Teresa Ramírez: junto a los empobrecidos

Arribamos a Cristales un poco antes de las 8 de la mañana, hora en la que empezaría la reunión. Para diciembre de 1987, a más de cincuenta años de fundado, este caserío tenía sus calles sin pavimentar. En el pueblo todo parecía darnos la bienvenida, desde las vetustas casas, ya decoradas para navidad, hasta la amabilidad de su gente que se presentaba acogedora, sobre todo por la presencia del padre Jaime, muy querido por los pobladores de allí.

En medio del parque, un lugar que aunque pequeño es el más grande de Cristales, estaba parada una mujer sonriente, de pantalón azul y camisa blanca. Se saludó con Jaime y se presentó: Teresa Ramírez, dijo ella, con gran cortesía y jovialidad, nos dio la bienvenida y nos invitó a pasar.

Caminábamos hacia la casa cural, cuando una señora de la comunidad interrumpió: – ¡Hermana Tere! –. De inmediato esta se regresó para abrazarla y hablar con ella. No pude ocultar mi asombro, pues no era común por allí escuchar tratar de hermana a una mujer, a menos que fuera para llamar a una monja, y entonces es cuando Jaime me contó que ella, Teresita, era una religiosa que había renunciado al hábito, para sentirse igual a las personas del pueblo.

Teresa Ramírez, mujer de extracción campesina, nació en 1947. Tomó la decisión de hacerse religiosa a los diecisiete años con las hermanas de la Compañía de María. Su espíritu humilde y su cálida sonrisa hicieron que la gente más sencilla la considerara como su hermana y compañera. El padre Javier Giraldo la define como una mujer que “con entereza y capacidad de sacrificio afrontaba gozosamente las dificultades, incle­mencias y circunstancias adversas de tiempos y lugares. Eran proverbiales su sencillez y solidaridad con los más pobres, su capacidad para escoger el último lugar, para aceptar la postergación y el pasar inadvertida”.

Sin olvidar su origen, se dedicó al trabajo con los más empobrecidos, convirtiéndose en uno más de ellos. Fue enviada a comunidades marginales como el barrio de invasión El Bosque, de la ciudad de Barranquilla, y el Doce de Octubre, de la ciudad de Medellín.

A Cristales llegó el 5 de agosto de 1987. Este corregimiento del municipio de San Roque, es uno de los caseríos más pobres de Colombia y está ubicado en una cuchilla de la cordillera central en la región del Nus, en el nororiente antioqueño.

En las décadas de los setenta y los ochenta, esta era una de las regiones que abastecía a Medellín de panela; sus extensos cultivos de caña conformaban grandes haciendas paneleras que contrataban trabajadores y les pagaban un jornal que apenas les daba para llevarle un escaso bocado de comida a sus familias, casi siempre numerosas. Las largas jornadas laborales se extendían hasta por veinte horas diarias, de cuatro o cinco de la mañana a doce o una de la madrugada siguiente. La labor de exprimir el dulce a la caña se hacía amarga desde la plantación hasta el empaque de la última libra.

Para entonces, el dueño de la hacienda no corría ningún riesgo. Les entregaba a algunos campesinos estancias de caña para que las cultivaran a las dos quintas, que significa que de cada cinco arrobas de panela que quedan después de sacar los costos de acarreo y molienda, dos son para el hacendado y tres para el estanciero o cosechero, en una operación matemática injusta puesto que el estanciero realizaba mayor trabajo.

Pero la región también estaba compuesta por algunas pequeñas áreas de minifundistas que cultivaban café, a quienes solo les quedaba un sabor amargo y grandes pérdidas tras vender su cosecha a los bajos precios manejados por las políticas económicas internacionales y por la Federación de Cafeteros.

Por estas razones, Teresa, en su digna condición de mujer, asumió las tareas que desde hacía algunos años desarrollaban en la región algunos sacerdotes y laicos como Bernardo López, Jaime Restrepo y otros, y lideró tareas de concienciación sobre el hecho de que su realidad dolorosa no era voluntad de Dios, sino del sistema social y político imperante. Teresa participó además en la organización y lucha política de la región, y no se amilanó cuando el padre Jaime fue asesinado; por el contrario, la certeza de la muerte y la inminente necesidad de la lucha por la vida, le infundió mayor fuerza y radicalidad en su amor y deseo de un mundo justo.

En mayo de 1988 los campesinos del Nordeste organizaron una movilización, para pedir acueductos, electrificación y otras justas reivindicaciones, además para protestar por el crimen cometido contra Jaime Restrepo. Teresa se vinculó decididamente en la planificación y organización de la jornada de protesta y con su reconocida pulcritud le imprimió vitalidad a la lucha, en la que a pesar de ello no mostró ningún afán de protagonismo individual y procuró siempre construir un liderazgo colectivo.

Teresa, que tenía una sonrisa casi permanente, endureció su rostro frente a los militares de la brigada catorce y a los policías de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad – GOES, en defensa del derecho a la movilización de los campesinos, y para pedir la inmediata libertad de los detenidos durante el desarrollo de la represión a la marcha.

Teresa asumió en todo su esplendor el papel que le correspondió como mujer del pueblo. Más que una religiosa del montón fue mujer luz y sal para los excluidos, puso el pecho ante las balas y le sonrió con toda la dignidad a los sicarios, a los que se prestó también a servir cuando, presumiblemente, le pidieron que tomara los datos para una partida de bautismo, obligándola a dar la espalda y así no tener que encarar su feminal sonrisa.

Y dejó un poema en el tablero donde dictó su última clase de español, en una fiel promesa que segundos después cumpliría: “La emoción por la patria: // banderita de Colombia, //mi banderita querida, //porque no te rindas, // ¡yo daré hasta la vida!”.

Share this article

About Author

Pedro Lopera
Leave a comment

Make sure you enter the (*) required information where indicated. HTML code is not allowed.

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

últimas publicaciones

Contacto

Medellín - Antioquia - Colombia

 

Calle 50 #46-36 of. 504

 

(4) 231 08 42

 

periferiaprensaalternativa@gmail.com

 

Bono solidario

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.