz llegó para quedarse”, y reiteró la disposición de su organización para mantener el cese al fuego. Desde entonces el ritmo del debate político se aceleró y sucedió en menos de un semestre lo que no había sucedido en décadas; la sociedad se movilizó para defender su derecho a la paz, se renegoció y firmó un nuevo acuerdo, que luego fue refrendado por el Congreso de la República, y una vez el Gobierno obtuvo el visto bueno de la Corte Constitucional sobre el mecanismo de “fast track”, comenzó el trámite de las primeras leyes contenidas en el Acuerdo Final y con ello la denominada “Última marcha guerrillera de las FARC”. Pese a todos los obstáculos, la implementación comenzó y los retos para la consolidación de la paz, más allá del silenciamiento de los fusiles, también han salido a relucir.

La implementación en manos de la clase política tradicional
Al finalizar el año 2016 el Congreso aprobó la Ley de Amnistía para excombatientes y tratamiento especial para los militares. Con esto se abrió la puerta para las casi 50 leyes que deben aprobarse a más tardar a final de este año en Senado y Cámara. El reto de la implementación está ligado a las complejas dinámicas políticas que ha tejido por años el Ejecutivo con las diferentes ramas del poder.

Por el momento se han aprobado, además de la Ley de Amnistía, una reforma a la Ley Quinta para que “Voces de Paz”, agrupación ciudadana que defenderá el espíritu del Acuerdo, tenga voz sin voto en los debates del Congreso. También se encuentra en trámite la ley que crea la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP-, el proyecto que crea el Partido de las FARC y el proyecto que adiciona un artículo transitorio a la constitución con el propósito de dar seguridad jurídica al Acuerdo Final. Adicionalmente se han comenzado a crear las diferentes comisiones con composiciones múltiples, encargadas de construir los insumos para las leyes como la de reforma electoral, que contendrá el Estatuto de la Oposición, o algunas más técnicas como la encargada de la reincorporación a la vida civil de los guerrilleros. Este contexto parece evidenciar que la maquinaria del Gobierno ha funcionado de manera coordinada, sin embargo varias son las complicaciones que éste tendrá que enfrentar para sacar adelante la implementación total del Acuerdo.

La ineficacia estatal y su incapacidad de respuesta son el primer obstáculo que se presenta. Esto resultó evidente durante la construcción de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), por la dificultad que tuvo el Estado para llegar a los lugares más alejados de los centros urbanos, razón por la cual se demoró el arrendamiento, traslado de materiales y contratación para la construcción de los espacios comunes, lo cual requirió además que se hicieran adecuaciones en puentes y reparaciones de vías para poder acceder a estas 19 zonas y 7 puntos, en donde permanecerán durante la dejación de armas los integrantes de las FARC.

Otro ejemplo de esto es que desde agosto del 2016 la Fiscalía creó la Unidad encargada de la investigación y desmantelamiento de las organizaciones criminales, sucesores del paramilitarismo. En ese momento el Fiscal declaró: “En el día de hoy hemos creado la Unidad de Lucha contra el Crimen Organizado y contra quienes atenten contra los dirigentes sociales y defensores de derechos humanos. No vamos a permitir que haya impunidad frente a aquellos que levanten su mano como agresores contra quienes son gestores de paz”. Sin embargo, seis meses después ésta no ha arrojado resultados y se ha enredado su funcionamiento, mientras que el Fiscal General de la Nación se ha dedicado a lanzar dardos durante sus intervenciones públicas contra la JEP, haciéndole reparos como si aún continuara abierta la negociación entre el Gobierno y las FARC.

A este panorama hay que sumarle un obstáculo más grande que tendrá que sortear el Gobierno. Se trata de la notoria fractura de la denominada Unidad Nacional y la puja de intereses políticos de cara a las elecciones del 2018. Los partidos tradicionales que han apoyado la paz a cambio de las mieles del poder, se empiezan a desligar del Presidente, quien con una imagen desfavorable en las mayorías del país, es más conveniente como contendor que como aliado para la campaña que se avecina. El que ya empieza a tomar distancia es Germán Vargas Lleras, próximo a renunciar a la Vicepresidencia de la República para asumir de manera pública su candidatura a la Presidencia por Cambio Radical. Su salida marcará el final de la Unidad Nacional, lo que podría afectar el trámite de las leyes del Acuerdo Final en el Congreso. De apoyar y votar favorablemente los proyectos presentados por el Gobierno, Cambio Radical pasará a hacerlo dependiendo de los intereses de su candidato, quien no ha sido un defensor del Acuerdo, y por el contrario ha coincidido en críticas con el Centro Democrático. Este cambio podría poner al uribismo, que se ha relegado de las votaciones, a hacerlo negativamente.

