Pacífico colombiano: entre las familias tradicionales y los “nuevos ricos”

El Pacífico colombiano se ha caracterizado por estar inmerso y determinado durante varios siglos por los vaivenes del mercado mundial, bajo esta dinámica se ha decidido qué producir y hacia dónde exportar, pasando por España, Gran Bretaña, Estados Unidos y ahora China y el resto de Asia. Estas cosas no suceden como algo natural, detrás de la historia de exclusión, violencia y pobreza que deja este legado hay pequeños grupos que han tomado las decisiones y que además han acumulado fortunas para ellos y sus amigos, siendo totalmente indiferentes con la vida de la mayoría de las personas que habitamos este territorio, sus comunidades y el medio ambiente que nos rodea. ¿Acaso sabemos quiénes son y los intereses que los mueven?

El centro de la región
Este inmenso territorio conformado por cuatro departamentos tiene profundas desigualdades en su interior, solo por mencionar un aspecto: para el 2014 el PIB de estos sumó 68.5 billones de pesos, de los cuales el 73.98% (50.7 billones) correspondió al Valle del Cauca. Esto es resultado del mayor desarrollo empresarial en este departamento, donde algunas empresas juegan a nivel internacional y son mucho más grandes que las del resto de la región. La presencia de multinacionales es una característica en común, pero su principal concentración se da en el valle del río Cauca.

Sobre este valle geográfico se ubican grandes intereses que se extienden hacia Buenaventura y van mucho más allá. En el norte del Cauca, donde comienza esta subregión, se ubica el 81.7% de las empresas grandes y el 21.4% de las microempresas del departamento en un entramado que incluye seis zonas francas al lado de grandes extensiones de cultivo de caña de azúcar y dos ingenios. Pero esto es solo el comienzo, pues como mencionamos anteriormente, “la cereza del pastel” está en el Valle del Cauca, allí se ubican 10 de los 13 ingenios agrupados en ASOCAÑA, además de 10 zonas francas y dos más en proyección. Esto es fundamental porque si bien los ingenios controlan una buena parte del territorio, hoy el sector más importante para la economía es el de servicios, el cual aporta algo más del 60% del PIB del departamento, siendo de lejos los “servicios financieros, de seguros, actividades inmobiliarias y servicios a empresas” los que generan el mayor pedazo de la torta, con algo más de 13 billones de pesos al 2014 – 26.3% del PIB departamental –.

Allí están empresas como el Banco de Occidente, que hace parte del Grupo Aval de Luis Carlos Sarmiento; pero también agrupaciones como el Grupo Empresarial Coomeva y una de las principales constructoras del país: Conalvías Construcciones. Esta ha estado involucrada en proyectos como la represa del río Ranchería, algunas vías relacionadas con Hidrosogamoso, además de la expansión de la REFICAR, la Ruta del Sol, varios tramos del Transmilenio, del MIO y de Transcaribe. Adicionalmente hay otros grandes actores como Tecnoquímicas, Fanalca y la Organización Carvajal. Estas junto a varias multinacionales que tienen una importante presencia en este territorio, además de las empresas más pequeñas, configuran el corazón económico de la región.

Pero el entramado de poder no se queda solo ahí; el centro económico convive con toda una red de viejos y nuevos poderes en el Estado, que coexisten con la sombra del siempre presente poder del narcotráfico y el paramilitarismo, el cual despliega un amplio control territorial sobre toda esta zona. Este tipo de prácticas los une con el resto de la región, en donde si bien no hay un desarrollo económico tan grande como el del Valle, conviven empresarios rentistas con un sector político alimentado por esa lógica.

Las rentas y el poder en el territorio
La participación que tiene esta región en el Estado no es para nada despreciable, por ejemplo en el Senado el Valle cuenta con 11 curules, el Cauca con 4, Nariño con 6 y Choco no cuenta con ninguna, lo que le da 21 curules de 102; esto sumado a otros entes como ministerios o puestos en el Ejecutivo le da un relativo poder en el Estado a este sector político que no duda en desplegar cuando es necesario. Por ejemplo, cuando se negoció el TLC con EEUU los ingenios lograron preservar algunos mecanismos de protección, además una de las apuestas estratégicas de la élite es la agroindustria, en donde esta región juega un papel vital. Los grandes barones y baronesas (Dillian Francisca, Roy Barreras, Abadías, Martínez Sinisterra y demás) son alimentados por contratos permanentes desde el gobierno nacional, manteniendo bien aceitada la maquinaria para el gobernante de turno.

Sin embargo no todo tiene que ver con Bogotá; históricamente ha habido una confluencia de intereses pocas veces golpeada entre las élites articuladas con el poder en la capital y las élites más locales ligadas a los vaivenes del mercado global y, en muchos casos, la violencia: minería legal e ilegal, narcotráfico, rentas de gobiernos a niveles municipal y departamental, entre otras. Llama la atención que en términos de participación en el PIB en los departamentos de Choco, Nariño y Cauca el principal sector sea el de servicios sociales, comunales y personales donde de lejos el principal componente es “Administración pública y defensa; seguridad social de afiliación obligatoria” con participaciones de 15.5%, 11% y 8.4% respectivamente.

En las zonas rurales la puja es permanente entre comunidades organizadas, latifundistas y algunas multinacionales y sus aliados: Smurfit Kappa en Cauca y Valle, Anglo Gold Ashanti en Nariño, Cauca y Choco, en este último junto a Glencore, Colombia Hardwood y Votorantim Metais, entre otras. Allí confluye una vorágine de intereses que mezclan capitales nacionales y multinacionales, mafias, autoridades tradicionales enceguecidas por el brillo pasajero e hipócrita, actores violentos y la búsqueda de vida digna de la gente del común; detrás de esta vorágine solo van quedando territorios destruidos, al lado de la pobreza y marginalidad de siempre, además de la acumulación de riqueza desproporcionada de unos pocos.


¿Qué se viene?
El diagnóstico ha sido claro, con el Plan Pazcífico van es por la gran riqueza que aún queda y los recursos que tiene esta región. Para lograr tener mayores rentabilidades necesitan desarrollar grandes proyectos de infraestructura que van desde nuevos puertos, autopistas y aeropuertos, hasta las denominadas acuapistas y nuevas carreteras. En términos del desarrollo de la infraestructura hay grandes firmas colombianas y españolas en lo que ya se ha concesionado –que puede ser revisado en la web www.ani.gov.co–, teniendo en cuenta que muchos proyectos, como la Acuapista del Pacífico aún están en estudios, aunque ya hay recursos destinados para ello. Esto ya viene andando, el PND 2014-2018 ha dado los lineamientos generales y ya hay un CONPES (3847) que autoriza crédito público externo por hasta 400 millones de dólares, recursos que irán destinados al litoral, donde hoy se profundiza el saqueo. Sin duda alguna, grandes firmas de infraestructura y unos cuantos “dueños del pueblo” se darán un banquete junto al que ya se dan hoy las multinacionales, todo esto bajo la complicidad “ciega” de las elites centrales.

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