Medio ambiente y territorio son temas claves para el post-acuerdo

El proceso de paz adelantado entre el gobierno colombiano y las FARC ha generado múltiples preguntas e inquietudes sobre el tema ambiental. Esto se debe a que en este escenario no fue discutido el económico y extractivista que ha dejado a su paso numerosas violaciones ambientales y de derechos humanos. Por lo contrario, algunos han evaluado los planes de desarrollo nacional y territorial como una contradicción directa con los propósitos de paz y con las peticiones de los pueblos, pues profundizan dicho modelo y generan a su vez múltiples conflictos. Es por eso que el éxito para resolver el conflicto armado depende de un verdadero proceso democrático sobre el uso de los bienes comunes del territorio nacional.

Lo anterior fue el tema del foro realizado en diciembre de 2016 por CENSAT Agua Viva, 'Memoria, Ambiente y Verdad para la Construcción de Paz en Colombia'. Allí organizaciones de varios países latinoamericanos compartieron sus experiencias alrededor de conflictos armados, ambientalismo y post-acuerdos. El representante de la Universidad de San Carlos en Guatemala afirmó que: “el conflicto armado en Guatemala surgió de alguna manera a causa de la extracción de riqueza que sacó a la gente de sus espacios territoriales. A partir de 2005, cuando se firma el TLC con Estados Unidos nosotros afirmamos la inauguración de una nueva etapa de extractivismo caracterizado por el tema de megaproyectos, la expansión de la exploración y explotación minera, el turismo a gran escala, la explotación del patrimonio cultural, la concesión privada de reversas ecológicas, el monocultivo de caña y de palma africana, etc. La firma de los acuerdos de paz en Guatemala coincidió con la puesta en marcha de la agenda neoliberal en el estado. No triunfó la agenda de acuerdos de paz; la agenda como la dejamos instalada en el 96 no ha sido tocada ni cumplida. La agenda que sí triunfó fue la neoliberal, entonces el significado de los acuerdos realmente fue abrir los territorios al capitalismo del nuevo siglo y por esto se han generado nuevas fases de conflictividad”.

Guatemala es una experiencia de post-acuerdo ejemplar para Colombia, en particular en relación al extractivismo multinacional. La percepción de que hay agendas paralelas en coexistencia también debe sonar familiar a Colombia, donde los acuerdos de paz firmados entre el gobierno y las FARC caminan al lado de la criminalización de la protesta social, y el favoritismo a las multinacionales en el Plan Nacional de Desarrollo.

Hay diferencias de fondo entre cómo el gobierno y los pueblos consideran el tema ambiental, como Emilio Polo de la organización Paz con Dignidad lo explicó: “Las consideraciones ambientales para la construcción de paz desde organismos multilaterales están caracterizados a través de nociones como capital natural, economía verde, minería sustentable, pago por servicios ambientales, reducción de misiones por deforestación y degradación, donde estos profundizan los fenómenos de privatización, mercantilización y financiarización. De otra parte, organizaciones y procesos del ambientalismo y de los pueblos organizados para la defensa territorial han llamado la atención sobre la necesidad imperante de ahondar en la cuestión ambiental como punto de partida hacia la producción de una propuesta de país incluyente, digna, solidaria y en consonancia con las realidades territoriales… alcanzar la paz implica necesariamente transitar hacia la transformación del modelo de desarrollo basado en el extractivismo y su correlativa política minero energética, que ha despojado y afectado territorios rurales y urbanos”.

Lidoro Hurtado Quiñonez, del Proceso de Comunidades Negras reiteró esas diferencias en Colombia: “Vemos que la acción extractiva de los territorios no viene siendo impulsada por las comunidades nativas, sino por políticas gubernamentales, hemos venido tratando de generar conciencia ambiental desde nuestras comunidades porque han aprendido a dañar el ecosistema y se ha apropiado esa cultura de la venta de la tierra como una mercancía (…) cuando uno mira las políticas de economía mundial, están afectando directamente el ambiente sano, entonces el derecho a la vida es inviolable pero también a cada rato se vive violando la vida”.

Esperanza Martínez, representante de Acción Ecológica en Ecuador, explica que a diferencia de Colombia, en Ecuador la naturaleza tiene derechos propios, pero también reconoce que tener las leyes escritas, no quiere decir que los conflictos se acaban, de hecho, tampoco quiere decir que las leyes sean aplicadas: “No ha cambiado mucho en el escenario real la operación de las empresas de la operación de estado. Cuando llegó el caso de la Texaco en el 2003 yo pensaba que la solución iba a llegar en el 2005 o 2006, estamos a 23 años y seguimos peleando. Uno no tiene que pensar solamente en el resultado final sino también en el proceso”. De hecho, semanas después del foro, el gobierno ecuatoriano tomó acción legal en contra de su organización por su activismo en contra de la explotación de una mina planeada sin consulta previa en territorio del pueblo indígena Shuar.

Así, una de las conclusiones planteadas es que es necesario reconocer lo ambiental como tema clave en el post-acuerdo en varios sentidos, por ejemplo desde la memoria histórica, entendiendo el ambiente como escenario de guerra porque es allí donde ha tenido lugar el conflicto. Así mismo, las raíces del conflicto social y armado en términos de los recursos naturales y sus usos es otro tema necesario para discutir, tanto para la memoria histórica como para las proyecciones a futuro del uso del ambiente dado que el conflicto por el territorio, los recursos naturales y sus usos seguirá estando presente.

Hoy en Colombia hay procesos sociales y movimientos populares que se oponen a formas y prácticas del modelo y acumulación capitalista, pero sus quejas y debates no han sido atendidos hasta la fecha en los procesos de negociación con la guerrilla, (por lo menos en la negociación con las FARC) y queda en duda dónde van a ser atendidos en una Colombia de post-acuerdos. El proceso de negociación sigue en Colombia, y el post-acuerdo es todavía un futuro lejano, pero hay muchos aprendizajes de los cuales aprender en la región mientras se dan algunos pasos. Como dice Martínez: “El proceso debe ser rico y el camino tiene que irnos dando la fuerza de continuar, y estos pequeños logros nos dan la energía para empezar cada una de las semanas”. Entonces nombrar lo ambiental y los efectos de la guerra, así como los planes para el futuro, será necesario para el proceso de post-acuerdo en Colombia.

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Gina Spigarelli
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