Homenajes 2016

Gratitud por la vida de Aura, por su compañía y por lo que hizo por las gentes que sienten el acorde del tejido de su voz, el sutil golpeteo del bastón y su risa.

La vida y obra de Aura López fue como la del ave soñada que limpia las impurezas. Ella observaba el mundo desde lo alto de su conocimiento, sabía bajarse y estar a la altura del más humilde; supo distinguir lo bondadoso y lo generoso; esta mujer tranquila, armoniosa, persistente, flexible y fuerte a la vez nos deja una herencia de rebeldía, dulzura y belleza. Expandió su alegría y curiosidad en los lugares que habitaba y cada persona se enriquecía ante su presencia o su amistad.

La imagen del gallinazo tuvo presencia en muchos momentos significativos de su vida. Así relata lo que fue su primera ilusión al intentar volar como estas aves:

¡Lo que significó el solar en mi vida! Fue el lugar donde jugaba, soñaba y en el que empecé a disfrutar de la soledad. Para la niña Aura, el solar era algo inmenso, se acostaba en el suelo mirando hacia el firmamento a ver volar los gallinazos. Mi abuelo construyó una silla para él sentarse en la parte alta del solar y yo me quedaba ratos enteros mirándolos volar cómo llegaban a la tapia y de ésta volaban hacia el río. Un día le dije a mi hermana Berta que yo quería alas para volar, corte unas hojas de ruibarbo, me las amarré a mi espalda, me subí a la tapia y me tiré a volar. Caí y llena de sangre lloraba y lloraba. Sale mi mamá, ¿Qué paso? Y dice Berta: Aura se lanzó de la tapia porque quería volar. Tiempos después en El Peñol, observaba cómo volaban los gallinazos y me dije ¿pero por qué me quedo tan boba mirando los gallinazos? y recordé que fue en la infancia donde se me sembró esta admiración.

Y en Girardota, donde Aura pasó sus últimos 17 meses de vida física, desde el ventanal de su cuarto veía volar los gallinazos y le parecía un vuelo bello, suave, ligero. Este vuelo fue una compañía apacible de la que siempre se encantó.

Entre el ir y el venir, con la influencia de sus padres, su maestra Luz Mila, el mundo que se le abrió en Yarumal, luego en Medellín y el acceso a un saber universal, Aura López se configuró un ser inteligente, con pensamiento agudo y crítico, con criterio propio y autónoma, cultivó la belleza de la palabra hablada y escrita, maravilló a sus escuchas con su voz inolvidable pasada por los mejores filtros del alma, pausas y dicción perfecta, le bastó el instrumento de ella misma y sus relaciones para moverse en el mundo, para saber sortearlo, para influir en él y para acoger en su corazón a muchas gentes, que amó, admiró y valoró en su sencillez y cotidianidad.

Ya en Medellín se divirtió como ciclista y futbolista en la calle, continúo cultivando su pensamiento con Gabriela Mistral, Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Pablo Neruda, Miguel Hernandéz, Federico García Lorca, María Cano, entre otras lecturas que la fueron configurando en ese ser singular que fue Aurita. En simultánea se formó como locutora, periodista, escritora, lectora en voz alta y conferencista en espacios culturales y radiales. “¡Yo hacía muy buenas entrevistas!”, decía en varios momentos. En sus 32 o 33 años de edad conversó con el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo y conoció de sus mensajes a los colombianos.

Supo dar cuenta a través de sus crónicas, conferencias y conversaciones de la realidad de Colombia y del mundo, especialmente en los asuntos de las mujeres, la niñez y la población más desprotegida. Desde la literatura organizó programas de poesía, de lecturas en voz alta de cuentos y novelas, una lectora dominical de cuentos especialmente dirigidos a la niñez, - aunque los cuentos son escritos para todas las edades -. Como vecina fue una habitante del centro de Medellín, especialmente del Palo con el Huevo, donde no sintió nunca temor de habitar. Se sentía orgullosa por la solidaridad entre sus vecinos.

Un encuentro donde reinventó su propia existencia, que le permitió una labor social y política, no solo cultural, fue su llegada al viejo municipio de El Peñol en el oriente Antioqueño. Llegó allí para quedarse e involucrarse con la problemática social que vivía para entonces este pueblo; Aura se involucró hasta el fondo no sólo con la problemática sino con las vidas de hombres, mujeres y la niñez del campo; asumió una relación amorosa, creativa y lúdica con las familias y acompaña a los que luego fueron sus ahijados, comadres y compadres, fue una aprendiz y una maestra a la vez. Estos años los vivió entre estar de lunes a viernes en su labor de diligente librera, la acción cultural en las emisoras, las entidades culturales, con una organización social o de mujeres en la ciudad, y los sábados y domingos se dirigía al pueblo y vivía otras sensibilidades, experiencias y afectos. Entonces volvía a la ciudad con el corazón tranquilo y contento, renovada y con esperanzas; la belleza del campo y lo vivido la sostenía para toda la semana al saber que volvería.

Este es un retrato de Aurita, amiga de muchas personas y que tuve la oportunidad de tener cerca en los últimos años de su vida. Sé que cada acto lo vivió en consecuencia con lo que pensaba y lo que hacía, lo que la hizo una mujer alegre, sana y con fino humor.

 

DEDICADO

A la niña de Borja que creció llevándole flores a Aurita.
A las hermanas López Posada.
A Isabel Amaya López, sobrina de Aurita.
A sus ahijados y comunidad del municipio de El Peñol.
A las mujeres y hombres de la cotidianidad entre el Palo con el Huevo, el Museo y la tertulia en espacios públicos.
A los radioescuchas, tocados por la suave voz en el comentario y en la lectura del día.
A los antiguos lectores de sus columnas en la prensa.
A Aguirre en su infaltable Cuadro.
A José Ruíz en el punto de Junín o Sabaneta.
A la gente de CONFIAR

Pueden conocer más sobre la vida y obra de Aurita López P. en el “Documental AURA”de Valhalla Producciones en youtube.

