Quinua, nueve años de resistencias y esperanzas

“La Quinua es un alimento ancestral, nace en la cordillera de los Andes y en el altiplano, es resistente y se encuentra en la dieta de muchos ciudadanos por sus cualidades nutritivas”

Hace nueve años un grupo de amigos entre cervezas y risas, decidió emprender un proyecto en la Biblioteca Popular “La María” –que debe su nombre a la flor del trabajo, María Cano-, ubicada en el barrio La María del sector de Britalia, en la localidad de Techotiba (mal llamada Kennedy), Bogotá. Raúl Navarro, junto a Mary -su prima-  y a Carlos el Copo,  propone darle un poco de vida a la biblioteca llevando música y libros al salón comunal para compartir con los pelaos del barrio y participar en el Carnaval Popular por la Vida, que para ese año llevaba su XXII presentación en el sector.  Luego de que este proyecto arrancara se vio la necesidad de tener más espacio y poder hacer más talleres con las mujeres y los niños del barrio, pues en este sector, igual que en casi toda la periferia bogotana, las mujeres y los niños y niñas no tienen espacios para encontrarse, educarse críticamente ni construir. Era un reto conseguir lo del primer arriendo, pero los profes de ese tiempo, organizados en colectivos, aportaron su granito de arena y dieron paso al sueño en el que ahora participan muchos estudiantes de las universidades públicas y el barrio.

Laura Peña y otras compañeras fueron las primeras en animarse a iniciar un trabajo pedagógico con los niños y niñas del barrio, y juntaron más de 20 los días martes y viernes, para hacer talleres de danza y arte. Así se fue sumando más gente soñadora de las universidad públicas, como Angie, Sebastián el rasta, Nadia, Felipe, Juliana, Carlos el Cali, el vaca y Julián, que como grupo de amigos participaron en el XXIII Carnaval popular por la Vida.

La bici de Raúl, remendada hasta con cinta, era el medio de transporte más efectivo para llegar en medio de la risa y empezar a trabajar. Se recogieron libros con los amigos y la familia, algunos donaron unos computadores, y luego el arriendo supo llegar con el sabor de la chicha de Alba, la mamá de Raúl, y las empanadas de Luz Dary, la mamá de Julián, promocionadas por Miguel Ángel, el cura, en las misas de los domingos. Un día la bici de Raúl se quedó en casa y no volvió más, su partida fue tan dura como un parto, dirían muchos, pues de ahí, con sueños y dolores, el encuentro fue para dar vida al sueño que debía tener nombre. Varios colectivos dieron vida a Quinua. Después de probar nombres como Conspiración o a la Sombra, que no duraron más que horas, definitivamente el nombre Quinua quedó después de la explicación del  Cali.

El proyecto migró hacia Bosa, para buscar un lugar más económico o gratuito que permitiera continuar, primero en la casa de Julián en un garaje, luego en el salón comunal de Carlos Albán, y finalmente en un local arrendado, ubicado en el barrio Israelitas, en la UPZ central, y cuyas problemáticas refieren a la falta de acceso a salud, educación, vivienda, y transporte, al aumento poblacional no planificado, y a la falta de lugares de recreación, cultura y deporte. En este lugar, con los computadores viejos se empezaron nuevamente los talleres, ahora de sistemas para amas de casa, niños, niñas y jóvenes. La Biblioteca que llevaba el nombre de Raúl Navarro Antolinez, quiso también ser Centro Cultural y rápidamente junto con cinco Juntas de Acción Comunal del sector, empezó a trabajar por el Carnavalito popular por la vida y la esperanza  que “sirve como un espacio en donde los jóvenes y los niños de la localidad pueden expresar toda esa inconformidad que tienen, pero también proponer desde lo que ellos son, proponer desde sus actividades culturales”, cuenta Alejandra Toloza, quien lideraba un taller de danzas. Es por esto que para el año 2012, se consolidó la intención de salir a bailar por las calles con los grupos de niños, niñas, abuelas, para hablar de la violencia intrafamiliar y la condición del Humedal La Tibanica.

Muchas fuerzas y deseos como las de Clarita y Pancha, dieron vida al Centro Cultural y Popular Quinua, donde se daban talleres de lectura crítica, artes, acompañamiento a Juntas de Acción Comunal, y se continuaba con el Carnavalito Popular, fortaleciendo expresiones artísticas que visibilizaran las problemáticas políticas, sociales y territoriales que existen dentro de la localidad.

En el 2014 el sueño era que las personas “se metan el carnavalito en su corazón para que vean que los jóvenes, los niños y todos, pueden hacer parte de él porque ellos en sí van a ser los beneficiados de esto más tarde; estamos sembrando una semilla para que los jóvenes tengan un mundo mejor”, tal como decía Rosa Lilia, vecina y quien participa en el grupo del adulto mayor ‘Por los caminos de la vida’. Pero eran tiempos de tormenta y fue necesario hacer cambios de lugar, y reorganizarse para responder a la realidad, reconstruir el trabajo con mujeres, con jóvenes y en universidades, que para esos días vivía una dura persecución.

Hoy en día, tres años después, se sigue promoviendo la organización política y apoyando propuestas locales como la huerta en el barrio José Antonio Galán, el diplomado de Jóvenes y Derechos Humanos, y el diplomado de Mujer, Género y Derechos Humanos, lo que ha permitido que con el paso del tiempo el proceso persista en cimentar el tejido social entre los habitantes, colegios de la comunidad, iglesia, etc. Además, una de las apuestas principales es recomponer el carnavalito popular, contagiar la alegría, compartir la vida y esparcir la idea de que un mundo diferente sí es posible.

Ahora nuevos rostros como Daniela, Ana, Camila, Aleja Alfaro, Johan, Carlos, Lady, Giovanny, encarnan las luchas en el barrio, el colegio y la universidad, sin perder de vista que los sueños colectivos son posibles de hacer realidad, y mucho más cuando “es necesario que nos unamos más, unamos fuerzas, unamos acciones” como afirma Carmen Rosa quien también participa en el grupo del adulto mayor ‘Por los caminos de la vida’.

Quinua nunca ha querido ser un proyecto muy ambicioso, es un proceso donde se ha buscado aportar a la consolidación y organización política de las personas, nace de estudiantes de universidad pública que buscaron en el barrio tener una alternativa para hacer trabajo político y transformar las realidades de los barrios.

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