Siria: una guerra donde el dolor es tan grande como su lejanía

Siria es un país que queda lejos de Colombia, pero no por eso tan diferente. Así a Sudamérica y al Medio Oriente los separe el Atlántico, África y Europa, los sirios también fueron colonizados por europeos, divididos y obligados a vivir construyendo una nación, que solo tuvo sentido con el paso de los años. Ellos han visto el rostro de la guerra a los ojos, así como nosotros lo hemos hecho durante décadas.

Aunque en los medios se diga que dondequiera que haya musulmanes, si nace un conflicto será por religión, esto no es cierto y Siria lo prueba. Sin ignorar que un día los franceses crearon una Siria con diferentes identidades (kurdos, suníes y chiíes) que se identificaban como tal antes de identificarse con el hecho de ser nacionales sirios, el problema nunca fue la diversidad. El problema realmente fue político y económico.

En 1971 llegó al poder Hafez Al-Asad mediante un golpe. Con el fin de cohesionar la población siria a punta de laicismo y panarabismo (movimiento político que busca la unión de todos los países de lengua árabe), montó un modelo de Estado autoritario de partido único; con Estado de excepción y ley de emergencia; y con persecución a kurdos y sirios con proyectos políticos islámicos.

Después de su muerte en el 2000, el poder se transfirió a su hijo Bashar, un oftalmólogo que vivía en Londres, puesto que el heredero, su hermano, murió en un accidente de tránsito. Por ser joven y criado fuera del país, los sirios tuvieron la esperanza de que grandes reformas fueran a suceder, pero Bashar decepcionó a su pueblo.

De 2001 a 2010, Estados de excepción, persecución a la oposición y políticas económicas neoliberales se encargaron de aumentar el nivel de frustración. La pobreza aumentó del 22% al 34%, creció la inflación, la desigualdad y el desempleo (20%). Además, la corrupción y el clientelismo de los Al-Asad llevó a que la familia ocupase los puestos más importantes del país.

En 2011, en el contexto de las Revueltas Árabes, en Dara, al sur, hubo manifestaciones pacíficas en muestra de solidaridad hacia sus hermanos árabes. Allí, unos niños de 15 años pintaron grafitis en una pared del pueblo pidiendo cambios; la respuesta de la Policía fue capturarlos y torturarlos. Sus padres fueron a la estación a pedir su liberación, pero los policías reaccionaron a las patadas y dispararon contra aquéllos que asistieron en solidaridad con las familias.

Las protestas por todo el país se activaron como un efecto dominó. El régimen ordenó a los militares que respondieran brutalmente en todo el país. A los soldados nacidos en Dara, se les responsabilizó de cubrir las marchas en Dara y así sucesivamente. Haga de cuenta que usted es soldado y nació en Bucaramanga. Hay revueltas allí, no importa el motivo, el Gobierno lo obliga a abrir fuego en contra de sus familiares, de sus amigos, y de sus vecinos con los que creció. ¿Usted lo haría? Hubo muchos militares que no lo soportaron, desertaron y crearon un grupo rebelde: El Ejército Libre Sirio. La guerra comenzó.

Poco a poco, para el mundo, la agenda local de los sirios fue injustamente reemplazada por la geopolítica; desde afuera se apoyaron a unos o a otros. Rusia, Irán y milicias chiíes entraron a la guerra para defender al régimen; miles de sirios siguieron el ejemplo del Ejército Libre Sirio y crearon sus grupos rebeldes, apoyados por Turquía y países del Golfo Pérsico como Arabia Saudita; y por supuesto, Occidente decidió bombardear el país. Nadie veló por los verdaderos intereses del pueblo sirio.

Al mismo tiempo, grupos radicales musulmanes migraron desde Irak para aprovechar el vacío de poder. De todo el mundo llegaron personas para luchar con el Estado Islámico, desplazando forzadamente, secuestrando inocentes y asesinando a quienes se opusieran. Además, los kurdos se armaron para defender el norte del país. El caos reinó –y reina– en Siria, convirtiendo al intercambio de balas en el pan de cada día.

Ahora bien, imagine que usted es sirio y quiere huir de la situación en la que se encuentra. Por un segundo, cambie el escenario sirio por las carreteras de Colombia. Piense que si se va hacia la Costa Atlántica, en el camino se va a encontrar con el Estado Islámico y si usted no está de acuerdo con ellos, lo matarán. Piense que si se va hacia los Llanos, el régimen lo verá como una amenaza y lo desaparecerán. Piense que si se va hacia el Amazonas, una bala perdida podría matarlo a usted o a su familia.

Siga pensando, por lo menos mientras lee estas letras, que es sirio. En Líbano, país vecino, ya no caben más de ustedes; en Irak la realidad es prácticamente igual; en Israel no lo querrán por musulmán; y en Jordania ya tienen suficiente con los refugiados palestinos. ¿Adónde se va usted? Para salvar su vida y la de su familia embarca un viaje por el Mar Mediterráneo para llegar a cualquier lugar de Europa. Sí, en Europa donde usted ve en las noticias que apalean negros en Francia por ser negros, que en Alemania neo-nazis persiguen a turcos para que se vayan, o que en España quieren echar a los latinos.

Esta guerra ha dejado alrededor de 6.5 millones de desplazados, 4.8 millones de refugiados y 450.000 muertos en solo seis años. Más del 50% de su población ha tenido que dejar su hogar y pareciera que Siria ya no existe. Piense en que usted nació en un país que casi ya no existe. ¿Usted qué haría? ¿Cuántas lágrimas de frustración derramaría al sentir que la vida no lo quisiera más? Aunque Siria prácticamente ya no exista, ¡los sirios sí! Siguen siendo de carne, hueso y corazón como usted o como yo.

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