 

Cómo te conocí
Pasaba en el calendario el año 1996 cuando uno de mis amigos, Ignacio, me prestó un cassete negro viejo que hoy todavía conservo. Era de su padre, pero estábamos en  la época de la juventud en que todos los amigos compartíamos la música que nos gustaba. Era una recopilación de música latinoamericana muy de moda para la época; habían canciones de Inti Illimani, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés,  y por el lado B, al inicio, había una canción interpretada por Mercedes Sosa, muy bien la recuerdo, sus versos me conmocionaron... “por la blanda arena que cubre el mar, su pequeña huella no vuelve más, y un sendero sólo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda”, cantaba ella con esa voz tan profunda.

Días después llegué a la casa de Ignacio esperando a su padre para preguntarle más sobre aquellos versos. La sensación que tenía era como la de un pequeño niño con ansias de un regalo. Pasadas las 7:30 pm escuché desde el cuarto que estábamos, abrir la puerta de la casa; era el padre de Ignacio. Las emociones se hicieron muy presentes. Luego de saludarlo, inmediatamente lancé la pregunta casi sin dejarlo llegar, -espere un momento me preparo un café y nos sentamos un rato en la sala-, me dijo.

Acomodados en la sala los tres, colocamos el cassete para escuchar en el lado B la canción, que el papá de Ignacio nombró como “Alfonsina y el mar”. Aquellos versos comenzaron a flotar por el aire; de la biblioteca sacó dos pequeños libros café, uno de ellos llamado “Antología poética”, y empezó a leer en voz alta este poema:

“Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”

Luego, nos contó que la canción que tanto me gustó fue escrita por Ariel Ramírez y Félix Luna, inspirada en estos versos que hacen parte del último poema que Alfonsina Storni escribió antes de morir. Nos dijo también que de su muerte hay muchos mitos: que ocurrió internándose en el mar lentamente hasta morir, que desde la parte alta del muelle del Club Argentino de mujeres en Mar de Plata, Argentina se lanzó al mar, y otros cuentan que fue un accidente mientras caminaba por el muelle.

Seguimos la noche entre versos y poemas, y las historias de una América Latina convulsionada por los cambios, la migración y las nuevas políticas estatales. Aún trato de recordar muchos más de los detalles que escuchábamos del papá de Ignacio al contarnos sus pasiones por la música y la poesía latinoamericana. Él era muy enfático en la necesidad de tomar como ejemplo aquellas personas luchadoras que lograron revolucionar la vida desde la cotidianidad.

Hoy, luego de tantos años de leer poesías, sigo resaltando en Alfonsina Storni su verso tierno y amoroso, su revolución de sentir la vida, de cómo los versos que se postraron de sus manos a los cuadernos en la intimidad se convirtieron en luz.


Alfonsina por ella misma
Mi nombre es Alfonsina Storni, nací el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza; mis padres fueron Alfonso Storni y Paulina Storni. A mis 4 años, junto a mis padres y hermanos nos trasladamos hasta Argentina en la ciudad de Rosario. Cuando tenía 12 años escribí un poema algo triste y centrado

Mi vida siempre ha estado enfocada al mundo de las artes; aunque mis primeras experiencias laborales fueron ayudando a mi madre en labores simples dentro de un pequeño lugar para tomar café, como lavar los platos y atender las mesas.

En mi adolescencia me adentre más al mundo del teatro convirtiéndome en actriz, después decidí realizar una carrera como maestra rural en Coronda y allí recibí mi título profesional. En esos momentos me vincule a dos revistas literarias: "Mundo Rosarino" y "Monos y Monadas", donde escribía y conocí muchos de los poetas más importantes para la época como Horacio Quiroga, Federico García Lorca, entre otros. Como mujer fui una de las primeras en hacer parte de la comunidad de escritores de Argentina. Mi verdadera pasión siempre ha sido escribir.

Recordando a Gonzalo Arango

Mi amistad con Gonzalo fue tan fugaz como profunda. Nos conocimos en el Barrio Santo Domingo Savio de Medellín; nuestra primera conversación, recuerdo, un 11 de noviembre del año 1967, giró en torno al Nadaísmo. “Gabrielito -me dijo-, yo solo aspiro a enriquecerme espiritualmente y a esto, sacrifico con placer todo bienestar exterior, lo decorativo y lo superficial. Me quiero hacer profundo en la intimidad”. Yo le compartí luego por qué había elegido trabajar en ese barrio. Nuestra charla se prolongó hasta las dos de la mañana. Al despertarnos hacia las ocho de la mañana nos dimos cuenta que fuimos atracados: se nos llevaron la guitarra con la que habíamos amenizado un poco la primera charla y además el ladrón o los ladrones, nunca supimos nada de ellos, se nos embolsillaron nuestras billeteras. La de Gonzalo con $6.500 y la mía con apenas $5.000. Gonzalito me dijo: “Gabriel, si algún día llegas a saber quién o quiénes fueron los que nos blanquearon deciles que te devuelvan la guitarra y que se queden con nuestros capitales para que nos ayuden a no poner nuestra felicidad en el dinero”.

A los pocos días encontré la guitarra en la casita y llamé a Gonzalo para contarle lo sucedido, entonces me dijo: “voy a subir de nuevo al barrio para que celebremos el milagro”. Cuando vino le presenté a la Hermana Roselin, una monja del colegio Mary Mount que estaba deseando invitar algunas estudiantes para que hicieran con ella un trabajo de acompañamiento a los habitantes del barrio. Roselin nos dijo: “no vamos a subir a regalar espejitos de cobre con la imagen de la Virgen de los Milagros. Yo creo en el milagro de mejorar el mundo con el milagro de la voluntad".

