Editorial 118: Una mirada esquiva

Un mapa realizado por la Organización de Naciones Unidas señaló 29 puntos de la geografía nacional en donde los campesinos, las comunidades negras y los indígenas se concentraron o bloquearon las carreteras durante la Minga Nacional que convocó la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. El mapa no era tan preciso, ya que le faltaban 13 puntos en el territorio del Centro Oriente colombiano; en los departamentos de Arauca, Casanare, Boyacá y Santander, que incluían el bloqueo de dos campos petroleros, una estación de bombeo y una de gas, y había más de 8.500 campesinos, afros e indígenas. También faltaba otro en Antioquia que se traslado por razones de seguridad de Tarazá a Porcesito.

Sumaron 18 los departamentos que presentaron bloqueos en sus principales carreteras y otros 9 en los que las comunidades, especialmente urbanas, se movilizaron y realizaron tomas pacíficas, hicieron difusión en bicicleta, cacerolazos, plantones y toda clase de manifestaciones en apoyo al Paro Agrario desde el 30 de mayo de 2016. Sin embargo, la mirada de los medios masivos, como es de esperarse, fue esquiva con las propuestas de la protesta popular.

En los primeros 11 días de paro, las fuerzas militares y el ESMAD, provocaron 3 muertos y 204 heridos, realizaron 152 detenciones arbitrarias y por lo menos 8 judicializaciones; estos hechos fueron calificados por los comités de DDHH de la Cumbre Agraria como tratamiento de guerrerista a la protesta social, y denunciados ante organismos internacionales desencadenando la solidaridad de procesos sociales de más de veinte países en los que se destacan las abuelas de la plaza de mayo de Argentina y la carta de 33 eurodiputados que instaron a que “...el Escuadrón Movil Antidisturbios de la policía (ESMAD), los grupos paramilitares o cualquier otro actor estatal o no estatal no violen los derechos humanos de quienes ejercen su derecho a la protesta pacífica”.

Lo alucinante, es que los medios masivos de información, no solo tergiversaron las noticias sobre el Paro o las invisibilizaron sino que responsabilizaron a los manifestantes de sus propias muertes, heridas, detenciones y judicializaciones. Hicieron ver las protestas de profesores, camioneros y otras comunidades como expresiones aisladas y ajenas a la jornada de Minga nacional. La falta de ética de la “gran” prensa (por lo grande, adinerada y manipuladora) fue total. Concentró su mirada en el departamento del Cauca como si fuera el único lugar en donde las vías estaban bloqueadas, y a los indígenas como los únicos protagonistas de este gran Paro Nacional. Omitieron que en 26 departamentos más, decenas de miles de labriegos hacían lo propio en sus territorios.

En el Cauca los medios masivos de información, reprodujeron de manera racista el estigma que pesa sobre nuestros hermanos mayores (los indígenas) señalándolos de violentos y tratándolos como pueblos inferiores. Además, miraron para otro lado esquivando lo que sucedía con los miles de negros y negras, de campesinos y campesinas que se encontraban en la misma Vía Panamericana y hacen parte de la diversidad étnica y cultural de toda la región suroccidental del país, que posee resguardos indígenas, territorios colectivos afrodescendientes y grandes zonas campesinas productivas, todos agrupados y articulados en la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular.

Pero los medios masivos no hicieron esto solos y por su propia cuenta, siguieron el juego del gobierno que en principio volvió con el cuento desgastado que “el paro está infiltrado por la guerrilla”, sería sorprendente que la guerrilla tuviera tantos miles de seguidores. Usó la estrategia de dividir a los indígenas conversando con unos y negándose a hacerlo con otros. Buscó con algo de fortuna concentrar la atención en el Cauca y quitarle el carácter nacional a la protesta y fragmentarla ofreciendo mesas regionales, entre otras tretas. En lo que si innovó fue en su estrategia de engaño, lanzando boletines de prensa, tres en total, reproducidos sin reparo por los grandes medios, allí afirmó que ya se había llegado a acuerdos y que se había levantado el paro en todo el país y desbloqueado las vías. Novedoso, mentiroso y perverso, pero atrevido y riesgoso porque, como era de esperarse se volvió en su contra.

El 10 de junio, 11 días después de iniciado el paro, y ante un gesto de la Cumbre Agraria de desbloquear parcialmente la Vía Panamericana, el gobierno en cabeza de Juan Fernando Cristo, ministro del Interior, tuvo que presentarse en Santander de Quilichao, territorio negro del Cauca a discutir las condiciones para instalar una mesa de negociaciones con la Cumbre. Cabe la pregunta, ¿un gobierno que le apuesta a la paz no debería haberse ahorrado toda esa sangre y esas víctimas? No solo eso, debería haber aprovechado para discutir, con esta parte de la sociedad representada en la Cumbre Agraria, sobre el país en paz que estas sueñan.

La prensa y los medios masivos como siempre quedaron en deuda con su profesión y con el país. También desperdiciaron las oportunidades para mostrar la dimensión política de las protestas y las propuestas informando imparcialmente dejando que la sociedad las debatiera e hiciera su propio juicio sobre la justicia o injusticia de estas. Al final, casi nadie en el país supo lo que pedían los que protestaban y por qué razón lo hacían. Un gran daño para una sociedad que requiere superar el alto grado de analfabetismo político en el que se encuentra.

Este paro, manifestaron las comunidades en sus cantos, consignas y pancartas era por la paz con justicia social y ambiental, y en contra del modelo de hambre, violencia y despojo. Era por todos los incumplimientos del gobierno, por el derecho a participar en las principales decisiones que afectan sus territorios. Eso lo decía todo, que la pelea no era por plata solamente, que no era para llenar los bolsillos de los líderes; era contra el modelo de salud y educación, contra los bajos salarios y el desempleo, y contra la depredación de la naturaleza y en especial del agua; en suma era para beneficiar a toda la nación. Pero la gran prensa no fue capaz de bajarse de sus prejuicios y su vocación servil para preguntarles a los que protestaban por qué lo hacían; sus jefes, es obvio, se lo impedían.

Pero ahí estaban los medios alternativos, los artistas y los colectivos de comunicación. El despliegue de creatividad fue hermoso. Desde cada punto en la carretera, desde sus celulares, algunos con mala o regular ortografía escribían lo que querían e informaban sobre el estado de la protesta para romper el cerco mediático informando desde los puntos de protesta a las comunidades la verdadera situación del paro.

Estas protestas y la energía de sus protagonistas nos sacuden y nos tocan las fibras, nos recuerdan que en Colombia, no somos blancos sajones sino negros, indios, mestizos y raizales; nos sacude y nos obliga a mirar al campo y a las regiones, a recordar de donde viene el agua y la comida; nos crea conciencia ambiental; nos baja del estrato ocho mental y nos aterriza contra nuestras carencias; y nos recuerda que en la gente humilde de nuestro pueblo sigue estando la esperanza y la dignidad, allí está la posibilidad de la transformación social.

Last modified on 04/07/2016

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