Así inicia la carrera a las presidenciales

Colombia está llena de precandidatos presidenciales. Fijos se cuentan casi veinte, aunque varios analistas –Daniel Coronel es el principal– hablan de alrededor de treinta. Unos han sido más claros y visibles en sus aspiraciones, otros quizás no desean llegar hasta la presidencia, pero sí medir sus fuerzas y hacer sonar sus nombres en la contienda, y algunos, más pragmáticos, prefieren hablar de convergencias y alianzas. El punto es que desde ya se reflejan los primeros movimientos de campaña, agregando a eso que los medios empiezan a escribir sus noticias con el enfoque de las elecciones del próximo año.

Varias situaciones son características del ambiente: la aparición constante de precandidatos, una izquierda atomizada, un remezón en el Gobierno, la próxima salida del vicepresidente (que ya tiene reemplazo), y las primeras opciones de alianzas que se empiezan a dibujar.

Se agita el Gabinete
Varios son los ministros y funcionarios del Gobierno que tienen intenciones de reemplazar a su jefe. El primero es el Ministro de Interior, Juan Fernando Cristo, que no se ha ido por ser el encargado de defender las principales reformas del Proceso de Paz en el Congreso, pero que quiere pelearse el cupo entre los liberales. El segundo es Aurelio Iragorri, Ministro de Agricultura, que quiere representar al Partido de la U en las elecciones. El tercero es Mauricio Cárdenas, Ministro de Hacienda; el mismo de la reforma tributaria, los desfalcos en Ecopetrol, y la venta de Isagen. Además, está Clara López, jefa de la cartera de trabajo, quien ya inicia sus primeros movimientos para salir del gabinete y entrar en forma en la batalla electoral.

A ellos se les suma un diplomático y un director administrativo. Juan Carlos Pinzón, antes Ministro de Defensa y hoy embajador en EEUU, y Simón Gaviria, Director Nacional de Planeación (conocido por haber firmado, cuando era congresista, nada más que una Reforma a la Justicia sin haberla leído).

Vale mencionar que todos ellos, como funcionarios del Gobierno de Santos, fueron los artífices de muchas de sus reformas, políticas y proyectos en contra de las gentes más desfavorecidas. Es difícil esperar que tengan posturas o propuestas distintas a las que impulsan desde sus puestos de trabajo, enfocadas en favorecer a los grandes sectores económicos y a las transnacionales.

¿Cuál será el candidato del Presidente?
Con tantos candidatos entre sus ministros, en su partido, y en la Unidad Nacional, la pregunta que aparece es quién será el “bendecido” por el presidente y recibirá su apoyo. Humberto de la Calle fue el que primero se mencionó como el preferido de Santos. Su paciencia, su experiencia y su liderazgo en el Proceso de Paz, hizo que sin él pronunciarse directamente –o refiriéndose al tema con su ya frase comodín “cada día trae su afán”–, sectores políticos y medios de comunicación empezaran a nombrarlo precandidato. A De la Calle lo apoyan sectores académicos, organizaciones y una facción del Partido Liberal.

Otro de los mencionados como posible ungido del Presidente es Juan Carlos Pinzón. Iniciando febrero, por medio de la Silla Vacía, se supo que en una reunión privada que tuvo el Presidente con varios de los más importantes congresistas del Partido de la U, éste hizo saber que le agradaba la idea de que el embajador participara en la consulta interna. Pinzón, uno de los funcionarios más cercanos al Presidente, se caracterizó por su férreo talante como Ministro de Defensa, aunque más en contra de la protesta social, e incluso del Proceso de Paz, que de las organizaciones delincuenciales.

Los verdes y su alianza anticorrupción
Una constante, desde ya, son las llamadas alianzas. Varios precandidatos empiezan a moverse y a juntarse con otros. Esto se da por dos cosas. Primero para competir contra los más fuertes; muchos hablan de la gran probabilidad de que o Germán Vargas Lleras o el candidato que represente al uribismo pase a la segunda vuelta. Y segundo, por haber hallado propuestas o enfoques en común. Una alianza que se menciona desde ya es la conformada por los precandidatos del Partido Verde (Claudia López, Sergio Fajardo, y Antonio Navarro), con Jorge Robledo y su movimiento. Esta alianza puede sonar dispar, empezando por discursos propios de los candidatos; un ejemplo es que Claudia López y Sergio Fajardo hablan constantemente de “defender el mercado”, refiriéndose a la necesidad de expandir el modelo económico y de llevarlo a las regiones (idea en la que insistió mucho la congresista en las discusiones del plebiscito), mientras que Jorge Robledo, por el contrario, es defensor de un cambio estructural en la economía del país.