Resolvimos entonces con Roselin y las niñas de su colegio, con Pablo Gallinazo, con Eduardito Escobar y otros amigos de Gonzalo, celebrar una misa nadaísta a base de poemas como rito de la palabra y compartiendo el pan, pero transubstanciando primero el corazón. En los poemas Gonzalo se inspiró diciendo: “el hombre moderno crucifica con sus actos diariamente a Cristo y con sus pensamientos niega sus verdades. Dios, viviendo en nosotros y nosotros en Él, en absoluta identidad, en la plena beatitud del amor humano y el divino, sin necesidad de este instrumento sucio que es el conocimiento o la razón, la razón no es conciencia”. Después de la misa nadaista, Pablo Gallinazo comentó sobre la monja Roselin: “es tan bella que provoca creer en Dios”.

Tiempo después a Gonzalito lo echaron de El Espectador y de la Revista Cromos. Entonces fui a visitarlo a Bogotá y lo invité a un almuerzo de amistad. Recuerdo bien que a las primeras cucharadas de sopa le sonaron sus intestinos y entonces comentó: “Si oís Gabrielito, mis intestinos gritan ¡Socorro, nos están alimentando!”.

Cuando fui trasladado en el año 70 al barrio Prado, Gonzalo me escribió esta carta que aunque se me perdió, la grabé en la memoria de mi corazón: "Gabrielito, alguien dijo -creo que fue Nietzsche-: 'los hombres que no tenemos Dios, debemos buscar amigos'. Pero yo me pregunto si la amistad no será el regalo más hermoso y divino de Dios entre los hombres. Yo creo que sí, porque cuando estoy con personas como vos, siento que a mi corazón le nacen alas para abrazarte en lo más hermoso del espíritu divino, por lo que tenés de amigo y de hermano, al mismo tiempo de poeta, de alma solar, de estrella cagada como diría el gran maestro de Otraparte, Fernando González… ¡ay! por Dios Gabrielito, y yo que me confesaba en el municipio de Andes - Antioquia de decir cagón y pendejo. Afortunadamente la paila mocha pasó de moda, porque si no, cómo sería la achicharrada que se me esperaría en averno donde nuestro común enemigo, el gran satán, se frotaría de felicidad las manos al recibirme y dar sus órdenes perentorias”.

 

LA ORACIÓN POR TODOS

Un minuto de silencio
Y luego os diré por quién.
¿O sería mejor pedir un minuto de protesta?
Y no es por los muertos
ni por la inocencia asesinada.
Es por los vivos
que siguen muriendo para nada.
Por los que sufren y su dolor no tiene porvenir.
Por los que trabajan y sin embargo tienen hambre.
Por los que suspiran en las prisiones
y en las fábricas
por un rayo de luz y de libertad.
Por el solitario que busca en el tumulto
un corazón amigo.
Por los exiliados,
por los miserables
por los desposeídos
que buscan una patria en su propia patria.
Por los que no tienen techo
y en el temblor de cada día
esperan que al fin brillará la luz para todos.
Por los que no tienen nada
ni un metro de tierra en que caer muertos
y de ellos dice la piedad que son inmortales.
Por los que sueñan con el rostro amado
y al despertar los espera el odio,
la avaricia
y el mercado negro de las almas.
Por los que tienen miedo de vivir
y esto los hace cobardes
matando en su corazón lo que hay de coraje
pureza
y esperanza.
Por los que odian y matan sin saber por qué
y en su feroz ademán
tiembla una débil nostalgia
de solidaridad humana.
Por la pobre ramera sacrificada otra vez
en el pozo de las lapidaciones
de una moral hipócrita y farisea.
Por los humillados
cuya única chispa de dignidad
está en la hoja fría de los puñales.
Por los sabios atómicos
que descubren las ecuaciones de la muerte
en una probeta de laboratorio
y celebran con júbilo
el triunfo de la razón
y de esta lógica infame.
En fin… por todos:
por ti, por mí,
para que cese el dominio tiránico
de la cruz y el patíbulo
y se nos dé para esta vida
la salvación que se nos promete
en el más allá.

Gonzalo Arango
De su libro OBRA NEGRA. Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires 1974

Pasado y presente, con líneas no siempre rectas mirando al futuro. Una historia monumental. Un presente. Fidel y Colombia: Gaitán, Gabriel García Márquez, la Paz. Un pueblo cubano que libra una dura batalla, nuevos desafíos ante viejos y nuevos enemigos, y el líder de una Revolución verdadera.

 

Sangre española por su madre y padre, y vida criolla en una Cuba convulsa. La fértil tierra de Birán al nororiente cubano. Sabor a campiña, a melao de caña, carretas y campesinos. Estudiante desde sus cuatro años. Separado de su familia y cómoda posición económica a sus seis. Estudios en Santiago de Cuba, también hambre y sufrimientos. Un universitario inquieto, deportista, inconforme, visionario, líder estudiantil. Un país es crisis política y económica; dictaduras militares; una historia de luchas y revoluciones nacionales; un ideario martiano alimentando el sentimiento. Materiales y contextos que forjaron el carácter, la personalidad, al ser humano, y al luchador Fidel Castro Ruz.

La fragua de un líder
Los espacios de la Universidad de La Habana son testigos de los inicios de la vida política en lo nacional e internacional de Fidel. Pocos dimensionaban el futuro detrás de la persona. Con 21 años participó en el intento de destitución del dictador dominicano Rafael Trujillo, la invasión de Cayo Confites. Pretendió hacer política en las filas del Partido Ortodoxo para buscar cambios desde la Cámara de Representantes del Congreso cubano, pero el golpe militar de Fulgencio Batista radicalizó su pensamiento. Emergió el líder, el revolucionario, y aglutinó a la “Generación del Centenario” que inició la lucha armada.

Clandestinaje y organización de un Movimiento. Los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953. Persecución, juicio, cárcel, destierro a México. El Movimiento 26 de Julio y la lucha en las ciudades. El desembarco del Yate Granma y la Guerrilla en la Sierra Maestra. Unidad campesina. Territorios liberados. Unidad de la Sierra, el llano y las ciudades. Una doctrina propia. Extensión de la guerra y la invasión a occidente. Una ciudad tras otra liberada y el proceso se consolida. Un dictador que huye y el primero de enero del 59: “ahora si los mambises entrarán a Santiago de Cuba”. La Caravana de la Victoria triunfante el 8 de enero entra a La Habana. Se ganaba la Guerra pero comenzaba la Revolución.

