Sábado, 16 Mayo 2009 00:00

Chocó resiste al saqueo y al conflicto Featured

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“Dicen que por el Río Atrato fue que llegaron los españoles al Chocó y traían a los negros presos y esclavizados. Los indígenas que había por todos lados observando el maltrato a que eran sometidos los negros, huían despavoridos al interior de la selva para evitar que a ellos les pasara lo mismo. Pero cuando los negros nos rebelamos y formamos los palenques, nos quitamos el yugo y ya los indígenas nos veían liberados, a ellos les pareció mejor decirnos libres y aun algunos lo hacen”

 

Esto fue lo que nos contó Aurelino Quejada, un negro chocoano que ha dedicado su vida al proceso organizativo de sus hermanos negros y que trabaja actualmente con el Foro Interétnico Solidaridad Chocó.

“Siempre en el Chocó los indígenas y los negros hemos vivido unidos, compartiendo la tradición, la tierra y la amistad. Por ejemplo, nunca indio le bautiza indio; cuando tienen sus hijos caminan lo que sea necesario buscando a los negros para que le bauticen a sus hijos, somos compadres”, comenta Aurelino. “Siempre trabajamos juntos con los indígenas, pero a partir de la titulación de tierras, que se dio desde el año 1987 para los indígenas en los resguardos y para nosotros los negros más o menos en el año 1996, nos pusimos de acuerdo para distribuirnos la tierra”. Además han llegado pobladores de Antioquia, Caldas, Valle del Cauca Córdoba. Como se da en muchas partes del país, el comercio en los principales poblados del Chocó lo manejan los paisas. “Por eso nosotros compartimos con ellos cultura y territorio, y el río que son las venas de esta tierra”


El Territorio: Un Derecho Colectivo

En Chocó casi toda la tierra pertenece a las comunidades a través de títulos colectivos. Primero empezaron a titularle a los indígenas los resguardos y después a los negros. Pero la llegada del Incora y su metodología para señalar los límites del territorio generaron grandes disputas entre estas dos comunidades. “Es que el Incora vino con una estrategia maliciosa, solamente visitaba las tierras indígenas para definir los linderos, les decían a ellos, ustedes díganos por donde van los linderos. Los negros apenas se daban cuenta después, cuando aparecían los mapas y entonces se enojaban y se presentaba el conflicto, el cual el Incora no resolvía. Lo que se notaba era que el mismo gobierno impulsaba los conflictos entre las comunidades para que se mataran. Y fue el trabajo organizativo y el apoyo de la diócesis de Quibdó la que llamó la atención sobre el problema y se dijo que entre los pobres no podían pelear, que el problema era el Estado. Había que hacer las paces para titular el territorio equitativamente y seguir viviendo en paz”, manifiesta el padre Ulrich Kollwitz, miembro de la diócesis de Quibdó.


Y continúa Aurelino: “El Chocó por naturaleza ha sido un departamento muy rico. Antes de los años 40 los extranjeros tenían sus ojos puestos en esta zona, sabían que era una reserva. Por eso aquí no había títulos colectivos y esto estaba denominado tierra del Estado. En Bogotá concedían las concesiones mineras y madereras y a nuestras tierras llegaban los explotadores de recursos y a nosotros, los habitantes, solo nos respetaban el pedazo en donde estábamos viviendo y trabajando, la rastrojera que nosotros llamamos; el resto lo explotaban ellos. De todas maneras eso provocó que nosotros nos preguntáramos por qué gente de otro lado venía a explotar lo que era nuestro”.


El saqueo continúa

El interés de personas foráneas y empresas extranjeras que han fijado su blanco en este departamento, encuentra sus raíces en la época de la colonización de los españoles que explotaron y extrajeron minerales como el oro, la plata y el platino, especialmente. Un ejemplo reciente fue la presencia de la empresa Chocó Pacífico, que ingresó a la región en 1916 por los ríos Condoto, Itsmina, San Juan e Iró y mediante el dragado de éstos obtuvo apreciables cantidades de oro y de platino, que en nada contribuyeron a la prosperidad de la región ni del país. Por el contrario: el dragado de los ríos y el monopolio alcanzado allí por esta empresa motivaron intensos conflictos sociales. La empresa impedía a los habitantes la navegación por esos ríos y prohibía la explotación de los yacimientos.


Luego de negociaciones
en 1974, Mineros Colombianos S.A. adquirió la Chocó Pacífico, creando Mineros del Chocó S.A. que entró en crisis y en 1986. El gobierno constituyó Metales Preciosos del Chocó S.A. y liquidó la anterior, estafando a obreros y pensionados y entregándoles acciones como forma de pago de sus prestaciones. El gerente liquidador fue el actual presidente Álvaro Uribe Vélez. “Aun quedan las estructuras, maquinarias y ruinas de lo que fue esa empresa, la que por cierto liquidó el actual presidente Álvaro Uribe Vélez hacia los años 80. Por eso, en esta zona ya conocíamos a ese señor antes que fuera presidente, porque además el es uno de los mayores terratenientes del departamento, tiene muchas tierras en Nuquí y en Belén de Bajirá (límites con Urabá antioqueño)” señaló Aurelino.