Además de esto, algunas leyes generarán más reticencia en los actuales congresistas como por ejemplo una que toca directamente sus intereses, es decir, la de reforma política. Esta iniciativa no pasará en blanco y generará un nuevo debate frente a la necesidad de modificar el actual sistema electoral que se encuentra sustentado mayoritariamente en el clientelismo en las regiones.

Desmontar el paramilitarismo sin un reconocimiento estatal
Otro debate de fondo en el país es el problema del paramilitarismo en Colombia. En regiones como Catatumbo, Cauca, Nariño, Antioquia, y Urabá, se ha denunciado en los últimos meses el incremento de acciones armadas, amenazas y asesinatos por parte de actores armados ilegales, autodenominados como paramilitares. Y aunque su presencia en estos territorios no es nueva, las comunidades manifiestan temor a que tras la salida de las FARC de estas zonas, se fortalezca su accionar y control territorial, y se ponga en riesgo la consolidación de un país en paz, por el que han trabajado no solo líderes y defensores de derechos humanos, sino comunidades enteras que históricamente han sufrido el flagelo de la guerra.

De hecho, en el primer informe trimestral de la Misión de Naciones Unidas en Colombia, presentado ante el Consejo de Seguridad, como parte del Mecanismo de Monitoreo y Verificación aprobado en el Acuerdo Final, se advirtió que “un ejemplo concreto de los problemas a los que se enfrenta el país en su transición hacia la paz es que algunos grupos armados, paramilitares o de otro tipo se mueven hacia zonas abandonadas por las FARC-EP, donde quizás puedan intentar establecer violentamente su control”.

Sin embargo en el Acuerdo Final, el punto 3.4 habla de luchar contra “organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo”, y por su parte, el pasado 11 de enero el Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas manifestó que “En Colombia no hay paramilitarismo. Decir que en Colombia hay paramilitarismo significaría otorgar un reconocimiento político a unos bandidos dedicados a la delincuencia común u organizada”. Esto, entonces, pone de manifiesto la falta de reconocimiento estatal ante esta problemática que las comunidades han denunciado fuertemente con evidencias como panfletos, comunicados y amenazas firmadas.

Zoraida Hernández, abogada defensora de derechos humanos, dice que “esta negación actual de la persistencia del fenómeno nos recuerda cómo en la década de los años 80 y 90 se acudió al mismo discurso y mientras tanto los grupos paramilitares se fortalecieron y se extendieron por todo el territorio nacional dejando miles de víctimas, entre las que se encuentran centenares de líderes sociales y defensores de derechos humanos que fueron asesinados, desaparecidos u obligados a desplazarse y/o exiliarse”.

Este desconocimiento por parte del Estado preocupa porque, según Hernández, “en muchas regiones no hay un antes y un después de la supuesta desmovilización con ocasión a la Ley de Justicia y Paz que promovió el expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se puede hablar de reincursión paramilitar porque estos grupos no se han ido. En algunas regiones puede decirse que ha habido un cambio en la forma de ejercer el control, utilizando formas menos notorias y de pronto más sofisticadas, pero eso sí, no menos violentas. (...) El fenómeno paramilitar siempre ha estado asociado a los intereses económicos que yacen en los territorios; tierra, minería, agua, petróleo, entre otros, y a la necesidad de instaurar grandes megaproyectos que aseguren un modelo de desarrollo extractivista”.

En ese sentido, uno de los principales retos que tendrá el Gobierno de cara a la implementación del Acuerdo Final con las FARC y a la estabilidad del proceso con el ELN, es en primer lugar, explica Hernández, reconocer que existe el paramilitarismo y que será necesario reformar las instituciones del Estado que lo han permitido y tolerado, así como investigar y sancionar a las empresas, terratenientes y políticos que los siguen financiando. Esto no será tarea fácil, porque como manifiesta Carlos Guevara, coordinador del Sistema de Información del Programa Somos Defensores, las estructuras paramilitares “tienen una alianza muy fuerte con la fuerza pública, (...) cada vez que se intenta acabar con estos grupos, tienen dentro de las mismas fuerzas militares a los topos que alertan sobre la situación, y otro punto que no permite la desarticulación son las economías ilegales, lo rentables que son, y lo cooptados que están muchos sectores de la sociedad colombiana con este tipo de rentas y economías ilegales”.