Comenzaba el estadista Fidel. Un pueblo en el poder. Leyes y radicalización de la Revolución. Nacionalizaciones, guerra mediática y económica. Disidencia y contrarrevolución interna y externa. Aislamiento y expulsión de la OEA. Acercamiento a la Unión Soviética. Invasión mercenaria por Bahía de Cochinos y la primera gran derrota del imperialismo norteamericano en América Latina. Bloqueo económico y naval. Crisis de octubre o Crisis de los Misiles, una isla y dos potencias (Unión Soviética y Estados Unidos) y la amenaza de una guerra nuclear. Días en los cuales dijo el Ché refiriéndose a Fidel: “nunca antes vi brillar tanto a un estadista”.

A la naciente Revolución le sobrevendrían más peligros, amenazas y guerra de todo tipo. Estados Unidos su enemigo jurado. La disidencia interna. Intentos de desprestigio internacional. Un país, un pueblo que se levanta y fortalece después de cada golpe. Un país que se construye y reconstruye y abre sus brazos solidarios e internacionalistas al mundo, y esos mismos brazos de médicos, maestros, soldados… van a muchas naciones: Asia y África, Centro y Sur América. Cuba un símbolo. Cuba un pueblo. Cuba la verdad que se pronuncia, la voz de los humildes, el renacer vivo de la esperanza posible. Cuba faro y guía de la mujer y el hombre nuevos.

Ejemplo de resistencia y victorias
Innovación y lucha. El derrumbe de la Unión Soviética y el Bloque Socialista. Nuevo aislamiento y aguda crisis económica: El Período especial iniciado en los 90. Cuando todo parecía perdido, cuando llegaba el supuesto fin de la historia, del socialismo, cuando se enarbolaba el supuesto triunfo del capitalismo, del mercado sobre la utopía, del dinero sobre el humanismo, ahí seguía Cuba, una pequeña isla del Caribe, una Cuba en revolución, un pueblo en resistencia y en construcción.

Si la lucha en la Sierra Maestra, el triunfo del primero de enero del 59, la derrota de una invasión, la crisis de octubre, la guerra económica y política, el enfrentamiento al imperialismo norteamericano y sus lacayos internos, el hacer realidad muchos sueños, fueron hitos de un pueblo liderado por Fidel; el sobrevivir al derrumbe del Socialismo y seguir siendo Cuba soberana, independiente, Cuba socialista y revolucionaria, es tal vez el mayor hito y el mayor triunfo de Fidel.

Pasado y presente de una historia viva: Nuevos desafíos
Fidel es historia viva, verdad y ejemplo. Fidel es inspiración de un pueblo, de un continente, de muchas de las mejores obras y causas nobles de nuestro atribulado mundo. “Fidel tiene la capacidad de ir al futuro, verlo, y regresar al presente para contárnoslo y proyectar cómo enfrentarlo”, dicen algunos sobre su capacidad de análisis.

Alejado de sus cargos, de su vida política pública, sigue alertando sobre el presente y el futuro de Cuba. Pero Fidel es humano, y como tal no puede ser perfecto. Tal vez no pudo predecir, o sí lo hizo pero no le hicimos caso, que los desafíos sobre la Isla y su Revolución podrían ser peores que la invasión militar, el bloqueo económico, y la capacidad interna de respuestas.

Ahora los desafíos del mismo enemigo jurado (Estados Unidos) vienen dibujados de acercamiento, de sutilizas y otras no tan sutiles. Vienen en golpes ideológicos y culturales, en peligrosos ritmos comerciales, en sugerencias de buena vecindad de lo que el Ché sabiamente dijo: “Al imperialismo, ni un tantico así”.

90 años, de ellos casi todos dedicados a su Cuba y a las causas nobles del Mundo. Una verdad innegable, como innegable el cielo gris y el calor sofocante que respiran mis días en el verano de la Cuba del 2016.

Gaitán y El Bogotazo. García Márquez el amigo de Fidel y la Paz en Colombia
Fidel dijo quedar enamorado de Colombia desde que en 1948 fue enviado a esta nación como delegado de la Federación de Estudiantes Universitarios a la IX Conferencia Interamericana; compartió con el candidato a presidente Jorge Eliécer Gaitán y volverían a verse el fatídico día del 9 de abril en que este fue asesinado durante “El Bogotazo”. Existe registro gráfico de Fidel ese día en Bogotá, y que hoy figura en el billete de 1000 pesos. Diría Fidel a la periodista cubana Katiuska Blanco: “Bogotá, ¡otra gran aventura en mi vida! ¡Nadie se puede imaginar las grandes aventuras que viví en tan poco tiempo!, pero todas aquellas experiencias me enseñaron, las luchas de grupo, lo de Cayo Confites, El Bogotazo. Fui ganando terreno en la parte táctica, estratégica”.

García Márquez y Fidel compartían una amistad criticada por muchos, pero disfrutada por ellos: “La nuestra es una amistad intelectual, cuando estamos juntos hablamos de literatura” –dijo El Gabo en 1981. Por esa amistad le vetaron la entrada a Estados Unidos durante años. El Nobel de Literatura formó parte del grupo de periodistas que fundó la agencia de noticias cubana Prensa Latina poco después del triunfo de la Revolución en 1959.

Pero ese amor por Colombia tiene otra expresión concreta y muy reciente: La Paz. Según reseña Telesur: “Que el anhelo de paz de los colombianos sea sellado en Cuba no es una casualidad. La paz de Colombia ha sido uno de los tantos empeños del Comandante de la Revolución Cubana. A ella ha dedicado tanto esfuerzo como lo hizo por la caída del Apartheid en Sudáfrica, la liberación de Angola o la independencia de Namibia y otras naciones africanas”.

La paz también es diversa

En medio de la voluntad mayoritaria de construcción de paz a través del diálogo en Colombia, las reflexiones y aportes del movimiento LGBTI se constituyen como elemento primordial para la construcción de una paz duradera y diversa.

