Hija de su tiempo: Alfonsina Storni

Cómo te conocí
Pasaba en el calendario el año 1996 cuando uno de mis amigos, Ignacio, me prestó un cassete negro viejo que hoy todavía conservo. Era de su padre, pero estábamos en  la época de la juventud en que todos los amigos compartíamos la música que nos gustaba. Era una recopilación de música latinoamericana muy de moda para la época; habían canciones de Inti Illimani, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés,  y por el lado B, al inicio, había una canción interpretada por Mercedes Sosa, muy bien la recuerdo, sus versos me conmocionaron... “por la blanda arena que cubre el mar, su pequeña huella no vuelve más, y un sendero sólo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda”, cantaba ella con esa voz tan profunda.

Días después llegué a la casa de Ignacio esperando a su padre para preguntarle más sobre aquellos versos. La sensación que tenía era como la de un pequeño niño con ansias de un regalo. Pasadas las 7:30 pm escuché desde el cuarto que estábamos, abrir la puerta de la casa; era el padre de Ignacio. Las emociones se hicieron muy presentes. Luego de saludarlo, inmediatamente lancé la pregunta casi sin dejarlo llegar, -espere un momento me preparo un café y nos sentamos un rato en la sala-, me dijo.

Acomodados en la sala los tres, colocamos el cassete para escuchar en el lado B la canción, que el papá de Ignacio nombró como “Alfonsina y el mar”. Aquellos versos comenzaron a flotar por el aire; de la biblioteca sacó dos pequeños libros café, uno de ellos llamado “Antología poética”, y empezó a leer en voz alta este poema:

“Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”

Luego, nos contó que la canción que tanto me gustó fue escrita por Ariel Ramírez y Félix Luna, inspirada en estos versos que hacen parte del último poema que Alfonsina Storni escribió antes de morir. Nos dijo también que de su muerte hay muchos mitos: que ocurrió internándose en el mar lentamente hasta morir, que desde la parte alta del muelle del Club Argentino de mujeres en Mar de Plata, Argentina se lanzó al mar, y otros cuentan que fue un accidente mientras caminaba por el muelle.

Seguimos la noche entre versos y poemas, y las historias de una América Latina convulsionada por los cambios, la migración y las nuevas políticas estatales. Aún trato de recordar muchos más de los detalles que escuchábamos del papá de Ignacio al contarnos sus pasiones por la música y la poesía latinoamericana. Él era muy enfático en la necesidad de tomar como ejemplo aquellas personas luchadoras que lograron revolucionar la vida desde la cotidianidad.

Hoy, luego de tantos años de leer poesías, sigo resaltando en Alfonsina Storni su verso tierno y amoroso, su revolución de sentir la vida, de cómo los versos que se postraron de sus manos a los cuadernos en la intimidad se convirtieron en luz.


Alfonsina por ella misma
Mi nombre es Alfonsina Storni, nací el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza; mis padres fueron Alfonso Storni y Paulina Storni. A mis 4 años, junto a mis padres y hermanos nos trasladamos hasta Argentina en la ciudad de Rosario. Cuando tenía 12 años escribí un poema algo triste y centrado

Mi vida siempre ha estado enfocada al mundo de las artes; aunque mis primeras experiencias laborales fueron ayudando a mi madre en labores simples dentro de un pequeño lugar para tomar café, como lavar los platos y atender las mesas.

En mi adolescencia me adentre más al mundo del teatro convirtiéndome en actriz, después decidí realizar una carrera como maestra rural en Coronda y allí recibí mi título profesional. En esos momentos me vincule a dos revistas literarias: "Mundo Rosarino" y "Monos y Monadas", donde escribía y conocí muchos de los poetas más importantes para la época como Horacio Quiroga, Federico García Lorca, entre otros. Como mujer fui una de las primeras en hacer parte de la comunidad de escritores de Argentina. Mi verdadera pasión siempre ha sido escribir.

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Arturo Buitrago
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