Proteger la vida de los líderes y defensores de DDHH
Según el Programa Somos Defensores, en el 2016 se presentaron 80 asesinatos y 317 amenazas a líderes sociales, y sólo en enero de 2017 se presentaron 10 de estos homicidios y múltiples amenazas que aún no han sido contabilizadas. Esta situación es alarmante si se tiene en cuenta que el Gobierno Nacional, tanto en uno de los puntos del Acuerdo Final con las FARC, como en diferentes escenarios de interlocución con la sociedad civil, se ha comprometido a implementar mecanismos de seguridad y prevención para que la vida de líderes sociales y defensores de derechos humanos sea respetada. De hecho, el pasado 3 de febrero, Juan Manuel Santos firmó el decreto que le da vida a la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, la cual tiene como objetivo desmantelar organizaciones o acciones que amenacen la implementación del Acuerdo Final o a las personas que participen en ella.

Sin embargo, como manifiesta Carlos Guevara, “no existe un avance significativo que permita deducir que ya tenemos unas estrategias de seguridad implementadas y en funcionamiento”, y expresa además que las iniciativas institucionales en el marco de la implementación del Acuerdo Final no son suficientes, “(...) ni siquiera las que se estaban implementando antes de los acuerdos son viables. El punto 3.4.3 del Acuerdo, que es el que habla de seguridad y protección a defensores de derechos humanos no se ha implementado, (...) aunque el año pasado se instaló la Mesa de Seguridad y Protección, no está definido cómo se va a estructurar, ni cuáles y hasta dónde van a ser sus responsabilidades, y mucho menos se sabe cuál es el presupuesto que va a tener”.

Lo cierto es que siguen corriendo los días sin una solución de fondo a este problema, y los movimientos sociales y políticos no dejan de manifestar su preocupación por los constantes asesinatos y amenazas a sus líderes, que en lo corrido de este año van en aumento. Por eso, el pasado 12 de febrero, luego de denunciar dos atentados y múltiples amenazas en diferentes regiones del país contra sus líderes, el Congreso de los Pueblos expresó en un comunicado que “estos hechos reafirman que la persecución al movimiento social es generalizada y sistemática y se evidencia la ausencia de garantías reales y la precariedad e inocuidad de las medidas de protección que el gobierno nacional ofrece”. Por su parte, David Flórez, vocero de Marcha Patriótica, dijo ante la negación del Fiscal para reunirse con las organizaciones sociales, que esto impide que se pueda fortalecer la Unidad Especial de Investigación, y es un boicot a la implementación de la Jurisdicción Especial para la Paz.

Según Guevara, existe un desorden de parte de la institucionalidad para responder ante las situaciones de riesgo o peligro contra estos líderes, y dice que algunas medidas que resultarían efectivas para proteger sus vidas, son: la depuración de la fuerza pública; la desclasificación de archivos de inteligencia; el trabajo conjunto de prevención entre las instituciones que tienen que hacer prevención, como la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación y el Ministerio del Interior. También habla de la necesidad de acercar a las organizaciones sociales a espacios que tienen incidencia en la toma directa de las decisiones, como la Fiscalía General de la Nación, y la participación en la construcción de la política pública para temas de protección y prevención, “para que no sea solo el Gobierno hablándose a sí mismo, sino que los colectivos sociales también tengan la oportunidad de aportar, pues los mecanismos de protección en Colombia nacieron porque las organizaciones sociales los exigieron, los pelearon y los metieron en la Constitución y en los decretos reglamentarios, no porque el Gobierno Nacional haya tenido una visión mucho más amplia e incluyente”, concluye.

Consolidar la solución del conflicto a través del diálogo
Lo anterior implicará que la discusión alrededor de la paz y todos sus retos siga vigente en los próximos años, incluso el debate electoral del 2018 tendrá que afrontar de nuevo el dilema entre continuar con las condiciones pactadas en el proceso de paz con el ELN, o el deseo de la extrema derecha de imponer unas nuevas que terminarían con el proceso como quisieron hacerlo con el de las FARC.

Más allá de este debate que aún resulta prematuro, el gran reto para la sociedad, es insistir en la necesidad de llevar a buen término el proceso instalado el pasado 7 de febrero en Quito. Este reto no es sencillo, el proceso con las FARC demuestra que no sólo con la voluntad de las partes basta para finalizar el conflicto, y que la pedagogía y comunicación de lo acordado debe primar sin miedo a los debates ocultos por el hermetismo de las partes.

