"Para seguir viviendo"

Era 1986 y las manifestaciones sociales y políticas en contra de la dictadura de Augusto Pinochet se enfrentaban a la más dura represión. El descontento popular creció luego de que en 1980 se aprobara mediante plebiscito una Constitución Política que institucionalizaba el régimen y otorgaba amplias atribuciones a Pinochet, como su elección a la presidencia por ocho años más. En consecuencia, esta década de los 80 fue de profundas reformas a los sistemas de educación, salud y pensiones en Chile. Las manifestaciones nacionales iniciadas exigían la renuncia de Pinochet, la derogación de la constitución política de 1980, y el derecho a poder elegir de manera democrática a sus gobernantes.

 

Ese año Rodrigo Rojas de Negri regresaba de Canadá, luego de estar exiliado junto con su madre Verónica de Negri desde hacía 10 años. Tenía apenas 19 años y le apasionaba la fotografía. Llegó a Chile buscando sus raíces, y durante su estadía en el país la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI) lo acogió. Tenía la certeza que su mejor arma era su cámara, por eso estaba interesado en retratar los conflictos sociales, y en especial los momentos cuando la gente se levantaba en contra de la represión que vivían en ese momento.

En medio de las protestas, la Asamblea de la Civilidad convocó a un Paro Cívico Nacional para el 2 y 3 de julio. Rodrigo no dudó en participar y por eso desde muy temprano se encontró fotografiando y acompañando las barricadas en la Estación Central, junto con otros estudiantes, entre ellos Carmen Gloria Quintana de 18 años. Todo iba bien, hasta que una patrulla militar se les acercó, y logró detener a Rodrigo y a Carmen.

A ella la postraron contra la pared y a Rodrigo contra el piso; los patearon, los insultaron, les rociaron gasolina, y finalmente les prendieron fuego. Luego los abandonaron lejos del lugar donde fueron detenidos. Aún estaban consientes cuando una patrulla de carabineros los recogió y los trasladó a un hospital, pero a causa de las quemaduras, Rodrigo murió cuatro días después, el 6 de julio. La dictadura prohibió a los periodistas publicar el caso, y cuando fu inevitable que se conociera, las declaraciones oficiales dijeron que los jóvenes llevaban material explosivo y que el fuego se había prendido accidentalmente.

Los hechos fueron investigados, pero inicialmente sólo se culpabilizó a los militares implicados por no prestar ayuda a las víctimas, y luego, en 1991 el teniente Pedro Fernández Dittu, quien comandaba la patrulla militar, fue declarado culpable y condenado a 2 años de prisión.
Ya han pasado 30 años desde este suceso, y desde entonces, Rodrigo se ha convertido en símbolo de resistencia. Lo han homenajeado al calor de la lucha y la memoria. Y es que este joven no vaciló en fotografiar la injusticia y enfrentarse a la dura represión de una dictadura, a la que también en Colombia se enfrentan miles de fotógrafos, reporteros, periodistas, comunicadores, y en general, luchadores populares.

Por eso quienes durante las semanas pasadas estuvimos en las calles y carreteras de todo Colombia retratando y narrando la Minga Nacional por la paz y en contra del modelo económico, enfrentados también a la represión estatal de este gobierno, hacemos un homenaje a Rodrigo, porque como lo declaró su madre Verónica en una misiva enviada tras su muerte: "En el rostro de nuestra juventud vive mi hijo. En el espíritu unitario de los chilenos [y ahora latinoamericanos] luchando por la justicia, vive mi hijo. En este tiempo encendido de esperanzas vive mi hijo. Por último, en la solidaridad de todos ustedes, vive mi hijo".

Last modified on 04/07/2016

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