En el Chocó no todo lo que brilla es oro

El departamento tiene aproximadamente 400 mil habitantes y una extensión de 47.000 Kms2 aprox. “El Chocó es conocido por la minería –comenta Aurelino-, la gente cree que aquí no hay agricultura, pero no es así. Por ejemplo, en la parte alta del San Juan se da mucho la minería; en el Alto Atrato, Baramá, Megua, Tutunendo, Lloró, Bagadó, eso es minero; el medio Atrato es agrícola, los rios Bojayá y Natiti son muy productivos, en el rió Bogadó se cultiva cacao, arroz, maíz, plátano, yuca y en el Bajo Atrato se da la ganadería y el arroz. Los productos se consumen en el mismo departamento, el mejor plátano del Chocó se produce en Baudó y se consume en Quibdó e Istmina; el Atrato tiene una particularidad, es el único río en Colombia cuya subienda de bocachico, que se da en enero y febrero, es tan grande que abastece todo el chocó y ese sólo producto reactiva la economía de la región. La gente pesca de enero a junio y con ello cubren gastos de toda la familia y se aprovisiona para casi todo el año. También se pesca el dentón, el bagre, la doncella y otros”


Pero también esta gran riqueza está en inminente peligro. Todo lo que exista en Chocó que genere dinero inmediatamente se lo quieren apropiar los foráneos; en este caso, el peligro con el bocachico, quien lo creyera, es la extracción de la especie Arracacho Montrichardia arborescens por parte de la Empresa Ecopulpa S.A. en el bajo Atrato. El potencial de aprovechamiento en esta zona corresponde a 260 toneladas por hectárea/año para la producción de papel de escritura e impresión en 6 territorios de Consejos Comunitarios del Bajo Atrato, que afectarán la biodiversidad y el derecho a la alimentación.


El arracacho es una especie de arbusto que crece en el río y es allí en donde el bocachico desova. Pues esta compañía encontró, según ellos, que el arracacho es la mayor riqueza que tiene el Chocó porque de este arbusto se puede obtener uno de los papeles más finos del mundo y de allí también sacarían el papel para producir los billetes de la moneda europea, o sea el euro. “Estos franceses-comenta Aurelino- planean montar una procesadora y, según ellos, producirían 10 mil empleos. Si este proyecto se llega a sacar adelante el daño cultural, económico, ambiental y el perjuicio directo sobre el principal alimento de los chocoanos, sería incalculable, sencillamente se acabaría con la mayor subienda de bocachico que se da en todo el territorio nacional”.

 

Y llegó la violencia armada

Un elemento que causa sorpresa en la geografía chocoana es la del conflicto armado. Aurelino nos cuenta que, contrario a lo que en el país se cree, la violencia al Chocó llegó hace poco. “Los pobladores indígenas y negros salían tranquilamente a la montaña en la noche a cazar guagua para vender su carne y alimentar a su familia y no pasaba nada. No era común que la gente se agrediera a plomo, casi no se presentaban asesinatos, no se veía personal armado, las puertas de las casas permanecían abiertas aun en la ausencia de sus dueños, no había miedo. La gente del Chocó es como el nombre de la costa que los baña, pacífica. Pero desde los años 80, por el bajo Atrato empezaron a llegar los grupos subversivos: primero el EPL y luego las FARC. Sin embargo convivieron pacíficamente con los habitantes; algunos casos aislados de abusos por parte de estos grupos se dieron por sospechas infundadas de ser sapos de sus enemigos, pero en general se vivía en paz. No pasó lo mismo con la llegada de los grupos paramilitares, con ellos llegaron los señalamientos y los asesinatos. Los reclutamientos y los enfrentamientos armados provocaron desplazamientos y cambios en la cultura y costumbres de la gente. El punto máximo se dio con la masacre de Bojayá en donde fueron asesinados 119 civiles indefensos”.

