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Edición 40 - Mayo 2009

Edición 40 - Mayo 2009 (15)

Sábado, 16 Mayo 2009 00:00

Chocó resiste al saqueo y al conflicto

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“Dicen que por el Río Atrato fue que llegaron los españoles al Chocó y traían a los negros presos y esclavizados. Los indígenas que había por todos lados observando el maltrato a que eran sometidos los negros, huían despavoridos al interior de la selva para evitar que a ellos les pasara lo mismo. Pero cuando los negros nos rebelamos y formamos los palenques, nos quitamos el yugo y ya los indígenas nos veían liberados, a ellos les pareció mejor decirnos libres y aun algunos lo hacen”

 

Esto fue lo que nos contó Aurelino Quejada, un negro chocoano que ha dedicado su vida al proceso organizativo de sus hermanos negros y que trabaja actualmente con el Foro Interétnico Solidaridad Chocó.

“Siempre en el Chocó los indígenas y los negros hemos vivido unidos, compartiendo la tradición, la tierra y la amistad. Por ejemplo, nunca indio le bautiza indio; cuando tienen sus hijos caminan lo que sea necesario buscando a los negros para que le bauticen a sus hijos, somos compadres”, comenta Aurelino. “Siempre trabajamos juntos con los indígenas, pero a partir de la titulación de tierras, que se dio desde el año 1987 para los indígenas en los resguardos y para nosotros los negros más o menos en el año 1996, nos pusimos de acuerdo para distribuirnos la tierra”. Además han llegado pobladores de Antioquia, Caldas, Valle del Cauca Córdoba. Como se da en muchas partes del país, el comercio en los principales poblados del Chocó lo manejan los paisas. “Por eso nosotros compartimos con ellos cultura y territorio, y el río que son las venas de esta tierra”


El Territorio: Un Derecho Colectivo

En Chocó casi toda la tierra pertenece a las comunidades a través de títulos colectivos. Primero empezaron a titularle a los indígenas los resguardos y después a los negros. Pero la llegada del Incora y su metodología para señalar los límites del territorio generaron grandes disputas entre estas dos comunidades. “Es que el Incora vino con una estrategia maliciosa, solamente visitaba las tierras indígenas para definir los linderos, les decían a ellos, ustedes díganos por donde van los linderos. Los negros apenas se daban cuenta después, cuando aparecían los mapas y entonces se enojaban y se presentaba el conflicto, el cual el Incora no resolvía. Lo que se notaba era que el mismo gobierno impulsaba los conflictos entre las comunidades para que se mataran. Y fue el trabajo organizativo y el apoyo de la diócesis de Quibdó la que llamó la atención sobre el problema y se dijo que entre los pobres no podían pelear, que el problema era el Estado. Había que hacer las paces para titular el territorio equitativamente y seguir viviendo en paz”, manifiesta el padre Ulrich Kollwitz, miembro de la diócesis de Quibdó.


Y continúa Aurelino: “El Chocó por naturaleza ha sido un departamento muy rico. Antes de los años 40 los extranjeros tenían sus ojos puestos en esta zona, sabían que era una reserva. Por eso aquí no había títulos colectivos y esto estaba denominado tierra del Estado. En Bogotá concedían las concesiones mineras y madereras y a nuestras tierras llegaban los explotadores de recursos y a nosotros, los habitantes, solo nos respetaban el pedazo en donde estábamos viviendo y trabajando, la rastrojera que nosotros llamamos; el resto lo explotaban ellos. De todas maneras eso provocó que nosotros nos preguntáramos por qué gente de otro lado venía a explotar lo que era nuestro”.


El saqueo continúa

El interés de personas foráneas y empresas extranjeras que han fijado su blanco en este departamento, encuentra sus raíces en la época de la colonización de los españoles que explotaron y extrajeron minerales como el oro, la plata y el platino, especialmente. Un ejemplo reciente fue la presencia de la empresa Chocó Pacífico, que ingresó a la región en 1916 por los ríos Condoto, Itsmina, San Juan e Iró y mediante el dragado de éstos obtuvo apreciables cantidades de oro y de platino, que en nada contribuyeron a la prosperidad de la región ni del país. Por el contrario: el dragado de los ríos y el monopolio alcanzado allí por esta empresa motivaron intensos conflictos sociales. La empresa impedía a los habitantes la navegación por esos ríos y prohibía la explotación de los yacimientos.


Luego de negociaciones
en 1974, Mineros Colombianos S.A. adquirió la Chocó Pacífico, creando Mineros del Chocó S.A. que entró en crisis y en 1986. El gobierno constituyó Metales Preciosos del Chocó S.A. y liquidó la anterior, estafando a obreros y pensionados y entregándoles acciones como forma de pago de sus prestaciones. El gerente liquidador fue el actual presidente Álvaro Uribe Vélez. “Aun quedan las estructuras, maquinarias y ruinas de lo que fue esa empresa, la que por cierto liquidó el actual presidente Álvaro Uribe Vélez hacia los años 80. Por eso, en esta zona ya conocíamos a ese señor antes que fuera presidente, porque además el es uno de los mayores terratenientes del departamento, tiene muchas tierras en Nuquí y en Belén de Bajirá (límites con Urabá antioqueño)” señaló Aurelino.


En el Chocó no todo lo que brilla es oro

El departamento tiene aproximadamente 400 mil habitantes y una extensión de 47.000 Kms2 aprox. “El Chocó es conocido por la minería –comenta Aurelino-, la gente cree que aquí no hay agricultura, pero no es así. Por ejemplo, en la parte alta del San Juan se da mucho la minería; en el Alto Atrato, Baramá, Megua, Tutunendo, Lloró, Bagadó, eso es minero; el medio Atrato es agrícola, los rios Bojayá y Natiti son muy productivos, en el rió Bogadó se cultiva cacao, arroz, maíz, plátano, yuca y en el Bajo Atrato se da la ganadería y el arroz. Los productos se consumen en el mismo departamento, el mejor plátano del Chocó se produce en Baudó y se consume en Quibdó e Istmina; el Atrato tiene una particularidad, es el único río en Colombia cuya subienda de bocachico, que se da en enero y febrero, es tan grande que abastece todo el chocó y ese sólo producto reactiva la economía de la región. La gente pesca de enero a junio y con ello cubren gastos de toda la familia y se aprovisiona para casi todo el año. También se pesca el dentón, el bagre, la doncella y otros”


Pero también esta gran riqueza está en inminente peligro. Todo lo que exista en Chocó que genere dinero inmediatamente se lo quieren apropiar los foráneos; en este caso, el peligro con el bocachico, quien lo creyera, es la extracción de la especie Arracacho Montrichardia arborescens por parte de la Empresa Ecopulpa S.A. en el bajo Atrato. El potencial de aprovechamiento en esta zona corresponde a 260 toneladas por hectárea/año para la producción de papel de escritura e impresión en 6 territorios de Consejos Comunitarios del Bajo Atrato, que afectarán la biodiversidad y el derecho a la alimentación.