La agenda abordará la participación de la sociedad, democracia para la paz, transformaciones para la paz, víctimas, fin del conflicto armado e implementación. El jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, expresó durante su intervención en la instalación de la mesa pública que “ejercicios de deliberación democrática sobre problemas como la educación, la pobreza, la exclusión social, la corrupción y la degradación ambiental, todos ellos incluidos en la agenda, pueden beneficiar de manera notable a departamentos como Arauca, Norte de Santander, Chocó, por sólo mencionar algunos”, reconociendo la oportunidad que propone esta agenda al país. Sin embargo, en la misma intervención agregó que “teniendo una metodología clara, confiamos en que las propuestas de la sociedad, sin tener un carácter vinculante, serán de vital importancia en esta mesa. Sabemos que estas propuestas sumadas a aquellas que lleven a dicha mesa Gobierno y ELN, nos permitirán enriquecer el análisis de los temas que vamos a discutir”. En ese sentido, Aureliano Carbonell, miembro de la delegación del ELN para estos diálogos, respondió que “esto que acaba de ocurrir es la primer puja. Para el Gobierno la participación de la sociedad no debe ser vinculante, nos parece que lo asumen como un carácter ornamental, ahí tenemos una gran diferencia, para nosotros debe ser el centro de este proceso, y eso se vio reflejado, no sólo en los discursos de ambas partes, sino en la participación de los movimientos sociales durante la instalación que fue minúscula, muy limitada”.

La diferencia de las partes se tendrá que saldar en la mesa, lo que es claro es que en medio de la discusión y construcción de propuestas por parte de la sociedad que aborden temas como la salud, la educación o la corrupción, se tocará también el tema del modelo económico y social, y eso por lo menos provocará que se revisen diferentes iniciativas que durante su Gobierno, Santos ha impuesto a pesar de los diálogos de paz. Un ejemplo es la aprobación del Código de Policía que trae restricciones al derecho a la protesta, lo cual se opone a lo que Juan Camilo Restrepo manifestó el pasado 7 de febrero en la Hacienda Cashapamba: “Así como decimos que el tiempo de la paz ha llegado, decimos también con la misma convicción que el tiempo de la política con armas debe terminarse en Colombia. Entendemos que modernizar nuestro Estado pasa por asegurar una mayor participación de la ciudadanía en los asuntos que la afectan directamente, promover una ciudadanía activa que contribuya a la toma de decisiones y al ejercicio del control político como ha sido el espíritu de nuestra Constitución”.

Los espectadores

El cine es una actividad artística e industrial; no suele ser una labor supeditada solo a la inspiración personal o al trabajo individual sino que depende del trabajo colectivo y de la sincronía grupal que por lo general está guiada (o dirigida) por las necesidades estéticas y narrativas de un autor, en el mejor de los casos.

En los otros casos, el trabajo está guiado sólo superficialmente por un director; o mejor dicho, él no es el autor de la obra y solo cumple la tarea de dirigir una orquesta compuesta por alguien más. Aquí la obra obedece a parámetros estéticos y narrativos exigidos por una productora que replica métodos seguros para recaudar dinero, repite lo que vende seguro, y para esto, las sagas de películas como las de Rápido y Furioso, son el perfecto ejemplo. Es lo común pero no es lo de siempre, que haya también productores que trabajan en pro de las exigencias de un autor y encaminados a construir y allanar el terreno para que la inspiración se materialice; pero lo normal es que el cine, cuando es una labor más industrial que artística, busque principalmente ganar dinero. Lo hace Hollywood cada año con las películas de superhéroes, mismas sagas donde cada película es dirigida por alguien diferente y, aun así, todas se ven igual; máquinas tragaperras para siempre ganar, metes una moneda de 250 millones, y te sale otra de 500 millones (La película “Los vengadores: era de Ultrón” (2016) costó 250 millones de dólares y recaudó, solo en Estados Unidos, el doble).

El cine es una actividad artística, puede exprimir el alma de alguien y convertir esa sustancia en una obra íntima y personal para la eternidad, explorando estéticamente la vida humana y los misterios de la existencia. Y es una actividad industrial porque, generalmente, hacer películas requiere de un esfuerzo humano lo suficientemente grande y constante como para necesitar de dinero, herramientas, y conocimientos técnicos y artísticos de muchas personas. Casi siempre las grandes obras de cine para la historia encuentran un punto de equilibrio en donde, o las necesidades industriales se ponen al servicio del arte; o el artista (o autor), consciente de sus limitaciones económicas (industriales) trabaja mano a mano con el productor para que las ideas encuentren un canal idóneo para su materialización.

