¡Los chocoanos vuelven a las calles!

Pese a los estragos de la guerra, los chocoanos quieren vivir en su territorio, y exigen garantías para poderlo hacer dignamente.

Desde el pasado 10 de mayo todas las cabeceras municipales del departamento del Chocó están en paro nuevamente, igual que lo hicieron el año anterior con un paro cívico que duró ocho días. Las exigencias no han cambiado desde agosto; los habitantes de este departamento quieren que el Gobierno asigne el presupuesto para mejorar las pocas vías que existen, que puedan tener acceso a salud, vivienda, educación, saneamiento básico, interconexión eléctrica, entre otras necesidades.

Así mismo, el pasado mes de abril las comunidades afros e indígenas del Litoral del San Juan se manifestaron pacíficamente mediante un paro, al que convocaron en la cabecera municipal de este sector, para exigir garantías para sus vidas en la región, no solo con presencia militar, sino con derechos elementales como la salud o la educación de calidad. Fruto de dicha  movilización lograron sentarse con el Gobierno y la cúpula militar en Bogotá, con el compromiso de reunirse nuevamente en la cabecera municipal del Litoral. Como afirmó el Defensor del Pueblo Carlos Alfonso Negret “esperamos y confiamos que asistan a este nuevo llamado todos los ministerios y organismos de seguridad del Estado, para que respondan a las necesidades de los chocoanos”.

El Paro Cívico realizado en el Chocó es una muestra del inconformismo de los habitantes, y a pesar del panorama desolador, las comunidades que han vivido en carne propia los estragos de la guerra, la corrupción y las multinacionales, aún desean permanecer en el territorio, quieren tener unas condiciones mínimas para una vida digna, como dijo una indígena del Litoral: “Nosotros queremos vivir en el territorio, luchar por la defensa del territorio y quedarnos dentro de él”.
 
Esta región, llena de biodiversidad y riquezas naturales, está al mismo tiempo desangrada por el conflicto; aparte de oro, hay reservas de petróleo, uranio, platino, madera, coltán y otros recursos apetecidos por grandes empresas. Sin embargo, la corrupción y el saqueo de los recursos naturales no son los únicos males. Desde hace dos años el departamento está sufriendo el avance paramilitar; han vuelto los asesinatos selectivos de pobladores, y los enfrentamientos de los diferentes actores armados que hacen presencia en la región. Por esta razón comunidades enteras han tenido que desplazarse o esperar en sus casas de madera, en medio de la selva, que pase el peligro, sin poder pescar, cultivar o cazar, por miedo a los retenes que hacen todos los grupos armados, como el Ejército, los paramilitares y la insurgencia.
 
Al respecto,  una líder indígena de Docordó cuenta que “en el caso del Litoral San Juan, tanto en la zona norte y la zona costera, estamos viendo que los derechos humanos han sido violados por ambas partes, tanto el Estado como los grupos ilegales que hay en la región, lo que no permite que las personas, como las familias, tengan el libre movimiento que tenían ancestralmente para ir a la pesca y la cacería. En el caso de la población de Carrá hubo enfrentamientos entre los paramilitares y la guerrilla; en estos momentos (sus habitantes) están desplazados porque hubo muertos de la comunidad. En Togoromá - Playa, directamente grupos paramilitares asesinaron a dos personas afro y aparecieron en la playa del pueblo”.
 
Por su parte, la Armada ha restringido la entrada de cierta cantidad de gasolina o víveres por el río San Juan, con la excusa que los artículos terminan en manos de la guerrilla. En ciertos puntos de esta artería de transporte fluvial las comunidades tienen restringida la movilidad después de las seis de la tarde hasta el día siguiente, y en algunas ocasiones han aparecido hombres armados sin identificar, generando zozobra en la población.
 
Esta región, largamente olvidada por el Estado y poco conocida por los habitantes del interior del país, solo aparece en las pantallas de televisión o en los discursos presidenciales cuando el conflicto armado, pero sobre todo el social, se les sale de las manos a los gobiernos de turno. En el imaginario de los colombianos, Chocó es una gran selva más parecida a algún país africano en guerra, que a un departamento ubicado en el pacífico, rodeado por vecinos con mayores desarrollos económicos como Valle o Antioquia. Ahora sus habitantes se están movilizando para demostrar que el Chocó existe, que hacen parte de Colombia y que tienen los mismos derechos que todos los colombianos.

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