El arracacho es una especie de arbusto que crece en el río y es allí en donde el bocachico desova. Pues esta compañía encontró, según ellos, que el arracacho es la mayor riqueza que tiene el Chocó porque de este arbusto se puede obtener uno de los papeles más finos del mundo y de allí también sacarían el papel para producir los billetes de la moneda europea, o sea el euro. “Estos franceses-comenta Aurelino- planean montar una procesadora y, según ellos, producirían 10 mil empleos. Si este proyecto se llega a sacar adelante el daño cultural, económico, ambiental y el perjuicio directo sobre el principal alimento de los chocoanos, sería incalculable, sencillamente se acabaría con la mayor subienda de bocachico que se da en todo el territorio nacional”.

 

Y llegó la violencia armada

Un elemento que causa sorpresa en la geografía chocoana es la del conflicto armado. Aurelino nos cuenta que, contrario a lo que en el país se cree, la violencia al Chocó llegó hace poco. “Los pobladores indígenas y negros salían tranquilamente a la montaña en la noche a cazar guagua para vender su carne y alimentar a su familia y no pasaba nada. No era común que la gente se agrediera a plomo, casi no se presentaban asesinatos, no se veía personal armado, las puertas de las casas permanecían abiertas aun en la ausencia de sus dueños, no había miedo. La gente del Chocó es como el nombre de la costa que los baña, pacífica. Pero desde los años 80, por el bajo Atrato empezaron a llegar los grupos subversivos: primero el EPL y luego las FARC. Sin embargo convivieron pacíficamente con los habitantes; algunos casos aislados de abusos por parte de estos grupos se dieron por sospechas infundadas de ser sapos de sus enemigos, pero en general se vivía en paz. No pasó lo mismo con la llegada de los grupos paramilitares, con ellos llegaron los señalamientos y los asesinatos. Los reclutamientos y los enfrentamientos armados provocaron desplazamientos y cambios en la cultura y costumbres de la gente. El punto máximo se dio con la masacre de Bojayá en donde fueron asesinados 119 civiles indefensos”.

 

Recordando el trágico suceso, el padre Ulrich Kollwitz nos relató que desde marzo del 2000 las FARC se habían hecho al control de las poblaciones de Vigía del Fuerte y Bellavista, desterrando a la fuerza pública y los paramilitares. El 2 de abril de 2002 regresaron los paramilitares con 400 efectivos para enfrentar y desterrar a la guerrilla de la zona. “Desde la diócesis –comenta el padre Ulrich Kollwitz- activamos la alerta temprana de lo que iba a pasar junto con el defensor de derechos humanos del Chocó y la oficina en Colombia del alto comisionado de naciones unidas para los derechos humanos. Durante los combates de ese día en Bellavista, la población civil se refugio en la iglesia mientras que las AUC se resguardaban al lado de la iglesia e hicieron varios intentos por entrar pero no se les permitió”. La pipeta que iba dirigida a los paramilitares cobró la vida de cerca 119 personas y un número aun no determinado de combatientes.


Los combates continuaron hasta el 5 de mayo en las afueras del pueblo y la población aprovechó la oportunidad para huir al Vigía del Fuerte. Continua Ulrich Kollwitz “El 8 de mayo llega la fuerza pública a tomar el control de la zona pero antes, el 5 y 6 de mayo, se habían retirado las FARC. Las AUC, con cerca de 160 de sus sobrevivientes, aprovecharon para regresar con sus heridos a los puestos de salud para ser atendidos. Estos saquearon las casas y se vistieron con la ropa que allí encontraron, camuflándose entre la población civil. El ejército no atendió a las denuncias de la gente que los señalaba; por su parte, la fiscalía manifestó que solo harían el levantamiento de los cadáveres. La gente, al sentir que no tenía garantías por parte de las autoridades, se desplazó. A pesar de todo, el retorno de la población desplazada del medio Atrato se dio satisfactoriamente y estuvo acompañado de la Diócesis de Quibdó y de las organizaciones sociales de Chocó”.


Y También el Narcotráfico

La droga también llegó a la par con los grupos armados. A nosotros nos confunde y no sabemos exactamente con quién llegó, lo que sí sabemos es que todo el mundo se termina involucrando en este negocio”, comenta Aurelino. “En los años ochenta lo que se movió fuerte fue la marihuana, pero este negocio no afectó la vida de los pobladores; la cocaína si. Se dan las fumigaciones, las extorsiones, los asesinatos, la prostitución, el daño ambiental, el lavado de activos, se pelean territorialmente la guerrilla y los paras, proliferan las bandas narcotraficantes como “Los Rastrojos”; en fin, los que pagamos los platos rotos somos las comunidades con el hambre y la miseria… el mismo Estado se burla de nuestros derechos adquiridos”


El cultivo de la coca ha venido subiendo por el Pacifico y tomando mayor concentración en el municipio de Pizarro, bajo San Juan, aunque también afectando el bajo y medio Baudó y la cuenca del medio Atrato. De esta manera se ha agudizado aun más la crisis social del departamento. Caso concreto se da en la ciudad de Itsmina, que viene moviendo un alto flujo de dineros ilícitos debido a su ubicación estratégica en el medio San Juan. Inclusive se está convirtiendo en lugar predilecto para comprar electrodomésticos por los bajos costos que ofrece el lavado de activos, mientras que en Quibdó ha mermado este comercio debido, además, a las extorsiones y quemas de lanchas que transportaban con frecuencia mercancía entre esta ciudad y Cartagena. “Uribe se manifiesta diciendo que todo está bajo control- comenta Aurelino-. Pero usted viaja a Quibdó y a Istmina y se encuentra con 5 o 6 muertes diarias, y también se ven las fuerzas legales e ilegales haciendo presencia… la seguridad democrática convive con la mafia”, concluye Aurelino.


Y también la resistencia

En contraste con las jugosas ganancias que genera el mercado del narcotráfico, hay dificultades como la falta de acceso a la educación, salud, vías de comunicación, agua potable, electrificación, recreación, proyectos productivos, y las violaciones constantes a los derechos humanos, limitación a las libertades de utilizar no más de una hectárea para cultivar, restricción para moverse por los campos y los ríos, desplazamientos por el eminente peligro de muerte de parte de los grupos armados, entre otras. Todo esto está generando situaciones de desesperación y frente al hambre que a veces se someten, cualquier oferta que venga de afuera es muy tentadora para abandonar el lugar e irse a la ciudad.


Aurelino resalta que, “a pesar de tener los títulos colectivos y la tierra legalizada, no hemos podido ejercer la autonomía y la soberanía sobre nuestro territorio. Pero en el departamento del Chocó brilla una fortaleza que es el alto nivel organizativo y eso nos ha permitido resistir, sobrevivir, reclamar los derechos y enfrentar los problemas… Este Foro Interétnico ha aglutinado esos procesos organizativos, habilitando espacios de diálogo y discusión entre las comunidades que planea la ruta a seguir, en donde se privilegian los problemas colectivos para encontrar las soluciones entre todos. En estos momentos estamos trabajando la agenda de paz, observatorio social y la problemática de las víctimas. Hay que defender el territorio y la vida, porque sin territorio o sin vida, no hay nada”

Sábado, 16 Mayo 2009 18:23

Edición No. 40 MAYO

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8 y 9 de junio de 1954, dos días que marcaron el “comienzo del fin” de la dictadura de Rojas Pinilla, dos días que aportaron más víctimas al movimiento estudiantil, dos días en que la ciudad de Bogotá se conmocionó por los infaustos sucesos en que cayeron muertos, por balas oficiales, una decena de jóvenes estudiantes y quedaron heridos otros tantos. Las razones a tales acontecimientos aún no se han aclarado del todo, unos dicen que fue causado por el  militarismo de Rojas Pinilla, otros que fue un asunto de Laureanistas resentidos o de comunistas que incitaron al desorden. Lo cierto es que durante estas jornadas de junio, la expectativa del primer año del gobierno militar se desmoronó, la ciudad quedó conmovida y la imagen del Teniente General Rojas Pinilla no tuvo la misma credibilidad de antes.

