La fiesta de la protesta

El corazón de Willinton Quibarecama retumbaba, la ansiedad se apoderaba de él, sabía que tomarse la carretera a la altura de la Delfina en la vía que de Buga conduce al puerto de Buenaventura, no iba a ser cosa fácil, así estuviera acompañado de cientos de sus hermanos Emberas, vecinos y amigos de su resguardo Dachini, municipio de Trujillo en el Valle del Cauca. Pero la decisión estaba tomada, el furor del guerrero milenario que corría por sus venas lo empujaba, además, esta acción daría inicio a la Minga Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular y a un paro de magnitud insospechada. Su ansiedad se convirtió en angustia cuando agentes del Esmad arremetieron contra el grupo en donde él se encontraba y sin mediar palabra los golpearon con sus armas contundentes, con puños, patadas y con las tanquetas. A pesar de su valerosa reacción, la mayoría fueron agredidos sin piedad, unos heridos de gravedad y Willinton arrollado por una tanqueta que lo hizo caer desde el puente, unos 50 metros y estrellarse contra las piedras. Eran las 10 de la noche del 29 de mayo de 2016; la oscuridad del inmenso cielo que los arropaba cubrió como su manto a Willinton y apagó la luz que lo alumbraba. El Estado cobraba con sangre la osadía de los desobedientes, no permitiría que esta semilla germinara.

Pero no fue así, la indignación que provocó la noticia voló por el viento como las flechas indígenas y en pocas horas como un torrente fluyeron por las carreteras colombianas ríos de indígenas, afros y campesinos que habían preparado con mucho tiempo la jornada de protesta. Tomaron sus posiciones y se adueñaron de la Vía Panamericana en el Cauca, y de la ruta del sol en el norte y nor-oriente del país a la altura de Besotes en el Sur del Cesar, allí casi dos mil hombres y mujeres habían sentido herido su orgullo catatumbero cuando el jefe del Estado había comparado su territorio con la calle del Bronx de Bogotá, además habían llegado allí luego de sortear los obstáculos que el gobernador del Norte de Santander les había atravesado; los desobedientes esta vez ganaban el pulso.

Y la indignación se hizo pueblo, y las carreteras convertidas en ríos humanos inundaron la Costa Atlántica y los santanderes, y a golpe de joropo las hermosas tierras del Arauca vibrador, el Casanare, Vichada, Meta y Boyacá, más de nueve mil eran los campesinos, negros, indígenas y comunidades LGTBI, todos se habían contagiado de rebeldía y desobediencia.

Y así contagiaron a otros pueblos de otras latitudes, como el páramo de Berlín, en el municipio de Tona, Santander del sur, a donde llegaron más de 180 hombres y decenas de mujeres, para cortar el paso entre Pamplona y Cúcuta y sumarse a la Minga Nacional. Durante días soportaron las heladas temperaturas y tal vez una casualidad los empujaba a remembrar hitos históricos de la gesta libertadora, como los que vivieron hace casi 200 años valientes llaneros junto al libertador Bolívar en junio de 1819 cuando atravesaban el río Arauca para luego dirigirse al paramo de Pisba en Boyacá, en donde muchos de ellos murieron de frío y hambre. El tres de junio de 2016, cinco días después de haber iniciado el Paro, el Esmad desahogo su furia criminal golpeando a los campesinos y campesinas retomando el control de la carretera; en su red habían caído más de 50 valientes, decenas fueron desnudados, torturados y humillados en el terrible frio y despojados de sus pertenencias.

En total detuvieron a 134 y los condujeron al batallón García Rovira de Pamplona, en donde la acción proverbial de un poderoso equipo conformado por abogados y defensores de derechos humanos de la Fundación Javier Alberto Barriga Vergel, Alexis Arguello de la fundación Pasos y la presión de los voceros y de la comisión de derechos humanos de la Cumbre lograron su libertad. Otro pulso ganado en favor de la Minga.

Al occidente, en la espesura de la selva y al borde de sus ríos, los negros y negras en el Chocó, junto con los indígenas planearon la Minga y el Paro, y el 29 de mayo tomaron posesión de la carretera que de Quibdó conduce a Medellín en el punto conocido como el 18 y también lo hicieron sobre la vía que va a Pereira en el Guamal. La bravura de esos pueblos organizados en Asoquinchas y Oregua no se puede describir y tampoco la que usó el Esmad y el ejército. En algunos casos los cuerpos y los rostros negros e indígenas fueron heridos y cortados dejando expuesta su carne, y brotando su sangre que también era roja, para sorpresa del Estado y de los militares que los ofende y segrega. Bajo la gigantesca retroexcavadora, que usaron a las 4 de la mañana del 3 de junio las fuerzas militares, quedaron los regueros de ropa, comida y pertenencias de los que protestaban, destrozados y macerados como sus cuerpos, algunos ante el pánico de los gases y las balas se perdieron en la selva. Nadie apostaría un centavo por ellos, pero de allí se fueron solo para curarse, volvieron y se mantuvieron con coraje hasta el final, quienes han padecido toda clase de humillación y maltrato por siglos no se iban a dejar derrotar con estas “pequeñeces”.


