El Plan Pazcifico es una razón más para la protesta

En octubre de 2010 los gobernadores de los departamentos de Cauca, Chocó, Nariño y Valle firmaron un acuerdo de voluntades para impulsar el llamado “Plan Pazcífico”. Propuesta que en sus palabras se constituye en una “estrategia regional para la integración que tiene como propósito fundamental el cierre de brechas socio-económicas existentes en la región y la reducción de las asimetrías entre los departamentos”.

Un propósito que en su enunciación resulta loable y a quien nadie sensato podría oponerse, pues se reconoce que la nación tienen una deuda histórica con esta región. A su vez, plantean que la subregión del pacífico presenta los mayores niveles de pobreza e indigencia y los menores en cobertura educativa y servicios públicos. En conclusión, identifican que la situación de pobreza y desigualdad que ha caracterizado a esta región se constituye en un gran obstáculo para el “desarrollo”, concepto seriamente cuestionado por las comunidades organizadas y las ancestrales que consideran al planeta como algo finito que se agota y que se está depredando de forma irreversible, y en cambio, consideran más apropiado construir conceptos como “Buen Vivir” o Vida Digna, que involucran más su apuesta por la vida de la humanidad y el planeta.

Aún cuando la enunciación pareciera resultar coherente y defendible, deberíamos reservarnos el derecho a la duda. Al profundizar en el estudio de plan: su diagnóstico, sus componentes, los presupuestos destinados para cada rubro, los reparos comienzan a salir a flote. El plan realiza un diagnóstico de los problemas de la región, identificando las causas u obstáculos que a su modo de ver impiden el “desarrollo”: la desarticulación regional, el modelo económico extractivista y excluyente, las bajas capacidades político institucionales y el uso inadecuado de los recursos, todos estos aparecen como los factores que limitan la posibilidad de alcanzar dicho estado.

Con respecto a la desarticulación regional, resalta las asimetrías entre las regiones andinas y pacífica, al igual que con el resto del país. Sin indagar sobre las causas, los actores y la historia que configuraron esta situación de profunda desigualdad. No mencionan que algunos sectores de la economía regional funcionan como un enclave en medio de un mar de pobreza y marginalidad; véase el caso de la Sociedad Portuariaria de Buenaventura y los nuevos terminales marítimos: Agua Dulce, Tcbuen, Cemas y Grupo Portuario.

Tampoco plantea que otros sectores, con poderosos vínculos políticos y económicos, han logrado inmensas fortunas estableciendo poderosos carteles que restringen la competencia, que evitan las importaciones y se lucran irregularmente de subsidios estatales y que han realizado un robo continuado al bolsillo de los consumidores de todo el país, como el caso del cartel del azúcar.

En este sentido, la desigualdad y la consecuente asimetría que esta genera, aparece como un problema si se quiere técnico o producto de la falta de visión de la sociedad, pero no como un producto de relaciones económicas históricas de explotación y saqueo, y de valores culturales elitistas, que pretenden desconocer la existencia de otros sujetos y actores que habitan el territorio, entre ellos: comunidades afros, indígenas y campesinas.

Con respecto a sus componentes, en primer lugar se encuentra lo que han llamado “vías e infraestructura para la conectividad e integración regional” y la “energía para la autosuficiencia energética de la región y el país”, es decir, las condiciones necesarias para fortalecer un modelo de flujo de mercancías y de extracción de la riqueza natural y en un segundo plano, una serie de enunciados como: calidad educativa, agua potable, acceso a servicios de salud, desarrollo rural, entre otros; que tiene el propósito de generar la ilusión de acabar con los siglos de marginación que ha tenido esta región.

Sin embargo, la ilusión se desvanece al conocer en detalle las inversiones proyectadas y en ejecución en este plan. Según El Tiempo.com del 20 de enero de 2015, se tiene presupuestado 2.2 billones de pesos en la doble calzada Buga – Buenaventura, 947 mil millones en la vía Mulaló - Loboguerrero, 1.2 billones en la doble calzada Santander – Popayán, solo por mencionar algunos casos entre una larga lista de proyectos viales. A estas gigantescas inversiones públicas, que pagamos todos los contribuyentes, se corresponden importantes inversiones privadas en la construcción y ampliación de las terminales marítimas del puerto de Buenaventura, con la claridad, eso sí, que las utilidades no serán socializadas.

No obstante, los autores del plan son consientes que se requiere realizar algunas inversiones de tipo “social” para garantizar algún asomo de legitimidad. Por lo cual, plantean una serie de obras y acciones que más adelante quedarían plasmadas en el llamado plan “Todos Somos Pacífico”, que recibió el visto bueno del departamento de Planeación (CONPES 3847). En este proyectan la realización de obras de mejoramiento en acueducto, alcantarillado, saneamiento básico, entre otros servicios públicos, por valor cercano a los 641 millones de pesos, compárese esta cifra con las inversiones en infraestructura, en municipios como Buenaventura, Tumaco y Guapi.

Situación que se convierte en un chantaje, plantea, para las que comunidades puedan acceder a las más elementales condiciones de vida, como son el acceso al agua y a condiciones mínimas de salubridad, deben financiar y respaldar los negocios de los más poderosos. Eso sí, sin aspirar a recibir nada de los cuantiosos beneficios que estos generarán.

Cobra justificación, en la región sur occidental, el renacer de protestas sociales como la adelantada en todos sus departamentos, en especial la que se mantuvo sobre la Vía Panamericana por la Minga Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular; que plantea un justo reclamo frente a las innumerables promesas incumplidas por todos los gobiernos y un escepticismo justificado ante un mal llamado posconflicto, que corre un altísimo riesgo de profundizar el modelo de saqueo y explotación imperante, y que continúe alimentando y creando nuevos conflictos.

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