 

La mañana del 8 de junio, cuando los estudiantes se dirigían en procesión hacia el Cementerio Central, tropas de la policía les impidieron el paso argumentando problemas de orden público. En la tarde, cuando los estudiantes se encontraban departiendo en los predios de la Universidad Nacional, de nuevo la policía apareció; esta vez se presentó una confrontación. El encuentro dejó como resultado la muerte del estudiante Uriel Gutiérrez. Al día siguiente, durante su sepelio, un contingente de soldados, recién llegado de la Guerra de Corea, bloquearon la procesión, después de unos minutos de tensión, se escucharon disparos y comenzaron a caer los muertos de la jornada del 9 de junio. Al final, todo fue confusión, muerte y desconcierto. Los estudiantes fueron a sepultar a uno de sus compañeros y terminaron recogiendo 9 cadáveres más.

Las razones de estos hechos pueden resumirse en lo que podría denominarse el síndrome post 9 de abril,  es decir, el temor por parte de los sectores dominantes a las manifestaciones masivas de los pobladores. Esto ocasionó, entre otras cosas, la conservatización de la policía, la cual junto con organismos paraestatales, como los “pájaros” tenían como función la homogeneización política, de manera violenta y sectaria, de los colombianos. Otro factor que incidió en el desarrollo de los acontecimientos del 8 y 9 de junio y en sus posteriores interpretaciones, fue la doctrina anticomunista asumida como política estatal. De hecho, la responsabilidad principal de lo ocurrido estos días se le adjudicó a los comunistas más reconocidos para entonces en el país.

De esta manera, el principal protagonista de las jornadas, el movimiento estudiantil, se vio reducido a calificativos despectivos, emitidos por algunos sectores muy cercanos al gobierno militar en sus comienzos, que lo tildaban de alterar el orden social, recién conquistado por Rojas Pinilla. En consecuencia, la organización  estudiantil, lejos de verse como un movimiento social, con “identidad irreductible, independencia y permanencia (que) converge como grupo en un contenido intencional”, terminó asociándosele con rasgos espontáneos de desorden, de algarabía multitudinaria y, además, influido por elementos comunistas; restándole así autonomía a las reivindicaciones estudiantiles.

Precisamente el 28 de junio de 1954 se publicó una editorial en El Tiempo titulada “El Mcarthysmo criollo, en la que se criticaba acérrimamente las gestiones internas llevadas a cabo en la Universidad Nacional, encaminadas al señalamiento y expulsión de todos aquellos miembros de la comunidad académica (docentes y estudiantes) que habían estado implicados en los hechos del 8 y 9 de junio. Sin embargo, estas actuaciones eran apenas el reflejo de una política a nivel nacional de estigmatización del pensamiento diferente, titulado despectivamente bajo el apelativo de Comunista y dirigido hacia todos los pobladores que se mostraran en desacuerdo con las decisiones del gobierno. El Comunismo se convirtió en el caballo de batalla que amenazaba constantemente el orden y la paz nacional, tan deseada por Rojas Pinilla; de esta manera, con la excusa de la lucha en contra del comunismo, se realizaron actos de censura, represión y señalamiento.

En suma, todo acto autónomo que presentara cierto rechazo a las políticas gobiernistas era catalogado genéricamente como comunista, con todas las consecuencias que para el contexto mundial y nacional acarreaba este calificativo.  Visto como un leviatán, las palabras del gobierno vislumbran un cierto terror por la existencia de este tipo de pensamiento en el país: “El partido comunista, técnicamente organizado, disciplinado y con masas que obran en la sombra, sí habita en Colombia”, decían los miembros del gobierno con asomos alarmistas. En relación con la existencia del comunismo aparecen “las víctimas”, los estudiantes, quienes al paso de las décadas han tenido que luchar no solo con el imaginario de la élite que los reduce a simples seguidores acríticos de doctrinas “dañinas” para la sociedad, sino con la  violencia de la Fuerzas Armadas y, ahora, contra armas más poderosas como la privatización, la mercantilización de la educación, la educación para el trabajo, etc.; obstáculos que quizá han opacado su organización mas no los objetivos de su reivindicación.  

 

 

El Movimiento Sin Tierra de Brasil es hoy en día uno de los más destacados referentes políticos de la izquierda anticapitalista en el mundo. En el marco de los veinticinco años de la creación del MST (1984), tuvimos la oportunidad de conversar con Lucineide Barros Madeiros, quien por estos días visita a nuestro país. Lucineide es militante de movimientos sociales desde finales de la década de 1970 y profesora del Centro de Ciencias de la Educación de la Universidad Estadual de Piaui – Uespi.

 

¿Cuál es el contexto social en el que surge el MST?

Antes de todo debo decir que no soy dirigente del MST y que habló desde dos lugares: desde una militancia en movimientos sociales populares desde el final de la década de 1970; y como investigadora que actualmente estudia la educación en el campo, practicada por el MST, desde la experiencia que tuve en el período de 1994 a 1997 en la coordinación pedagógica de cursos de Educación del Campo, promovidos por el MST en mi Estado, el Piaui, que está localizado en la región Nordeste de Brasil. Sobre la pregunta, yo destacaría dos elementos fuertes que marcan el contexto de surgimiento del MST: el primero es respecto a la continuidad de un proceso histórico de luchas de los sectores populares campesinos en diferentes momentos de la historia brasilera, resistiendo contra el modelo de desarrollo excluyente e injusto instalado en Brasil desde la colonización.

Dentro de esas luchas podemos citar la Revuelta de Canudos, realizada en el Estado de Bahía de 1896 a 1897 y que fue una contraposición al sistema de explotación republicano, recientemente implantado en aquella época; un movimiento fuertemente disciplinado que llegó a reunir a cerca de 30 mil personas viviendo de modo autónomo y sustentable. Otra expresión de lucha y resistencia popular fueron las Ligas Campesinas, reconocido como el movimiento agrario más importante de Brasil en el periodo anterior al golpe militar de 1964. Este movimiento organizó campesinos en torno a reivindicaciones ligadas a la posesión y usufructo de la tierra y se difundió en varios estados, con fuerte repercusión social y política en favor de la reforma agraria. El MST se considera heredero de movimientos como este.