En el primer caso, el autor se ha labrado un público y tiene un camino tan bien construido, que la productora confiada de su talento puede propiciar cualquier cosa que pida: si el director quiere que una vista panorámica de toda la ciudad, alquila un helicóptero porque sabe que la puesta en marcha de los “caprichos” del autor son la materia prima para que las salas se llenen; en el segundo ejemplo, el autor sabe que no puede alquilar un helicóptero entonces, junto al director, contratan a un muy buen maquetador que pueda hacer una réplica de la ciudad. En los dos casos hay una necesidad artística y una respuesta industrial, y no necesariamente alguno de los dos es mejor resultado que el otro. En ambos casos hay un equilibrio que permite la existencia del cine. En síntesis: una idea encarnada en alguien que dirija y un presupuesto que facilite el camino hacen una película.

Todo, para llegar a los ojos de alguien. Los espectadores somos el principio y el final de estos esfuerzos; es por las preferencias del público que se establecen patrones, estilos y formas de hacer cine, pues finalmente somos nosotros, simples mortales, los que pagamos la boleta, uno de los más grandes insumos para el presupuesto en el cine (o en los tiempos modernos: la suscripción a Netflix, a la televisión por cable, al Internet para Youtube, etc.). Una película muy vista genera las suficientes ganancias para poder seguir haciendo cine; o por lo menos esa es la lógica.

Y esa no es más que la lógica (tan irreconocible en Colombia) porque si solo el cine que genere ganancias es el que merece existir (y evolucionar), estamos condenados al mal gusto. Otra importante fuente de recursos debería ser el Estado (ente administrador de los recursos públicos), en la medida en que se reconozca el cine como un acto educativo y cultural, signo y símbolo de una identidad que se construye con el tiempo que va, y la memoria viva que viene y resignifica.

En últimas, aún cuando el presupuesto para hacer cine salga del Estado, somos los espectadores quienes decidimos como compradores de un producto, o como ciudadanos con exigencias frente a los impuestos (el presupuesto recaudado por todos), los que aceptamos qué se nos muestra y qué no, y de allí se desprende nuestra responsabilidad frente a las imágenes. Esta responsabilidad doble, como espectadores y ciudadanos nos exige cierto compromiso frente a las pantallas.

Como espectadores debemos darle una oportunidad a otras alternativas de distribución, como los cineclubes, o las películas alternativas que casi nunca llenan las salas comerciales, como las colombianas y las de otros países diferentes a las de Estados Unidos, o incluso las independientes de ese país. Y no es dejar de ver el cine que nos guste, es ampliar las posibilidades y arriesgarse a ver otra cosa, porque especialmente cuando gusta el cine (o cualquier otra cosa) descubrir es un premio.

Como ciudadanos, la labor es un poco más compleja y demorada. La cultura no es algo que resulta de repente, se labra cada día esculpida por el tiempo y no sigue, aunque lo parezca, ninguna agenda económica o de gobierno; es el quehacer constante de las comunidades y las personas lo que la forja. También tiene qué ver con pagar una boleta, pero especialmente tiene qué ver con aprender a mirar, que no es una necesidad solo para los críticos de cine o cineastas, sino para todos nosotros, víctimas muchas veces de los medios de comunicación que hablan con imágenes, como la televisión, la prensa, las redes sociales, etc. Y como al aprender a leer, aprender a ver no es solo una tarea de interpretar signos, sino además, un ejercicio que implica entender un sistema comunicativo y adjudicar unas intenciones al emisor: leer algo es también leer a alguien, y mirar algo, es también mirar a alguien, casi siempre sin intención, quienes tienen el poder de los medios audiovisuales crean y recrean los valores de su época, lo que se puede mostrar y lo que no.

Por eso nuestra responsabilidad como ciudadanos es tan compleja y difusa. La cultura no es un ente controlable y definible fácilmente. Lo primero es que deberíamos estudiar e intentar comprender la labor de los medios de comunicación, saber por qué y para quién existe RCN y Caracol (y todos los canales de televisión), analizar la forma en que se difunde la información por medio de las imágenes (entender que los colores y los sonidos provocan emociones, que los planos para grabar a alguien expresan sensaciones, que los melodramas llegan al corazón porque magnifican emociones que todos tenemos y sus formas se usan tanto en las novelas venezolanas como en los noticieros del mediodía, o que detrás de todo hay una cabeza que reflexiona sobre lo que se va a mostrar y lo que no). Lo segundo sería entender que, como en la escritura, existen muchos otros idiomas, otras estéticas, otros mensajes, otros autores; y darle la oportunidad a lo inexplorado que muchas veces es lo nuestro.

Y lo último, entender que nuestra identidad no es un melodrama contado por la televisión nacional sino la materia prima de nuestras historias, que además pueden ser contadas de miles de maneras, por miles de medios, desde otras miradas, y que nosotros, simples mortales, los protagonistas de la cultura, podemos hacer de nuestros medios de comunicación un lugar más nuestro y más nosotros con las luces, con las cámaras, con la acción.

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