“La gente no renuncia a participar y decidir”

Nacido y criado en Ocaña, Luis Emil Sanabria Durán alternó su actividad estudiantil en la Universidad Industrial de Santander  con la militancia en el partido Comunista Marxista Leninista, PCML, que dirigía la guerrilla del Ejército Popular de Liberación, EPL. Él mismo asegura que quien lo llevó a la Juventud Revolucionaria de Colombia, y luego al partido PCML fue el propio Oscar William Calvo, destacado dirigente revolucionario, asesinado con tan solo 32 años de edad el 20 de noviembre de 1985, a manos de agentes del Estado y en pleno proceso de paz con el gobierno de Belisario Betancur.
 
La conversación con Sanabria no tiene el objetivo de mostrar el terrorismo de Estado en medio del proceso de paz y desmovilización del EPL en 1991, sino las experiencias de participación ciudadana y procesos constituyentes a los que, una vez reinsertado a la legalidad, Luis ha dedicado décadas.

Entre los años 80 y 90 existía alto nivel organizativo social y popular en la región de Norte de Santander, allí tenía fuerte presencia el Ejército de Liberación Nacional, ELN, y el EPL. Este último siempre le apostó a la participación electoral de las masas, y  tuvieron éxito igual que la Unión Patriótica cuando pudieron hacer uso de la elección popular de alcaldes, aprobada en 1986 y ejecutada por primera vez en 1988. El EPL enarbolaba la consigna “Por una nueva Asamblea Nacional Constituyente” desde el año 1984, que fue fortalecida con la iniciativa estudiantil de 1990, llamada “Séptima papeleta” que coincidía con esta propuesta. En 1991, tras los acuerdos de paz y la desmovilización armada del M-19 y el EPL, y la muerte de miles de militantes de izquierda a manos del terrorismo de Estado y sus grupos paramilitares, se haría realidad la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente.

Después de la compleja situación creada en los procesos de izquierda revolucionaria, muchos combatientes de las guerrillas desmovilizadas entraron a engrosar las  filas del paramilitarismo, y de los organismos de seguridad del Estado, mientras se realizaban masacres, confrontaciones entre guerrillas y desmovilizados, mientras que otros, la mayoría de ellos, se dedicaron a fomentar procesos organizativos en las mismas comunidades en donde habían desarrollado su actividad guerrillera o política; en este caso con el apoyo y la coordinación de otras fuerzas políticas y sociales de la región.

Cuenta Luis Emil que por allá en 1998 cuando se desempeñaba como subsecretario de paz en Norte de Santander, llegaron a recoger hasta 200 cadáveres de líderes sociales asesinados por los paramilitares, por su participación en las marchas de esa época. Por su labor política y las actividades ejecutadas dentro de su cargo fue incluido en una lista de 13 personas declaradas objetivo militar por los paramilitares y el Ejército. De estos solo viven dos, uno de ellos es Sanabria.

Las Asambleas Constituyentes Populares
A pesar de la arremetida paramilitar, la convergencia de varias fuerzas políticas, organizaciones sociales y populares y sectores de la iglesia logró conformar, hacia finales de los años 90, una Mesa por la paz, un Comité de atención a desplazados, y un Comité de paz, que hacían parte de Redepaz. Existía también la Asamblea Popular de desarrollo y paz del Catatumbo y Diálogos locales de paz, liderados por monseñor Leonardo Gómez Serna. La experiencia de la Asociación de campesinos de la India en Santander sirvió de ejemplo, ya que fue una de las primeras experiencias de participación popular en los procesos de paz.

Por otro lado, se habían instalado Asambleas Populares en San Calixto y El Tarra, procesos participativos sociales que recogían elementos de las propuestas de las FARC y especialmente del ELN, en la lógica de la Convención Nacional que por esos tiempos tomó gran audiencia en el país. La del municipio de Mogotes, en Santander, se bautizó como Asamblea Municipal de Constituyentes; era el pueblo haciendo uso del artículo tercero de la Constitución del 91. La consigna era “con Biblia y Constitución hacemos revolución”, porque era una alianza entre la iglesia y el pueblo, con sectores del cooperativismo y la organización campesina, principalmente.