 

Recordando el trágico suceso, el padre Ulrich Kollwitz nos relató que desde marzo del 2000 las FARC se habían hecho al control de las poblaciones de Vigía del Fuerte y Bellavista, desterrando a la fuerza pública y los paramilitares. El 2 de abril de 2002 regresaron los paramilitares con 400 efectivos para enfrentar y desterrar a la guerrilla de la zona. “Desde la diócesis –comenta el padre Ulrich Kollwitz- activamos la alerta temprana de lo que iba a pasar junto con el defensor de derechos humanos del Chocó y la oficina en Colombia del alto comisionado de naciones unidas para los derechos humanos. Durante los combates de ese día en Bellavista, la población civil se refugio en la iglesia mientras que las AUC se resguardaban al lado de la iglesia e hicieron varios intentos por entrar pero no se les permitió”. La pipeta que iba dirigida a los paramilitares cobró la vida de cerca 119 personas y un número aun no determinado de combatientes.


Los combates continuaron hasta el 5 de mayo en las afueras del pueblo y la población aprovechó la oportunidad para huir al Vigía del Fuerte. Continua Ulrich Kollwitz “El 8 de mayo llega la fuerza pública a tomar el control de la zona pero antes, el 5 y 6 de mayo, se habían retirado las FARC. Las AUC, con cerca de 160 de sus sobrevivientes, aprovecharon para regresar con sus heridos a los puestos de salud para ser atendidos. Estos saquearon las casas y se vistieron con la ropa que allí encontraron, camuflándose entre la población civil. El ejército no atendió a las denuncias de la gente que los señalaba; por su parte, la fiscalía manifestó que solo harían el levantamiento de los cadáveres. La gente, al sentir que no tenía garantías por parte de las autoridades, se desplazó. A pesar de todo, el retorno de la población desplazada del medio Atrato se dio satisfactoriamente y estuvo acompañado de la Diócesis de Quibdó y de las organizaciones sociales de Chocó”.


Y También el Narcotráfico

La droga también llegó a la par con los grupos armados. A nosotros nos confunde y no sabemos exactamente con quién llegó, lo que sí sabemos es que todo el mundo se termina involucrando en este negocio”, comenta Aurelino. “En los años ochenta lo que se movió fuerte fue la marihuana, pero este negocio no afectó la vida de los pobladores; la cocaína si. Se dan las fumigaciones, las extorsiones, los asesinatos, la prostitución, el daño ambiental, el lavado de activos, se pelean territorialmente la guerrilla y los paras, proliferan las bandas narcotraficantes como “Los Rastrojos”; en fin, los que pagamos los platos rotos somos las comunidades con el hambre y la miseria… el mismo Estado se burla de nuestros derechos adquiridos”


El cultivo de la coca ha venido subiendo por el Pacifico y tomando mayor concentración en el municipio de Pizarro, bajo San Juan, aunque también afectando el bajo y medio Baudó y la cuenca del medio Atrato. De esta manera se ha agudizado aun más la crisis social del departamento. Caso concreto se da en la ciudad de Itsmina, que viene moviendo un alto flujo de dineros ilícitos debido a su ubicación estratégica en el medio San Juan. Inclusive se está convirtiendo en lugar predilecto para comprar electrodomésticos por los bajos costos que ofrece el lavado de activos, mientras que en Quibdó ha mermado este comercio debido, además, a las extorsiones y quemas de lanchas que transportaban con frecuencia mercancía entre esta ciudad y Cartagena. “Uribe se manifiesta diciendo que todo está bajo control- comenta Aurelino-. Pero usted viaja a Quibdó y a Istmina y se encuentra con 5 o 6 muertes diarias, y también se ven las fuerzas legales e ilegales haciendo presencia… la seguridad democrática convive con la mafia”, concluye Aurelino.


Y también la resistencia

En contraste con las jugosas ganancias que genera el mercado del narcotráfico, hay dificultades como la falta de acceso a la educación, salud, vías de comunicación, agua potable, electrificación, recreación, proyectos productivos, y las violaciones constantes a los derechos humanos, limitación a las libertades de utilizar no más de una hectárea para cultivar, restricción para moverse por los campos y los ríos, desplazamientos por el eminente peligro de muerte de parte de los grupos armados, entre otras. Todo esto está generando situaciones de desesperación y frente al hambre que a veces se someten, cualquier oferta que venga de afuera es muy tentadora para abandonar el lugar e irse a la ciudad.


Aurelino resalta que, “a pesar de tener los títulos colectivos y la tierra legalizada, no hemos podido ejercer la autonomía y la soberanía sobre nuestro territorio. Pero en el departamento del Chocó brilla una fortaleza que es el alto nivel organizativo y eso nos ha permitido resistir, sobrevivir, reclamar los derechos y enfrentar los problemas… Este Foro Interétnico ha aglutinado esos procesos organizativos, habilitando espacios de diálogo y discusión entre las comunidades que planea la ruta a seguir, en donde se privilegian los problemas colectivos para encontrar las soluciones entre todos. En estos momentos estamos trabajando la agenda de paz, observatorio social y la problemática de las víctimas. Hay que defender el territorio y la vida, porque sin territorio o sin vida, no hay nada”

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