Guadalupe Salcedo Unda: una historia para tener en cuenta

En esta nota se referencian dos hechos conectados entre sí: el asesinato del ex guerrillero Guadalupe Salcedo Unda en una calle de Bogotá, el 6 de junio de 1957, y la obra Guadalupe años cincuenta del Teatro La Candelaria, que evoca los orígenes del movimiento guerrillero liberal en los llanos orientales a mediados del siglo XX. Tanto la obra de teatro –a su modo- como la evocación del asesinato de Guadalupe Salcedo, advierten la importancia de mirar el pasado cada vez que sea necesario, para poder advertir con acierto los caminos a seguir en el presente.

El asesinato de Guadalupe Salcedo
El 6 de junio de 1957 fue asesinado Guadalupe Salcedo Unda. Su muerte, nunca esclarecida, suscitó diversas lecturas. Que hubiese sido propiciada por agentes oficiales, luego de que Salcedo omitiera la orden de parar en un retén, contribuyó para pensar que pudo tratarse de un crimen premeditado. De hecho, de los impactos que recibió Guadalupe, uno se alojó en la palma de la mano izquierda, lo que demostraría que recibió los disparos cuando tenía los brazos levantados, en actitud de indefensión. Sin duda, no fue una muerte cualquiera. Se trataba del más importante líder de las guerrillas que surgieron en los llanos orientales de Colombia años atrás, que se había acogido a una amnistía otorgada por el Estado. Ese hecho le dio un carácter altamente simbólico a su asesinato.

Nacido en Tame, departamento de Arauca, Guadalupe terminó involucrado sin quererlo, como ocurrió con muchos colombianos, en la violencia política que desataron los miembros de los partidos liberal y conservador. Estando preso en la cárcel de Villavicencio por robo de ganado, fue liberado por el capitán Alfredo Silva, comandante de la base aérea de Apiay, y Eliseo Velásquez, a raíz de los hechos del 9 de abril en Bogotá. Esa acción dio inicio al movimiento de resistencia armada más importante que se gestó en el país en aquella época. En poco tiempo distintos grupos, unidos por el sentimiento liberal, se levantaron en distintos lugares: los Bautista, los Fonseca, los Sandoval, Eduardo Franco Isaza, el Pote Rodríguez, Dumar Aljure, entre otros. Los llanos orientales se convirtieron en un grande teatro de guerra: los guerrilleros derrotaron a la Policía y le propinaron golpes durísimos al Ejército Nacional. Además, lograron unificar el mando alrededor de Guadalupe, a quien nombraron jefe supremo de las guerrillas, y concibieron un conjunto de leyes que pretendían configurar un nuevo modelo de estado en la región.

Algunos años duró combatiendo Guadalupe junto a sus hombres, hasta que, luego del golpe de Estado del general Gustavo Rojas Pinilla, interesado en opacar a los grupos armados en el país, se decretó la amnistía, se indultó a guerrilleros y se pactó el fin de la guerra. Guadalupe firmó la paz en Monterrey el 22 de julio de 1953, atendiendo el llamado del primer mandatario. Luego de su alejamiento de la vida guerrillera, trabajó en un hato y colaboró en la pacificación de los llanos. Previo a su muerte, había sido invitado por el dirigente liberal Juan Lozano a un homenaje en Bogotá. En la noche del 6 de junio, luego de departir con algunos amigos cercanos, y cuando se disponía a regresar a Villavicencio, fue asesinado en esa extraña acción policial. De tal modo terminaba la vida del hombre que llegó a comandar a cerca de 10.000 llaneros armados y que puso en problemas a las elites del bipartidismo político de Colombia.

Una obra en clave de memoria
El 11 de junio de 1975 el Teatro La Candelaria estrenó Guadalupe años cincuenta, una obra de creación colectiva en la que participaron, entre otros, Santiago García, Patricia Ariza, Francisco Martínez, Fernando Peñuela, Alfonso Ortiz, Alvaro Rodríguez y el escritor Arturo Alape. Desde entonces, más de 2000 presentaciones se hicieron en escenarios nacionales e internacionales, convirtiéndose en la obra con más montajes en la historia del teatro colombiano. El reconocimiento internacional vino pronto: en 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas.

A juicio de los expertos, Guadalupe años cincuenta es una de las más importantes obras del teatro colombiano. Para su creación, los integrantes del grupo teatral realizaron un juicioso ejercicio de investigación que contempló entrevistas a diversas personas (exguerrilleros, campesinos, políticos), la consulta paciente de documentos y periódicos de la época, y la apropiación de aspectos de la cultura llanera, particularmente ligados a la tradición oral y la música, que, por cierto, es integrada de forma magistral en la trama, lo cual crea un factor vivencial de gran impacto.

La historia de la obra refiere el comienzo de la violencia política en Colombia, que ubica a mediados de los años cincuenta del siglo anterior, posterior al asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. Aunque la puesta en escena tiene como protagonista a Guadalupe Salcedo, todo el relato va contando el surgimiento de las guerrillas liberales en los Llanos Orientales, y la participación de militares colombianos en una guerra ajena a nosotros, la Guerra de Corea. Para el dramaturgo Carlos José Reyes, Guadalupe años cincuenta “es una de las obras colombianas que han logrado conjugar mejor los hechos históricos con el lenguaje escénico, sin limitarse a la anécdota o a la escenificación del documento. Tiene, además, una sólida estructura y una alta calidad artística. Juega un papel crítico, incisivo, sobre los factores de poder en el país y en relación con la entrega de un movimiento guerrillero, sin haber establecido unas reglas de juego y unos acuerdos capaces de lograr una paz estable y duradera. Por eso es una obra que, en las condiciones actuales, conserva una gran actualidad”.

Guadalupe años cincuenta es una reivindicación de la memoria como recurso político para no olvidar lo ocurrido en el país. Es una invitación a recordar los orígenes de la violencia política, a volver a esas “historias que nadie cuenta, que ocurrieron de verdad”, como se afirma en una de las coplas musicales que hacen parte del montaje; un llamado para que los de abajo no olviden “su historia, su vida y su propia lucha”, y piensen “que los tiempos del pasado, se parecen al presente”.

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Jose Abelardo Diaz
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