Comunidades Afros del Pacífico resisten al mercado global

Una amenaza crece y se hace cada vez más notoria; es evidente en nuestros territorios. Estos se están transformando cada vez más con grandes carreteras, edificaciones, empresas, embarcaciones, automóviles, cultivos transgénicos y maquinarias que devoran nuestro ambiente sin que nadie nos consulte sí estamos de acuerdo o no. La amenaza sigue, el gobierno colombiano busca responder a las exigencias del mercado global encabezado por las grandes potencias mundiales, y pone nuestros territorios en manos extranjeras y foráneas, deslegitimando las construcciones culturales que por miles de años vienen haciendo los pobladores. La historia nos ha mostrado que los mandatarios responden a intereses particulares y no colectivos (de las mayorías), es allí donde la respuesta popular, raizal y ancestral se manifiesta según sus experiencias y necesidades.

Políticas como el Plan Pazcifico (PP) son la continuidad del desconocimiento de aquella minoría que busca lucrarse sin importar el impacto ambiental que esto genere, sin sentir las raíces ancestrales y propias de lo que significa pertenecer a una nación cultural y naturalmente rica. Esta minoría niega ser descendencia de los indios americanos, negros africanos y mestizos, se considera el espejo del norteamericano-europeo, y pretende sepultar los acumulados que a lo largo de la historia las comunidades han constituido. Por ello, es necesario conocer las diferentes resistencias que los pobladores hacen en sus territorios para frenar el hambre devoradora del capitalismo trasnacional.

Territorio, naturaleza y cultura
Es sabido por muchos que las comunidades protegen sus saberes ancestrales, en ese sentido, las comunidades del pacífico colombiano libran un batalla ardua para que dichos saberes no sean comercializados por empresas multinacionales farmacéuticas, y menos porque su riqueza natural sea saqueada por extranjeros. Por eso se vienen organizando para proteger y preservar su territorio, naturaleza, identidad y cultura. En ese orden de ideas, el antropólogo colombiano Arturo Escobar plantea que “(…) en algunas partes del mundo hay movimientos sociales, como el de las comunidades negras en el Pacífico colombiano, que están elaborando su propia concepción de la biodiversidad y su apropiación y conservación”.

Un poco de historia
La apertura económica de los años noventa permitió el saqueo permanente y descarado por parte de las empresas multinacionales y de extranjeros, pero amparados en la constitución política las comunidades afros del pacífico colombiano frenaron la arremetida del saqueo, exterminio e invisibilización que a lo largo de la historia habían padecido, para ello dichas comunidades se organizaron, lucharon y construyeron propuestas de políticas propias para coexistir en su territorio. Para Arturo Escobar, “El movimiento social de las comunidades negras que se ha desarrollado en la región incluye, entre otros actores locales, una red de más de 140 organizaciones locales conocida como el Proceso de Comunidades Negras (PCN)”. Este proceso pone el énfasis en “el control social del territorio como condición previa para la supervivencia y el fortalecimiento de la cultura y la biodiversidad. En las comunidades ribereñas, los activistas y las comunidades trabajaron juntos para entender el significado de la nueva constitución y elaborar conceptos de territorio, desarrollo, prácticas de producción tradicionales y uso de los recursos naturales", dice Escobar.

Economía propia
La economía de las comunidades afros está orientada a necesidades raizales, de bajo impacto ambiental -si se compara al impacto generado por prácticas agroindustriales de la Palma Africana u otro tipo de actividades que buscan conectar dicha economía raizal al mercado global-, y perdurables desde antes de la colonia. Estas prácticas ancestrales de explotación de riquezas naturales de baja intensidad, y el desplazamiento constante en espacios productivos en extensas zonas y en diferentes etapas, hacen estas actividades exitosas, si se tiene como fundamento una relación de respeto entre el ser humano y la naturaleza. También existen prácticas de trabajo fundamentadas en la familia y el parentesco, esenciales para fortalecer los lazos entre la comunidad. Es por esto que según Escobar las comunidades afros “se niegan a reducir sus reclamos territoriales y ecológicos a los términos exclusivos del mercado, y eso es una lección importante para cualquier estrategia de conservación de la biodiversidad”.

Es evidente que las políticas empleadas por el gobierno colombiano desconocen los años de lucha que las comunidades afro del pacífico vienen construyendo, y a la fuerza pretenden atropellar la vida colectiva que hacen los pobladores. Políticas como el Plan Pazcifico (PP) testifican cuál es el objetivo del gobierno, que es claramente crear una infraestructura de conectividad que perjudica a los habitantes de la región. Como respuesta a ello, según Odile Hoffmann (2007, 157) del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores En Antropología Social de México, las comunidades afro conservan “una proporción alta de sus tierras en reserva con el propósito de llevar a cabo otras actividades y como fuentes de ingresos o material indispensable para la vida familiar (leña, plantas medicinales, caza, pesca)”.

Amenazas e impactos negativos para las comunidades negras
La agricultura tradicional de la comunidades ribereñas se ve amenazada por la “inclusión” al mercado regional y global, pues los pequeños propietarios queriendo responder a las exigencias económicas, explotan sus tierras con el cultivo de la palma dejando a un lado prácticas ancestrales como la pesca, la recolección de frutos y la agricultura tradicional, sin olvidar que dichas prácticas agroindustriales se han devorado las selvas del pacífico. En ese sentido el PP amenaza constantemente a las comunidades del pacífico colombiano, por ello “muchas de estas comunidades se encuentran amenazadas por los proyectos de desarrollo (construcción de las vías, hidroeléctricas, proyectos mineros, etc.) los cuales ocasionan no solamente afectaciones en su cultura sino también impactos ambientales como la destrucción de ecosistemas frágiles, el deterioro de los suelos, bosques, fauna, flora, recursos pesqueros, entre otros”.

Por eso, cada día son más evidentes las razones por las cuales nos oponemos a los proyectos de exterminio, saqueo e invisibilización que impone el gobierno colombiano soterrado a las poderosas trasnacionales y por ello, de acuerdo con Gloria Amparo Rodríguez, directora de la Especialización en Derecho Ambiental de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, “las comunidades afrocolombianas [y pobladores del pacífico] se oponen a los proyectos de desarrollo impuestos en sus territorios por encontrar que ellos generan (…): a) el desconocimiento de sus garantías legales y constitucionales; b) porque se enteran de ellos cuando las decisiones ya han sido tomadas sin tener en cuenta su derecho a la participación y a la consulta previa; c) porque en ocasiones se generan conflictos entre comunidades o con colonos; d) porque ven afectados sus recursos naturales e imposibilitado el uso de los mismos y, e) porque a sus territorios llegan personas y actores armados que generan violencia y dolor a sus familias”.

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Comunidad Sirirí
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