El segundo elemento fuerte que destaco es la existencia de una cuestión agraria en Brasil: una cuestión de naturaleza estructural formada desde el proceso de colonización que dio origen a la propiedad privada de la tierra y del territorio en el medio rural. Es un momento en que se instaló en Brasil un modelo de administración colonial caracterizada por la donación de grandes extensiones de tierra a amigos de la corona portuguesa, proceso formalmente legalizado con la promulgación de una legislación favorable al uso de la propiedad privada de tierra, especialmente con la Primera Ley de Tierras, en 1850. Este hecho ocurrió en un momento en que en Brasil todavía existía un fuerte régimen esclavista, que solo fue abolido oficialmente en 1888 y oficializó el latifundio y a los latifundistas como base del sistema de propiedad de la tierra en Brasil, ocasionando la exclusión estructural e histórica de hombres y mujeres pobres y afro – brasileros. Actualmente 1% de los grandes propietarios de tierra en Brasil concentra cerca de 50% de la tierra. Yo diría que estos dos elementos son decisivos para que en la década de 1980, en un momento intenso de debates y movilizaciones populares por la superación de veinte años de dictadura militar, surgiera en estados del sur del Brasil el MST. Tuvo incluso un fuerte apoyo de la iglesia católica por medio de agentes de la pastoral identificados con la teología de la liberación, especialmente de la Comisión Pastoral de Tierra.

¿Como funciona el MST?
El MST está organizado actualmente en todos los estados y su dinámica organizativa se constituye también en un espacio de pedagogía. Para comprender como ese proceso se realiza sería importante considerar que acciones como las ocupaciones, los campamentos y los asentamientos son elementos claves en esta dinámica. Es importante también afirmar que el MST trabaja por la reforma agraria y por la transformación de la sociedad desde diferentes frentes que pasan por la socialización de la tierra, por la afirmación del campo como lugar de posibilidad (en contraposición a la situación de atraso que el modelo capitalista ha impuesto) y por la construcción de un proceso de humanización que permita que el campo sea construido como lugar de vida y de producción por los propios trabajadores del campo. Este objetivo del MST lo lleva a considerar en su proceso de lucha a la totalidad de los trabajadores que viven en el campo, como los indígenas, pueblos de la selva y otros. Por tanto es un movimiento que se afirma como movimiento de masas a partir de una dirección política que se expresa en una organización, formada por elementos teóricos, prácticos y místicos, atravesada por el valor de la democracia y por el principio de la dirección colectiva.

La organicidad procura asegurar una unidad nacional y es formada por instancias, sectores y núcleos de base, todos estos interligados. En un intento de visualizar cómo esto funciona, diría lo siguiente: cuando el MST hace una ocupación, un campamento (que puede ser en una tierra ocupada, predio público o en cualquier otro lugar), cuando hace una marcha o cuando organiza un curso, constituye núcleos, formados por personas o familias, dependiendo de la actividad; estos son núcleos de base. También forma comisiones por actividades (movilización, limpieza, comunicación, disciplina, salud, educación y otras) y de estas comisiones o núcleos deriva el grupo con el papel de coordinación más general y todos son articulados en momentos de asamblea. Por tanto, practica una democracia ascendente que va del núcleo de base, pasando por las coordinaciones hasta la asamblea general, y una democracia descendiente que va de las instancias de decisión a los espacios de base. Los Estados hacen congresos cada dos años y en estos eligen a los coordinadores estaduales.

¿Qué papel juega la educación en el MST?
La educación es comprendida como tarea política y pedagógica para la humanización y para la transformación social. Desde su fundación la educación aparece como elemento importante; con todo, fue en el proceso histórico de comprensión de los propios desafíos que se fue ganando esa afirmación. En la medida en que se comprobó que no bastaba ocupar un latifundio y promover la producción para superar el hambre y la pobreza, era necesario también vencer la condición de ignorancia a que fue sometido históricamente el pueblo del campo. Las primeras acciones fueron de alfabetización de adultos y poco después otras como escolarización en nivel fundamental y medio, con cursos técnico – científicos y profesionales, cursos superiores y postrados. Este proceso de asumir la educación como parte del proyecto, también llevó a la lucha por la escuela.

Es común escuchar dirigentes del MST decir que el movimiento está haciendo una verdadera ocupación de la escuela, pues comprenden que la escuela que tradicionalmente existió en el campo o en la ciudad para “educar” los pueblos del campo no servía como instrumento ni realización del proyecto de sociedad que el Movimiento quiere construir. Por tanto, era necesario construir la escuela adecuada a este objetivo y, en este sentido, ver la opción por la escuela ya existente como punto de partida. Por tanto, este proceso de pensar y construir la otra escuela del contorno es lo que hoy se denomina en Brasil Educación del Campo, que es diferente y contrapuesta a la educación rural que a lo largo del tiempo se practicó, pues piensa y considera al campo como lugar de saberes, de cultura, de producción, y considera al hombre y a la mujer del campo como sujetos de estos procesos, de modo que rechaza el modelo productor de educación y de conocimiento desde fuera que trata el territorio rural y las personas como objeto. Por eso es una Educación “del” y “en” Campo y no “para” el campo.

El MST y los movimientos del campo que se articulan en torno de la propuesta de Educación del Campo la proyectan como lucha por una política pública, afirmando el papel del Estado en su implementación y el papel de los movimientos sociales en la proposición y la cogestión. En este sentido, quiero destacar algunas conquistas importantes, por la vía de la movilización y presión de los movimientos sociales del campo y en especial del MST: la creación, en 1998, del Programa Nacional de Educación en Reforma Agraria - PRONERA, vinculado al Ministerio de Reforma Agraria. En este programa son aportados recursos para la realización de actividades educativas para asentados/as de la reforma agraria, especialmente cursos de alfabetización, fundamental, medio y superior. Para la realización de estos cursos es obligatorio la realización de parcerías entre los Estados, (por medio de instituciones de enseñanza como universidades o secretarías de educación) y entidades del movimiento social del campo. Estas entidades son también las proponentes de los cursos, participan del proceso de aprobación de los mismos y constituyen su coordinación político-pedagógica.

Las Directrices Operacionales para La Educación Del Campo también constituyen una conquista importante en este proceso. Se trata de un conjunto normativo aprobado por el órgano máximo de regulación de la educación brasilera, que reconoce y asegura la educación del campo como especificidad; con tiempos, lugares y prácticas educativas diferenciadas, respetando, por ejemplo, el momento de colecta como tiempo importante en la vida del campo y como parte del proceso de educación de sus sujetos. Por tanto, considero que este papel atribuido por el MST a la educación, en cuanto práctica y parte de un proyecto de sociedad que se contrapone al proceso criminal de deshumanización del campo y de su gente, patrocinado por el capitalismo, representa nuevas esperanzas, en la medida en que articula el derecho de acceso al conocimiento históricamente producido por la humanidad como un proceso de formación política, por la elevación de la conciencia que se propone como articuladora y dirigente de una nueva sociedad.

¿La mística es un elemento esencial en la militancia del MST?
Sin ninguna duda. Yo diría que la mística es parte del proceso que afirma la existencia del MST y también una de las herencias de la teología de la liberación. Ella se realiza por medio de gestos simbólicos: con la mediación de música, de danza, de dramatización, trayendo al presente vivencias y experiencias que contribuyen al proceso de fortalecimiento del espíritu de grupo, de pertenencia al Movimiento y a la clase trabajadora, situando cultural e ideológicamente a los Sin Tierra. La mística, en este sentido, se constituye como práctica social, que trae al presente la perspectiva histórica afirmando la importancia de luchadores del pueblo en procesos de lucha. Es común en las místicas del MST encontrarnos con luchadores/as como Paulo Freire, Che Guevara, Florestan Fernandes, Milton Santos, Rosa Luxemburgo y tantos/as otros/as que también hacen parte de las historias de acampamentos y asentamientos y que con su memoria y ejemplo animan la lucha.