En 1982 un grupo de aproximadamente 32 personas realizó la primera marcha en el país para exigir los derechos de la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transgéneros e Intersexuales), un hecho de relevancia para el momento ya que hasta 1980 el artículo 419 del Código Penal Colombiano prohibía las relaciones entre personas del mismo sexo, calificando a quien las practicara de corruptor. La marcha se llevó a cabo el 28 de junio de ese año, en conmemoración a los disturbios de Stonewall, protesta espontánea contra una redada policial realizada en 1969 en un bar con este nombre en Nueva York. El recorrido de la marcha fue desde la Plaza de Toros hasta el Parque de las Nieves sobre la carrera Séptima en Bogotá, liderada por León Zuleta y Manuel Velandia, bajo la consigna “trabajamos por liberación social y liberación sexual”, frase que tomaría eco y es retomada actualmente por los colectivos de disidencias sexuales: Sin libertad sexual, no hay libertad política.

En esta primera marcha “participaron grupos de Medellín y Cali. Cada uno de nosotros marchaba con un triángulo rosado en la mejilla con el número de la cédula escrito en él. Esto era para recordar lo que había pasado a los homosexuales en los campos de concentración en Alemania” señaló Manuel Velandia, en una entrevista para el Colectivo León Zuleta. Esta manifestación pública marcó un hito como apuesta política, y sólo se realizaría de nuevo en una ciudad como Medellín hasta finales de los años 90.

Durante los años setenta, el movimiento político y social liderado por el filósofo y activista León Zuleta, hizo parte de una apuesta latinoamericana conocida como Movimiento de Liberación Homosexual (MLH), desde donde León y su grupo de amigos hicieron reflexiones que hasta el momento pasaban desapercibidas para las luchas populares que gestaban campesinos, indígenas, obreros y estudiantes en el país, poniendo de manifiesto que la sexualidad y el cuerpo son espacio y medio del ejercicio de poder, donde se prolongan los aparatos y las máquinas de dominación; es así como hicieron evidentes otras formas de opresión no vinculadas exclusivamente a lo económico, sino también a lo cultural. En este sentido la búsqueda de la libertad resultaba para León - en sus palabras - como "conciencia de la fuerza vital vuelta cuerpo, símbolo, territorio de la cultura, es decir, conocimiento y compromiso con el sentido y el devenir, en fin, subjetividad histórica en la vida y en el mundo”, aportando de esta manera al movimiento social y popular la idea de que los actos cotidianos también son políticos.

El presente: memoria y participación
En la marcha denominada “por la vida, la diversidad sexual y las identidades de género”, llevada a cabo el 3 de julio en Medellín, un grupo de jóvenes con capuchas de colores se tomó la tarima del evento para leer un manifiesto en el que saludaron los esfuerzos para darle una solución política al conflicto social y armado entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP, en este afirmaron que defenderán "con la palabra, el canto, el baile y la fiesta, el cese bilateral de fuegos, porque es la posibilidad y la esperanza de que el amor no sea aniquilado ni ensordecido por los estruendos de la guerra que ha causado más de 200.000 muertos y más de 1.000 masacres”. Esta manifestación no es nueva, ya que el papel de la comunidad LGBTI en el proceso de paz ha sido protagónico en el sentido en que diferentes ONG'S y colectivos sociales han alzado su voz para exigir su participación en lo que podría convertirse en un nuevo escenario político.

Dos grandes temas relacionan a la comunidad LGBTI con la construcción de paz. El primero es el reconocimiento de la victimización en el marco del conflicto armado a su población, debido a la falta de una acción estructural del Estado colombiano, que ha restringido el ejercicio de ciudadanía plena a las personas LGBTI y favorecido el uso de violencias por parte de los actores armados que han querido imponer su orden en una lógica heteronormativa, reprimiendo y asesinando a miles de gays, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales a lo largo del territorio colombiano. Si bien este ejercicio de reconstrucción de memoria ya lo han comenzado organizaciones sociales e instituciones como el Centro Nacional de Memoria Histórica, es una tarea compleja y de largo aliento ya que algo que caracteriza a las violencias heteronormativas ha sido su prolongación en el tiempo, una naturalización por parte de la sociedad y un silencio de las víctimas que no han encontrado en muchas ocasiones cómo y a quién expresar lo sucedido.

El segundo elemento es la participación eficaz en las políticas públicas del país, pues como lo demuestra la experiencia de la Constitución del 91, si bien es necesario un marco jurídico para los derechos civiles, también lo es una real voluntad política, plural y popular que garantice los derechos y libertades de los disidentes sexuales. Como lo manifestó Wilson Castañeda, director de la Corporación Caribe Afirmativo y representante de la comunidad ante la subcomisión de género de la Mesa de Negociación del Gobierno Colombiano y las FARC- EP: "Gran parte del origen actual de estas problemáticas radica en que la Constitución Política no incorporó la orientación sexual, identidad y expresión de género como motivos de discriminación expresamente prohibidos", es importante recordar que aunque la Constitución determinó al país como pluriétnico y multicultural, sólo hasta recientes fallos de la Corte Constitucional se le han hecho efectivos derechos a personas disidentes sexuales y de género, como por ejemplo el de nombrarse en matrimonio, adoptar hijos o cambiarse el nombre y sexo en la cédula de ciudadanía.

La historia y el presente de construcción de paz tendrá que tener en cuenta las reflexiones y aportes que desde León Zuleta, hasta las organizaciones sociales LGBTI, han hecho en materia de derechos civiles, sobre la relación del poder con el cuerpo y la participación plural en la política, donde se incluya nuestra experiencia con lo cotidiano. Aunque el panorama para esto luce alentador, las advertencias frente al postacuerdo no garantizan que éste sea más seguro en términos de violencia sexual y de género, como afirma Mauricio Alzate, miembro del Colectivo Deformación: “Con el auge de la extrema derecha a nivel internacional, se pueden profundizar los problemas del proyecto neoliberal en contra de la paz, pero no se puede tener miedo a la paz. Lo de nosotros es un proyecto de país donde no haya miedo a ser asesinados. El postacuerdo reforma el escenario político pero otra cosa es el proyecto de paz con justicia social".

