América latina ante nuevos desafíos

La ofensiva conservadora que impacta hoy en América Latina y el Caribe tiene como objetivo retomar la dominación de Estados Unidos en el continente. Balances de la última década, avances y límites. El rol y los desafíos  de los movimientos populares.

Luego de la derrota del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) y el florecimiento de gobiernos con vocación socialista u otros progresistas en la región, hoy Estados Unidos retomó la ofensiva hacia América Latina, con el objetivo de reconstruir su hegemonía, enfrentar la mayor autonomía que tuvo el continente en la última década y detener (o inclusive, en el mejor escenario, destruir) el proyecto encabezado por Venezuela, de carácter socialista y que retoma un proyecto de transformación continental.

El inicio de 2016 nos encuentra con una Argentina gobernada por la derecha que busca ser punta de lanza de la restauración conservadora en el continente; Brasil en plena lucha luego del golpe blando; la victoria de la derecha neoliberal en Perú; la guerra económica y los intentos desestabilizadores en Venezuela son parte de un proceso geopolítico en donde Estados Unidos vuelve a intervenir activamente en la región, buscando minar la fortaleza del proceso bolivariano y limitar a China como competidor.

En esa clave, al despliegue de bases militares en todo el continente en lugares estratégicos -por su riqueza en recursos naturales-, se le suma el reimpulso a la Alianza del Pacífico o tratados de libre comercio, que buscan ir retomando posiciones económicas perdidas en el continente. Esto se da en el marco de una reprimarización de las economías del continente, sumada a la profundización del extractivismo que aparece como eje ordenador del desarrollo económico, generando dependencia de los mercados y un saqueo en los territorios. Esta ofensiva del capital también transforma los territorios urbanos, con un desplazamiento del campo a las ciudades, con la especulación inmobiliaria y la mercantilización de los derechos básicos.

La década postneoliberal
Al período neoliberal, que se extendió a lo largo y ancho del continente en los 90, le siguió un alza de luchas populares que, en muchos casos, finalizaron con los gobiernos de sus países. La guerra del agua y del gas en Bolivia, la rebelión popular en Argentina, las movilizaciones contra el ALCA, dieron inicio a un período de mayor autonomía y soberanía. A partir de esa lucha contra el neoliberalismo, serían elegidos gobiernos de distinto carácter en América Latina en virtud de dos procesos. La opción progresista, que buscó fortalecer un capitalismo con inclusión o un capitalismo de Estado y la opción por el socialismo, comandada por Venezuela que recuperó ese horizonte en el continente.
Tanto los países del bloque de la Alianza del Pacífico, los países progresistas, como los países del ALBA con un horizonte socialista, encontraron en la última década un escenario económico favorable para la exportación de los productos primarios que se evidenció en los índices económicos de cada país. En este sentido, la redistribución de la riqueza, la recuperación del rol del Estado en la economía (como regulador del mercado interno o estatización de empresas) y la ampliación de la capacidad de consumo de la población fueron elementos comunes, a lo que se suma un proceso de integración política de mayor autonomía expresado en la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas).

Sin embargo, la diferencia entre quienes se propusieron un capitalismo con inclusión o con derechos, con los proyectos socialistas, es fundamental para también expresar qué pasa "por abajo" y los desafíos para esta nueva etapa.

Límites y desafíos
Tanto las experiencias progresistas que han tenido un recambio de gobierno por derecha como las experiencias más avanzadas de nuestra región dan cuenta de los desafíos hacia adelante.

En primer lugar, el rol de los movimientos populares en los procesos y la construcción de alianzas poli-clasistas para llegar gobierno. En los gobiernos progresistas se ve con claridad la articulación con sectores de derecha para llegar al poder, lo que tiene consecuencias que están a la vista. Por otro lado, la concepción de los movimientos populares como mero apoyo a gobiernos termina abonando a concepciones estatistas, donde el sujeto es el Estado o el partido y, ante demandas populares se busca estigmatizar o desmovilizar a las organizaciones. La experiencia y el proceso revolucionario de Venezuela cobran un rol fundamental en la propuesta de pensar una democracia protagónica que otorgue jerarquía a la participación popular.

En segundo lugar, hay un desafío en otorgar poder económico al pueblo. Como dice el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, "si el poder económico se mantiene en manos de los empresarios o el Estado habrá un límite inexorable. El Estado no puede sustituir a los trabajadores". Consolidar experiencias desde la organización popular es una tarea de primer orden, como se ve actualmente en el rol de las comunas y los movimientos para enfrentar la guerra económica.


Finalmente, se ha analizado mucho los límites de ampliar la capacidad de consumo en los sectores populares, generando una capa media con nuevas demandas pero sin politizarse. El modelo económico basado en el extractivismo, que permitió redistribución de riqueza, generó mayor nivel de consumo, pero en muchos casos no transformó la realidad estructural: una persona que tiene acceso a un celular último modelo pero no tiene agua potable.

Horizonte y camino
El faro de Venezuela, así como el de Cuba y Bolivia, generó un proceso de articulación a nivel continental entre estados en el marco del ALBA, en construcción de nuevos espacios de integración regional, desde los movimientos sociales, que cobraron una dimensión estratégica.

Chávez y Fidel, artífices de la derrota al ALCA y la constitución del ALBA tenían claro que la ofensiva del Imperio era continental y que la única respuesta efectiva podía ser continental. También que, en la construcción del socialismo del siglo XXI, mientras no terminaba de morir lo viejo, había que ir construyendo lo nuevo. Allí radica la importancia de las Comunas y las construcciones de poder popular.

Las enseñanzas que nos ha dado la Revolución Bolivariana son muchas, pero tal vez la más importante tiene que ver con la apuesta al protagonismo popular, a la autonomía de los sectores populares organizados para ir construyendo una nueva perspectiva de emancipación.

En esa clave, si uno pone el acento en los procesos de lucha, en los procesos de organización por abajo, en la resistencia de los pueblos y en las propuestas para la vida digna, el recorrido de las luchas y de las alternativas populares recorre toda Nuestra América. Los pueblos que resistieron al ALCA y fueron construyendo propuestas alternativas a lo largo de los años hoy tienen un nuevo desafío: sacar las mejores enseñanzas, resistir los embates de un enemigo más duro y hacer florecer las semillas de poder popular que dan cuenta de un proyecto de país y de Continente con un horizonte socialista.

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Carina Lopez
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