Comunidades del Humadea se movilizan contra la explotación petrolera

La amenaza extractivista ha despertado en los últimos años múltiples acciones de resistencia y defensa del territorio. Una de estas experiencias la encontramos en el proceso que adelantan los habitantes del piedemonte llanero, y en particular, de la cuenca alta y media del río Humadea, quienes desde hace varios años promueven acciones diversas para impedir que el interés petrolero socave la vida en sus territorios.

El río Humadea
El río Humadea nace en la Cordillera Oriental y desciende a las llanuras del departamento del Meta, recibiendo la humedad de la cadena montañosa. Esa particularidad convierte la zona en una importante reserva de acuíferos y de amortiguación del páramo de Sumapaz. A su paso por el municipio de Guamal, el río se convierte en lugar para el encuentro social y la recreación. De hecho, desde hace varias décadas existe allí el balneario más importante de la región, siendo visitado por cerca de 25 mil turistas al año. Más de cien familias dependen de las actividades económicas asociadas al conocido “paseo de olla”.

Por esta razón, el río Humadea fue declarado como patrimonio turístico y cultural del departamento. Además, es una importante fuente de agua para el consumo, surtiendo acueductos como el del municipio de Castilla la Nueva y de varias veredas del municipio de Guamal, como Montecristo, donde residen 350 personas.

A pesar de las bondades derivadas del río, para los habitantes la situación comenzó a cambiar en 2011, cuando surgieron rumores acerca del interés de empresas petroleras por iniciar exploraciones en la zona. Si bien la información era imprecisa porque no había pronunciamientos oficiales, pronto se confirmó su veracidad. Se supo, en efecto, que la ANLA - Agencia Nacional de Licencias Ambientales, había entregado a Ecopetrol una licencia para explorar el bloque denominado Área de Perforación Exploratoria CPO9, localizado en jurisdicción de los municipios de Acacías, Castilla la Nueva, Guamal y San Martín.

En 2012 la empresa inició la construcción de una plataforma de exploración denominada Lorito 1 (la primera de cinco plataformas proyectadas en el área), lo que de inmediato originó la reacción de la comunidad, pues se construyó a escasos cien metros del río, afectando la bocatoma que surte de agua al acueducto del centro turístico de Humadea y la vereda Montecristo, y cerca de los tanques desarenadores del acueducto del municipio de Castilla la Nueva.

Ahondó la indignación ciudadana que, como suele ocurrir en este tipo de situaciones, Ecopetrol hubiese ocultado los proyectos de exploración en la zona, y que, una vez los habitantes los conocieron, la empresa hubiese empleado artimañas para confundir, engañar y dividir a los pobladores.

Las comunidades deciden
El protagonismo que ha asumido la comunidad desde el 2011 ha sido importante en muchos sentidos. En particular, se debe destacar su papel como defensora del territorio, para lo cual ha acudido a mecanismos que han originado valiosos resultados y enseñanzas. El más visible de ellos ha sido conseguir que el pozo Lorito 1 no haya podido iniciar operaciones hasta el día de hoy. Como lo destaca Edgar Cruz, director de Corpohumadea y uno de los líderes del proceso social, las comunidades han tenido que aprender a luchar en medio de la movilización por la defensa del territorio. Entre los repertorios de lucha empleados pueden destacarse los siguientes:

Recursos legales: La comunidad tuvo que estudiar documentos, leyes, (“Les decían que ellos no tenían conocimientos, los únicos eran los ingenieros de Ecopetrol”, comenta Cruz), y aprender a redactar escritos técnicos, como tutelas y acciones populares que, por ejemplo, obligaron al Tribunal Contencioso Administrativo del Meta, a decretar en septiembre de 2013 la medida cautelar en contra de la explotación de petróleo en Lorito 1. Estas acciones implicaron que las personas aprendieran a interpretar los mecanismos consagrados en la ley para hacer valer sus derechos y decidieran acudir a ellos, venciendo en muchos casos las desconfianzas. Lo anterior, sin duda, sirvió para cualificar los liderazgos que fueron surgiendo.

Movilización social: La comunidad también promovió acciones que implicaron la presencia en la vida cotidiana de los municipios y de la capital del Departamento. Por ejemplo, en marzo de 2013 realizaron una marcha por las calles de Villavicencio, la cual congregó a más de cinco mil personas de los municipios directamente afectados, así como de ciudadanos vinculados a la academia y organizaciones ambientales. También realizaron plantones, siendo el más significativo el de febrero de 2013 sobre la carretera que conducía a la plataforma (cerca del río), que duró ocho meses, y tuvo como propósito evitar la introducción del taladro y maquinaria para la activación de la plataforma.

La conjugación de acciones diversas permitió que el conflicto del Humadea tuviera una resonancia en distintos municipios del departamento, e incluso en el país. Los medios de comunicación regionales y nacionales hicieron referencias permanentes a lo que venía ocurriendo en la región, debido a su visibilización a través de marchas, recolección de firmas y presencia de líderes salidos de la comunidad en audiencias públicas y cuantos escenarios surgían para denunciar lo ocurrido.

Pese a estas ganancias, recientemente se puso en evidencia que Ecopetrol pretende insistir en la exploración en el pozo Lorito 1, contradiciendo y desconociendo un fallo de Tutela de la Corte Constitucional que favoreció la protección del río Humadea en 2013. Esto lo ratifica Corpohumadea cuando señala que la ANLA, omitiendo los pronunciamientos judiciales de la Corte Constitucional, manifestó que la empresa Ecopetrol está cumpliendo con las exigencias contenidas en la licencia ambiental, lo que consideramos contrario a la jurisprudencia y legislación de protección ambiental de Colombia, en tanto no se está cumpliendo con el principio de precaución en debida forma y se estarían vulnerando derechos fundamentales de las comunidades aledañas al pozo Lorito 1, que están ciertamente amenazadas, toda vez que se quiera continuar con el proceso de explotación petrolera”. Frente a esta pretensión la comunidad permanece alerta, con una mayor madurez organizativa y los ánimos intactos.

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Jose Abelardo Diaz
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