El camino a la paz implica el fin de las violencias heteronormativas, la no repetición de casos como el de León Zuleta, apuñalado y asesinado el 23 de Agosto de 1993; un homicidio calificado por las autoridades como crimen pasional, ignorando así la participación de este personaje como disidente político y sexual. Ante este nuevo panorama, es significativo evocar al movimiento social la consigna con la que finalizó el manifiesto leído el pasado 3 de julio por un grupo de jóvenes en la marcha de la diversidad: “Amando Venceremos”.

Era 1986 y las manifestaciones sociales y políticas en contra de la dictadura de Augusto Pinochet se enfrentaban a la más dura represión. El descontento popular creció luego de que en 1980 se aprobara mediante plebiscito una Constitución Política que institucionalizaba el régimen y otorgaba amplias atribuciones a Pinochet, como su elección a la presidencia por ocho años más. En consecuencia, esta década de los 80 fue de profundas reformas a los sistemas de educación, salud y pensiones en Chile. Las manifestaciones nacionales iniciadas exigían la renuncia de Pinochet, la derogación de la constitución política de 1980, y el derecho a poder elegir de manera democrática a sus gobernantes.

Ese año Rodrigo Rojas de Negri regresaba de Canadá, luego de estar exiliado junto con su madre Verónica de Negri desde hacía 10 años. Tenía apenas 19 años y le apasionaba la fotografía. Llegó a Chile buscando sus raíces, y durante su estadía en el país la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI) lo acogió. Tenía la certeza que su mejor arma era su cámara, por eso estaba interesado en retratar los conflictos sociales, y en especial los momentos cuando la gente se levantaba en contra de la represión que vivían en ese momento.

En medio de las protestas, la Asamblea de la Civilidad convocó a un Paro Cívico Nacional para el 2 y 3 de julio. Rodrigo no dudó en participar y por eso desde muy temprano se encontró fotografiando y acompañando las barricadas en la Estación Central, junto con otros estudiantes, entre ellos Carmen Gloria Quintana de 18 años. Todo iba bien, hasta que una patrulla militar se les acercó, y logró detener a Rodrigo y a Carmen.

A ella la postraron contra la pared y a Rodrigo contra el piso; los patearon, los insultaron, les rociaron gasolina, y finalmente les prendieron fuego. Luego los abandonaron lejos del lugar donde fueron detenidos. Aún estaban consientes cuando una patrulla de carabineros los recogió y los trasladó a un hospital, pero a causa de las quemaduras, Rodrigo murió cuatro días después, el 6 de julio. La dictadura prohibió a los periodistas publicar el caso, y cuando fu inevitable que se conociera, las declaraciones oficiales dijeron que los jóvenes llevaban material explosivo y que el fuego se había prendido accidentalmente.

Los hechos fueron investigados, pero inicialmente sólo se culpabilizó a los militares implicados por no prestar ayuda a las víctimas, y luego, en 1991 el teniente Pedro Fernández Dittu, quien comandaba la patrulla militar, fue declarado culpable y condenado a 2 años de prisión.
Ya han pasado 30 años desde este suceso, y desde entonces, Rodrigo se ha convertido en símbolo de resistencia. Lo han homenajeado al calor de la lucha y la memoria. Y es que este joven no vaciló en fotografiar la injusticia y enfrentarse a la dura represión de una dictadura, a la que también en Colombia se enfrentan miles de fotógrafos, reporteros, periodistas, comunicadores, y en general, luchadores populares.

Por eso quienes durante las semanas pasadas estuvimos en las calles y carreteras de todo Colombia retratando y narrando la Minga Nacional por la paz y en contra del modelo económico, enfrentados también a la represión estatal de este gobierno, hacemos un homenaje a Rodrigo, porque como lo declaró su madre Verónica en una misiva enviada tras su muerte: "En el rostro de nuestra juventud vive mi hijo. En el espíritu unitario de los chilenos [y ahora latinoamericanos] luchando por la justicia, vive mi hijo. En este tiempo encendido de esperanzas vive mi hijo. Por último, en la solidaridad de todos ustedes, vive mi hijo".

La misma semana que en Colombia asesinaban a cuatro líderes sociales y ambientales, en Honduras, la noche del 2 de marzo de 2016, la muerte abrió de una patada la puerta de la casa en donde descansaba Berta Cáceres, entró con violencia y le asestó un golpe tan fuerte que le arrebató la vida a ella y dejó mal heridos a millones de seres vivos, incluido el sagrado río Gualcarque, al que había dedicado sus mejores cuidados. Aunque Honduras está a más de 1700 kilómetros de Colombia, no es una distancia tan grande para la muerte que tiene las manos muy grandes y los pasos muy largos. De todas maneras no se sabe si ella, la muerte, habita en Honduras o en Colombia, posee el don de la ubicuidad o tiene hermanas gemelas andando por todo el planeta.

Berta Cáceres, ante todo era una mujer autónoma, libre y emancipada. Por haber nacido indígena guardaba una carga mayor de amor a la vida, al planeta y a la naturaleza, a la que todas las cosmovisiones, excepto la occidental, reconocen como sagrada y cuidan como a una madre.

Igual que en Colombia, en Honduras el crimen y la corrupción se pasean por las calles, los campos, los ríos y el aíre, y dicen que duermen y se alimentan en los estamentos institucionales y se financian con los fondos de los bancos nacionales y extranjeros. Desde agosto del 2009 –el gobierno, hijo del golpe de estado que sacó de su casa a Zelaya, el presidente legal y legítimo de ese país, promovió y aprobó leyes del despojo, como la Ley General de Aguas que otorgó concesiones sobre los recursos hídricos y cortó de un solo tajo las normas que prohibían proyectos hidroeléctricos en áreas protegidas. Como el territorio del pueblo Lenca de Honduras, que fue uno de los más afectados. Allí, se promovió la construcción de 17 represas, la mayoría con fondos de origen estadounidense denominados “Desafío del Milenio” CDM.