Los instrumentos y los frutos del trabajo también son muy utilizados en las místicas, remitiendo siempre a la identidad de los Sin Tierra que es mucho más que un ser desprovisto de tierra, es una identidad de sujeto político que pertenece y hace una construcción colectiva. Quiero aprovechar la ocasión para homenajear a un luchador brasilero que, coincidencialmente, falleció el 2 de mayo de este año, el mismo día del fallecimiento de Paulo Freire: Augusto Bual, el creador del Teatro del Oprimido, ampliamente practicado por el MST.

¿Cómo ves al MST de cara al futuro?
Pienso que existen muchos desafíos y no podría ser diferente, considerando que estamos hablando de un movimiento que vive las contradicciones del sistema que combate –el capitalismo, y que cuanto más avanza como movimiento de masas, más deberá incorporar demandas sociales en niveles más complejos. Con todo, los 25 de años de historia del MST da algunos testimonios importantes que señalan la perspectiva de avances, como, por ejemplo, el hecho que después de 25 años se ha mantenido fiel al proyecto de transformación social sin dejarse cooptar y sin sacrificar su autonomía en relación con los diversos actores con los cuales se relaciona, inclusive con el Estado.

Otro importante testimonio es su esfuerzo permanente y constante de articulación con otros movimientos brasileros, latinoamericanos y mundiales: su relación de pertenencia a Vía Campesina es un ejemplo; también merece destacarse su participación en la construcción y también en el proceso de crítica del Foro Social Mundial; la participación en diversos espacios de defensa y promoción de la vida y de la autodeterminación de los pueblos, en la perspectiva de formación de una solidaridad que es concebida como internacionalista. Comprendiendo, por tanto, que el proceso de crecimiento del MST está también en la posibilidad de animar, fortalecer y articularse con otros sujetos colectivos, considerando la transformación social una obra de la humanidad.

 

En este sentido tiene que tener en cuenta el actual cuadro político brasilero que envuelve al gobierno de Lula y que agrega importantes desafíos a la acción del MST. Se trata, en mi opinión, de un gobierno que ha profundizado la política neoliberal; un gobierno que inviabiliza varias conquistas en curso, inclusive en el ámbito de la reforma agraria, aliena organizaciones sociales como la Central Única de Trabajadores - CUT y el propio Partido de los Trabajadores - PT y pone en una situación defensiva a los movimientos sociales históricamente identificados con el Campo Democrático Popular y con la izquierda brasilera. De esta manera hace avanzar un proceso de institucionalización de las organizaciones del movimiento social por medio de pequeñas concesiones y por la acción populista, vía programas sociales de transferencia de renta, como el Programa Hambre Cero; situación que requiere de un movimiento como el MST, para realizar acciones para conquistar logros objetivos, como nuevos asentamientos; actuar en el espacio institucional confrontando un modo de producción de la maquina estatal que centraliza poder y recursos públicos y contra el proceso de minimización de la conciencia política que inhibe la movilización social y la participación efectiva y libre. Estas son demandas que se suman al desafío de enfrentar el proceso de criminalización de los movimientos sociales, del cual el MST es una de las principales víctimas, sufriendo una fuerte represión policial, prisiones y señalamientos de lideres, amenazas de cierre de las escuelas itinerantes y tantos otros ataques. En este sentido, el acumulado de fuerza debe responder a los correspondientes desafíos impuestos y convocar a todos los sectores y personas comprometidas, por otro mundo, con la lucha solidaria y constante.
Sábado, 16 Mayo 2009 17:38

Perú: Paraíso antichavista

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Manuel Rosales, conocido popularmente como el filósofo del Zulia, tiene casi 30 años en la vida política de su país, Venezuela. Desde su primera escuela en las mañas de Acción Democrática hasta su reciente elección como alcalde de Maracaibo, su perfil y gestiones han sido grises e intrascendentes; las veces que han cobrado notoriedad han sido cuando se investigó a la empresa Siemens, encargada de construir el metro de su ciudad, por sobornos a diversos funcionarios del estado por más de 18 millones de dólares, y luego al ser inventado como candidato a presidente por las encuestas de los partidos mediáticos Globovisión, Tal Cual, Venevisión, quienes le auguraban un 60 % frente a un 30% para Chávez.

Rosales fue el mejor candidato que pudo inventar la oligarquía venezolana contra Chávez y tal vez el único que se creyó verdadero el libreto que le asignaron los hoy relegados del poder. Su performance propositiva en la campaña nos dio idea del nivel de desorientación de esta oligarquía. Rosales prometió que durante su gobierno la producción petrolera se elevaría a 100 mil barriles diarios, todos los días, que la oposición no podía albergar las esperanzas de democratización de Chávez pues no se podía pedir peras al horno; anunció, además, que a sus mítines asistirían ríos humanos de gente, y denunció que Chávez quiere perpetuarse en el poder por 100 años que es casi un siglo.

Rosales ha llegado al Perú para solicitar asilo no sabemos si por confiar en los valores democráticos y respetuosos de los derechos humanos del gobierno de Alan García o talvez porque sabe que puede resultar más sencillo obtener la complicidad de gente de su calaña. Por lo pronto son reveladoras las declaraciones de un tal Barbosa que ha llegado junto a él señalando que el ex premier ministro Jorge del Castillo fue quien facilitó la llegada de Rosales, y que el Perú habría sido elegido por las buenas relaciones que mantiene el gobierno con la oposición venezolana. Si además de esto el congresista Valle Riestra del APRA es su abogado, quedan pocas dudas sobre el estatuto de asilado que obtendrá Rosales.

Rosales participó en el golpe de estado que secuestró al Presidente Chávez durante 2 días en Abril del 2002, tomó parte en la ceremonia de asunción de los golpistas y firmó avalando al régimen efímero de Carmona Estagna, representando a los gobernadores venezolanos. En el estado que gobernaba, el Zulia, se desmanteló más de un grupete paramilitar; ha hecho parte de todos los cenáculos conspirativos contra el gobierno coordinando con fedecámaras, federación de ganaderos, militares golpistas, paramilitares colombianos, Ongs norteamericanas, etc., sólo por lo que se conoce a la fecha. Y, sin embargo, ahí ha estado, sin perturbaciones, cortapisas para decir lo que deseó y para postularse a lo que quiso. Si se tratase del gozo de libertades políticas, Rosales ha estado a pierna suelta y seguramente lo podía seguir dada la tolerancia, excesiva para algunos, que observa Chávez para con todo ese lumpen organizado bajo la llamada Coordinadora Democrática y oposición venezolana.

