La tragedia de Sandra

Sandra Milena es una mujer campesina de 34 años, estatura mediana, delgada, piel trigueña y mirada triste. Es oriunda de Betania (Antioquia) y vive con su hijo de 5 años y una hermana en Pailania, vereda del municipio de San Francisco en el oriente antioqueño. Actualmente es víctima de la negligencia médica y debe soportar situaciones que no le permiten vivir digna y plenamente. Su historia es uno de los tantos ejemplos de exclusión y desigualdad que deben padecer los más pobres, y principalmente las mujeres que habitan en las zonas rurales del país.

La historia comenzó después del parto de su segundo hijo, hace 14 años, en el que sufrió un desgarro vaginal. Constantemente iba al médico para calmar sus dolores, pero solo le mandaban a tomar pastillas que de nada le servían; en otras ocasiones cuando llamaba a pedir cita en el hospital, le decían que no tenían agenda. Los síntomas más notorios eran los dolores en la parte baja del abdomen a la hora de tener relaciones sexuales con su pareja, y la pérdida de control del esfínter anal: “yo le decía a mi compañero que no soportaba el dolor cuando estaba con él, pero respondía de una manera agresiva, que era mentiras, que era que ya no quería” agrega. Pero no era solo la incapacidad de tener relaciones sexuales, y la dificultad de controlar las necesidades fisiológicas, sino que también le enervaba el dolor de cabeza y la depresión.

“Cuando iba a tener mi último hijo me hospitalizaron en Rionegro el 12 de junio del 2011. Ya se había cumplido el mes y nada que me atendían, entonces cansada de que me tuvieran allí, le dije al médico que no me dejaba revisar de él, que ya estaba cansada de esperarlo”, relata. Al final la atendió una médica que le dijo que no estaba en capacidad de tener un parto normal debido al desgarro que sufría, y que debía someterse a una cesárea. Entonces inmediatamente la entraron a cirugía.

Luego, ya con otro hijo a su cuidado, empezó a ir de un lugar a otro buscando solución a su problema de salud; de San Francisco la mandaron para Rionegro y de allá la mandaron para Medellín. Estando allí pidió las citas pertinentes en el Hospital San Vicente de Paul y le dijeron que no tenían el servicio: “fui a Metrosalud, pero no me podían atender porque no tenían espacio en la agenda; me mandaron para otro hospital que no recuerdo el nombre, allá también me la negaron diciendo que solo había atención para los niños”.

En este ir y venir, Don Emilio Buitrago, un líder social campesino de Cocorná que la conoce desde muy niña, empezó a acompañarla a las citas en Medellín porque ella con sus dolencias ya no podía sola. Al ver que los hospitales no la atendían, por consejo de su amigo Hernán Gaviria, médico y dirigente sindical de ASMEDAS, interpusieron una tutela hace un par de meses para que le hicieran los exámenes correspondientes la cual fallaron a favor, y otra para la cirugía, que hasta ahora no se han pronunciado. En vista de la situación, Hernán solidariamente le hizo un diagnóstico que puso en alerta a los demás médicos.

Don Emilio después de tantas vueltas de un hospital a otro, donde a ella le mandaron más de 10 exámenes que demoraban 15 o más días, decidió poner una queja en la Gobernación de Antioquia pero no la contestaron. Luego de eso, cuenta don Emilio: “una funcionaria del servicio seccional de salud departamental nos atendió luego de comentarle la situación, nos dijo que nos fuéramos urgentemente para la EPS Savia Salud a que la atendieran y si no que regresáramos, entonces la funcionaria nos sacó una cita por Metrosalud en la clínica SOMA, la examinaron y le mandaron otros exámenes, eso fue muy reciente”.

El doctor Hernán Gaviria, quien sigue atendiéndola en consulta médica, nos cuenta el diagnóstico real de su problema: “Ella es una mujer campesina relativamente joven, hace unos años le atendieron un parto vía vaginal en un hospital de Cocorná, donde le provocaron un daño en el piso pélvico, comprometiendo sus necesidades fisiológicas y su actividad sexual; menos mal que no le han dado infecciones urinarias” expresa con mucha indignación.

En el parto se hace una episiotomía que consiste en la ampliación del piso pélvico; se corta esa superficie y se aplica una fuerza moderada para que salga la cabeza del recién nacido, si esto no se hace bien puede producir un desgarro, y si se desgarra hay que corregirse lo más pronto posible. Pero esto último fue lo que no le hicieron a Sandra. Hernán prosigue diciendo: “es fácil pegar los esfínteres después del parto; la reconstrucción del piso pélvico lo puede hacer cualquier médico general. Ella tuvo un desgarro nivel tres que es cuando queda comunicado el piso de la vagina con el ano, pues no le suturaron, eso debió haber quedado en la nota quirúrgica y el médico debió haberla llamado”. Su omisión fue deliberada, sabiendo que después la corrección se haría por medio de una colostomía, cirugía que por su proceso complejo dura seis meses.

“Le mandaron exámenes de presión de sensibilidad de nervios porque ella no es capaz de cerrar el esfínter anal, entonces la atiende un coloproctólogo que es especialista en los problemas del colon, pero no son cirujanos, él solo dice qué hay que hacerle en la operación”, termina diciendo Hernán. La seccional de salud de Antioquia Savia Salud ha sido negligente con el problema de Sandra, y ha evadido sus responsabilidades aduciendo que hay muy pocos coloproctólogos, cuando este es un trámite innecesario.

Sandra nunca estuvo consciente de su problema, pero cuando se da cuenta que tiene solución se estrella con la tramitología y los tiempos de espera, la tutela, la forma como la maltratan. Entonces la meten en otro problema que no tenía: las ganas de no vivir más, por lo que el sistema de salud vio con buenos ojos tratarla de “loca” y meterla a un tratamiento psiquiátrico.

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Diego Martinez
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