San Andrés se “hunde” por el peso de la sobrepoblación, el turismo y la pobreza

La isla colombiana de San Andrés, es por sus paisajes y el color de las aguas que la rodean,  uno de los lugares preferidos por turistas nacionales y extranjeros. Pese a ello, este territorio no se escapa del abandono estatal, y padece condiciones que se agravan con el paso de los días. La sobrepoblación, el turismo, el deterioro ambiental y la falta de agua son algunas de ellas.

 

Desde años atrás, la isla de San Andrés viene colapsando a causa de la sobrepoblación. Hay demasiada gente para escasos 27 kilómetros cuadrados. Son 76.442 habitantes, que convierten a la isla en la más densamente poblada del mundo y según sus habitantes, ni el gobierno nacional ni el local han desarrollado políticas claras para resolver este problema. La sentencia C-530 de 1993 de la corte suprema de justicia estableció el límite de circulación y residencia paras los turistas que deberá ser de cuatro meses; al respecto, el magistrado ponente Alejandro Martínez Castellanos afirmó en su momento que su deseo era que “esta sentencia pueda ayudar a solucionar los problemas de sobrepoblación que afecta el archipiélago y no termine siendo el clamor consignado en la historia de un desastre que pudo ser evitado”. Por su parte, la señora Ofelia Livingston de Barker, miembro de La Convergencia de Organizaciones Raizales y Pueblo, dijo refiriéndose a la misma sentencia: “podemos ver que desde 1993 San Andrés era la isla más densamente poblada del Caribe y lo es aún más después de 23 años”. Claramente esta sentencia no fue acatada, por tanto no fue solución efectiva para dicho problema, reafirma.

La Convergencia de Organizaciones Raizales y Pueblo es un colectivo social que agrupa 25 pequeñas organizaciones en toda la isla y que se dedica a promover y reivindicar los derechos humanos de la comunidad étnica raizal, en especial los territoriales y ambientales. Para ellos, la situación de sobrepoblación, sumada a la demanda hotelera y turística, acrecientan las condiciones de miseria y empobrecimiento que padecen principalmente los raizales, debido a que la importación de productos de la zona continental para abastecer toda la demanda, desplazó su actividad agrícola y pesquera, y los productos además son muy costosos. Así mismo, porque el monopolio hotelero, manejado en este caso por On Vacation y Decamerón, concentra toda la riqueza y ejerce un turismo que no respeta a los raizales, el medio ambiente y la cultura nativa.

El pueblo raizal no tiene condiciones para verse beneficiado de la actividad turística, y sus actividades agrícolas y pesqueras se ven afectadas no solo por la importación de productos, sino porque a raíz del fallo de la Haya, el 19 de noviembre del 2012 la Corte Internacional de Justicia CIJ, entregó a Nicaragua 75 mil kilómetros cuadrados de mar territorial, no solo se les impidió la pesca en ese mar territorial, sino que empezaron a llegar barcos pesqueros de grandes empresas, así como pescadores artesanales de ese país, disminuyendo las posibilidades de los nativos. Dice doña Ofelia que “nuestros pescadores no han podido ir a faenar como antes lo hacían, por ende, la pesca se ha reducido. A veces se hace difícil encontrar pescado en la plaza, tanto así que la demanda de los hoteles que atraen al año aproximadamente un millón de turistas, no alcanza a ser cubierta y es por eso que están importando pescado de otra parte. En realidad es difícil conseguir el pescado de nosotros acá en San Andrés; ni siquiera para el consumo nuestro hay suficiente pescado”.


Igualmente, sucede que los terrenos que antes eran aptos para cultivo ya no producen, debido a que el agua en el subsuelo está siendo extraída por la cantidad de posos artesanales construidos y por los más de 600 barrenos que la empresa PROACTIVA explota para satisfacer la demanda hotelera. Este deterioro ambiental y los escasos recursos con que cuenta la isla, la llevaron a ser declarada en emergencia ambiental y sanitaria. No hay agua potable ni una adecuada disposición de basuras y desechos humanos. Por ejemplo, en los sectores tradicionales de La Loma y San Luis siguen utilizando pozos sépticos porque no hay red de alcantarillado ni una planta de tratamiento, por lo que los desechos van a parar al mar. Al respecto, doña Ofelia Livingston comenta que ya han denunciado y exigido soluciones por diferentes medios, como derechos de petición, tutelas, y reuniones con las autoridades competentes, pero a estas, según ella, parece no interesarles el tema.

Por estos motivos es que para La Convergencia de Organizaciones Raizales y Pueblo, el turismo de San Andrés no ha traído progreso ni desarrollo, sino que es un turismo arrasador que no respeta el medio ambiente y acaba con recursos naturales como el agua. En resumen y de acuerdo a lo expresado por la señora Livingston de Barker, la isla de San Andrés, territorio colombiano en ultramar, vive su calvario porque el Estado desconoce el derecho que todos sus habitantes tienen de vivir dignamente, y es el momento para que los colectivos sociales raizales se empoderen y a través de sus experiencias organizativas apuesten por construir una paz que pase por la defensa de su territorio y la solución de sus conflictos sociales y ambientales.

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Diego Martinez
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