La batuta de los sueños

A sus 20 años Janis Buitrago todavía no se rinde en la búsqueda de la realización de sus sueños, aunque a veces siente desfallecer. La joven de baja estatura y aspiraciones grandes nos espera en su casa ubicada en el barrio Belén Altavista, en el sector parte baja.

En Medellín, a pesar de las becas y programas de educación, solo el 72% de los jóvenes van a las universidades, y según el informe de indicadores de objetivos de Medellín cómo vamos en educación, publicada por Medellín Cómo Vamos el 8 de julio de 2016, la cobertura en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá para los jóvenes en pregrado es solo del 54,2%. A esta miope oferta de estudio hay que sumarle que en la ciudad se han priorizado algunas carreras como la administración, en todos sus niveles –desde técnica auxiliar hasta el pregrado–, por encima de otras como las artes, que han quedado para un grupo selecto.

Pero Janis, una joven seria desde su mirada, no ha dejado que el entorno social se consuma sus sueños. Pese a su condición económica y a las dificultades familiares, ha mantenido viva la idea de ser directora de orquesta.

—A los cinco años estaba viendo un concierto de una orquesta en la televisión, y ahí descubrí qué quería ser.

Desde esa edad sus padres la apoyaron, destinaron un porcentaje de sus ingresos para pagarle a la señora Ernestina López, para que fuera su tutora, aunque solo pudieron pagar por sus servicios un año, pero ese tiempo fue suficiente para que la chispa y el amor por la música se fortaleciera. Sus padres, que le patrocinaron este deseo, siempre buscaron la manera de continuar la formación musical y por fortuna en sus años de educación primaria recibió clases de flauta dulce y cuando pasó al bachillerato la matricularon en el INEM del Poblado para entrar a un grupo de música.

Ella se define como una persona de pocos amigos. La han tildado de creída y de “rara” y ciertamente Janis tiene un aire muy peculiar. Podría decir a primera vista que es fría y distante, pero con una leve sonrisa que endulza el trato. Cuando camina pareciera que no se sintiera de ese lugar que habita, aunque habla con cariño de su barrio; lugar que también le alimentó su deseo de ser directora de orquesta, porque cerca, en la Biblioteca de Belén Las Playas pudo seguir estudiando música, y allí aprendió a tocar el violonchelo.

Su abuelo materno, un hombre al que admira pese a no haberlo conocido, dejó al morir la propiedad donde vivían sin repartir y sin legalizar. Los problemas de sucesión agrietaron la relación familiar. Los padres de Janis ahorraron por años para hacer las escrituras de la propiedad pero cuando ella tenía 16 años, su padre las abandonó, y con él se llevó los esfuerzos y la posibilidad de solucionar ese viejo problema, por el cual fueron desplazadas de su casa ella y su madre, Cecilia Hernández, quien sin importar nada, asumió la crianza, la formación y la búsqueda de ese sueño que antes había alimentado con su esposo.

Los días de Janis fueron especialmente ocupados por la música y su estudio. Ella la pasaba entre instrumentos musicales y pentagramas, más que entre sus amigos, juegos y calles de su barrio. Con el abandono de su padre, la realidad económica desbordó por primera vez sus aspiraciones de convertirse en directora de orquesta, y consiguió trabajo a los 16 años haciendo decoraciones con icopor, y desde esa fecha y aún sin graduarse siguió trabajando en otros oficios como la estampación.

Janis ahora vive en la casa que les arrendó una amiga de la familia, y allí recuerda que en diciembre de 2016 tuvo su peor experiencia como trabajadora. “Un sábado de diciembre me fui a trabajar vendiendo ropa en el centro de Medellín y desde el momento en que llegué sentí ganas de regresar a mi casa, pero al final aguanté el día”. A la joven no le gustó ese trabajo pero pensó quedarse y seguir hasta el otro sábado, porque necesitaba cubrir algunos gastos, pero ese día coincidió con su ceremonia de grados de una carrera técnica, y después de avisar el motivo de su ausencia, no regresó a ese oficio.

Tuvo que pasar, junto a su madre, numerosas dificultades económicas, sin embargo, ellas no dejaron apagar la llama, ni desistieron en su lucha. Janis se presentó a la licenciatura en música de la Universidad de Antioquia… y no pasó la prueba del instrumento; meses más tarde se postuló a la beca ANDI en la universidad EAFIT, pero para su sorpresa, un punto en una materia en las pruebas del ICFES le negó una vez más la oportunidad de estudiar formalmente la carrera de Música con el énfasis de Dirección.

Parece que el azar se ensañara en hacer imposible la consecución de sus metas a estas dos mujeres previsoras y tenaces, que por su desgracia han quedado lejos de todo beneficio, por un número que las clasifica y las ubica como personas sin necesidades económicas, igual que a 17 millones de colombianos más de la clase media.

Por ahora Janis y su mamá no abandonan los sueños, pese al olvido del Gobierno, de su familia y de su padre. Ellas buscan cualquier resquicio para lograr dignamente sus metas, se aferran a cualquier oportunidad, sin pasar por encima de nadie, y esperan que prosperen sus demandas legales y les devuelvan lo que les han quitado: la batuta de sus sueños.

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Saúl Franco
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