En Venezuela no se criminaliza la disidencia política, los partícipes en el golpe de estado del 2002 y algunos de los masacradores del Puente Yaguno fueron indultados en la navidad pasada; los especuladores de alimentos de primera necesidad apenas afrontan la incautación de estos, las cacatúas de Globovision y demás medios que tienen su programación a dedicación exclusiva de la calumnia ahí están intactos para malestar de quienes creemos que una revolución tiene el derecho legítimo de aislar y reprimir la conspiración. Pero alguien que asumió el encargo notorio y lucrativo de recitar el libreto golpista de la oposición, que quiso ponerse a servicio de cuanta conspiración, o como allá llaman, guarimba, existiese contra el régimen, un personaje que se sabe rostro visible de la acción desestabilizadora norteamericana en Venezuela, pues debió tener sus fechorías a buen recaudo y son estas las que hoy, investigadas, arrojan un enorme desbalance patrimonial por el que debe responder. Algo debería decir sobre sus propiedades en Estados Unidos, sobre el hecho de que su secretaria a sueldo mínimo registre casas en Miami, y de dónde salieron 68 millones de dólares que ostenta de patrimonio; de eso se trata hoy la investigación de la que acaba de huir intentando prostituir la figura del asilo político. Una cosa es la persecución política, otra la corrupción, aunque para Rosales y toda la ralea de herederos de la 4ta república política y corrupción sean inseparables como actividad.

El Perú va convirtiéndose así en santuario de ladrones, el país que ha creado comisiones investigadoras de las Casas del Alba, que encarcela activistas bolivarianos, que ha creado de manera surealista la figura penal del intervencionismo ideológico, que hostilizando a la Misión Milagro ha terminado por expulsarla, hoy se convierte en destino preferido de corruptos y golpistas venezolanos.

Rosales viene a sumarse a Carlos Ortega, dirigente sindical de Acción Democrática vinculado al narcoparamilitarismo, quien se fugó de una prisión venezolana junto a los hermanos Faria, instructores de paramilitares colombianos en territorio venezolano. También se suma al asilado Eduardo Lapi García, ex gobernador de Yaracuy, prófugo de un penal venezolano donde purgaba condena por corrupción y ejecuciones extrajudiciales. Personajes que hoy conviven en nuestro país (Perú), que pasean por nuestras calles impunes bajo el manto del régimen aprista. Rosales finalmente viene a sumarse también a Pedro Carmona Estagna, presidente golpista de 48 horas; a Patricia Poleo, periodista a sueldo de la CIA; a Nixon Moreno, paramilitar que se ocultó en la Nunciatura tras intentar violar a una policía durante una manifestación en Venezuela. La escoria que conspira contra el proceso de reformas venezolana ha encontrado un nuevo paraíso: Lima se va haciendo a los ladrones venezolanos, lo mismo que otrora Miami se hacía a la gusanera cubana.
Sábado, 16 Mayo 2009 17:37

¡Hijos de P…residente!

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El presidente ilegítimo e ilegal que manda en este país, como si fuera su hacienda privada del Uberrimo, anunció que su gobierno iba a ser el abanderado de (la lucha contra) la corrupción, lo cual ha cumplido al pie de la letra porque nunca antes en la historia de Colombia había existido un régimen tan corrupto, con claros visos de criminalidad, hasta el punto que para poder entenderlo es indispensable leer la historia de la mafia siciliana o de la Cosa Nostra.

En efecto, la corrupción se ha entronizado en todos los ámbitos relacionados con el régimen: los altos funcionarios (Ministros, Jefes de Instituciones del Estado y otros) en lugar de hoja de vida exhiben un prontuario delictivo, en el que se destacan sus nexos directos e indirectos con capos del narcotráfico y jefes paramilitares; una cantidad inaudita de parlamentarios de los partidos uribistas son los portavoces políticos de la motosierra homicida; en las fuerzas armadas, convertidas en una de las máquinas de matar más cínicas del mundo, campean los manejos turbios de los cuantiosos dineros que corresponden a un descomunal presupuesto, nutrido además por los millones de dólares provenientes del Plan Colombia; el Ministro de Defensa (sic) no tiene vergüenza en usar, y en justificarlo como algo normal, los helicópteros del Ejército para trasladar a su familia a su finca de veraneo, cerca de Bogotá. Es tan corrupto este régimen que desde su entronización en el 2002, como lo denunció el Jefe de Informática del DAS, las elecciones en la Costa Atlántica reportaron un fraude de unos 400 mil votos, a favor, por supuesto de AUV.

La apropiación fraudulenta de recursos del erario público por parte del régimen para efectuar su propia campaña reeleccionsita, el pago de dineros para pagar propagandistas (empezando por reconocidos periodistas) y abogados para que hagan lobby en los Estados Unidos con el fin de aprobar el Tratado de Libre Comercio, son otros ejemplos de esta “honradez” generalizada. No podía faltar como otra expresión de dicha corrupción el nepotismo, tan propio de los regímenes de tipo mafioso, si recordamos que una de sus características distintivas es la constitución de clanes familiares, privados, que se lucran por sus nexos directos con el Estado, o mejor, que privatizan el Estado para obtener beneficios para la familia.

En este sentido, los hijos de P(api) siguen la tradición familiar de efectuar maniobras fraudulentas desde temprana edad, para demostrar su capacidad en los asuntos traquetos y mafiosos y probar que ya están preparados para heredar los negocios de la familia. Esto, además, se sustenta en esa lógica criminal que se populariza todos los días en este país y que se expresa diciendo que “todo vale”, “todo se puede” y no deben haber obstáculos para los colombianos porque somos “echados p'lante”. Y esto lo ha demostrado desde muy temprano uno de ellos, Jerónimo, alias Jerry, porque desde cuando era estudiante de la Universidad de los Andes fue descubierto en flagrancia por plagiar un simple trabajo académico, lo que significó que le fuera impuesta una sanción en esa Universidad. Su hermano mayor, Tomás, alias Tom, tampoco se queda atrás si recordamos sus turbias relaciones con David Murcia Guzmán, un simple testaferro del capital narcotraqueto.

Lo que acaban de hacer Tom y Jerry en los terrenos donde se construirá la zona franca de occidente, situada en Mosquera (Cundinamarca), es otra expresión adicional de la corrupción del entorno presidencial, ya que aprovecharon su privilegiada posición para obtener la valorización de unos predios cuyo avalúo pasó en el lapso de una hora de 30 millones de pesos a más de 3000 millones de pesos, con lo cual su inversión se valorizó 100 veces, con un margen de ganancia envidiable para cualquier capitalista y especulador del mundo. Para completar el fraude, el propio AUV ha declarado que los inversores de la zona franca van a ser favorecidos por la reducción de impuestos. Hasta tal punto les ha ido de maravillas a estos “arriesgados y precoces empresarios” que una de sus empresas, Residuos Ecoeficiencia, se constituyó en el 2003 con un capital inicial de 10 millones de pesos, en el mismo instante en que Jerry hacia fraude en la Universidad de los Andes, y cinco años después el capital pagado de esa empresa es superior a los mil millones de pesos.