Esta alianza, a la que también se invitó a Clara López, tiene como enfoque el tema de la corrupción que se ha convertido en lugar común por estos días, y mucho más a raíz de los escándalos por los sobornos de Odebrecht (empresa de Brasil que admitió en ese país y en Estados Unidos que había sobornado burócratas en todo el continente para conseguir contratos), y que ya salpica la campaña presidencial del hoy presidente y de Oscar Iván Zuluaga.

Germán Vargas, con ventaja entre los candidatos
Si de alguien se ha dicho que tiene intenciones de ocupar el primer cargo del país, es del vicepresidente. Tempranamente se le empezó a mencionar como un candidato claro de la contienda.

Si alguien tiene ventajas en tiempos de campaña es quien ostenta un cargo con visibilidad pública, como la vicepresidencia; a modo de ejemplo, en este último mes que trabajará como vicepresidente, Vargas Lleras recorrerá nada más que 100 municipios inaugurando obras de infraestructura. Por ello se le ha criticado, por aprovecharse de la labor que le encomendó el Presidente de encargarse de la gestión de los proyectos de vivienda, infraestructura y acueductos, para hacer campaña política. También se le ha criticado por hacer parte del Gobierno y a la vez mostrarse como alguien en desacuerdo con sus políticas (es clara la estrategia de mostrarse alejado de las medidas más impopulares de éste); pasó con el punto sobre justicia del Proceso de Paz, pasó con la Reforma Tributaria, y pasa ahora que intenta desmarcarse, a través de comunicados, de los escándalos por corrupción que afronta su jefe.

Vargas Lleras es un claro representante de la clase política colombiana, no solo porque su familia tuvo dirigentes en los más altos cargos del Estado, sino por lo camaleónico de su comportamiento político.

Iniciando febrero se supo que ha ofrecido el puesto de vicepresidente para su campaña a tres políticos de tres partidos distintos; a Simón Gaviria del Partido Liberal, a David Barguil del Partido Conservador, e incluso, a quien es uno de los más representativos senadores del Centro Democrático, el también precandidato, Iván Duque.

Los movimientos del uribismo
Así como en los otros partidos y sectores políticos hay movimientos con miras a las presidenciales, en el uribismo ya se empiezan a conocer tanto los nombres de los posibles candidatos, como las intenciones que tienen (ya se le oyó a José Obdulio Gaviria hablar de, en caso de que su partido llegue al poder ejecutivo, poner al Acuerdo de Paz y sus reformas “en discusión nuevamente”).

A Oscar Iván Zuluaga ya se le descarta de la puja dentro del Centro Democrático por estar involucrado en el escándalo de Odebrecht, entidad que presuntamente le pagó a un asesor para que trabajara en su campaña. Mientras que Iván Duque ya está armando el que sería su equipo de trabajo, con quien peleará contra Carlos Holmes Trujillo y los otros aspirantes de su partido.

Por su parte, el sector conservador más cercano al uribismo también inicia su ritmo de trabajo electoral. El exprocurador Alejandro Ordoñez, que por sus críticas al Proceso de Paz –y quizás también por estrategia política– se juntó con el Centro Democrático en la campaña del “no”, ya habla y se abandera de la lucha anticorrupción (como si no lo hubieran sacado precisamente por un hecho de corrupción: por haber ofrecido puestos para llegar a la procuraduría) y ya se le ve compartiendo con uno de los sectores en los que más se hizo popular, tras las discriminatorias marchas por las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación: los cristianos. Por su parte, Marta Lucía Ramírez, quien quedó más empoderada luego de su apoyo a los sectores del “no” en el plebiscito y que también es cercana al uribismo, volvió a tomar la palabra en los encuentros del Partido Conservador, y ya se dice que está en plan de disputarse el aval de su partido con David Barguil y Mauricio Cárdenas, que son líderes conservadores mucho más cercanos a Santos.

Los caminos de la izquierda
Si bien se ha dicho que los pasos que está dando el país para separar la política de las armas pueden ayudar a fortalecer a la izquierda, y que por ende ésta se debe organizar, unir, y se debe volver competitiva, el escenario no se ve de tal forma. Por el contrario son varios los candidatos de izquierda que hablan de cambio y de una gran convergencia, y que aun así se muestran sectarios y se cierran a los demás.

Entre los candidatos de izquierda están: Gustavo Petro, que a pesar de los procesos legales que tiene en su contra no ha dejado de mostrarse como candidato; Piedad Córdoba, que a inicios del presente año, y tras una visita a Cuba por la muerte de Fidel Castro, dejó saber su intención de ingresar a la contienda; Clara López, que aspira liderar una gran convergencia por la paz; y Jorge Enrique Robledo, que con ayuda de los líderes de su partido ya es candidato oficial.

