Homenajes

Homenajes (2)

Trasegando por las calles de Cochabamba el pasado 14 de agosto observé con atención un monumento; paré por curiosidad pero pensando que sería un monumento más. Para sorpresa mía, lo que tenía enfrente era un monumento exaltando la memoria de una mujer de la que hasta ese instante no tenía conocimiento particular.

Esa mujer se llama Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio Ribero, simplemente para sus amigos y conocidos Adela Zamudio, o según sus publicaciones poéticas Soledad o “La Alondra Solitaria”, más relacionada por su larga y fina soltería.  ¿Y quién es Adela Zamudio? Nacida en Cochabamba el 11 de octubre de 1854 y fallecida en la misma ciudad el 2 de junio de 1928, a sus más de 73 años y a secas una mujer de letras tomar; esa es su esencial y majestuosa característica.

Poeta, escritora, maestra, dibujante, artista plástica y activista social con un común denominador en su impronta de vida, y totalmente relacionada en sus seis actividades: la lucha por la defensa de los derechos de la mujer y por su bienestar social integral. Si empezamos a detallar cada situación de su vida no se ha de estar lejos en ese sentir.

Lo primero, sus estudios básicos de primaria llegaron hasta el tercer grado en la Escuela Católica de San Alberto, lo más que las mujeres podían llegar en esa época en cuanto a su educación, y por tanto Adela siguió su instrucción por su propia cuenta a través de la lectura permanente. A partir de eso propuso una educación de corte laico en condiciones de equidad e igualdad que hasta entonces era patrimonio masculino por completo.

Lo segundo, su abierto desafío a las costumbres católicas retrógradas, a la cerrada y privilegiada sociedad machista donde el rol esclavista de la mujer como ama de casa y cuidadora de los niños es moneda corriente para ese entonces, y lo denuncia audazmente tal como se denota en un verso de su poema “Nacer Hombre” así:


Ella debe perdonar
si su esposo le es infiel;
más, él se puede vengar;
(permitidme que me asombre)
en un caso semejante
hasta puede matar él,
porque es hombre.

A través de este y otros versos, bajo su picante arrojo y desparpajo, lo mismo en otras formas literarias aunque menos prolijas y fecundas que la poesía, Adela propone para esos tiempos dentro de la sociedad boliviana y que hoy ya es realidad, la instauración del matrimonio civil, el derecho al divorcio y la separación de poderes entre el Estado boliviano y la iglesia católica.

Lo tercero, Adela nunca se conformó y mucho menos se quedó con los brazos cruzados. Teniendo en cuenta que la sociedad se regía por cánones de comportamiento exclusivistas por parte de los hombres, y por las formas de gobierno de índole conservadores tanto por el Estado como por la iglesia romana, si para esa época ser propositiva era difícil, para el emprendimiento de proyectos concretos y reales sí que era mucho más.

Sin embargo, Adela lo realizó sin claudicar y en ese sentido le fue muy bien: ser maestra de la Escuela Católica San Alberto en 1899, lugar donde en principio hizo su formación primaria inicial. Luego, fue fundadora de la Escuela Fiscal de Señoritas de la cual se jubilaría de forma obligada más adelante, y donde predicó con gran pasión su propuesta educativa de corte laico, siendo esta la primera bajo este modelo en Bolivia. Fundó también dos escuelas de pintura en 1911: una para señoritas y otra para niños en barrios más pobres de Cochabamba. No dejó duda alguna de que su labor pedagógica sigue siendo ejemplar y fiel a sus principios y fiel a su convicción.

Es por esto y por mucho más que dentro de tantos homenajes y reconocimientos hechos tanto en vida como póstumos, el más importante de todos ellos y en su honor se instituyó bajo el decreto ley 07352 del 11 de octubre de 1965, durante el gobierno de René Barrientos Ortuño el día de la mujer boliviana, celebración que precisamente se hace cada año el día de su natalicio. Además, bajo el mandato de la presidente Lidia Gueiler Tejada con el decreto supremo 17081 del 2 de octubre de 1979 se les concedió a todas las mujeres trabajadoras en cualquier actividad una jornada de descanso y agasajo. Todo esto aparte de la celebración internacional del 8 de marzo.

Para la faz de la tierra y en especial para el pueblo boliviano y latinoamericano Adela Zamudio, Soledad o La Alondra Solitaria es sinónimo de lucha, libertad, revolución de las ideas; es constructora de un entorno social más digno. Con su valentía y coraje animó la emancipación de la mujer en todos los aspectos vitales. Si bien eso no fue fácil, ha llegado más, no solo en favor de la lucha por defender el género femenino en sí, sino también aportando a las nuevas generaciones de mujeres, niños y jóvenes su legado de entrega, amor y pasión para cumplir los sueños de la humanidad de vivir en armonía con dios, la naturaleza y el prójimo.