El territorio ancestral del pueblo Lenca, es el útero en donde Berta Cáceres se formó y por eso dio su vida para protegerlo de la agresión de las transnacionales y el gobierno, que entre 2010 y 2013 aprobó la construcción del Proyecto Hidroeléctrico Agua Zarca ubicado en la zona noroccidental de Honduras entre los departamentos de Santa Bárbara e Intibucá y a pocos kilómetros de la Reserva de Vida Silvestre Montaña Verde. De la sangre del río Gualcarque, sagrado para los indígenas Lenca descendientes de la cultura maya, este proyecto pretende generar 21.3 MW en una concesión de 20 años.

Aunque la empresa Desarrollos Energéticos S. A (DESA) que presta su nombre para ejecutar el proyecto hidroeléctrico es hondureña, son capitales chinos y alemanes los que usufructúan la obra y la construyen, también los que han tenido que enfrentar la fuerza de la movilización del pueblo Lenca, hijos del Cacique Lempira, quien luchó por esos territorios contra los españoles durante la colonización de Honduras. Y fue Berta, la que se vistió de cacica para liderarlos, junto a hombres como Tomás García, indígena asesinado en julio de 2013 por el ejército hondureño en medio de una protesta contra la construcción de la hidroeléctrica Agua Zarca.

A Berta sin duda alguna la perseguían los agentes del Estado, los sicarios pagados por las empresas constructoras y los cobardes de toda pelambre, en especial los comisionistas, que se ocultan detrás de sus corbatas y sus cargos ejecutivos. Durante la mañana del día 2 de marzo, el día de su asesinato, testigos vieron a sicarios de la empresa constructora, DESA, en un coche hablando mal de Berta, manifestó su abogada Marcia Aguiluz. Además “Denunciamos que el 20 de febrero de 2016 durante la movilización del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, COPINH, en contra de la represa hidroeléctrica Agua Zarca, el Vice Alcalde de San Francisco de Ojuera, quien está colaborando con la empresa DESA en promover el Proyecto Hidroeléctrico Agua Zarca, sentenció a muerte a la compañera Berta Cáceres”.

Ya el 16 de febrero, hombres armados habían perseguido a Berta y a otros miembros del COPINH cuando iban saliendo de Río Blanco, territorio cercano al municipio de San Francisco de Yojoa. Los persiguieron en vehículo desde Plan de Encima hasta Zacapa, en el mismo municipio. Y el 25 de febrero, durante el desalojo por parte de la policía y el ejército de familias lencas del COPINH en Jarcia, Guinse e Intibucá, donde protestaban contra los proyectos hidroeléctricos, un agente de la Dirección General de Investigación Criminal, DGIC, hostigó a Berta Cáceres y le dijo que “ellos no respondían por ella si pasaba algo”. Manifestaron los líderes del COPINH.

Aunque ninguna vida, en especial estas tan dignas y tan valiosas, deberían ser arrebatadas, las de Tomás y Berta han marcado en el alma de los hondureños y en la de los ambientalistas de todo el mundo una cicatriz imposible de borrar. Sus muertes siempre injustas e injustificables, solo tienen sentido porque fueron ofrecidas a la vida, porque dejaron tambaleando el proyecto de muerte de la hidroeléctrica Agua zarca, que no ha podido avanzar y que seguramente se paralizará ante la lucha del pueblo Lenca.

Berta Cáceres caminó por todo el mundo sembrando resistencia y dignidad, abrazando causas sociales y promoviendo la defensa de la vida en todas sus expresiones. En Colombia tuvimos el orgullo de sentir ese abrazo y de recibirla en el seno del Congreso de los pueblos, del que se hizo militante. Por ella, por sus hijas Laura y Berta Zúñiga Cáceres, valientes mujeres que caminan los mismos senderos de su madre, alzamos nuestra voz dolorida e indignada, y también por ellas sonreímos con aire poderoso de desprecio ante los asesinos, capitalistas cobardes que se escondieron detrás de la máscara de la muerte ante la mirada firme de una mujer.

El 5 de febrero de 2016 se cumplieron cien años del nacimiento de Daniel Santos, el célebre cantante de agrupaciones como la Sonora Matancera y el Cuarteto Flores. El Jefe o El Inquieto Anacobero, como era conocido en los escenarios musicales de América Latina, gozó de un amplio reconocimiento, en especial desde la década de 1940, gracias a su potente voz y a su destreza para moverse en géneros musicales como el bolero y la guaracha. No obstante, existe un aspecto poco advertido de su vida, que no fue de menor valía: su militancia en el movimiento independentista de Puerto Rico y su simpatía por algunos procesos políticos y líderes revolucionarios de la región. Esto, que se reflejó a través de la música y el activismo político, merece ser resaltado, en el marco de la fecha que evoca su nacimiento.

Yo quisiera una bandera
Daniel Santos nació en San Juan en febrero de 1916, en el seno de un humilde hogar. Desde muy joven se vio abocado a trabajar en diversas labores, al tiempo que se dedicaba con inusitado interés al canto, lo que le valió para ser “descubierto” y tenido en cuenta en diversas agrupaciones menores. Con el paso del tiempo, y de la mano de la portentosa voz que lo acompañaba, recaló en conjuntos de reconocida importancia. El compositor Pedro Flores, resaltan algunos biógrafos, fue decisivo en la suerte de Daniel, no solo porque le dio la oportunidad de probarse como cantante en su agrupación a comienzos de los años cuarenta, sino porque puso parte de su repertorio musical (Despedida, Irresistible, Linda, entre muchas más) a su disposición. El culmen de la trayectoria musical de El Jefe fue su arribó en 1948, a la más importante orquesta del Caribe de la época: la Sonora Matancera.