Por su parte, las FARC insiste en la necesidad de un “Gobierno de transición”, cuya propuesta fue expresada por su jefe máximo, Rodrigo Londoño Echeverry: “Destacamos la importancia que tendría para el país la conformación de un gobierno de transición cuyo propósito fundamental sea el cumplimiento cabal de los acuerdos de La Habana, el cual debería estar integrado por todas las fuerzas y sectores que han trabajado sin tregua por ello”, expresó Timochenko.

Lo cierto es que frente al camino que debe tomar la izquierda, son más las divisiones que los encuentros. Tal es el caso del principal partido de esta tendencia que tiene el país: el Polo Democrático.

¿Qué pasa en el Polo?
En el partido de izquierda formado hace poco más de diez años con la intención de unificar las fuerzas políticas de este sector, no han faltado, paradójicamente, las divisiones. En el año 2016 fueron varios los hechos y situaciones que las hicieron incrementar: la imposibilidad de escoger a los directivos, las disputas para conseguir su presidencia, y la designación en abril de la expresidenta de la colectividad, Clara López, como Ministra de Trabajo. Al final, llegaría el que sería el mayor asunto de disputa interna en el partido, esto es, la posición a tomar con relación a la etapa electoral que se avecina.

Los rostros de la contienda
Dos son los rostros que sobresalen en la división actual del partido, dos los caminos que se quieren recorrer. Jorge Enrique Robledo por un lado y Clara López por el otro. Y con ellos dos fuertes facciones del partido entran en división: el Moir y el Polo Social. Los primeros, el grupo al que pertenece Robledo, apoyan la idea de una candidatura que busque, ante todo, un gobierno realmente diferente, que cambie el modelo neoliberal. Y los segundos, el grupo de López, tienen como principal prioridad la implementación de los acuerdos de paz y sus respectivas reformas.

Cabe mencionar que ambos líderes ya empiezan a moverse dentro de las dinámicas electorales. En octubre de 2016, 20 meses antes de las elecciones presidenciales, Robledo anunció a través de una carta su intención de ser candidato. Que haya anunciado dicha intención desde tan rápido no es algo novedoso; muchos otros están moviendo sus fichas y trabajando con miras a la presidencia desde antes. Lo nuevo es que haya sido el primero en hacerlo público.
Pero Clara no se queda atrás. La facción política del Polo de la que hace parte, ya la nombra como “la próxima presidenta”, y desde ya se anuncia su próxima salida de la cartera de trabajo.

¿El Comité Ejecutivo Nacional está con Robledo y las bases del partido con Clara?
El pasado 16 de enero el Comité Ejecutivo Nacional, con una votación de 18 contra 12 –incluyendo votos que no se esperaban como el del presidente del partido Álvaro Argote, el excongresista Jaime Dussán, y el exsenador Antonio Peñalosa–, expidió una resolución que para muchos inclinó la balanza de parte de Robledo.

Entre otras disposiciones, resolvió que los aspirantes a representar al partido como candidatos a la presidencia tenían hasta el 31 de enero para inscribirse en la Secretaría General. Robledo lo hizo, Clara no. Ahora él se perfila como el único aspirante del partido, y de ella se dice que de no poder ser candidata de éste, participará a través del mecanismo de recolección de firmas. Por su parte, Iván Cepeda, Senén Niño y Alirio Uribe exigen en el partido la realización de un nuevo congreso nacional, que sea quien elija la candidatura, lo que le daría a López una nueva oportunidad para ser candidata, e incluso, se dice, que la realización de dicho evento le daría ventajas y mayorías en el partido.

Por parte del Polo Social la respuesta ante esta resolución no se hizo esperar, y varias situaciones indican que la aspiración de Clara aún está viva. El mismo 31 de enero, en el Salón de la Constitución del Senado, varios miembros del Polo Social, encabezados por Senén Niño, Celio Nieves y el esposo de Clara, Carlos Romero, rindieron un homenaje a la Ministra por su labor en el ministerio y en pro de la paz. Llevaron carteles con su rostro, leyeron su hoja de vida, le dieron las gracias por su labor en la cartera de trabajo, gritaron consignas, y le pidieron, públicamente, que fuera candidata presidencial. Lo cierto es que ella ya empieza a sonar y a hacer públicas sus intenciones de ser precandidata, y de –como lo expresó en entrevista para Yamid Amat– liderar una gran convergencia con “la Izquierda y fuerzas alternativas en defensa de la paz”.

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Juan David Guerra
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