La habilidad de los “angelitos”, a los que los plumíferos a sueldo tildan de “audaces empresarios”, no se queda ahí, porque con una de sus numerosas empresas han decidido, con el obvio apoyo del hacendado del Uberrimo, apropiarse del manejo de la basura, con lo cual se va a impedir que los recicladotes (que pertenecen a los más pobres entre los pobres) sigan malviviendo de los desechos urbanos. De ese negocio también se van a apropiar Tom y Jerry y para ello se van a dedicar al “tratamiento técnico” de los residuos, como lo deben hacer los “empresarios de alta alcurnia”. Para eso, su padre, desde la Presidencia de la República, les confeccionó una ley hecha a su medida, la 1259 de diciembre de 2008, en la cual se les prohíbe a los pobres esculcar en las canecas y talegos de basura y trasladar residuos de un lugar a otro, porque eso ahora lo van a hacer las “gentes de bien”, como nuestros precoces empresarios paisas, con la técnica y sofisticación del caso, y con una entidad constituida para el negocio, que responde al nombre cínico, para que no quede duda, de Residuos Ecoeficiencia. De esta forma, los pobres son lanzados literalmente a la basura, mientras que la basura se convierte en un negocio para los ricos, que disponen de capital y técnica para moverse con eficiencia criminal en el lucrativo negocio, recién descubierto en Colombia, de convertir los desechos en fuente de ganancias.

Ante tamaño descaro, vale preguntarse si ¿cualquier joven de este país puede construir una empresa de estas características en pocos meses y convertirse en multimillonario de la noche a la mañana, vendiendo basura o diversificando sus actividades, como dicen los tecnócratas uniandinos, con la inversión en los terrenos donde se va a construir una zona franca? ¿Los jóvenes asesinados, por el solo hecho de ser pobres, a lo largo y ancho de Colombia (de Soacha a Ocaña), tuvieron las oportunidades de los hijos del Ejecutivo para enriquecerse en poco tiempo? Una cosa queda clara, este es un típico ejemplo de una política de clase, puesto que mientras los ricos y poderosos tienen todo tipo de gabelas, en la que se incluye propaganda gratis por los medios de comunicación, a los pobres sólo les queda esperar que en cualquier esquina los asesinen los escuadrones “legales” de la muerte para mostrarlos como “terroristas dados de baja en combate”. Así, se comprueba que hay una reducción de la pobreza de una manera simple, matando a los pobres, los cuales ahora ni siquiera pueden reciclar basura porque por ese solo hecho son considerados por el uribismo como peligrosos delincuentes, mientras que los hijos del P(residente) son considerados como esforzados empresarios que con su “propio esfuerzo y dedicación” han hecho una cuantiosa fortuna, y con eso están engrandeciendo a esa otra P que es la Patria, un apelativo que se debe usar para referirse a las haciendas, caballos y peones de los terratenientes, ganaderos, gamonales, banqueros, narcos y paramilitares que son los verdaderos dueños de este país.

 

El 3 de mayo de este año, en las horas de la tarde, comenzó a circular la conversación entre el doctor Jaime Alberto Camacho Pico, rector de la Universidad Industrial de Santander (UIS), y un jefe paramilitar denominado Félix. Este hecho ha puesto en evidencia una vez más la estrategia aplicada para silenciar a profesores, estudiantes y trabajadores de las universidades públicas, llegando hasta el asesinato de muchos de ellos por parte de organismos del estado y de grupos paramilitares, con la total complicidad de las autoridades judiciales. Dicha estrategia no solo busca eliminar las voces de protesta, sino implantar un modelo educativo en detrimento de la calidad e incentivando la privatización del conocimiento.

 

Sábado, 16 Mayo 2009 17:34

¡Que se junte la gente del pueblo!

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Un viaje de 4 horas por el río San Juan nos esperaba luego de que habíamos tardado 23 horas para llegar hasta Itsmina, Chocó. A quienes no habíamos estado por estas tierras nos emocionaba la expectativa del viaje en lancha; uno de nuestros compañeros de viaje decía que el Chocó no tenía ríos grandes sino mares pequeñitos.

A medida que avanzamos nos íbamos familiarizando con el paisaje y era asombroso para nosotros ver cómo quienes conducían la lancha dialogaban con el río.

Durante el recorrido tuvimos tiempo de conversar con los habitantes de otras zonas del Chocó, que nos contaban historias y datos de los lugares por los que íbamos pasando: una señora nos contaba que las casas que están más alejadas de los poblados casi no tienen ventanas que miren hacia lo espeso del bosque por temor y por respeto a los espíritus; que en una ocasión a la hija de un señor que por ahí habitaba se la había llevado el demonio. Y nos iba contando como se llamaba cada afluente del río y cuál era el nombre de las diferentes comunidades existentes a lado y lado del río San Juan. También nos comentó sobre la bebida típica de aquella zona: el Biche, que se hace de Caña de Azúcar, se pasa por el trapiche, en sus términos, se pone a enfuertecer, se pasa por el fuego y está listo para ser tomado: y que no falte el atractivo: ¡según ellos es afrodisiaco!

Cuando llegamos, los habitantes del resguardo salieron a recibirnos, a ayudarnos a entrar las maletas. Me detuve especialmente a observar las caritas de tantos niños que allí estaban, que en un principio todas me parecían iguales; me miraban con algo de alegría que me pareció importante porque me sentí aceptada en aquel lugar tan desconocido para mí.

Allí, resguardo Macedonia habitado por indígenas Embera Waunám, estaríamos varios días que destinaríamos a conocer el lugar y a sus habitantes, y también a conocer a quienes, como nosotros, iban de otros lugares.

Este fue un encuentro de culturas: Negros, Mestizos, Indígenas de todas las edades, de diferentes zonas del Chocó, Antioquia, Quindío, Tolima, Risaralda y Bogotá. En ese momento nos unía, principalmente, el interés por el Chocó.

El Chocó es un a tierra mágica y mítica. Sabemos que existe pero muchos la ignoramos, poblada de mitos como la pobreza, que nos evitan pensar en la crudeza del empobrecimiento, pues quienes allí habitan viven rodeados de riquezas que aún no sé bien a qué capital de quién sabe qué lugar benefician. Pero es mágica porque una vez uno la conoce no puede regresar el mismo, no sé qué tienen estas tierras que pueden cambiarnos, aunque en la inmediatez no nos damos cuenta.

Los días que allí estuvimos hablamos sobre lo que significa la defensa del Territorio y la permanencia en este, la necesidad de preservar la cultura, la queja generalizada frente al abandono estatal, la preocupación frente a la alta extracción de los recursos naturales, mineros, energéticos, madereros, el diseño de megaproyectos que se hacen viables por la construcción de carreteras, puertos, helipuertos, la implementación de siembra de monocultivos como la palma aceitera, también la extracción del arracacho que afectara a su vez la producción del bocachico. Estos proyectos afectaran la cultura, la biodiversidad y generarán mayor pobreza. Nos hicimos aún más conscientes de que estos proyectos solo benefician a las empresas transnacionales y que en su gran mayoría, para su implementación, se ha desconocido las voluntades de las comunidades y se impone su ejecución utilizando diferentes medios,

Pero ante tal panorama nos cuidamos de dibujar en nuestro rostro la esperanza, de apuntar hacia la vigencia de la lucha y la organización, de vivir estos procesos con alegría por la certeza de querer, buscar y proponer un mejor futuro para los habitantes, buscar que nuestros territorios sean territorios de paz.

