Homenajes

Homenajes (1)

Un soplo de voz volcánica

Escuchar a Nina es escuchar negruras; dolores y desgarro que se alzan fuertemente para abrazar la vida y la esperanza. Escuchar a Nina es escuchar su exorcizo, su ritual que quiere conciliar con la miseria humana; es escuchar coquetería y altanería en un mujerón altamente apasionado. ¡Cuán necesario es escuchar a este tipo de espíritus en medio de tanto automatismo! Su voz y sus dedos lograron manifestarse, buscaron autoexpresarse y aún hoy, más de 13 años después de haber entrado en el sueño profundo, sus composiciones pueden atravesar emocionalmente a cualquier ser humano.

Considero su voz como un ascensor ecléctico parando en diversos ritmos, jugando de acá para allá. De manera increíble improvisaba desde el gospel, el blues o el jazz. Eunice Kathleen Waymon, o Nina Simone, compositora, cantante y pianista estadounidense,  es hoy considerada como una de las grandes voces del siglo XX. Ella desde pequeña demostró su talento por la música, la llamaban “el silbador”, Nina era la sexta de una familia de ocho hermanos, descendiente principalmente de esclavos africanos.

Nina tuvo contacto con el racismo desde niña, a sus diez años dio su primer recital en una librería local. Durante este concierto sus padres fueron desalojados de la primera fila para acomodar a los blancos. Este hecho marcó su carácter, vulcanizando su pasión por la lucha y defensa de los derechos civiles de las personas de ascendencia africana. A pesar de esto Nina soñaba con ser concertista de música clásica, pero justamente el racismo de la época la golpeó de nuevo y fue rechazada en el Instituto de Música Curtis donde se había postulado para una beca.


“Jazz es un término de los blancos para definir la música negra. Yo hago música clásica negra”, decía Nina Simone.


El mundo que habitó Nina a lo largo de los años sesenta en Estados Unidos, era un mundo dividido y segregado: estaban las personas de “color” y las que no lo eran; es por eso que gran parte de sus motivos y luchas provienen de allí y se pueden escuchar claramente en canciones como Mississippi Goddam o How it feels to be free. Tras el asesinato de Martin Luther King (1968) finalmente decidió irse, debido a lo difícil que resultaba habitar un lugar que no le permitía ser.

“Usted no tiene que vivir a mi lado / Sólo darme mi igualdad / Todo el mundo sabe lo de Mississippi / Todo el mundo sabe lo de Alabama / Todo el mundo sabe lo de Mississippi Goddam…”, dice uno de les versos de Mississippi Goddam. Este título se traduce como “Maldito Mississippi”; ella no puso palabras bonitas en sus letras, así como lo sentía así mismo era como lo nombraba; ella se cansó de la doble moral de las personas que usaban el lenguaje para seguir perpetuando las actitudes raciales del pueblo estadounidense.

“Maldito Mississippi” fue una de las canciones que ella escribió en menos de dos horas. Imagino todo lo que tenía adentro de sí para que en solo ese tiempo compusiera esas líneas. Estaba cargada de la rabia y el dolor por los sucesos del 12 de junio cuando Medgar Wiley, un activista de los derechos civiles fue asesinado en ese Estado, y paralelo a ese hecho, el 15 de septiembre un bombardeo estalló sobre un grupo de niños negros que se encontraban en una iglesia; el artefacto explosivo había sido puesto por miembros del Ku Klux Klan, y en la explosión murieron cuatro niñas.

A Nina la recreo en mi mente: como una espuma volcánica, una mujer negra sentada al frente de su piano, y encima de éste varias hojas, un cenicero repleto de colillas de cigarrillos, y el cuarto con un ambiente nostálgico por la muerte de las niñas y el activista, sin contar los miles de negros y blancos asesinados por la defensa de los derechos de los negros y negras.

Hace un par de años me topé con el documental “What happened, Miss Simone”, dirigido por Liz Garbus, recomendado para quien desee conocer un poco más a profundidad la vida de Nina. En el documental hubo un acontecimiento que me dejo atónita, un poco contrariada y a su vez conmovida: Nina fue maltratada física y sicológicamente durante muchos años por su esposo y le costó mucho salirse de este círculo. Me pregunto, ¿cómo una mujer con semejante carácter y pensamiento crítico a las injusticias, pudo estar sometida a ese pequeño infierno dentro de su propio hogar? Esta, más que ser una crítica, es una reivindicación para ella en estas líneas. Todo ser humano tiene su paradoja interna y su dolor oculto; Nina no solo sufrió discriminación por su color de piel, sino que también fue oprimida por ser mujer.

“Tienes que aprender a levantarte de la mesa cuando ya no se sirve amor”, Nina Simone.



Agradezco al azar el legado de la voz de Nina. Curiosamente ella inició a cantar por petición del propietario de un bar de Atlantic City, donde ella tocaba el piano para pagar su sustento. A regañadientes aceptó y gracias a este hecho hoy tenemos en nuestra memoria cultural una voz soberbia e inmortal.

Concluyo enunciando una sencilla premisa a modo de meditación espontánea: es un verdadero reto lograr que el arte sea un medio para mejorar las relaciones humanas, un canal para criticar, polemizar y denunciar las diferentes problemáticas sociales que nos atañen. Un ejemplo a esta proposición nos queda con artistas como Nina Simone, porque ella demostró una gran diferencia entre un cantante y un cantautor: el cantautor compone lo que canta y le asigna música a eso que escribe con el alma, que siente, que duele, aquello que hay que denunciar, y el cantante no necesariamente lo hace.


"El deber de un artista, en lo que a mí concierne, es reflejar los tiempos en los que vivimos", Nina Simone.

Last modified on 30/04/2017

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