Last modified on 15/10/2017

Mujer de letras tomar

Trasegando por las calles de Cochabamba el pasado 14 de agosto observé con atención un monumento; paré por curiosidad pero pensando que sería un monumento más. Para sorpresa mía, lo que tenía enfrente era un monumento exaltando la memoria de una mujer de la que hasta ese instante no tenía conocimiento particular.

Esa mujer se llama Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio Ribero, simplemente para sus amigos y conocidos Adela Zamudio, o según sus publicaciones poéticas Soledad o “La Alondra Solitaria”, más relacionada por su larga y fina soltería.  ¿Y quién es Adela Zamudio? Nacida en Cochabamba el 11 de octubre de 1854 y fallecida en la misma ciudad el 2 de junio de 1928, a sus más de 73 años y a secas una mujer de letras tomar; esa es su esencial y majestuosa característica.

Poeta, escritora, maestra, dibujante, artista plástica y activista social con un común denominador en su impronta de vida, y totalmente relacionada en sus seis actividades: la lucha por la defensa de los derechos de la mujer y por su bienestar social integral. Si empezamos a detallar cada situación de su vida no se ha de estar lejos en ese sentir.

Lo primero, sus estudios básicos de primaria llegaron hasta el tercer grado en la Escuela Católica de San Alberto, lo más que las mujeres podían llegar en esa época en cuanto a su educación, y por tanto Adela siguió su instrucción por su propia cuenta a través de la lectura permanente. A partir de eso propuso una educación de corte laico en condiciones de equidad e igualdad que hasta entonces era patrimonio masculino por completo.

Lo segundo, su abierto desafío a las costumbres católicas retrógradas, a la cerrada y privilegiada sociedad machista donde el rol esclavista de la mujer como ama de casa y cuidadora de los niños es moneda corriente para ese entonces, y lo denuncia audazmente tal como se denota en un verso de su poema “Nacer Hombre” así:


Ella debe perdonar
si su esposo le es infiel;
más, él se puede vengar;
(permitidme que me asombre)
en un caso semejante
hasta puede matar él,
porque es hombre.

A través de este y otros versos, bajo su picante arrojo y desparpajo, lo mismo en otras formas literarias aunque menos prolijas y fecundas que la poesía, Adela propone para esos tiempos dentro de la sociedad boliviana y que hoy ya es realidad, la instauración del matrimonio civil, el derecho al divorcio y la separación de poderes entre el Estado boliviano y la iglesia católica.

Lo tercero, Adela nunca se conformó y mucho menos se quedó con los brazos cruzados. Teniendo en cuenta que la sociedad se regía por cánones de comportamiento exclusivistas por parte de los hombres, y por las formas de gobierno de índole conservadores tanto por el Estado como por la iglesia romana, si para esa época ser propositiva era difícil, para el emprendimiento de proyectos concretos y reales sí que era mucho más.

Sin embargo, Adela lo realizó sin claudicar y en ese sentido le fue muy bien: ser maestra de la Escuela Católica San Alberto en 1899, lugar donde en principio hizo su formación primaria inicial. Luego, fue fundadora de la Escuela Fiscal de Señoritas de la cual se jubilaría de forma obligada más adelante, y donde predicó con gran pasión su propuesta educativa de corte laico, siendo esta la primera bajo este modelo en Bolivia. Fundó también dos escuelas de pintura en 1911: una para señoritas y otra para niños en barrios más pobres de Cochabamba. No dejó duda alguna de que su labor pedagógica sigue siendo ejemplar y fiel a sus principios y fiel a su convicción.

Es por esto y por mucho más que dentro de tantos homenajes y reconocimientos hechos tanto en vida como póstumos, el más importante de todos ellos y en su honor se instituyó bajo el decreto ley 07352 del 11 de octubre de 1965, durante el gobierno de René Barrientos Ortuño el día de la mujer boliviana, celebración que precisamente se hace cada año el día de su natalicio. Además, bajo el mandato de la presidente Lidia Gueiler Tejada con el decreto supremo 17081 del 2 de octubre de 1979 se les concedió a todas las mujeres trabajadoras en cualquier actividad una jornada de descanso y agasajo. Todo esto aparte de la celebración internacional del 8 de marzo.

Para la faz de la tierra y en especial para el pueblo boliviano y latinoamericano Adela Zamudio, Soledad o La Alondra Solitaria es sinónimo de lucha, libertad, revolución de las ideas; es constructora de un entorno social más digno. Con su valentía y coraje animó la emancipación de la mujer en todos los aspectos vitales. Si bien eso no fue fácil, ha llegado más, no solo en favor de la lucha por defender el género femenino en sí, sino también aportando a las nuevas generaciones de mujeres, niños y jóvenes su legado de entrega, amor y pasión para cumplir los sueños de la humanidad de vivir en armonía con dios, la naturaleza y el prójimo.

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