Fueron días de encuentro permanente: unas veces por el dialogo, el enriquecimiento con cada experiencia, la escucha; otras veces en torno al juego bajo el sol o dentro del agua, en torno a la cocina, en torno a la comida, a las mujeres que ponían la jagua sobre nuestros cuerpos de visitantes como lo hacían en los suyos. Fueron días donde vivimos la solidaridad como expresión de los pueblos y seguiremos llamando a esta noches donde nos encontrábamos para contar historias, discutir acerca de nuestros puntos de vista o las diferentes formas de vida, observar sus danzas, danzar con ellos, compartir al calor del fuego y de un biche.

Algo de todo este encuentro se vino con nosotros y algo dejamos nosotros allá. Uno de los indígenas habitantes de allí se despidió de nosotros agradeciendo el interés y la compañía y pidiéndonos que no nos olvidáramos de esta comunidad. En mi mente se quedó la estrofa de una canción que nos acompañó durante estos días del encuentro: “que se junte la gente del pueblo, que se junte en un solo cantar, que la unión hace la fuerza y la fuerza la libertad”.
Sábado, 16 Mayo 2009 17:33

Río Porce: Río de Sangre, Muerte y Esperanza

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Los estudios para el reconocimiento del aprovechamiento hidroeléctrico del Río Porce fueron elaborados en 1976 por la firma Consultores Técnicos Ltda. Más adelante, en 1983, la firma Ascon Ltda. realizó los estudios de prefactibilidad del potencial hidroeléctrico del río, y en diciembre de 1984 presentó el informe de factibilidad del proyecto Porce III, como parte de cinco posibles desarrollos a lo largo del cause, denominados Porce I, Porce II, Porce III, Porce IV y Ermitaño. El apetito del capital es visionario e inconforme. Así lo constatan estos datos históricos.

 

Cuando buena parte de la población rural del municipio de Guadalupe era “desplazada voluntariamente” por la construcción de la primera hidroeléctrica en esta región, ya se empezaban a realizar los estudios sobre la construcción de otras represas en el cauce del río Porce, que afectaría a unas cinco mil familias campesinas de vocación agrícola y minera de los municipios de Gómez Plata, Carolina, Amalfi y Anorí. Bien planificado han tenido siempre el desalojo de grandes territorios que han sido habitados históricamente por campesinos pobres, colonos, desarraigados de otros territorios que han ocupado los grandes terratenientes, mafiosos y paramilitares, apalancados en el fraude y el terror.

Invitados por uno de los líderes que conoce de cerca la problemática de la región y, en particular, la situación de los más de 1.500 mineros y de los propietarios de parcelas que van a ser afectados por la construcción del ambicioso proyecto hidroeléctrico Porce IV, acudimos a una de las reuniones convocadas en la vereda Naranjales del cañón del Porce, entre los municipios de Amalfi y Anorí. Acompañados por brigadas internacionales de paz y en compañía de otros líderes de la región, abordamos el chivero que nos llevaría a tres horas del casco urbano hasta el deslumbrante y armónico paisaje del cañón del río Porce. Allí nos esperaba un gran número de campesinos y mineros que se disponían a discutir sobre la problemática latente que traería para la región y para cada una de las familias la construcción de dicho proyecto.

Puntos divergentes se escucharon en varias intervenciones. Mientras para unos el tema a resolver era la elección del representante de la comunidad en la comisión tripartita que se reconoce en la ley 56/81, para otros el tema fundamental de la discusión debía ser la indemnización de los predios afectados. No faltó quien planteara la necesidad de avanzar en el diseño de un manual de valores distinto al que utilizó EEPP en la fase Porce III para indemnizar lo irreparable, y muchos que manifestaron su preocupación por no haber sido censados por los trabajadores sociales de EEPP que realizan esta labor. Lo que sí quedó claro en toda la disertación fue la preocupación generalizada de todos los afectados por el rumbo que puedan tomar las cosas luego que inicien formalmente las negociaciones con las Empresas Públicas de Medellín. Y es que se toma de referencia la forma y el contexto en que se desarrollaron las negociaciones en las anteriores fases de este megaproyecto. Jacob Escorcia, Ferney Ramiro Zapata (De 14 años), Yeison Cardona López y Humberto Zapata Guerrero son algunos de los muertos en este río a causa de la bucha (Corriente que se desata cuando se abren las compuertas de la presa). Bastante intimidante ¿No?

“No hay que olvidar- decían algunos de los líderes- que muchos fueron los mineros que recibieron migajas por décadas de trabajo en ese río que vio crecer a varias generaciones; tampoco se puede olvidar el alimento que ha proporcionado las tierras de este cañón a cientos de familias. Eso no tiene precio”. “Valdría la pena averiguar- seguían argumentando- cuántos de estos mineros viven hoy en condiciones dignas, ¿Cuántos están restablecidos socioeconómicamente? ¿Cuántos han engrosado la lista de los desempleados en el casco urbano de estos municipios? No sabemos”. “De lo que si estamos seguros – concluyen- es que muchos han tenido que excavar de nuevo la tierra río abajo en busca de sustento para sus familias”.

Retomamos nuestro llamado para plantearles respetuosamente nuestro punto de vista acerca de cómo se deberían desarrollar las negociaciones y la construcción de su plataforma reivindicativa. Les planteamos que no tenía sentido una negociación que se limitara solo a una indemnización “mejor remunerada” ¿Qué van a hacer ustedes con esa chichigua? – les preguntamos- no hubo respuestas, pero seguramente vinieron recuerdos de muchos de sus compañeros que después de haber recibido la exigua suma de dinero de Empresas Públicas quedaron peor que como estaban. Nuestro interrogante fue intencionado, queríamos persuadirlos de la necesidad de incluir dentro de la negociación el derecho de permanecer en el territorio, sin renunciar a la indemnización y demás derechos.

Aunque el manual de valores de las Empresas Públicas de Medellín no contempla la compra de tierras para la reubicación de los campesinos que son afectados por estas hidroeléctricas, es fundamental incluirlo como tema esencial dentro de esta negociación en el pliego de exigencias que se construya desde las comunidades. Lo ideal sería detener la construcción de este proyecto hidroeléctrico, pero bien sabemos los momentos tan adversos por los que pasa el movimiento campesino y popular en un contexto mundial desfavorable para las trasformaciones que requiere la humanidad para que sea verdaderamente humana; pero sí podemos aspirar a negociar con ese pulpo las condiciones que les permita a los agricultores y mineros permanecer en los territorios en condiciones dignas. Lo que significa tener acceso a tierras colectivas para la reubicación, proyectos productivos, acceso a servicios básicos, indemnización, libre asociatividad, entre otros derechos.
No es mucho exigir, pero es suficiente para que se inicien los hostigamientos y persecuciones de rigor contra los dirigentes de las asociaciones de mineros, como de hecho ha venido ocurriendo en contra de algunos líderes del municipio de Anorí, quienes han sido arbitrariamente detenidos, acusados de auxiliadores del terrorismo y luego dejados en libertad por falta de pruebas. Por lo anterior, se requiere de la solidaridad de los sectores populares, de derechos humanos, de los distintos espacios que trabajan el tema de lo energético y los megaproyectos asociados a esta actividad para que estos compañeros no se sientan solos en esta dura pelea.

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