Era tan importante y fuerte la iniciativa popular en Mogotes, que en 1997 cuando el ELN retuvo por denuncias de corrupción al alcalde Doryan Rodríguez, que le decían chocatón –y que por cierto, dice Luis Emil, recientemente volvió a ser elegido y capturado por corrupción–, la gente del pueblo, acompañada de monseñor Gómez Serna, se fue para el campamento del ELN y le exigieron que entregara al alcalde, porque ellos también sabían que era corrupto y lo querían juzgar. El ELN no tuvo más remedio que devolverlo. La Asamblea le pidió rendición de cuentas, confirmó los actos de corrupción y le exigió la renuncia. Quedó al frente del Gobierno la Asamblea Municipal de Constituyentes, la cual trabajaba de la mano con el Concejo, y con un nuevo alcalde elegido del proceso, y que hacía las veces de gerente bajo la orientación de la Asamblea.

Empezó un ejercicio de planeación y  participación basado en el artículo tercero de la Constitución, en donde figura que la democracia es directa. Los constituyentes eran los comerciantes, transportadores, campesinos, la iglesia, los maestros, etc. Estos se fueron a las veredas, planearon con la gente el diseño social, cultural y económico de su municipio. Ahora el alcalde tenía que hacer rendición mensual de cuentas, la Asamblea Popular tomaba decisiones que se llamaban mandatos y los concejales convertían esos mandatos en acuerdos municipales. Muchas regiones se sintieron convocadas a aprender del proceso; algunas embajadas acompañaron también.  Mogotes ganó en 1999 el Premio Nacional de Paz.

En adelante y durante cinco años los alcaldes no se inventaron programas de gobierno sino que se sintieron con la responsabilidad de construirlo con la población. Antes de este proceso solo estaban los partidos Liberal y Conservador, luego de eso estaban casi todos, incluido el Polo. Además, Redepaz promovió 100 ejercicios de procesos participativos constituyentes de las mismas características en 100 diferentes municipios de Nariño, Antioquia, y Huila. Unos con mayor éxito que otros.


La contra-constituyente
Pero como dicen popularmente, tanta dicha no podía ser cierta. Mientras que el ELN se alejó de la zona como organización armada, el paramilitarismo del Bloque Central Bolívar  nunca cumplió con las condiciones que la Asamblea Constituyente le había impuesto a los grupos armados de retirarse del territorio; retomaron el control y ubicaron su retaguardia en el corregimiento del Riachuelo, del municipio de Charalá, y desde allí planearon la estrategia para acabar con la Asamblea Municipal Constituyente. Amenazaron a los más destacados en el proceso como los padres Joaquín y Héctor, asesinaron a una religiosa y desplazaron a los maestros. En ese momento Álvaro Uribe subió al poder y se convirtió en un enemigo de los procesos constituyentes. Ahora Mogotes es satanizado.

No obstante, la meta de 100 municipios con procesos constituyentes se multiplicó a 200 en todo el país, pero con algunos de ellos muy desvirtuados en su esencia fundacional, y manipulados por los partidos políticos. Uribe persiguió las constituyentes por doquier; la iglesia católica que había apoyado el proceso, ahora amenazaba con excomulgar a quienes lo apoyaban. Hoy existe en Mogotes un comité constituyente pero muy discreto. Redepaz fue perseguida y amenazada y tuvo que disminuir su dinámica organizativa. Los procesos populares pasaron a la resistencia adoptando procesos de participación, de defensa del territorio, de movimiento cívico y otras expresiones que les permiten actuar directamente en la construcción de sus planes de vida y de sus propuestas de localidad, región y país, porque la gente, dice Luis Emil, “a pesar de todo no renuncia a su deseo de participar y decidir sobre sus territorios”.

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