Y fue piel negra y espíritu afrocolombiano el que adelantó la acción más osada, bella y creativa de toda la Minga. Más de 3.000 hombres y mujeres afro asaltaron el puerto de Buenaventura a ritmo de tambores y bloquearon con 130 lanchas y canoas el principal puerto de entrada y salida de mercancías del país. Al ritmo de “vamos pueblo carajo…el pueblo no se rinde carajo” dejaron pasmados a los Esmad que por ahora no cuentan con chalecos salvavidas para agredir a los manifestantes en el mar. Y admirados a los habitantes de la ciudad y al resto del país que se contagió con sus consignas y con sus reclamos sobre justicia, territorio, medio ambiente e igualdad de derechos.
Al sur del país el río de la Magdalena serpenteaba con mayor bravura y esta vez con un brillo especial. Tal vez la alegría de los tambores que llamaban al combate a los pueblos ancestrales retumbaban ahora en los corazones de los campesinos y campesinas e indígenas que celebrabando la fiesta de la protesta se apostaron en las carreteras del sur del departamento bloqueando a la altura del Pescador en el municipio de Hobo. El primer combate con el Esmad fue violento, los opitas se replegaron con sus heridos para luego regresar con mayor fuerza; después vinieron más enfrentamientos, siempre los Esmad fueron repelidos, igual que el río necio, los manifestantes regresaron una y otra vez por su senda e hicieron suyo ese punto de confrontación, de allí nadie los pudo sacar.

El Sanjuanero sonaba más fuerte, seguramente porque a la capital del Tolima llegaban decenas de miles de manifestantes a sumarse a la octava edición de la Marcha Carnaval en defensa del agua, la vida, el territorio y en contra de la transnacional minera Anglo Gold Ashanti, colorido es la palabra que describe mejor esta protesta, porque en los colores están las etnias, la diversidad sexual y en este caso hasta de condiciones económicas y sociales. Coincidió la Marcha Carnaval o la hicieron coincidir con la Minga y el Paro, eso no importa, igual su búsqueda era seguir la senda de siete grandes marchas y respaldar el proceso de consulta que impulsan los tolimenses para evitar que su departamento se convierta en un gran agujero lleno de deshechos contaminantes. Además, en medio de esta esplendorosa protesta se encontraban pueblos de 17 municipios entre los que se destacaban los campesinos y campesinas del Norte del Tolima.

Esta rebelde subregión del Tolima llevaba cinco días en el parque central del Líbano y habían salido en un par de oportunidades a la carretera, ante las dificultades para mantenerse allí desplegaron su creatividad y llevaron a cabo toda clase de actividades; tal vez la más importante y justo cuando más la necesitaba la Minga en su último aliento se llevó a cabo en la vía que da el ingreso a su municipio, allí bloquearon el ingreso de vehículos repletos de productos que iban para la galería, el objetivo contrario a lo que pensaron muchos se desarrolló en medio de una jornada pedagógica. Eran paisanos conversando como vecinos sobre la problemática de sus municipios y la justicia que acompañaba a los que protestaban en todo el país. Las largas filas de jeeps y camiones cargados también resultó ser muy colorida y en últimas aceptada por los habitantes del Municipio que saben de protestas y luchas desde hace casi un siglo.
Y en Armenia, la Marcha Carnaval tendría su propia vida, también allí las comunidades que han venido luchando por reservas y zonas agroecológicas y cuentan con un proceso largo en favor de la agroecología se movilizaron en apoyo a la Minga y el Paro. Y en Remolinos en Risaralda, en donde cientos de indígenas se tomaron esa importante vía siendo igualmente violentados por el Esmad. Y en La Felisa en el departamento de Caldas donde las confrontaciones fueron verdaderamente batallas campales.

Más al sur, en Nariño, miles de labriegos habían iniciado sus caminatas y sus concentraciones y jornadas pedagógicas en varios puntos, la mayoría se ubicaron en vías terciarias y secundarias del departamento y allí permanecieron bloqueando durante toda la Minga.

A estas alturas, el fragor de la lucha desigual en armas, y también en espíritus, porque la Minga superó en ese aspecto a los militares, cobraba otras dos vidas en el Cauca, otros dos jóvenes indígenas del resguardo Las Mercedes caían asesinados por armas de fuego, a pesar que se jura por parte del gobierno que sus antimotines no las usan. Gersaín Cerón y Marco Aurelio Díaz eran muestra fehaciente de lo contrario, y aunque la estupidez de los periodistas de los medios masivos se empeñó en contrarrestar el crimen preguntando a los manifestantes por qué se encapuchaban en medio de la protesta si esta era pacífica?, daba ganas de responder: porque con la capucha las balas que dispara la policía no matan. Una respuesta ridícula para una pregunta estúpida.


Y si la traición de Malinche a su pueblo Azteca y la de Matambo a la cacica Gaitana; o la sumisión de Agualongo a la monarquía española no siguiera rondando como herencia maldita a nuestros pueblos y algunos de sus falsos líderes, y a nuestra absurda forma de concebir la unidad, la historia heroica de esta Minga Agraria Campesina, Étnica y Popular y de este gran Paro hubieran escrito páginas aún más hermosas en el libro de nuestros pueblos. Se quisieron colar los oportunistas por las hendijas y por las puertas entreabiertas que dejaron los enemigos del cambio. Pero no tuvieron éxito, no pudieron apagar la llama ardiente de la Cumbre Agraria que el día 12 de junio, 14 días después de iniciada la gran Minga sellaba con paso de vencedores y con huellas indelebles el camino hacia la unidad campesina, étnica y popular y hacia la transformación de la Nación colombiana.

Last modified on 04/07/2016

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