A la par de la trayectoria musical, se gestó en el cantante boricua un profundo sentimiento nacionalista que se fundamentó en el reconocimiento de que su lugar de origen era una colonia de Estados Unidos, a la que se le negaba el derecho hasta de tener una bandera propia. Ese sentimiento generó en Daniel una actitud de rechazo a la presencia de la potencia del norte en los destinos de Puerto Rico, convirtiéndolo en un apasionado promotor de la independencia de la isla. Además, un hecho vivido de forma directa por él, fortaleció sus posturas independentistas: en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, fue alistado, al igual que muchos jóvenes nacidos en Puerto Rico, en las tropas de EEUU, y enviado a una guerra que le era ajena.
A su regreso a Puerto Rico, Daniel Santos grabó junto a Pedro Ortiz Dávila un LP titulado Los Patriotas, con canciones que cuestionaban la injerencia de Estados Unidos en los asuntos de la isla, y que llamaban a los puertorriqueños a luchar por la independencia. De las doce canciones, seis son autoría de Daniel Santos: Soldados de la Patria, Mi Patria es mi Vida, Yankee Go Home, Protesto, Los Tres Mosqueteros, Mi Credo. En Soldados de la Patria el anhelo de la independencia de Puerto Rico es evidente:

Estas dos voces que están cantando,
por todo el mundo piden la ayuda
para su lucha por libertad,
porque esta tierra no se regala
y no se vende, ni se permuta,
jamás se presta y no se da.

La conciencia de la doblegación de Puerto Rico se expresó en Daniel Santos también en el activismo político. Como lo resalta Josean Ramos, uno de sus biógrafos, después de la Segunda Guerra Mundial, Daniel se convirtió en seguidor del Partido Nacionalista de Puerto Rico, fundado por el líder Pedro Albizu Campos. Desde entonces, el cantante no escondió su abierta militancia en la causa independentista, la cual continuó plasmando en sus composiciones musicales. En 1960 grabó en compañía de Mike Hernández un disco con canciones cuyas letras reflejaban su postura frente a la situación de Puerto Rico. Los temas, todos de su autoría, tienen los siguientes títulos: La masacre de Ponce, Yo quisiera una bandera, Ayúdame paisano, Himno y bandera, Pobre jibarito, Viva mi bandera, Liberación, Esto es mío, De Diego, Betances y Don Pedro, Gloria incompleta, Un paso adelante y El grito de Lares.

Además de canciones, Daniel Santos también fue autor de varios manifiestos políticos que alimentaron el ideario de un grupo clandestino fundado por él en 1972 con el nombre de “Patriotas Puertorriqueños”. Estos documentos, descubiertos recientemente, ponen de manifiesto que Daniel Santos fue, además de artista, un individuo con ideales políticos relacionados con la situación de Puerto Rico, postura que mantuvo hasta sus últimos días, y que siempre le acarreó problemas con el FBI, el Departamento de Estado de Estados Unidos y con el Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Puerto Rico.

Dale la mano a tu hermano
El anhelo independentista de Daniel Santos lo llevó a mirar con simpatía procesos revolucionarios que ocurrían en países de la región. Esto se plasma en múltiples canciones que compuso y cantó, por ejemplo, a favor del proceso cubano, contra la ocupación de Estados Unidos de República Dominicana en 1965 y a favor del proceso panameño de Omar Torrijos. Entre las canciones más destacadas figuran Sierra Maestra (que se convirtió en una especie de himno del Movimiento 26 de Julio de Cuba), Que me pongan en la lista (grabado con la orquesta del cubano Orestes Santos en 1960) y Si Fidel es comunista, en donde se cantan cosas como las siguientes: “Si las cosas de Fidel/ son cosas de comunistas/ que me pongan en la lista/ que estoy de acuerdo con él”. A propósito del triunfo cubano de 1959, Daniel Santos escribió Levanta Borinquén, donde le recuerda a sus compatriotas que allí tienen ellos un ejemplo para imitar: “No ruegues más Borinquen con palabras/ no ruegues más tu ansiada libertad/ levanta y glorifica tu bandera/ que el mundo está cansado de esperar/ Si Cuba con valor fue a la manigua, tú puedes irte al campo y el manglar/ Olvídate del dicho de la antigua/Que nada ya se saca con hablar”.

A raíz de la invasión de Estados Unidos a República Dominicana en 1965, Daniel compuso ¡Despierta, dominicano!, canción que generó profundos sentimientos de dignidad y movilizó el deseo de justicia en pobladores de la isla ocupada y de la región:

¡Despierta dominicano!;
¡despierta, que amaneció!
Dale la mano a tu hermano para que reine la unión;
para que respeten tu bandera,
para que respeten tu Nación.

También cantó Daniel Santos al proceso político que se abrió con la presencia del General Omar Torrijos en Panamá en 1968. Se recuerda que el cantante boricua compuso doce canciones bajo el título de “Revolución”, grabadas con la orquesta de la Guardia Nacional de Panamá en 1969. Las canciones se titulan La revolución, El campesino, Felicidad para todos, Su amigo el guardia, El abarrotero, El pescador, 11 de octubre, Chorrillo y marañón, El indio y la revolución, That old revolución, Inmaculado corazón y La noticia. También escribió una canción en honor a Camilo Torres Restrepo luego de su muerte ocurrida en 1966, y cuya letra dice: “Murió cual mueren los héroes que quieren a su patria de verdad y dan el todo por nada contra toda adversidad. Hombre de honor y coraje, roca de la lealtad, sufriendo sin inmutarse la injuria, la calumnia y la maldad”.

Como es apenas comprensible, las expresiones abiertas de nacionalismo y rechazo a la intromisión de Estados Unidos en la región, le acarrearon a Daniel Santos problemas. Se recuerda, por ejemplo, su expulsión de Costa Rica en 1960, en el marco de la VI Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuando pretendió cantar en un acto de simpatía a la delegación cubana que se prestaba a participar en el evento. No obstante, ni este tipo de sanciones ni el sentirse expiado (como de hecho lo fue) por organismos de seguridad de Puerto Rico o Estados Unidos, hicieron que el cantante boricua renunciara a sus deseos de ver a su isla convertida en una nación independiente y con una propia bandera.

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