François Houtart: un ejemplo de amor eficaz

“DESLEGITIMAR EL CAPITALISMO. RECONSTRUIR LA ESPERANZA”. Así titula uno de los 70 libros de quien fuese maestro y amigo de nuestro Camilo Torres y de quien profesaba la Teología de la Liberación por todos los pueblos del mundo.

Al amanecer del 6 de junio del 2017, falleció en Quito Francois Houtart, el teólogo, filósofo y sociólogo de la liberación de los pueblos, aquel que llevó la consigna de este encabezado en lo más profundo de su corazón y lo hizo plausible en todos los territorios donde pudo llegar.

Prácticamente pocas cosas se le escaparon a su inquebrantable compromiso evangélico y liberador; diferentes pregrados en ciencias sociales y políticas, su doctorado en sociología, secretarías de investigaciones socio-religiosas, comisiones o direcciones de revistas y centros de estudio, etc., fueron parte de su extensa hoja de vida y conocimientos que siempre estuvieron al servicio de los desposeídos y que lo llevaron desde Bruselas, Chicago, Malta, Sri Lanka, India, Vietnam, hasta Camerún, Tanzania, Zaire, África del Sur, Colombia, Brasil, Nicaragua, Cuba, Corea, Pakistán, Bangladesh, Filipinas, Tailandia…, y otras tantas naciones más.

Para Houtart, ninguna lucha era extraña, ningún territorio era más difícil que otro, al contrario, y desde el sentimiento más solidario posible acompañó en cada rincón donde la injustica quiso hacer de las suyas a quienes resistían ante la opresión, y se permitió convertirse en un ejemplo de amor y compromiso para muchos pueblos.

Como buen ciudadano del mundo, o trotamundos como decimos en el adagio popular, podría estar en unos cortos tres días dialogando en Brasil con campesinos, para luego estar en Sri Lanka dictando conferencias y marchando con los isleños.

No puedo evitar recordar aquel noviembre de 2015, en el que muchos procesos sociales y la arquidiócesis de Cali nos encontrábamos preparando la conmemoración ecuménica preparatoria para el cincuentenario de Camilo Torres Restrepo. En la salsera ciudad, compartimos hotel con el maestro durante unos tres días, cada mañana los desayunos eran compartidos y nos daba tiempo de contar historias y uno que otro chascarrillo, eso sí, el viejo (como lo nombrábamos de cariño) era quien nos actualizaba de la situación política nacional y mundial; a nuestro desayuno de las
8:00am llegaba con su lento pero firme caminar ya con unos siete periódicos leídos y con toda una sonrisa enorme para ponernos el debate.

Houtart siempre dejó claro que un verdadero compromiso social –y por qué no, evangélico–, debía estar del lado de quienes han sufrido los descaros de un sistema corrupto que domina hasta lo más sensible de la vida de cualquier ser humano, su apuesta inclaudicable siempre fue por los de abajo. Siempre tuvo las palabras y las reflexiones precisas para ejemplificar ese amor eficaz que tanto necesita nuestra sociedad.

Para el viejo, no se puede andar por el mundo así como así, viendo como la cantidad de pobres y las distancias sociales alcanzan su cumbre, es nefasto no desenmascarar cómo estamos ante una perversa y progresiva destrucción de la naturaleza, de los pueblos, naciones, y del ser humano.

Durante los últimos años, su principal trabajo se materializó en lo que él llamó el Bien Común de la Humanidad, una apuesta anhelante y esperanzadora que nos pone a pensar-nos nuestro papel en la tierra, nuestro quehacer en la comunidad, el barrio, la vereda. Una apuesta gigante que podría llevarnos por un camino opuesto a la competencia, a la preocupación de uno mismo por nada, y que nos pone en el camino de lo comunitario como una respuesta a la crisis mundial que afecta a centenares de millones.

Así, y con el mensaje del Jesús histórico, ese Jesús de los empobrecidos del que tanto nos enseñó, se dio en la palestina del primer siglo, Houtart se convierte en un referente más para quienes sueñan –y soñamos– por un mundo mejor y más justo.

Podría tal vez haber escrito una reseña sobre su vida y todo su acumulado teórico, práctico y de resistencia, pero tal vez su ejemplo de compromiso y amor incondicional me llevó a traer un recuerdo que sirva de pretexto para homenajear al maestro, el mismo a quien nuestro Camilo conoció y aprendió, aquel que sigue y seguirá recorriendo caminos y sembrando esperanzas.

Convencidos y convencidas entonces de que la experiencia y ejemplo del maestro Houtart, seguimos tras su sueño de una comunidad universal, libre y justa, acudimos a su legado con el firme propósito de continuar tras su senda, la de nuestro Camilo y todos aquellos y aquellas que como el viejo son un ejemplo de amor eficaz.

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Eberhar Cano Naranjo
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